martes, 23 de agosto de 2011

Noción de literatura y métodos de aproximación en el Formalismo Ruso.


“Cada nueva escuela literaria representa una revolución, un fenómeno que se asemeja a la aparición de una nueva clase social”.
                                                                                                                 B. Eichembaum.
           
En primera instancia cabe referir el contexto en que surgió esta nueva línea de estudio literario, la que se manifestó en Rusia entre los años 1914 y 1930, gestándose de este modo en pleno proceso político revolucionario en la Rusia Zarista, cuyo sector de ser predominantemente agrícola se convirtió en uno que paulatinamente se iría industrializando. Por ello se vio delineada por continuas transformaciones, tales como el intento revolucionario de 1905, la Revolución bolchevique de octubre de 1917, la constitución del estado soviético y el primer plan quinquenal de Stalin de 1929.  Por otro lado, es menester consignar que estos estudios literarios no surgieron de una forma unívoca, sino que residieron en distintos lugares, constituyendo diversas escuelas, entre las que prevalecían el Círculo Lingüístico de Moscú (Buslaev, Bogatyrëv, Jakobson, Vinokur, Tomachevski, Brobov), el que surgió en 1915 y la Sociedad para el estudio de la Lengua Poética (Opojaz) (Jakubisnkij, Polivanov, Shklovski, Eichenbaum, Bernstein, Tinianov, Propp), fundada en el año 1916 en San Petersburgo. Ambas escuelas eran dirigidas por grupos de estudiantes que se organizaron al margen de la institucionalidad universitaria, los que recibieron influjos de la vanguardia, de eminentes filósofos como Kant e incluso escogieron determinados métodos de análisis de la lingüística, sobre todo del Estructuralismo de Saussure.

Pero también es preciso considerar que quienes pertenecían a esta vertiente de estudios literarios, no se catalogaban a sí mismos como formalistas, sino que fue una denominación peyorativa otorgada por los estudiosos clásicos, orientados por un significado o por un sentido de lectura antes que por una forma o significante. Además que el llamado método formal, no pretendía ser un sistema metodológico, sino que más bien eran esbozos de una ciencia autónoma y concreta, tal como lo definen ellos mismos: “Lo que nos caracteriza no es el formalismo como teoría estética, ni una metodología que representa un sistema científico definido, sino el deseo de crear una ciencia literaria autónoma a partir de las cualidades intrínsecas de los materiales literarios. Nuestra única finalidad es la conciencia teórica e histórica de los hechos que pertenecen al arte literario como tal.”[1]

Es así que al constituirse como ciencia se encontraron con la problemática de definir un objeto de estudio, el cual no podía ser la literatura ya que ésta se tornaba inabarcable y más aún si seguía la línea que se venía generando desde antaño, donde en los estudios literarios se habían incluido temáticas tan variadas como la vida personal, psicología, política, filosofía, entre muchas otras disciplinas, lo que según los formalistas desde esta perspectiva: “Se componía un conglomerado de pseudos disciplinas en lugar de una ciencia literaria”.[2] Como tal, poseían un carácter riguroso, concreto y específico que les concedía la ciencia de índole positivista donde rechazaban las premisas filosóficas, las interpretaciones psicológicas y estéticas, determinando con ello un principio de concreción y especificación que les permitió canalizar sus esfuerzos hasta desembocar en postulados como los siguientes: “Postulábamos y postulamos aún como afirmación fundamental, que el objeto de la ciencia literaria debe ser el estudio de las particularidades específicas de los objetos literarios que los distinguen de toda otra materia.”[3]De esta forma concluyeron en una delimitación de este objeto, cuya noción fue propuesta por Roman Jakobson: “El objeto de la ciencia literaria no es la literatura sino la “literaturidad” (literaturnost), es decir, lo que hace de una obra dada una obra literaria.”[4]

En tal definición se percibe una analogía en lo que ha establecido Saussure, quien como ya he mencionado influyó en determinados postulados de los formalistas, que procederé a analizar a continuación. En un primer momento Saussure también se enfrentó al problema de la delimitación de un objeto de estudio, debido a que el lenguaje al igual que la literatura, era inabarcable por su vinculación a múltiples disciplinas, así derivó en que el punto de vista crea al objeto y no a la inversa, como se pensaba habitualmente (idea que fue empleada fielmente por los formalistas), de allí que el objeto de estudio lingüístico no sea el lenguaje (capacidad general del individuo en la que intervienen desde hechos fisiológicos hasta hechos físicos) o el habla (modo de utilización particular del lenguaje en una determinada circunstancia), sino la lengua (sistema social del lenguaje, entendida como un conjunto de reglas básicas, el modelo general que preside y subyace a todo uso particular de ese modelo lingüístico).

Sin embargo, interesa destacar la trascendencia de la materialidad de la lengua, puesto que como objeto de estudio cumple con el requisito de comprobación y de hipótesis, pues tiene en cuenta un sistema de relaciones basadas en la unión de una imagen acústica (significante) y una imagen conceptual (significado) y, además, está aislada de la psicología, el mundo (el referente). Relación que los formalistas tomarán para establecerla en la literatura, donde su materialidad se manifiesta en dos variables, la cuantificación, que se refiere a la estructura o ámbito formal y a la cualificación que recae en el lector, donde radica la disposición y características que posee como receptor de una obra literaria. Es en este punto donde la teoría fenomenológica de Husserl cobra especial relevancia, pues ésta pretendía: “generar una ciencia en sí, cuyo correlato es un objeto en sí; además, la fenomenología está basada en la idea de percepción y de la conciencia de dicha percepción”[5], lo que permitió delimitar el aparato lógico formal, que es coincidente con lo planteado por Jakobson y su noción de “literaturidad”. 

No obstante, Husserl también realizará otros aportes, los que guardan relación con la conciencia de sí, pues la percepción siempre está marcada por un sistema de coordenadas fijadas espacio temporalmente. La conciencia, por tanto, es el lazo que une el adentro del observador con el afuera de lo observado mediante la percepción. En la misma línea Bergson aporta la idea de “una conciencia interna, de un yo interno, regido por un tiempo distinto al cronológico, cuyo nombre es duración. La duración es el lugar donde la vida fluye sin que nada se pierda; en oposición al mundo externo, superficial, espacial, homogéneo, repetible, esquemático, mecánico y discontinuo, la duración proporciona una experiencia heterogénea, irreversible, irrepetible, discontinua, interna, temporal.”[6]

            Desde otro ángulo, una de las características definitorias de los formalistas rusos fue el establecimiento de pares de oposiciones, a semejanza del método empleado por Saussure en su Curso de Lingüística General[7], procedimiento que les fue de suma utilidad, ya que les permitió conformar un aparato lógico formal estructurado y coherente:

Lengua cotidiana/ lengua poética: Yakubinski fue uno de los primeros en confrontar estas nociones en su artículo “Sobre los sonidos de la lengua poética”, donde señala: “Los fenómenos lingüísticos deben ser clasificados desde el punto de vista de la finalidad propuesta en cada caso por el sujeto hablante. Si éste los utiliza con la finalidad puramente práctica de la comunicación, se trata del sistema de la lengua cotidiana (del pensamiento verbal) donde los formantes lingüísticos (sonidos, elementos morfológicos, etc.) no tienen valor autónomo y son sólo un medio de acumulación. Pero se pueden imaginar (y ellos existen realmente) otros sistemas lingüísticos en los que la finalidad práctica retrocede a segundo plano (aunque no desaparece enteramente) y los formantes lingüísticos obtienen entonces un valor autónomo.”[8] De lo precedente se desprende el carácter referencial de la lengua cotidiana, puesto que su finalidad es la comunicación, mientras que en la lengua poética la atención se centra en la forma más que en el significado de las palabras del poema, por tanto, lo trascendente es su carácter morfológico, donde el contenido no se encontraría explícito, sino que por el contrario, tiende a lo implícito, predominando la función poética del lenguaje.

Pero también Shklovski en su artículo “Potebnia”, alude a que la lengua poética difiere de la lengua prosaica por el carácter perceptible de su construcción, es decir, que existen una serie de aspectos, ya sean acústicos, articulatorios o semánticos o una determinada combinación de palabras, las que provocan que percibamos la diferencia, lo que nos lleva a una desautomatización que referiré en el siguiente par opositivo.

Ejemplo de Lengua prosaica (cotidiana)/ Lengua poética:

Lengua prosaica:

“Manual de instrucciones Black & Decker: Batidoras series MX-42 / MX-95
Cómo usar:
Este aparato es solamente para uso doméstico.
1. Asegúrese que la batidora está apagada en la posición (0) y desconectada antes de instalar o retirar los accesorios.
2. Instalación de las aspas de alambre: introduzca el aspa de alambre según aparece en la ilustración (A). Empuje y gire el aspa ligeramente en la batidora hasta quedar segura. Repita el mismo proceso e inserte la otra aspa en el segundo orificio (…)”.[9]

Lengua poética:

“Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo (…)”.[10]
                                                                                                                         Julio Cortázar.

Extrañamiento (Ostranenie)/ automatización: “El arte es interpretado como un medio de destruir el automatismo perceptivo; la imagen no trata de facilitarnos la comprensión de su sentido, sino de crear una percepción particular del objeto, la creación de su visión y no de su reconocimiento. De allí proviene el vínculo habitual de la imagen con la singularización.”[11]Se atisba en el extracto precedente que comúnmente como receptores en la comunicación cotidiana estamos acostumbrados a responder de un modo automático y económico del lenguaje, mientras que el lenguaje poético por el contrario, implica un proceso de decodificación mayor que incluso manifiesta formas obstruyentes que dificultan su comprensión, pero aquello justamente es lo que nos permite entrar en un estado alterado de la percepción, ya que debemos repensar las imágenes que se nos presentan, provocando así una desautomatización o extrañamiento. “Este extrañamiento se genera ante la deformación creadora que tiene por objeto a la lengua, actuando en niveles macro y micro lingüísticos (produciendo transformaciones en lo "real" y abandonos de los usos normales de los signos), y lleva a los receptores a plantearse nuevas perspectivas y nuevas formas de percepción; objetivo que logra la obra literaria a partir de sus procedimiento (prien).”[12]

Ejemplo de desautomatización:

Bostezó Floris, y su mano hermosa,
Cortésmente tirana y religiosa,
Tres cruces de sus dedos celestiales
Engastó en perlas y cerró en corales,
Crucificando en labios carmesíes,
O en puertas de rubíes,
Sus dedos de jazmín y casta rosa.
                                                                                                                       Francisco de Quevedo, “Madrigal”

                        En el extracto anterior, se aprecia un ejemplo de desautomatización, puesto que se emplea un lenguaje que va más allá de lo cotidiano, el que nos invita a realizar una lectura más acuciosa, para que a través de marcas textuales logremos develar su significado y posibles interpretaciones.


Historia (Fábula)/ trama:”Se ha definido la diferencia que existe entre la noción del argumento como una construcción y la noción de trama como un material.”[13] La visión planteada entiende construcción de la fábula como una descripción de hechos que están en una relación de causalidad o en orden cronológico, mientras que por trama alude a la presentación del “material” semántico, es decir, es la disposición artística de los acontecimientos que conforman la narración. En este sentido, la trama incorpora recursos para interrumpir la causalidad del relato, ya sea para prolongarlos o matizarlos, por ello es la encargada de generar en el lector un “extrañamiento”.

Ejemplo de fábula/ trama:

 Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
- ¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo
un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro,
quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la
tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
- Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un
gesto de amenaza?
- No fue un gesto de amenaza – le responde – sino un
gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta
mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.
Jean
                                            El gesto de la muerte, Jean Cocteau.

En este ejemplo la fábula nos muestra un proceso cronológico de los hechos a través de las marcas textuales “mañana”, “tarde” y “noche”, que nos permiten ubicarnos en un determinado espacio temporal. Por otra parte la trama permite un sentido distinto del texto, ya que realiza un juego con el orden de los acontecimientos y el tiempo, desencadenando un final inesperado, que sorprende o causa “extrañamiento” e


[1]La teoría del método formal”, en Todorov, T. (antologador), Teoría de la literatura de los formalistas rusos, México, Siglo XXI, 1970, pp. 22.
[2] Ibidem. pp. 26.
[3] Ibidem. pp. 25.
[4] Ibidem. pp. 26.
[5] Antecedentes del formalismo Ruso, Prof.: S. Caruman J.
[6] Ibidem.
[7] “Curso de Lingüística General”, Ferdinand de Saussure. Editorial Losada, Buenos Aires, 1945.
[8]La teoría del método formal”, en Todorov, T. (antologador), Teoría de la literatura de los formalistas rusos, México, Siglo XXI, 1970, pp. 26-27.
[9] Ejemplos lenguaje coloquial v/s lenguaje poético, Prof.: S. Caruman J.
[10] Ibidem.
[11]La teoría del método formal”, en Todorov, T. (antologador), Teoría de la literatura de los formalistas rusos, México, Siglo XXI, 1970, pp. 32.
[12] La especificidad del lenguaje literario - ¿Qué es la literatura?, Prof.: S. Caruman J.
[13]La teoría del método formal”, en Todorov, T. (antologador), Teoría de la literatura de los formalistas rusos, México, Siglo XXI, 1970, pp. 39.

Permanencia y cambio en la noción de literatura, en la historia occidental.

 
Primero que todo, es menester señalar el objetivo fundamental que pretendo desarrollar con este trabajo de carácter investigativo analítico, cuyo objeto de estudio es la noción de literatura, enfocado particularmente en la siguiente tesis: “La visión sobre el concepto de literatura, ha sufrido cambios trascendentales a lo largo del tiempo y el espacio, ante lo cual las metodologías para aproximarse a ella, se han adaptado según los cánones sociales e ideales del período histórico en que ésta se gesta”. Por ello, para abordar la investigación, se torna pertinente recurrir a un análisis histórico comparativo, donde en vista de un contraste de períodos, a través de rasgos sociales, temporales, culturales, literarios, lingüísticos, entre otros; se podrá determinar un hilo conductor entre las visiones precedentes y posteriores, vale decir, aquellas similitudes entre una época y su sucesora, como también poner en contraposición sus variaciones.

            En una misma línea, comprender la evolución histórica que condujo a lo que hoy entendemos como literario, se remonta a la tradición griega y es aquí donde encontramos los vestigios más antiguos de manera escrita, sin embargo, es fundamental referirse al carácter oral de su tradición, situación que se percibe nítidamente en el siguiente extracto del texto de J. Lanzón: Al faltar el uso del alfabeto, no se podía registrar el saber en un texto escrito y por tanto para esa cultura arcaica era decisivo poder fijar, conservar y transmitir de alguna forma las costumbres y tradiciones políticas, éticas, jurídicas y religiosas de un pueblo, función que se encomendaba a la poesía, que entonces se concebía, recitaba y transmitía oralmente.[1] Es de este modo, que no podemos soslayar las características esenciales de una cultura oral, tales como, la presencia de cantores o recitadores que difundieran este saber, donde el aedo y posteriormente los rapsodas, a través de sus cantos y combinaciones tanto de un modo poético, como de su representación visual y rítmica-musical, unión indisociable de elementos denominada mousike[2], contaban historias de extraordinario interés didáctico.
           
            Como mencioné anteriormente, la presencia del aedo o bardo, será sumamente relevante, ya que cumplía una función altamente específica para la sociedad, tanto en su carácter cultural, como para generar cohesión social, es por ello, que se deben destacar algunas cualidades esenciales que son propias de este tipo de cantor, entre ellas, el empleo de un lenguaje formulario, que le permitía recordar con mayor facilidad los hechos y episodios del relato que cantaba, considerando también que el aedo recibía los vestigios de una amplia tradición que incluso se remontaba a períodos muy antiquísimos, como se comprueba en la Odisea[3] e Iliada[4] de Homero, disquisición de cuya autoría, no incluiré en este momento, que si bien fueron redactadas en el período arcaico, persiste la existencia de elementos, atribuibles a la civilización micénica.

Por otro lado, en el momento de la recitación el aedo, podía incorporar parte de su subjetividad, lo que Platón encontraba altamente perjudicial, por sus efectos psicomorales, lo cual queda explícitamente fundamentado cuando plantea los motivos que causan consecuencias negativas en la sociedad, que son los siguientes: En primer lugar, porque en todo caso implica la confusión del alma del narrador con la de múltiples individuos y muchos y contradictorios oficios, y como los guardianes deben realizar sólo una tarea o labor en el Estado, no les conviene esta dispersión de funciones. (…) En segundo lugar, los modelos imitados son con frecuencia inmorales, imitaciones de vicio o corrupción que no admitiríamos poseer en la realidad, o indignas, como un rayo o el sonido de un animal.[5] Por último, cabe enunciar que el poeta, es un ser inspirado por las musas, que en un estado poseso, funcionaba más que todo, como un mero intérprete, cuya naturaleza humana, no estaba exenta de yerros. Argumento que está en estrecha relación con lo negativo que resultaba para el pueblo griego, desde una vertiente psicomoral, la subjetividad del poeta, puesto que en lo medular, Platón se opone a las interpretaciones pragmáticas de las personas y su crédito absoluto a lo dicho por el poeta. Fundamentando que en tal estado, “el poeta no sabe lo que está diciendo”.[6]

            En las citas precedentes sobre Platón, encontramos uno de los pilares que rigió la noción de literatura en gran parte de la historia de occidente, es decir, la imitación o mimesis[7]. Pese a que su carácter estilístico y sus orígenes, han sido atribuidos a este eminente filósofo, podemos encontrar diversos campos semánticos en relación a la palabra mimesis, pero no obstante, me centraré a grandes rasgos en la concepción que se tenía comúnmente, la cual se ve reflejada en el siguiente párrafo del texto de Lanzón; Es sabido que para los griegos la naturaleza era la fuente de toda normatividad y de todo saber y por ello no es sorprendente que para Demócrito el hombre que deseara aprender una técnica (y todo arte tenía un componente técnico), debía imitar a los animales: “Somos discípulos de los animales en las cosas más importantes: de la araña en el tejer y zurcir, de la golondrina en la construcción de casas, y de las aves canoras, del cisne y del ruiseñor, en el canto. Y (todo ello) por imitación”[8]. Sin embargo, no es la única acepción del término, ya que también encontramos una imitación poética-retórica[9] y una imitación metafísica de las ideas[10], esta última cuyo legado también se lo debemos a Platón.

Respecto a su doctrina, se podrían indicar otros ámbitos, como su carácter metafísico u ontológico, fundamento que se explica en el libro décimo de la República, donde la realidad se divide en tres niveles; a saber: las formas ideales, los objetos visibles y las imágenes.[11]Sin embargo, continuando consecuentemente con la línea argumentativa, cabe referirse al discípulo del gran maestro. En efecto, será Aristóteles, quien en su Arte poética[12], nos otorgará otra perspectiva sobre la noción de mimesis.

Aristóteles, esbozará su doctrina, en contraposición a ciertas nociones propuestas por Platón, por ejemplo, habrá un desentendimiento de la imitación ontológica, centrándose, por el contrario, en una relación de imitación horizontal con la naturaleza. Además de ello, para comprender de mejor manera sus postulados, hay que aludir a las tres clases de saber que distingue Aristóteles: el teórico de las cosas necesarias o episteme, el práctico-moral sobre la conducta del hombre o praxis, y el técnico artístico para la producción de cosas, que en griego se dice techne.[13]Existiendo en esta última diversos tipos de technai, en cuyo caso particular hay algunas, que son específicamente imitativas, que producen cosas sin utilidad o cuya utilidad está en su propia perfección como fin en sí mismo: son las artes o bellas artes.[14]Pero a su vez, este saber técnico-artístico, se subdivide en distintos tipos de imitación, según el medio que utilice: pues, así como algunos con colores y figuras imitan muchas cosas reproduciendo su imagen (unos por arte y otros por costumbre), y otros mediante la voz, así también, entre las artes dichas, todas hacen la imitación con el ritmo, el lenguaje o la armonía, pero usan estos medios separadamente o combinados (…).[15]De esta forma, se generan y componen las distintas especies de la poética, entre ellas, la epopeya, poesía trágica, comedia, ditirámbica, aulética y citarística, que a la vez se caracterizan por imitar objetos distintos: “puesto que imitan a hombres que actúan y éstos necesariamente serán esforzados o de baja calidad”.[16] Sin embargo, aún queda una tercera diferencia, radicada en el modo en que se realiza la imitación: “En efecto, con los mismos medios es posible imitar las mismas cosas unas veces narrándolas (ya convirtiéndose hasta cierto punto en otro, como hace Homero, ya como uno mismo y sin cambiar), o bien presentando a todos los imitados como operantes y actuantes”.[17]

Desde otra óptica, la doctrina aristotélica,  no sólo ha abarcado el campo de la imitación, sino que ha trascendido incluso, al ámbito de los géneros literarios y su respectiva clasificación, por ello para concebirla a grosso modo, se torna preciso contextualizamos en la Grecia clásica, siglo V - IV a.c, período en el que vivió Aristóteles. En primer lugar, distingue a quiénes se debe considerar poetas y a quiénes no; Sólo que la gente, asociando al verso la condición de poeta, a unos llama poetas elegíacos y a otros poetas épicos, dándoles el nombre de poetas no por la imitación, sino en común por el verso.[18]Por ello, se opone rotundamente a este tipo de clasificación, argumentando: “En efecto, también a los que exponen en verso algún tema de medicina o de física suelen llamarlos así. Pero nada en común hay entre Homero y Empédocles, excepto el verso. Por eso al uno es justo llamarle poeta, pero al otro naturalista más que poeta”.[19]

En síntesis, la extrapolación a una teoría de géneros aristotélica, en términos modernos, sería de tres tipos: de contenido, formales y discursiva, basadas preferentemente en su teoría de la imitación, donde “literatura”, se diferencia de las otras artes por su medio de imitación que es la palabra, las obras que la integran se diferencian entre sí ya por sus registros (objetos imitados), que dan lugar a producciones de tono bajo, medio o elevado, ya por sus géneros (modos de imitar).[20]
Avanzando en la historia de occidente, arribamos al siguiente período de suma influencia para la concepción de lo “literario”. La Edad Media, estadio que se sucede “convencionalmente” desde el siglo V hasta el XV, marcado por hitos que serán fundamentales, para entender los cambios que se suscitarán. En un primer momento, uno de los aportes novedosos que nos revelará, es la cosmovisión cristiana, cuyo período, presentará un arraigo eminentemente teocentrista y monocentrista, en contraste, con la visión policentrista de la cultura griega antigua. Situación que se ve reflejada en el siguiente extracto de Lanzón: “La fe cristiana en cambio, ponía el centro de gravedad de su credo en un Dios personal, trascendente y creador; de ahí el teocentrismo del pensamiento cristiano, el cual presenta, como el objetivo divino de su estudio, un carácter lógico-deductivo, trascendental, a priori, ajeno a la observación del mundo sensible y a la experimentación natural”.[21] Debido a ello, durante este período las ideas platónicas perderán su autonomía y sustantividad, desarrollándose en un contexto distinto: “(…) la teoría de las Ideas en la Edad Media se desarrollará con frecuencia en un contexto cosmológico y teológico, muy lejano a las preocupaciones epistemológicas, morales y políticas de la filosofía clásica (…) no obstante, la estructura modelo-copia, de raigambre nítidamente platónica, aparece de modo constante, durante el medioevo, como la idea explicativa fundamental adoptando variadas formulaciones: semejanza, imagen, vestigio, huella, analogía, etc.”[22]
Por consiguiente, esta perspectiva metafísica de modelo-copia, determinará directamente la estética del período, su teoría de lo bello y su teoría del arte, lo cual se denota en lo dicho por el mismo autor: “Todos los sistemas estéticos de la Edad Media son simbolismos. La historia del simbolismo estético se identifica con la historia del pensamiento cristiano. (…) Dios ha creado las cosas a su semejanza, es decir, a su imagen, por lo cual es natural que al contemplar las formas descubramos en ellas el *vestigio* de la belleza, de la sabiduría y del arte divinos: tal es el principio constante. Los filósofos lo confirman: el efecto necesariamente lleva la huella de la naturaleza de la causa”.[23]
Pese a las diferencias ideológicas y culturales sustanciales entre ambos períodos históricos, la Edad Media, posee un rasgo de continuidad con el de la antigüedad, que es su carácter de vocalidad[24], pero aquí cabe formular una distinción entre tradición oral y transmisión oral: la primera se sitúa en el tiempo; la segunda en el presente de la realización.[25]Vale decir, a la tradición oral, subyace una evolución y transformación histórica, que es producto de un legado colectivo de la comunidad de hablantes, mientras que una transmisión oral, presenta un atisbo de inmediatez, que se está produciendo en un instante determinado, cuyo fin es la difusión y permanencia del folclore e idiosincrasia de una cultura respectiva. De esta manera, en concordancia con lo señalado, Zumthor postula: “El conjunto de los textos que nos han sido legados por los siglos X, XI y XII, y quizá, en menor medida, por el XIII y el XIV, ha pasado por la voz no de forma aleatoria, sino en virtud de una situación histórica que hace de este tránsito vocal el único modo posible de interpretación –de socialización- de estos textos. Tal es mi tesis – o hipótesis”. [26]
            Una vez entendidos los alcances de la voz en el contexto medieval, procederé a caracterizar los matices que esta concepción manifestaba y, primariamente, este fenómeno, entendido como una dimensión del texto poético, estaba determinado por tres focos: físico, psíquico y sociocultural, cuyos efectos al conservar un plano de espectáculo o auditivo, ocasionará en el receptor un efecto y significación distintos que un texto meramente escrito.

            Finalmente, para culminar con la cosmovisión medieval sobre la letra y la voz, se hará referencia a los tipos de oralidad existentes: En primer lugar, conviene distinguir tres tipos de oralidad, que corresponden a tres situaciones culturales diferentes. Uno, primario e inmediato, no lleva consigo contacto alguno con la escritura; de hecho, sólo se encuentra en sociedades desprovistas de todo sistema de simbolización gráfica, o en grupos sociales aislados y analfabetos. (…) es casi seguro que la práctica totalidad de la poesía medieval procedió de otros dos tipos de oralidad, cuyo rasgo común es que coexisten, dentro del grupo social, con la escritura. Les he dado respectivamente el nombre de oralidad mixta, cuando la influencia del escrito sigue siendo externa, parcial y con retraso, y oralidad segunda cuando se sustituye a partir de la escritura dentro de un entorno en el que ésta tiende a debilitar los valores de la voz en el uso y en lo imaginario”.[27] En consecuencia, en el mundo medieval, la tendencia era a los dos últimos tipos de oralidad, a la mixta y segunda, que en sí, enmarcan características particulares: “Dentro de una sociedad que conocía la escritura, todo texto poético, en la medida en que aspira a ser transmitido a un público, es materialmente sometido a la siguiente condición: cada una de las cinco operaciones que constituyen su historia (la producción, la comunicación, la recepción, la conservación y la repetición) se realiza, bien por vía sensorial oral-auditiva, bien por medio de una inscripción presentada a la percepción visual, o bien –más raramente- por estos dos procedimientos conjuntamente”.[28]

            Históricamente, otro de los cambios fundamentales vividos en la panorámica literaria, acontece a mediados del siglo XVIII, período en el que primará la noción de lo bello, como principio que regirá el canon estético.  Término definido en 1785 por Kart Philipp Moritz, quien señala: Lo bello consiste en que una cosa no significa otra cosa que sí misma, no  designa sino a sí misma (…) Si una obra de arte tuviera como única razón de ser indicar algo que le es exterior, se convertiría en virtud de eso mismo en un accesorio; en tanto que, en lo que a lo bello se refiere se trata de que ello mismo sea lo principal”.[29] En cuanto a esta definición, es preciso referir que no sólo marcará las postrimerías del siglo XVIII, sino que incluso, influirá hasta la segunda mitad del siglo XIX, transcurriendo de un modo transversal, desde los románticos alemanes, hasta los simbolistas, envolviendo inclusive las teorías de los postsimbolistas europeos.
             Para culminar, aludiendo al fundamento teórico aportado en el siglo XIX, caracterizado por un intento de sistematizar la literatura, tal cual si fuese una disciplina científica, que si bien, puede poseer un carácter muy controversial, no por ello, sus aportes carecen de importancia, razón por la cual, la reconsideración de la faceta historicista de la literatura, nos otorgará una serie de concepciones de índole social, que de paso, se convertirá en el punto de partida para la comprensión de ciertos fenómenos literarios. Residiendo entonces su trascendencia, como lo delimita Jones a su capacidad de: “aislar y definir el género, estudiar las leyes que rigen su desarrollo, observar el advenimiento de nuevos tipos literarios, y medir el éxito de una obra según su conformidad con la tipología así creada”[30], lo que eclosionó en una mayor seguridad científica a la erudición, atribuirle una profundidad temporal al estud


[1] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 94.
[2] Ídem, “Unión inseparable en la oralidad arcaica de la poesía, la música y la danza (…) artes de las musas, que nacen de la inspiración divina, del entusiasmo y de la locura”.
[3] Homero, Odisea, Gredos, Madrid, 2000; trad. esp.
[4] Homero, Iliada, Gredos, Madrid, 2000; trad. esp.                 
[5] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 95.      
[6]Doctrina de Platón sobre la imitación artística”, Depto Filosofía, U. de Chile, Serie Traducciones,
Santiago, 1981. 34 pp. (Trad.: Ximena Ponce de León).
[7] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 100.    
 “Imitación significa la actualización, mediante la voz, la música, la danza y el gesto, de las acciones y voces de los animales y hombres; en consecuencia, mimesis quiere decir imitación de un modelo animal o humano”.
[8] Ídem.
[9] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 101.
“(…) modo de adquirir la técnica poética por la imitación es el aprendizaje del arte mediante la imitación de los modelos de la tradición poética, seleccionados dentro de los materiales poéticos del repertorio mnemónico”.
[10] Ídem. “Así pues, de las cosas que son, les dio a aquéllas el nombres de <>, afirmando que todas las cosas sensibles existen fuera de ellas y que según ellas reciben su nombre: y es que las múltiples cosas que tienen el mismo nombre que las formas, existen por participación (…)”.
[11]Doctrina de Platón sobre la imitación artística”, Depto Filosofía, U. de Chile, Serie Traducciones,
Santiago, 1981. pp. 18-32. (Trad.: Ximena Ponce de León).
[12] Aristóteles, Arte poética, Gredos, Madrid, 1992; trad. trilingüe. (Trad. Valentín García Yebra).
[13] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 123.
[14] Ídem.
[15] Aristóteles, Arte poética, Gredos, Madrid, 1992; trad. trilingüe. (Trad. Valentín García Yebra).
[16] Ídem.
[17] Ídem.                                                                                    
[18].Ídem.
[19] Ídem.
[20] Una vasta paráfrasis de Aristóteles, Teoría de los géneros literarios, Madrid, Arco/Libros, 1988, p. 9‑27.
[21] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 163.
[22] Ídem.
[23] Ídem.
[24] “La vocalidad es la historicidad de una voz: su empleo”.
La letra y la voz en la ‘literatura’ medieval, Madrid, Cátedra, Prefacio y Cap. 1, pp.9-37.
[25] Ídem.                                                                                                                         
[26] Ídem.
[27] La letra y la voz en la ‘literatura’ medieval, Madrid, Cátedra, Prefacio y Cap. 1, pp.9-37.
[28] Ídem.
[29] Literatura y estudios literarios”, en Revista Chilena de Humanidades #3, 1983, pp. 53-77.


[30] Literatura y estudios literarios”, en Revista Chilena de Humanidades #3, 1983, pp. 53-77.

martes, 16 de agosto de 2011

Esperanzado ante un mundo de desencantos.




Desencanto es la primera palabra que se me viene a la mente, pues es un sentimiento que está calando hondamente en mi interior, no lo podría catalogar como una desesperanza de la vida, sino quizás como una serie de contradicciones de ésta, un ir y venir incesante, altos y bajos, problemas tras problemas, donde se torna imposible vivir en armonía tanto con uno mismo como con quienes nos rodean, pero lo que me causa más pesar es que aquel estado no sólo me invade a mí, sino que cada vez más, casi como un virus, éste se va generalizando, se ha vuelto un inconformismo social. No obstante, cuando somos niños esto no lo percibimos, ya que nuestros padres siempre buscan lo mejor para nosotros, protegernos del mundo en el cual vivimos, repleto de obstáculos y adversidades que como lo definía Schopenahuer -haciendo alusión al caos mundano en el que habitamos- que éste pareciese haber sido creado más por un demonio, que por un Dios, lo que en una dirección diametralmente opuesta a lo que se nos ha predicado a lo largo de nuestra vida, parece ser un sacrilegio, una aberración. Sin embargo, concluyes que aquella visión de aquel filósofo, se acerca más a nuestra realidad cotidiana que aquello que a lo largo de nuestras breves y efímeras vidas se nos ha implantado como el más innegable de los dogmas.

Por otra parte, ese desencanto que se alcanza no de la noche a la mañana, sino tal vez a raíz de un conjunto de vivencias y/o reflexiones, es producto del mundo en sí mismo, pero sobretodo del cauce que han ido tomando las sociedades en el último tiempo, que paradójicamente es un constructo que deviene de nosotros como individuos y a su vez como los seres irresponsables que hemos sido, puesto que una sociedad no se forja por sí sola, sino que cada sujeto que la constituye es un agente en ella, que procura mantener su equilibrio sistémico. Justamente aquella palabra que empleé no ha sido pensada al azar, pues sin lugar a dudas hemos sido “irresponsables”, no sólo una, sino que cientos de veces, a lo largo de la historia de la humanidad, ya que hemos permitido continuas guerras una y mil veces, que se han llevado a cabo desde el inicio de los tiempos, ante lo que no se puede plantear, por ejemplo, que es inherente a nuestra especie, pues si bien somos seres instintivos, a su vez hemos logrado con el tiempo -es de suponer- un grado de racionalismo mayor, que nos permite controlar nuestras características netamente viscerales, porque o sino, parafraseando a Darwin, hubiésemos muerto en la inadaptación, por ello al apreciar tantas atrocidades que se siguen cometiendo, no cabe más que pensar en que hemos ido involucionando.

Lo anterior no necesita mayor justificación, es todo un hecho que se puede constatar, las guerras que han pervivido en todas las sociedades, inclusive antes que éstas se conformaran, hacia los tiempos de las tribus primigenias, es sólo un ejemplo, pero es inconcebible que todavía, en pleno siglo XXI, aún sigan sucediendo, basta pensar en los conflictos actuales de oriente o los atentados terroristas que en Occidente y, sobretodo, en Europa acontecen a la orden del día, cuántas muertes, masacres, discriminaciones, xenofobias, crímenes, delitos, desmanes sociales, en fin, una infinidad de situaciones que pareciesen no acabar, que nos dejan más que claro que este mundo se ha vuelto un total caos, si es que no lo ha sido desde sus cimientos.

Pese a ello, aunque esté desencantado con el mundo actual, la humanidad en general y con las sociedades en particular, por los continuos daños provocados a sí mismos, aún tengo esperanza, sigo manteniendo firmemente, con la convicción de un hombre idealista, que ésta es la última que se pierde. En el último tiempo, más rigurosamente, en la última década, hemos presenciado mucha movilidad social, un repudio generalizado ante aquel malestar que tantos años nos aquejó, pues ahora las personas más que nunca están haciendo valer sus derechos, aquellos valores intrínsecos que poseemos como dignidad a la condición humana, como lo es la libertad, la cual se ha visto trastocada innumerables veces, ya que hasta el día de hoy, todavía, por ejemplo, hay una coartación hacia la libre expresión –piénsese en países de Oriente-, por otra parte, la igualdad de derechos por los que tanto ha luchado la mujer, que no fue sino hacia el siglo XIX, a través de valiosas vidas sacrificadas lograron ser escuchadas, mejorar sus condiciones de vida, dejar de ser esclavas del hombre, pensar por sí mismas y que se las dejase pensar que es lo más importante. Sin embargo, hasta nuestro actual siglo, la mujer sigue dando la batalla, no se rinde, ha logrado grandes emancipaciones, se ha posicionado en el campo laboral, está recibiendo mejores salarios y tratos, pero sigue viéndose enfrentada a los tales denominados “femicidios”, que se traducen en el mayor nivel de las agresiones que puede recibir, que es el atentado contra la vida de la mujer, que supera abismantemente las tan recurrentes agresiones físicas, verbales, sexuales, laborales, que en resumidas cuentas son francamente deplorables.

Otro tema que nos llega hasta la médula, es el de la conformación de identidades sociales e individuales, las cuales son sin lugar a dudas, vastísimas, pero sobretodo en lo referente a nuestra realidad como chilenos, circunscritos a lo que se ha venido a designar como el último rincón del mundo, ésta todavía se encuentra en cuestión, con una serie de temas pendientes, por ejemplo y no nos podemos olvidar de ellos, pienso en los pueblos originarios, transversales al continente americano y, más que todo a la parcela latinoamericana. Para ser aun más preciso, hablaré más bien de la realidad que aqueja a Chile, donde día a día van pereciendo más y más etnias y personas naturales de éstas y con ellos, la pérdida de una cosmovisión, cultura, costumbres, lengua, pero ante todo, importantísimas y valiosas vidas que en nuestra data como pueblo chileno hemos ido provocando. Baste para lo anterior referirse, por ejemplo, a la comunidad Kaweskar, cuya última descendiente falleció en el lapso de la última década, los atacameños, por otro lado, también vivieron una realidad similar, peligrando, por otro, la subsistencia de los aymaras, a su vez hemos presenciado la continúa pérdida del conjunto agro-alfarero diaguita, entre otros muchos casos. Finalmente, sin ir más lejos, quiero hacer una alusión más detallada a la cultura mapuche.

Un hecho innegable es que los chilenos, somos actualmente y desde tiempos relativamente remotos, una sociedad mestiza, ¿pero qué implica ello? No quiere decir que seamos mejores o peores individuos, que aquellas tan mal llamadas razas “puras”, como entre otros el Nacional Socialismo, procuraba alcanzar a través de la utópica búsqueda de una raza perfecta, como lo sería la aria. Sin embargo, en nuestros días es complejísimo mentar si quiera la pureza sanguínea, pues prácticamente debido a los aumentos en las emigraciones e inmigraciones, los contactos continuos entre pueblos, ciudades y turistas, debidos entre otros rasgos, a la denominada “globalización”, podríamos decir incluso, que no sólo vivimos en una sociedad mestiza, sino que en un mundo mestizo. Por otro lado –después de aquella digresión- en lo que respecta a los chilenos, ya desde los tiempos de la conquista y colonia, por tanto, desde nuestra conformación y origen, nos debemos al sincretismo mapuche-español eminentemente, sin descartar en perjuicio de otros pueblos originarios, los influjos de éstos. No obstante, pese al reconocimiento de ambos pueblos, que dieron como resultado el surgimiento de nuestro pueblo y actual nación, siempre los mapuche han sido mal vistos, han sido tachados burdamente de “flojos y buenos para nada”, lo que es una grave errata, pues su mentalidad y cultura los hace ser distintos a nosotros, entre otros factores, se debe a la relación de ellos con la madre naturaleza, en poseer netamente una economía de subsistencia –cabe destacar que esto fue en sus inicios, ya que en la actualidad, esta realidad ha variado- donde ellos, sobretodo viven gracias a los frutos que ésta les entrega día a día, otorgándoles a ésta en reciprocidad, a través de sus rituales, su más íntimo aprecio y respeto, de los cuales tenemos aún mucho que aprender, pues no me adentraré, pero sí lo mencionaré, en que nosotros y nuestras sucesivas generaciones, hemos sido culpables del “mal trato” hacia la naturaleza.

A modo de cierre del tema anterior, aún estamos con una gran deuda hacia el pueblo mapuche, ya que las muertes en guerra, pestes, que devienen desde la llegada española, se siguieron trasmutando no en guerras físicas, sino sociales y discriminatorias, hacia esta comunidad –No versaré sobre el tema político que atañe a esta materia, pues aún es una causa no del todo resuelta- donde no podemos quedarnos callados y sentir apaciguadas nuestras voces, tanto ellos como nosotros tenemos derechos a protestar, hacer valer nuestros legítimos derechos y acá, todavía queda mucho por hacer y como bien señalé, aprender de ellos, recuperar su cultura y con ella una parte invaluable de nosotros, de nuestra identidad chilena.

Finalmente, concluyendo el presente ensayo, quiero resaltar que éste surgió en base a una reflexión crítica sobre varios problemas que apesadumbran a nuestra sociedad -un malestar generalizado-, temas que durante muchas décadas fueron tabúes y que en estos momentos, en plena democracia, no se pueden soslayar y, por ello, de uno u otro modo, estamos llamados a pronunciarnos, cada cual a su manera, algunos, como es mi caso, a través de la palabra escrita, pero de la misma manera, cada persona en su círculo, en su ambiente de trabajo, sea cual sea, debe hacer valer sus derechos y no olvidar que todos forjamos y creamos la sociedad de nuestros sueños, puesto que sin éstos, la vida carecería de sentido.




martes, 9 de agosto de 2011

Tiempo de marchar por nuestros sueños.



I

Manos alzadas al viento, agitándolas con gran gesto
Largo caminar que invade el alma
Que la atrapa, la captura y la hace única
Una marcha por la unión que hace la fuerza
Que cautiva los corazones, que los inunda de pasiones
Los incendia, refulgen y brillan con sabiduría
Con el honor aplastado que revive con mil hordas de alegría
Manifestaciones que fluyen, pero que no diluyen
Que se dilatan y acaban con las injusticias aplicadas.

II

Carnavales y fiestas por una educación sin límites ni fronteras
Permítasenos soñar, no queremos que lucren más
Queremos el fin al impuesto de nuestros anhelos
No ansiamos las migajas del gobierno, sino el poder del pueblo
Seremos idealistas hasta el fin de los tiempos
Adiós Apocalipsis, batahola y crisis
NO nos vencerán, aguerridos seguiremos sin detenernos
NO nos venderemos, ni a las facciones déspotas tememos.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...