Mostrando entradas con la etiqueta narraciones eróticas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta narraciones eróticas. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de septiembre de 2015

Relaciones orgásmicas.



Ellos perpetraron sus cuerpos, hicieron una rebelde unión de sus extenuados miembros, se poseyeron mutuamente, se acariciaron hasta el fragor de sus letanías la tersura de su piel como si se les fuese la vida en ello, entre sábanas sonrojadas de pudor. Las cadencias palpitaban como corazón en frenesí, la humedad de los besos recorría pacientemente los muslos aprisionados entre las piernas. Los pechos jadeaban como estorninos una lujuria inverosímil. La fluidez de un orgásmico suspiro dejaba entrever un virginal remanso de pasiones escondidas, de satisfacciones inconclusas como su propia historia. Ésta no es una convencional historia de amor, es sólo el comienzo del fin de un orgasmo amatorio. Ellos creían amarse, claro que el deseo sublimaba sus cuerpos y traspasa las porosidades de la piel, pero eran sólo compadecimientos infructuosos de despecho, ilusiones marchitas por el ocaso del tiempo, reverberaciones enigmáticas de un beso perdido en los labios tiernos de la inocencia.



Las historias de amor, cotidianas como el caudal de un río, son espurias como una rosa otoñal, efímera como una gota de rocío y blanquecina como la cal. Se sabían culpables por la negrura de la noche que acariciaba su humanidad de amantes noctámbulos. Él tomó suavemente sus manos y las llevó sobre su ardiente, enmarañado y fornido pecho. En la espesura de sus vellos febriles ella se consumió agónica, frágil y jovial. Cómo no sentirse así si él podía ser su padre, vigoroso, de abrupto mirar y sus abrazos atenazadores la hacían estremecer entre silencios y gemidos. Pero no lo era, si bien era veinte años mayor que ella, él era su amante, el que la acurrucaba y la volvía a la realidad cuando ella deseaba escapar de su rutinaria vida. Cada acto amatorio era distinto entre ellos, los hacía desquebrajarse en sonidos únicos y los hacía dueños de un lenguaje de recursos de amor que sólo ellos entendían. No hacían falta los nomeolvides, ni los te amo y te deseo, ya que ambos sabían que lo que ocurría entre sábanas, quedaba secretamente sellado por la complicidad que tantos encuentros fugaces y placenteros orgasmos les había complacido.

martes, 22 de septiembre de 2015

Erotismo entre sábanas blancas




Quien duerme con un poeta está destinado a la eternidad. Estar con alguien que escribe, que con sus manos crea y recrea mundos apetecibles, siempre es una experiencia revitalizante. Algunos tienden a ser más juveniles, risueños, sobretodo unos besadores únicos, que saben hacer suya cada parte de tu cuerpo, sus caricias son sensaciones para el alma, sus cuerpos entrechocando a vaivenes y cadencia profundas y penetrantes, grandes proporciones, intensas, sintiendo cada músculo y miembro como carne viva, el relajante masaje de despedida. El éxtasis mismo, continuar sin parar, sin detener los cuerpos, en la sonoridad natural de sus gemidos. Es en ese instante en que el cuerpo no puedo expresar en palabras las sensaciones, cuando los labios no hablan, sino que se preparan para el placer, cuando te compenetras con la pasión de los cuerpos, la carne, la voluptuosidad del momento, el fluir en letanías silenciosas, que guardan secretos y que encierra miradas, donde el erotismo lo dice todo, para saberse nada, en que las palabras sobran y los poros se dilatan y se abren de par en par como las piernas al encuentro casual de dos amantes prófugos de sus vidas y ardorosos de vida. Ir en esa búsqueda inesperada de frenesí y desolación por el complemento de esas caricias, por el tacto penetrante de dedos alargados y por los sabores percibidos en ese fuego abrasador de una intensa noche oscura.


Para algunos la noche es intensidad, es momento perdido o momentos para el descontrol, no obstante, para mí, es centrarme en lo más íntimo de mi ser y reencontrarme con mi otro yo, aquel que se desprende para escribir y ser libre a través de esa fluidez que es la escritura, estar y no estar, ser en ausencia, elevarse con cada palabra y con cada aliento que mana de mis dedos y la punta de mi lengua. Cuando me pregunto por qué escribo o para quién lo hago, como cualquier otra pregunta existencial en mi vida, simplemente concluyo que para encontrar esa otra parte de mi existencia más allá de lo cotidiano, más allá de mis propios límites. Genio y figura es crearse a sí mismo en los instantes de la hostilidad del mundo, es ser y no ser, es parecerse a sí mismo, sin reconocerse para ser otro y al mismo tiempo uno. Reconciliarse con las máscaras y destrozas los paradigmas, interpretar el pasado a merced de nuestro futuro. Instaurar un presente ausente de nostalgias y recuerdos en la memoria del olvido.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...