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sábado, 18 de mayo de 2024

Mundos paralelos

En el sueño era un narrador omnisciente que todo lo sabía. La historia sucedía en un laboratorio donde se realizaban distintos experimentos, habían informantes infiltrados  que le avisaban a la científica a cargo del programa de eliminación, quiénes debían morir.

Previo a eso ella tuvo un problema con uno de los científicos, por lo cual debía asesinarlo. Sin embargo, esta vez nació en ella un sentimiento diferente.

Habían cientos y cientos de científicos y cada vez que alguien averiguaba más de lo que debía saber lo asesinaban enviándolo a una especie de cápsula en uno  de los niveles subterráneos, donde habían muchas más en las que te dormían y luego despertabas en otros realidad, ¿Virtual? Esas cápsulas se cerraban como en una jaula de hierro que no te permitía escapar y te incineraban dentro.

Esta vez la científica a cargo de ejecutar el programa le carcomió la consciencia por las miles de muertes llevadas a cabo y se metió a una cápsula de manera voluntaria. (Éstas se cerraban al completarse los cupos). Por ello quedó libre uno de los científicos que debía morir.

En ese momento la narración se traslada a la otra realidad, cuyo mundo paralelo era similar a la tierra, pero donde la flora y fauna en extinción se desarrollaba libremente.


Sueño del 24 de julio del 2019.

jueves, 16 de noviembre de 2023

Ángel caído.

 

Nunca había sufrido un dolor como el de aquel anochecer. Ni aun el batir de alas más recio podría sobrellevar el dolor que llevaba a cuestas sobre mi espalda, resquebrajada por el inusual viento de una tormenta de verano.

Nuestras alas son nuestra mayor muestra de individualidad, son el distintivo absoluto de que somos seres hechos para el infinito frente a la ansiada libertad humana que es saberse mortal. Los humanos creen que morir es una condena, sin embargo, no saben que es el mayor prodigio divino. Nosotros, los ángeles, seres imperfectos a los ojos de Dios, anhelamos ese fin y estaríamos dispuestos a ceder nuestra miserable eternidad por un segundo de vacío existencial de ese caos silencioso que es la última penumbra del misterio humano.

 

Copiapó, 16 de noviembre del 2023.

lunes, 26 de agosto de 2019

Cuerpos en ausencia.

Una noche más en la soledad de esta casa, diseñada para morirse entre cuatro paredes. Sin embargo, aún guardo esperanzas de que esto algún día cambiará. Sin duda el hombre que acompaña mi diario despertar, saldrá tras de mí; aunque quizás debí haber dejado abierta de par en par como la herida de mi pecho, la puerta del comedor y no solo entreabierta.

La noche siempre me ha causado pavor, pero sé que él vendrá. Lo sé, porque él me dijo que me amaba. La hierba cruje, esos pasos deben ser los de él.

De un momento a otro todo se volvió confuso; luces y sombras a mi alrededor. Solo recuerdo la frágil silueta de mi cuerpo y mi mano en un gesto torpe sosteniendo por última vez la cartera que él me regaló. Aquel hombre por el que he derramado lágrimas una vez más y que jamás sabrá lo que me ocurrió.

domingo, 19 de mayo de 2019

Vaivenes de ciudad.



Hombre de edad avanzada, sus manos denotaban un esfuerzo de años en el que su oficio de toda una vida lustrando zapatos, dejaba entrever la sabiduría adquirida más por el tiempo de vivir que el sentido práctico que nos dán las experiencias.

Esa tarde me encontraba en el ajetreo del terminal de buses de Santiago junto a un amigo que no veía desde hacía meses, con quién compartíamos la afición de deslumbrarnos por lo cotidiano y sencillo de la vida. 

Aquel hombre de manos curtidas por el peso del trabajo, llegó de improviso. Sin mediar palabra indicó con su dedo índice y una mirada inquisitiva, a la que añadió un firme y dubitativo ¿Puedo?

Hace meses no lustraba mis zapatos; para ser preciso desde mi última estadía en Perú, donde era habitual en cada cuadra y jirón, inclusive aun en las provincias ver a hombres dispuestos al antiguo y pulcro oficio de lustrar. Recordaba que en Chillán, al sur de Chile, pero con mayor notoriedad en Copiapó, al norte, en Atacama, todavía en la plaza muchos eran los que se dedicaban consagrando su día a día a él.

lunes, 4 de febrero de 2019

Llueve sobre el Rimac.


Llueve sobre la ciudad del Rimac. Atardece como la sombra de un heraldo negro bajo la inclemencia de un nubarrón con sabor a otoño. Frágil me parece la silueta de ese paisaje ensordecedor que esconde historias bajo las puertas de sus templos. 

Me guiñan un ojo, me pierdo en las profundidades de calles y avenidas. Alguien pronuncia mi nombre a lo lejos. Libertad es el eco que llega junto a mi pecho,  lo escucho como si estuviese a mi diestra. Sin embargo,  sé que soy un hombre varado en la ciudad; más nada cambiará mi semblante de extranjero en tierra de otros hombres. Alguien pronuncia mi nombre en un murmullo, llueve sobre el Rimac, libertad. 

Lima, Perú,  "El gran Molino".
José Patricio Chamorro.
04/2/2019.

jueves, 13 de septiembre de 2018

El pantera.



Su rostro azabache se confundía con los contornos de la noche.  El pantera llegó a Copiapó con la negrura de su piel y su pasaporte de inmigración bajo el brazo. El sueño americano no fue para él,  sino un abrir y cerrar de ojos para caer en las fauces de la prisión,  cuyo último lanzaso de subsistencia lo precipitó a su condena. Ésa fue la primera de otras tantas veces en que sus ojos reflejaron en una lágrima de nostalgia, la añoranza de su tierra.
Historias migrantes.

José Patricio Chamorro Jara.
Copiapó,  13 septiembre 2018.

miércoles, 4 de julio de 2018

El payaso de la triste mirada.

Sonreían los niños al verlo actuar. Se asomaban muecas de alegría con sus espectáculos que hacían que el cansancio de la pesada jornada se esfumara. Los padres admiraban su labor, esa  capacidad inigualable de despertar en todos quiénes lo viesen y escuchasen, un profundo sentimiento de libertad. Sin embargo, él era prisionero de su propio cuadro. Félix era un payaso infeliz; nada de lo que hiciese en el día mitigaba su dolor. Han pasado cuatro años, pero el dolor sigue siendo el mismo desde aquel accidente que cambió su vida.

Dulce María era una de las más bellas bailarinas del circo Transhumantes, sus espectáculos deleitaban a personas de todas las edades e inspiraban a más de un loco enamorado. Esa noche ella, no obstante, traicionó su propio corazón.

Aquel día Félix se dirigía como de costumbre a la carpa del circo, junto a la que habitaba con su amada danzarina; quiso sorprenderla, así que pasó a la florería más próxima y compró un ramo de cárdenas rosas. Al llegar a su hogar, paralizado en pie a la entrada, se sintió agonizar un instante para volver a la vida. Dulce María estaba sobre el lecho que compartían cada noche, no aguardándolo como de costumbre, sino que a su lado se encontraba Peter, el mago, quién había llegado al circo hace unas semanas. Fue la escena más desoladora que presenció en su vida; su amada lo había traicionado como una estocada directo al corazón. Se alejó de la escena sin mediar palabra y cómo si aquello no hubiese sucedido. Nadie se percató de su presencia.

Aquella noche en el espectáculo triunfal, rutina ensayada por años; Dulce María debía hacer una acrobacia por los aires y caer en los brazos de Félix en una tarima de 15 metros de altura. No obstante, aquella noche Félix dudó, su corazón no resistió lo que sus ojos intentaron negar y sus manos, temblorosas, sudaron como nunca antes. Aquella vez, fue el inicio de la amarga sonrisa que lo acompañaría hasta el último día de su vida.

José Patricio Chamorro.
Copiapó, 4 Julio 2018.


Pd: Inspirado en una fotografía tomada por Vivian Meyer.

lunes, 25 de junio de 2018

Cómplices miradas. (Recuperado del 25 junio 2015).


Ellos se conocieron. Quizás se enamoraron. Tal vez se dijeron te amo o probablemente fue en un sueño que nunca existió.

La vida, el recuerdo mismo de haberla vivido con la intensidad que la acompaña en un café de medianoche o una caminata por calles de países desconocidos. Noches prófugas que se escabullen entre los dedos de amores incomprendidos. Ambos se encontraban aquella noche rumbo a sus destinos, al que pudieron no haber llegado o en los que nunca se hubiesen conocido. 

Se toparon en esas callejuelas parisienses o en un viaje por Roma o por qué no por las míticas aguas venecianas. Sin embargo, nada de aquello pudo haber ocurrido si ella hubiese dicho te amo y él hubiese dicho te quiero. No necesitaban pronunciar aquellas palabras llenas de ilusión, pues para quiénes desean compartir toda una vida, las cómplices miradas son aliciente suficiente. Pues ellos se sabían hechos para la muerte y que aquella noche sería la única de sus vidas en las que desbordarían pasión. Por ello decidieron simplemente besarse y contemplar la noche abrazados y entrelazados como prisioneros de sus almas, de sus besos y caricias.

Guardaron silencio, pues con una mirada lo decían todo y con un gesto que parecía no expresar nada, él daba una sonrisa enamorada y ella elevaba sus ojos en busca de una promesa que fue y nunca existió. No hubo fotografía de los instantes, tampoco nadie los vio aquella noche, luego tras separarse, ambos siguieron su camino por donde vino, no hubo despedidas, ni un adiós, sólo una mirada cómplice, un recuerdo en la memoria y sólo ellos supieron que aquella noche hicieron el amor.

José Patricio Chamorro Jara.

jueves, 22 de marzo de 2018

El sueño del aluvión o el día en que la tierra despertó.


El sueño del aluvión o el día en que la tierra despertó.

Aquella noche un fuerte movimiento sísmico y un viento inusual,  de varios cientos de kilómetros por hora, desencadenaba un aluvión. La tierra empezaba a desprenderse de los cerros y montes y rápidamente se aproximaba a la ciudad, dejando gran parte de ésta bajo tierra,  salvándose solo aquellos que se dirigieron a la parte más alta de los cerros. 

Desde mi ventana se veía cómo la tierra arrasaba con todo a su paso, trayendo consigo casas,  escombros,  incluso a las personas que bajo su vientre quedaron atrapadas. Nunca nadie vio un aluvión semejante. Los escasos sobrevivientes recordariamos ese día aciago como "El día que la tierra despertó".  Sin embargo, siempre supe que la madre natura solo buscaba restablecer el equilibrio,  aquél que la humanidad le usurpó. 

Desde ese día comencé a creer en los sueños premonitorios y cada vez que veía a mis congéneres hacer daño a nuestra madre tierra,  aquel sueño se me venía a la mente. A veces deseaba que hubiese sido verdad.

Copiapó, 22 marzo 2018
José Patricio Chamorro.

miércoles, 28 de febrero de 2018

El último suspiro de una vida.



Aún recuerdo el dia que llegó a casa, allá por el año 2010, meses después del terremoto que asotó Chile. Animoso con sus primeros años a cuestas, Jack, tenía un porte de raza singular, cuyo pelaje negro azabache lo confundían con la noche.

Nos habiamos mudado recientemente a la nueva casa de Chillán y, sin duda alguna, dado que el terreno era más extenso y puesto que al otro lado del muro solo habían un potrero y humedales,  fue que consideramos que sería de gran ayuda contar con un perro para resguardar la casa. Así fue que Jack, de la noche a la mañana se convirtió en un integrante más de nuestro hogar.

Con el tiempo y el pasar de los años,  otras mascotas se sumaron a nuestro quehacer diario, gatos y perros, mientras Jack iba acumulando años. Sin embargo,  nadie se imaginó que 8 años después y con el equivalente a unos 70 años humanos, Jack abandonaría este mundo.

La última semana, previa a su defunción,  ya no comía o si lo hacía era escasamente. Escuchaba poco y sus fuerzas apenas le permitían ladrar cuando sentía ruidos. Se veía enfermo y con la mirada cansina. El día anterior a su partida lo vislumbré mirando por el ventanal hacia el interior de la casa, tenía la mirada triste y perdida, vaga como en una nebulosa.La muerte, al día siguiente acecharía.

Se cumplía un nuevo año en conmemoración de la tragedia del 27/f.  Los estertores de su último adiós se vieron envueltos en su incapacidad para andar, su respiración se agitaba y a ratos se desapercibia tenuemente. Esa tarde junto a mi hermano decidimos recostarlo bajo uno de los árboles frutales del jardín sobre una alfombra en la que pudiese pasar sus últimas horas con mayor comodidad. Mientras estábamos en eso, Toby,  el nuevo perrito que había llegado hace unas semanas jugaba y bailaba alrededor de él como animándolo a vivir. No obstante,  ya era tarde. Jack al escucharnos giró su cabeza hacia nosotros,  sosteniendo por última vez su mirada en un gesto de despedida y sin mayor aviso su corazón dejó de latir.

28 febrero 2018.
José Patricio Chamorro Jara.

Pd: En memoria de Jack, nuestro primer perro en la casa actual de Chillán.

viernes, 23 de febrero de 2018

El rostro de Cristo.


Estaba durmiendo en lo que aparentaba ser una noche sin mayor rareza, hasta que me vi en la necesidad de abrir súbitamente los ojos. En medio de la oscuridad de mi habitación vi cómo se formaba en la repisa de mis libros con una luz a su alrededor, el rostro de cristo,  proyectado de manera circular entre mis libros.

El asombro dio paso al miedo y grité  despavorido. Nadie oyó mi grito, se perdió como eco en el silencio. Desperté asustado y no fue hasta que prendí la luz de mi habitación que aquella silueta se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos tal como se presentó. Pensé en terror nocturno, por buscar una explicación, sin embargo, desde ese momento comencé a creer en la omnipresencia de Cristo.

23 febrero 2018.

miércoles, 7 de febrero de 2018

El bolígrafo.


Versión 1

Su risa embargaba la atmósfera de la habitación. Nada cambiaría lo que vieron sus ojos. Ella no tenía la culpa, sin duda la tuvieron ellos. Aún en su demencia ve con claridad la escena. Su hermana y su novio jamás debieron estar allí. Si no hubiese olvidado su bolígrafo en el velador. Nada de esto hubiese ocurrido.

Versión 2

Su risa embarga la habitación del hospital. Aún en su demencia recuerda con claridad la escena. Su hermana y su novio no debieron estar allí. Si no hubiese olvidado su bolígrafo en el velador; la muerte no sería su tortura.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Posibilidades inconclusas.


Ocho meses exactos en los que  tu antebrazo rozó el pasamanos del autobús en que subí con ilusión desbocada en una tarde de diciembre. Días antes te había visto sin saber que habíamos recorrido los mismos lugares sin encontrarnos. Hace 5 meses y siete días fuiste a ver la película que tanto ansié y aunque estuvimos en la misma fila, quedamos en asientos opuestos y solo te vi de lejos, sin saber que un día me amarías. 

Fue en abril del año entrante en que leí versos con sabor a traición de amor, ese mismo mes una lectura no alcanzó a ser escuchada y tus ojos aún no se entrevistarían con los míos. Pero ese día el reloj marcó las siete en punto y tu presencia tensó la atmósfera. Aquella tarde, nada fue igual. Tu voz, tus ojos que me encontraron por vez primera jamás volverían a ser los mismos y la  soledad acariciante y murmurante de mis veintitantos solo serían un recuerdo amargo por lo que no fuimos y que en ese instante se desvaneció. 

José Patricio Chamorro
Chillán, 30 diciembre 2017

sábado, 4 de noviembre de 2017

Hombre frente a la ciudad.


Siento una mirada a la distancia, unos ojos que me observan fijamente como inquiriendo que yo también sé su secreto. Ambos nos conocemos muy bien. Lleva varias semanas asomándose a los límites del edificio frente a los almacenes Corona, donde he sobrellevado mi aciaga existencia los últimos meses,  soportando las estridencias de la ciudad a diario, sin poder salir. Él desvía la mirada, al igual que las mujeres que hace unos momentos observaban mi vestido floreado de encajes. Ellas se van, buscan un lugar más a la moda. Lo miro de reojo. Lo veo de espaldas mirando a los cielos. Alza sus manos al aire y las deja caer. Él sabe que conozco su secreto. Quiénes no somos de este mundo nos reconocemos. Su hora está por llegar. Se desploma su cuerpo en el pavimento de la ciudad. Quince pisos no bastaron para mermar su tristeza. Mismo sentimiento que invade mi gesto artificial.

Taller Literario "Cuentos de bolsillo".
Biblioteca Municipal de Chillán.
2 noviembre 2017.

Deseos.


Esta tarde me he sentido deseada. Varios ojos se han posado en mí. Siento cómo observan cada detalle de mi silueta y cómo sus ojos miran con envidia mi talle cuasi natural. La ciudad pasa frenética frente al abismo que nos separa. Cuántas veces he soñado con atravesar el cristal, tocar mis propias prendas y vestir a la moda como  ellas, pero la fortuna es ciega. Ellas envidian mis encajes de alta costura, mi sombrero de plumas, mi cabello rizado o atrevido escote. Lo sé, porque las puedo oír. Pero lo que no saben es que en realidad soy yo quién las envidia a ellas; su grácil caminar, sus mejillas sonrosadas, sus labios color pasión y risueñas sonrisas, ¡Ay, si solo pudiese sonreír! Pero la mueca perfecta y el pulcro vestir hasta agotar stock son el destino de los maniquíes de escaparate.

Taller Literario,  "Cuentos de Bolsillo". Biblioteca Municipal de Chillán.
2 noviembre 2017.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El silbido.



La noche caía sobre mis hombros, la tertulia había llegado a su fin. Caminé a la deriva, sin mirar atrás por aquellas calles tantas veces recorridas de provincianismo de viejo cuño. Pasos. Silencio. Una sombra se deja entrever bajo la luz de los faroles. Miro de reojo. Una silueta. Un sonido entrecortado roza mis oídos. Alguien silba, tararea una canción.  Pestañeo, abro y cierro los ojos. Me detengo. Mis pensamientos se detienen. Los vehículos atraviesan la ciudad de un extremo a otro, me siento desolado en medio de la oscuridad. Me encuentro solo en medio de la noche en ciernes, nadie a menos de dos cuadras, solo la sombra que se aproxima. Un aire helado recorre mi frente, apresuro el paso, lo pienso. Permanezco inmóvil. Una brizna de viento circunda mi alrededor. Miro, observo el reflejo de los árboles bajo el alumbrado. Silencio. Abro los ojos, ojalá nunca los hubiese abierto.

jueves, 21 de septiembre de 2017

El escritor. (Reescritura)


Cada atardecer sus manos doloridas y sus ojos extenuados se detenían en  los rayos de sol y las motas de polvo que atravesaban su ventana. Ese día el sol retrasó 3 minutos su despedida. La hora había llegado.  En su miseria agolpó su mente un pensamiento y fugaz en el murmullo quebradizo de su voz, se dejó oír como sentencia epifánica un cordial saludo: Te estaba esperando. La muerte se sacó el sombrero y sin mayor esfuerzo, como quién entierra a un amigo fraterno, se lo llevó.

21 septiembre 2017.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...