jueves, 16 de julio de 2026

Historias del Limarí.

 En un atardecer de lluvias y temporal que, dicho sea de paso; se ha anunciado como inédito en cien años, he aprovechado mientras observo las hojas de los árboles caer a través de mi ventana, para escribir aquellas historias que sin duda merecen permanecer en la memoria de las tierras del Limarí en la ciudad de Ovalle.

En mis primeros escarceos por estas tierras, recorriendo sus calles y familiarizándome con su gente en un atardecer pronto a ocultarse el sol; una viejita menuda, rechoncha y con vestimentas añejadas de antaño, desgastadas por el paso del tiempo, dejando entrever su condición social; iba con un carro repleto de cartones y objetos en desuso, a cuesta. En ese momento cuando los vehículos pasaban por su lado, obviando su existencia, me dispuse a ayudarla algunos metros hasta llegar a una planicie que le permitiera continuar con su ascenso por el cerro sin mayor esfuerzo, que cuando la ayudé hacía que su carro de supermercado se le fuese cuesta abajo. Desde aquel entonces la he divisado en más de una oportunidad en distintas calles de la ciudad, siempre con una sonrisa y una energía vital que, para sus años marchitos en su rostro de arrugas infinitas, inspira compasión y tenacidad por subsistir frente a los avatares de la vida.

Otra historia que me acecha recurrentemente a la memoria desde que me mudé al sector donde vivo actualmente; es la de un aparente señor de bigote entrado en años; que después descubriría falso como su fingida esquizofrenia. Cada vez que transito camino a calle Vicuña Mackenna, veo a este señor con una constancia como quien ha forjado de aquella rutina su trabajo y sustento, aproximarse a los autos, extender su mano y dar cuenta con aire fatigoso de que ha trabajado de sol a sol barriendo la calle, aplicando con esmero un rastrillo sobre la tierra -que guarda escondido en un barril- y del cual lo vuelve a extraer cada mañana para simular su pantomima que a más de algún nuevo transeúnte ha hecho caer con desacierto en su fingida labor de conspicuo y afanado obrero que deja sus huellas. Sin embargo, esa tarde su bigote a medio descorrer, volteado perpendicularmente lo delató. Desde aquel entonces, aquellas calles te dejan un tenue gusto a comida sin sazón.

No obstante, los amaneceres de los martes la ciudad amanece más aseada y alegre; tras el paso, risas, burlas y piruetas del saltimbanquis de un grupo de trabajadores del aseo y ornato de la ciudad; jóvenes ovallinos, que tal cual los tres chiflados, montan su espectáculo matutino, apoderándose no solo de las calles a su paso; sino que libres de los residuos de los hogares tras el fin de semana y  con la sensación de que la vida es un instante donde la actitud hace que incluso la labor más impensada pueda resultar en un disfrute ante una vida donde a ratos ha resultado ingrata. Tras el temporal las calles amanecerán más húmedas, límpidas y opacas, pero con ellas también se difuminan sus historias. Escribo con la esperanza de que el sol volverá a brillar mañana y la fortaleza de estos personajes de la calle, continuará inspirando nuevos relatos y testimonios.

 

Ovalle, 16 de julio del 2026.

viernes, 5 de junio de 2026

Cobrizo colibrí.

 

Mensajero de sueños que susurra su nombre como cantico primordial.

Miradas que abrazan el alma del viajero exhausto de las horas.

Aleteo de rosas perfumadas en el aire de la espesura que duermen en tu pecho.

Rosas carmesíes que pululan silenciosas el cuerpo profanado de silencios.

Cuerpo encarnado en el espíritu de la aurora de tus ojos amorosos

En el brillo multiforme de la poesía que es tu voz en armonía de luz.

 

Espasmos, cadencias, sonoridades, honduras en vaivenes extasiados.

Placer intransigente que grita auxilio en el socorrer del tiempo.

En las notas musicales de un arpegio sonoro que es el latir de tu corazón.

Fraguando lentamente pensamientos fugaces como cometa de un niño en ciernes.

Prófugo de amor, caricias y arrebatos en una vida que es silueta, sombra existencial.

¿Qué somos, sino el río caudaloso que resiste el peso del mundo?

Amar a manos llenas es el arrebato más puro de un sentir enjaulado

Vivencias terrenales de ángeles caídos, ensangrentados por la pérfida humanidad.

 

José Patricio Chamorro.

Ovalle, 6 de junio del 2026.

 

El colibrí de cobre es el símbolo que invita a reconectarse con la creatividad dormida en la memoria de un cuerpo que arrancó al mundo un alma de sueños.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Amar en tierra fértil


El aroma del deseo yace en los muros de la memoria.

 

En el frágil recuerdo de las posibilidades amorosas del pensamiento.

 

En el cuerpo con fragancia de tierra fértil reposa una mirada fugaz.

 

Sentir, corporalidad, agonía del tiempo desvanecido en tu ausencia.

 

Misericordiosa templanza que aguardará en la eternidad un beso tuyo.

 


Al agrónomo de mis sueños...

Ovalle, 27 de mayo del 2026

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...