Emerge en la costa tu voz interior en eco permanente.
Brama en aullidos de espuma el mar en su bahía infinita.
El monte parnaso es el olimpo de los simbolistas No soy iconoclasta ni falso adorador de egolatrías Enamórate de la soleada claridad del día Invierte el tiempo, traspasa generaciones Sumérgete en la torre de marfil, lee, escucha y escribe lo que ves No te calles, lo peor que puedes hacer es silenciarte Tan sólo entra y serás bienvenido en mi torre de marfil No preguntes por mi nombre, ya lo sabrás de antemano Sólo sé tú, sigue tu camino y me encontrarás, si me estás buscando.
Emerge en la costa tu voz interior en eco permanente.
Brama en aullidos de espuma el mar en su bahía infinita.
Innúmeras veces nos preguntamos a lo largo de nuestra efímera existencia, ¿qué es el amor? Buscamos vivirlo, sentirlo, apreciarlo, verlo en los detalles y en la mirada del otro. Pareciera ser que el amor es circunstancial a nuestro estado de ánimo, pues hay momentos y días que nos sentimos más amados y a su vez dispuestos a amar a otros. Pero ante todo la primera persona a quién debemos aprender a amar es a nosotros mismos, nuestros propios aciertos y desaciertos, nuestra personalidad, ya que como siempre he sostenido – la única persona que estará toda la vida con nosotros, somos nosotros mismos-. Como tal, no hay más remedio en esta vida que aprender a convivir con nuestra esencia, con nuestra soledad y si bien las más de las veces procuraremos vivir una soledad acompañada junto a aquellos que satisfagan nuestros intereses y tiempo compartido, sean amigos, familia o pareja; no cabe duda que el camino final nos conduce una vez más a nuestra búsqueda interior.
Desconozco
si es la clave de la vida, sin embargo, tengo la claridad que las respuestas no
están externas a nosotros, sino que en nuestro mundo interior. Creemos que la
felicidad se alcanza con actos grandiosos en la vida, pero en realidad, para
ser felices solo basta saber escuchar nuestra voz interior. Aprender a amar
nuestros silencios, nuestras risas y pensar como si fluyéramos como un solo arpegio
sonoro en el caudal de la vida. La vida misma es poesía, es una invitación a
vivir la experiencia de estar en el lenguaje y amar más allá de los límites impuestos.
Tal vez por eso el amor sea tan inaprensible, puesto que lo limita el lenguaje,
cuyas definiciones, significaciones no alcanzarán a clarificar la diversidad de
sentimientos que vive quién ama y es amado, así como expresar aquel estado que
solo quiénes han alcanzado, aunque sea un ápice o pequeña aproximación, han
llamado felicidad. Partamos, por tanto, que el amor es un estado, que cuando se
alcanza -solo en libertad- nos aproxima a la felicidad. En consecuencia la felicidad
no es más que aprender a amar, en primer a lugar a nosotros mismos y luego a
aquellos seres u objetos que nos produzcan o induzcan a un estado de éxtasis – si bien momentáneo- lo
suficientemente potente como para anhelar volver a amar una vez más. Por ello,
una vez que hemos amado, estaremos condenados a la inevitable búsqueda de
querer amar y ser amados una vez más; siendo así sujetos plenos en felicidad.
José
Patricio Chamorro, Copiapó, 18 de febrero 2023.
Escribir desde la hondura más profunda del sentimiento,
Recrear abismos, tonalidades, texturas e incertidumbres.
Hacer de lo efímero magia permanente, experiencia fugaz de
la memoria.
Acribillar tus latidos, acompasarlos al silencio, bocanada
de inspiración.
Perpetrar gritos, ilusiones perdidas en la oscuridad
doliente.
Ser uno con el animal instintivo de la pasión, imaginarme
carne sintiente,
Espesura boscosa en la inmensidad de tu terruño clavado en
tus pupilas.
Sumergirme en tu pecho, desearlo todo y deshacerse en la
nada.
No ser, no sentir, no pensar… solo elegir el camino al sueño
dormido.
Última palabra en los instantes más feroces de nuestra atroz
sintonía.
José Patricio Chamorro Jara,
Copiapó, Chile. 14 de febrero 2023.
Pd: A Patricio, amor doliente y sintiente más allá de mi
hondura.
"Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él", Jean Paul Sartre.
Todos sin excepción alguna en la vida somos frutos de nuestras experiencias, certezas e incertidumbres. Sin embargo, son precisamente estas últimas las que nos movilizan, transforman y conducen al sustancial cambio que creíamos buscar sin encontrar, cuando la verdadera búsqueda, el camino inexplorado de la verdad, estuvo siempre en nosotros mismos, en el interior más recóndito de nuestro espíritu.
En la vida nada responde al mero azar, sino más bien siempre habrá una causa probable que enlazará los hilos del destino. El afán más valioso de tu existencia será descubrir las causalidades universales de tu propio transitar.
Aquella tarde en el "Hostalito", hostel situado en la zona céntrica de Cancún en el corazón de la Riviera Maya, se aproximó a nosotros como náufrago a la costa un joven de mirada sagaz, afable y con la radiante energía de un viajero empedernido. Davys era su nombre, de nacionalidad colombiana y radicado hace quince años en México, agradecido de la hospitalidad de su gente y la bondad de su pueblo. La conversación fluyó natural como amigos de toda una vida; las historias se sucedieron incesantemente.
En el cénit del atardecer tropical sentados en el frontis del hostel, reclinados y arrellanados en unos improvisados sillones de entretejidos alambres, junto a mi amiga degustábamos jugos naturales del Caribe mexicano, entremezclados con un sandwich de huevo y cebolla a la chilena. Fue allí cuando Dayvis con cordialidad inusitada se nos sumó a la conversación, nos contó qué lo traía por Cancún, sus éxitos y derrotas, sus alegrías, penas y tristezas como parceros de siempre, conocidos de toda una vida. Conforme avanzaban las horas de la noche nos fuimos sumergiendo en sus intrincados laberintos de viajes, anécdotas, historias, amores y desamores; en fin, la vida misma.
Así nos contó de sus pasar de 18 meses en La isla de Holbox hacia el norte de donde nos encontrábamos aquel día. -"El viento sopla sin prisa, las hojas de las ramas de los árboles se mueven al vaivén de su destino..."- mientras él nos recitaba estas frases venidas a su memoria y escritas por su puño y letra, comenzó su relato de juergas, amores clandestinos al sabor tropical con pizca europea y sazón latino. Sin duda nuestro amigo se había perdido entre las fragancias de las sábanas de las mujeres europeas, altivas, entregadas, insaciables con un pragmatismo que ya desearían muchos hombres que solo buscan acción y sexo en una noche de pasión en la playa, que contrastaba con la sensualidad de las argentinas, chilenas y tantas compatriotas de Latinoamérica que para saciar su apetito requerían de que nuestro protagonista hiciera gala de su romanticismo de viejo cuño, invitándolas a cenar, a ver las estrellas reflejadas bajo la luz de la luna en el mar, un buen trago tras un recorrido por la isla, para caer rendidas en sus brazos en absoluta entrega.
"Llegar a la nada... después de vivirlo todo", así inició un postrer relato, cuya historia marcaría un hito en su vida. Fue en una de aquellas localidades ancestrales de ortodoxia tribal en las cercanías de Cusco, allá por el año 2005 a sus 19 años cuando entre olores, degustaciones, vivaces colores, Dayvis atravesaba de punta a cabo los mercaditos de esos altos terruños. Allí conoció a una joven vivaz, de piel morena y belleza arrolladora, cuya simpatía y carisma lo envolvieron, pero más fue ella quién jamás había puesto un pie fuera de sus tierras, quién embelesada, deseaba saber, conocer, qué otras posibilidades le deparaban la otredad de las fronteras. Sin ir más lejos, las horas se sucedieron en un santiamén y tras haber dialogado de viajes, experiencias y climas exóticos, aquella chica anonadada se perdió entre las callejuelas. Nuestro amigo una vez más se encontraba solo en su andar.
No obstante, inesperadamente a unos cuantos metros de distancia divisó a un grupo de hombres con cara de pocos amigos, quiénes para su sorpresa venían en su dirección. Al llegar frente a él, malhumorados, impacientes y a regañadientes lo increparon, insultaron y si no es por intervención pública, hubiesen hecho lo que ellos hubiesen considerado "hacer justicia por sus propias manos", en otras palabras, nuestro parce hubiese recibido la paliza de su vida. Así fue que sin explicación alguna a rajatabla lo apresaron un grupo de policías locales, sin dar mayor explicación de cuál era el motivo por el que lo llevaban detenido. Solo comprendió que la chica que había conocido instantes atrás y su familia estaban involucradas en el asunto, puesto que arguyeron que él se quería raptar a la joven y llevársela lejos con él. Pese a que intentó aclarar el malentendido, nada dio resultados con esos gañanes.
Así, cansado, confundido, ofuscado y sin entender ni madre de lo que estaba ocurriendo, se vio enfrascado en una celda oscura, tétrica y maloliente custodiada por esos haraganes que ostentaban el flamante título de policías. Quizás fue su simpatía, tal vez su argucia o los milagros cusqueños, pero obligado a pasar la noche enclaustrado con aquella ingrata compañía aguardientosa, destilante de tragos y licores, terminó sin saber cómo jugando dominó y cartas fuera de su celda junto a estos paisas. Hasta tal punto que les ofreció comprar y pagar pisco o el destilado que ellos prefirieran. La madrugada entre nebulosas resacas y nauseabundos vómitos, flatulencias y escupitajos terminó con Dayvis liberado, policías embriagados y un "Ya, vete. Ya amaneció".
Luego de escuchar las peripecias de nuestro amigo, las horas restantes de la madrugada discurrieron entre frases célebres de filósofos, la realidad latinoamericana y mexicana, así como nuestra visión sobre la educación en tanto pilar fundamental para generar pensamiento crítico y cambio social. No exenta de picardía también nuestras divagaciones se solaparon en la idiosincracia latina, sus dichos, dimes y diretes también del habla popular. Sin percatarnos la garuga ya anunciaba las tres de la madrugada del invierno del paraíso mexicano. El día siguiente sería otra historia.
Al amanecer del día entrante nos dispusimos a un desayuno abundante y variado al ritmo del jazz de los mejores temas de Chet Baker -I get along without you very well- y la filosofía heideggeriana, así su alma se conmovió a compartirnos sus añoranzas y sinsabores de juventud... -"El olvido es mi pasado, el presente es mi recuerdo, el futuro ya no existe, ¿Qué soy?, ¿un susurro?, ¿un latido, un suspiro indefinido que reclama sin cesar los paisajes de vida que han vencido a mi tristeza?- con la declamación de estos versos que emergían de su alma, nos contó de la espléndida, Adriana, su maestra de vida.
Todo comenzó como a la vieja usanza de misivas y cartas, solo que a través de la mensajería vía correo electrónico que proveían en aquel entonces los adelantos del internet. Ella con una seguridad despampanante y una elocuencia descabellada a su tierna edad, lo indujo en la maestría de la educación literaria y filosófica donde conoció, por ejemplo, la escritura de Andrés Caicedo, autor caleño, cuyos relatos como Infección trastocaron a un sentir absurdo su mirada hacia la vida, así como la sed por el saber. Fue así como esa chica caleña, cuya correspondencia digital se mantuvo por años, sin que ella por pudor, lección de vida o consigna personal revelara jamás alguna imagen o semblanza suya de su rostro; "Un libro no solo se juzga por su forma, sino que sobretodo por su contenido".
Frisaba la década del 2000, entre tipeos, mensajes de prisa, pensamientos pausados, crisis de adolescencia, amores frustrados, fiestas y escarceos sentimentales cuando Dayvis a sus dieciséis tuvo la fortuna de conocer a quién sería uno de sus más admirables camaradas de letras y floreciente crecimiento intelectual, Camilo; amigo maestro, que compartió con él no solo la fruición por la literatura y profundidad filosófica de Nietzsche, Schopenhauer, Camus y tantos otros, sino que también el idilio amoroso de Adriana. Un perfecto As de copas. -"El cantar del susurro de los pájaros retumba en ecos en el fondo de mi alma"-.
Años después, cuando nuestro joven aventurero en la nostalgia de los platónicos amores de juventud recordara su nombre y sus cartas digitales con un matrimonio e hija a cuestas en la flor de su vida y con una economía que le permitió darse un gusto, buscó entre los correos la dirección de aquella enigmática y brillante jovencita, que se había convertido en toda una mujer y brillante doctora, hasta que decidido viajó a Cali con un ramo de flores a su casa y un libro bajo el brazo. Allí se encontró con quién supuso era su padre, pero absorto y sin palabras, al ver que era de raza negra dio un paso en falso, más aún cuando tras él observó con detención la grácil silueta de la que sin duda sería Adriana. Trastabillando y mascullando rápidamente algunas palabras de cortesía se desprendió de los regalos, cuya premura deshojó algunos pétalos de rosas; "El anhelo se esfumó, la verdad solo es mentira.El verdugo se pronuncia, sofocando tus sentidos, es el fin de tu camino, ya no quedan esperanzas, es el fin de tu camino".
PD: Con cariño y estima para el parce, viajero de la vida, Dayvis. México, Cancún, 26 de enero 2023.
José Patricio Chamorro Jara.
En relación con el texto “El rol del docente en la educación superior del siglo XXI”, escrito por Carlos Tünnermann Bernheim, se observa que la educación para nuestro tiempo exige nuevos retos, asociados, por ejemplo, a la globalización, acentuados por las tecnologías de la información y la comunicación que intervienen y repercuten en los más variados ámbitos del saber, entre ellos, por supuesto, la educación. No obstante, el término mismo es paradójico, puesto que ha generado cada vez brechas más ingentes en las distintas sociedades, donde no ha tenido el alcance global del cual presume, sino que más bien ha exacerbado en tanto fenómeno económico-social, las diferencias entre los distintos países y su desarrollo igualmente, sociocultural: “La Educación para el siglo XXI debe enseñarnos a vivir juntos en la “aldea planetaria” y a desear esa convivencia” (Tünnermann, 2). Ante aquella realidad se vuelve imprescindible el autoconocimiento, el asentamiento de nuestras raíces culturales, fortalecer nuestra educación y redes. En definitiva, volvernos ciudadanos del mundo.
Siguiendo
con la línea argumental, diversos autores, entre ellos la Doctora Carmen García
Guadilla, de la Universidad Central de Venezuela ha apuntado en lo referente al
impacto de la globalización en la educación superior: “En cuanto a su
organización: tendencia a conocimientos más integrados, lo que lleva a formas
más inter y transdisciplinarias de concebir las disciplinas” (Tünnermann, 3).
Lo anterior posibilita un sinfín de oportunidades en nuestra época, puesto que
cada vez más aquel conocimiento que parecía parcelado se configura como un todo
interconectado, que permite enlazar las distintas ramas del conocimiento y
analizar los distintos fenómenos y objetos de estudio de manera más integrada,
así como a través de inter y transdisciplinas emergentes que amplían el entendimiento
de dichos fenómenos cada vez más complejos.
Otra
de las consecuencias relevantes de la globalización en la educación superior,
se aboca al cambio que ha generado en las profesiones y cómo muchas de ellas
han tenido o tendrán que adaptarse a los nuevos tiempos, por ejemplo, en la
exigencia de una mayor especialización y nuevas habilidades, así como
conocimientos actualizados para el siglo XXI, sobre todo a nivel digital:
“Surgimiento de nuevas profesiones y subprofesiones cada vez más especializadas
(…) Cambios en los espacios del ejercicio de las profesiones (…) Nuevos
perfiles profesionales, nuevas competencias, relacionadas con las nuevas
tecnologías y nuevas formas de organización institucional” (Tünnermann,
3).
Del
mismo modo también las universidades deberán realizar cambios sustantivos,
favoreciendo la investigación de alto nivel, generar mayor liderazgo
profesional, propiciar mayor apertura hacia los campos multidisciplinares,
establecer nuevos lazos y enlaces con los sectores productivos y el medio
-extensión- que tiendan a la internacionalización, promover la formación
institucional educativa a distancia, por ejemplo, en modalidades e-learning,
entre otras: “Si quisiéramos resumir en una frase el gran reto que imponen la
globalización y la sociedad del conocimiento a la educación superior, podríamos
decir que es el desafío de forjar una educación superior capaz de innovar, de
transformarse, de participar creativamente y competir en el conocimiento
internacional” (Tünnermann, 4).
Finalmente,
respecto a las innovaciones educativas necesarias para enfrentar los nuevos
retos, entre ellos, el que ocupa un lugar preponderante es la llamada calidad
de la enseñanza, que las más de las veces en el contexto globalizado y
capitalista, ha tendido a asociarse a los procesos de acreditación y
certificación universitaria, por ejemplo:
en casi todos los países, la preocupación por la
pertinencia del quehacer de las instituciones de educación superior; la
urgencia de mejorar substancialmente los procesos de gestión y administración;
la necesidad de aprovechar las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación; la conveniencia de revisar el concepto mismo de la cooperación
internacional y fortalecer la dimensión internacional de enseñanza superior; el
ejercicio de la autonomía universitaria con responsabilidad social y la
búsqueda de nuevas formas de vinculación con todos los sectores sociales y
estatales (Tünnermann, 6).
Todo
lo anterior demanda que como docentes seamos capaces de adecuar y transformar
nuestras prácticas pedagógicas con miras hacia un currículum más flexible, desarrollar
en nuestros estudiantes un pensamiento crítico y resolución de problemas de
forma autónoma, enseñanza en nuevas tecnologías para el conocimiento y
aprendizajes para la vida, vinculados a la actividad laboral de modo
permanente, frente a la obsolescencia del conocimiento en el contexto de una
sociedad de consumo, en otras palabras, aprender a aprender para estar siempre
actualizados:
En definitiva, nos dice Miguel Angel Escotet, la gran
transformación profesional que nos viene exigirá un mayor nivel
interdisciplinario, una revitalización del grupo de disciplinas relacionadas
con las esferas éticas, estéticas y de comunicación, y un cambio total de
actividad en profesores y estudiantes, al tener que pasar de la idea de una
educación terminal a una educación permanente: es decir, el profesional del
futuro, estará atrapado de por vida en la educación, y educación y trabajo irán
de la mano y no la una a expensas del otro (Tünnermann, 8).
En
suma, como docentes debemos estar preparados e incluso anticiparnos al cambio y
uso de las nuevas tecnologías a nuestro servicio y disposición académica: “En
primer lugar, es preciso evitar que una sobreestimación de las potencialidades
que ofrecen dichas tecnologías, produzca un detrimento en la apreciación del
papel del docente. Estas tecnologías deben siempre ser vistas como
instrumentos, como medios de apoyo al profesor y nunca como sustitutos del
mismo” (Tünnermann, 15). De la misma
manera no se debe soslayar que el rol del docente ha cambiado y como tal, se
centrará fundamentalmente en guiar los procesos de enseñanza-aprendizaje de los
educandos, pero incentivando un rol más activo de parte de estos últimos con la
finalidad de que logren su más alto desarrollo y competencias para la
construcción de un conocimiento significativo: “Lo que pasa es que el profesor
deja de ser el centro principal del proceso, que pasa a ser el alumno, pero no
desaparece de él, sino que se transforma en un guía, en un tutor, en un
suscitador de aprendizajes, capaz de generar en su aula un ambiente de
aprendizaje” (Tünnermann, 9).
Para
culminar, procedo a cerrar el análisis a partir de la siguiente reflexión a
modo de conclusión: “El educador para el siglo XXI, escribe el profesor
colombiano Alvaro Recio, será un pedagogo-investigador con una honda formación
humana y social, de modo que se convierta en agente de cambio de él mismo, de
sus alumnos y de la comunidad circundante.” (Tünnermann, 13). Como se aprecia, sin duda alguna el rol
docente no será postergado en la sociedad del siglo XXI, por el contrario, será
absolutamente necesario para llevar
acabo los cambios venideros, siendo partícipe activo y gestor de
aquellos cambios con profunda capacidad crítica y formadora, capaz de reconocer
y comprender la realidad de sus estudiantes para desplegar sus alas hacia una
sociedad de avanzada, vanguardista por excelencia, a la luz de un futuro
esplendoroso.
Basándome
en la propuesta del texto y discurso de apertura del Congreso Hispanoamericano
“Hacia una educación más humana: En torno al pensamiento de Josemaría Escrivá”,
titulado “Educar, el más humano y humanizador de todos los esfuerzos”, escrito
por el ministro de Educación Pública de Costa Rica, Guillermo Vargas Salazar,
se manifiesta que dentro de la sociedad actual solemos a diario ver más
situaciones de caos, angustia, que aquejan al ser humano que aquellas de
carácter más positivo. En otras palabras, cómo el odio, el terrorismo, las injusticias
parecieran ser pan de cada día; sin embargo, es allí donde resalta con mayor
fuerza la luz de la educación y su trascendental rol social y humanizador.
Pareciera hoy más que nunca, inclusive de manera imperativa, hacer de la
educación una mirada más humana, virtuosa e integradora.
Al
fin y al cabo, el foco no debe estar puesto en lo creado o inventado, sino que
en cómo aquello es utilizado para causar bien o para la destrucción de la
sociedad. Sin duda quién manipule la ciencia, las tecnologías, el arte o
cualquier otro invento humano será más bien, a través de sus acciones que
sentará la pauta de sus consecuencias: “También allí en el desarrollo
científico y tecnológico, que en manos de unos puede ser elemento de
destrucción y muerte, en manos de otros, sin duda, es un instrumento
privilegiado para conservar, preservar y enriquecer la vida” (Vargas, 1980, p.
1).
Como
continúa el autor, la educación como el arte de edificar el desarrollo humano
por excelencia, debe aspirar a potenciar y alcanzar la plenitud misma de cada
persona dentro de su propia individualidad, ya que es lo que nos vuelca a la
naturaleza misma del hombre, puesto que a diferencia de los demás seres de la
creación que nacen siendo, nosotros debemos esforzarnos para llegar a ser conforme
a nuestra propia esencia:
toda tarea, todo esfuerzo, todo sueño, todo trabajo en
busca de la excelencia, en busca de la equidad, debe estar dirigido a lograr el
desarrollo de cada persona humana, para obtener su plenitud como persona, por
encima de cualquier otro valor social. Educar no es sino edificar la humanidad
en cada hombre y en cada mujer; educar es sin duda el más humano y el más
humanizador de todos los esfuerzos, de todos los empeños (Vargas, 1980, p. 1).
Al
respecto es fundamental la integralidad del ser humano, que como se formula
debe abarcar los distintos elementos que constituyen la naturaleza humana, vale
decir, su cuerpo físico, la razón y la moral, relevando así el rol de los
educadores para la guía y armonización del ser humano en formación y proceso de
autodescubrimiento de sí: “no podemos sino partir de una premisa insoslayable y
es la integralidad del ser humano, de la totalidad unitaria que son el hombre y
la mujer en sus tres dimensiones, aquellas que desde muy antiguo ya los griegos
catalogaban como el bios, el logos y el ethos” (Vargas, 1980, p. 2).
Otra
de las premisas cruciales que se aprecian en el texto es aquella donde se
señala que la educación va más allá del aprendizaje en tanto mera transmisión
de conocimientos, sino que lo realmente valioso es la experiencia humana misma
compartida en dicho proceso y ser dueños, responsables y conscientes en tanto
seres pensantes, de nuestra propia razón que conviven con otros seres pensantes
e incluso más allá de lo que precisa el autor, la necesidad de ser también
seres sintientes, a través del amor a nuestra humanidad:
La educación precisamente no puede entenderse como un
mero aprender, sino aprender de otros seres humanos, ser enseñados por ellos y
en consecuencia, la verdadera educación no consiste en enseñar a pensar, con
todo lo importante que esto es, sino en aprender a pensar sobre lo que se
piensa y en ese momento de reflexión es insoslayable, inevitable, que se
verifique como pertenencia una sociedad de otros seres pensantes (Vargas, 1980,
p. 2).
Guillermo
Vargas igualmente pone en la palestra y reivindica una vez más el rol de la
familia dentro del proceso educativo, donde la escuela más bien debe ser un
apoyo, si bien clave, no en el que se desliguen todas las responsabilidades de
los actores educativos: “No se pueden tolerar en el campo educativo –y cuando
hablo de educación no hablo de la escuela, no sólo de la escuela o del aula–,
estoy hablando de la familia, y rescato y reivindico el papel de la familia
como primer responsable en la educación de sus hijos y de la actitud
subsidiaria de la escuela en esta acción” (Vargas, 1980, p. 2).
Finalmente,
se alude a que debemos aceptar las diferencias, aprender a convivir con otros
más allá de ellas mismas, pensando en aquello que nos hace humanos, per se,
dignos del más alto respeto a nuestra condición humana como un derecho y deber
de todos quienes conformamos la sociedad:
La educación ha de saber que las diferencias de los
individuos se difuminan ante la majestad de la naturaleza humana y que esa
dignidad de la persona humana en que hemos de fundar todo nuestro esfuerzo
educativo, no admite distinciones entre hombres y mujeres, entre blancos y
negros, entre cristianos y musulmanes, entre católicos y protestantes, entre
indígenas, pobres y ricos (Vargas, 1980, p. 3).
En
suma, se debe apuntar a una educación integral centrada en la formación y
desarrollo de valores y virtudes, que retorne a la educación su rol humanizador,
más allá de la mera enseñanza y conocimiento técnico-científico, puesto que
aquello no asegurará seres humanos íntegros, cuyos ejemplos a lo largo de la
historia de la humanidad han quedado patentes in extenso, puesto que no
han bastado por sí solos para acometer dicha tarea de humanizar al hombre:
“Tenemos que evitar el riesgo de convertir al hombre y a la mujer en esclavos
de valores puramente económicos, liberándolos de la unilateralidad técnica y
ayudándoles a trascender hacia los ámbitos del conocimiento de la verdad: la
estimación de la belleza, el amor, el bien, la virtud” (Vargas, 1980, p. 4). La
invitación es a amar nuestra humanidad y el camino para llegar a ser cada día
más humanos.
Respecto
a la lectura del texto “Desafíos a la formación docente: Inclusión educativa”,
escrito y publicado por Marta Infante se puede referir que el artículo resalta
la importancia que este término ha tenido en las últimas décadas tanto para el
sistema educativo como para las políticas públicas gubernamentales en educación
y, por lo mismo ha suscitado innumerables desafíos para las instituciones
educativas.
Lo
que comenzó hacia la década de los 80 para estudiantes con algún tipo de
discapacidad en EEUU y Europa, ha cambiado y ampliado su foco a hacer de las
prácticas inclusivas en educación accesibles a todas las personas: “Lo anterior
implicaría un cuestionamiento de los supuestos normativos existentes sobre el aprendizaje
y la enseñanza de manera de responder a la diversidad de los sujetos implicados
en el contexto educativo en cuanto a raza, etnicidad, lenguaje, género,
nacionalidad, entre otras diferencias que van más allá de la habilidad para
aprender” (Infante, 2010, p. 288). Resulta fundamental esta nueva mirada, dado
que la realidad contemporánea se complejiza a diario, puesto que vivimos en
contextos globales, multiculturales, donde conviven en las aulas estudiantes de
diversos grupos étnicos y realidades migrantes; asimismo inclusive que hablan lenguas
o dialectos distintos según su procedencia. De igual manera el género se ha
vuelto una temática difícil de abordar en el sistema educativo, dentro del
espectro de posibilidades de la diversidad sexual que hacen del aula un
microcosmos plural, diverso y en constante dinamismo o más bien, construcción
dinámica de subjetividades.
Es
un hecho ineludible que el ser humano, independiente de su procedencia, estatus
socioeconómico, género o raza, debe ser tratado con dignidad y respeto, por
ello organismos como la UNESCO también se han hecho presentes en esta
problemática: “En este sentido, todos los seres humanos, independiente de su
etnia, género, forma de aprender, etc., deberían gozar y ejercer el derecho a
la educación” (Infante, 2010, p. 289). Si bien este es el punto de partida
hacia la inclusión, a veces la realidad del aula de clases dista en demasía de
lo propugnado por estos organismos, pese a los intentos sistemáticos de
establecer nuevas políticas legislativas en esta materia: “Ejemplos de esto en
Chile son la construcción de una política de educación especial, el desarrollo
de un programa intercultural y la construcción de proyectos de asistencia
técnica a escuelas que evidencian bajos logros en mediciones de aprendizaje y
altas tasas de repitencia y deserción escolar, entre otros” (Infante, 2010, p.
289).
Una
problemática presente en el término mismo de la inclusión en los sistemas
educativos es lo que podría definirse como centro-periferia, donde los
estudiantes excluidos fuera de la norma son incluidos en un sistema normalizado
situado cada vez más próximos al centro: “Así, el concepto de inclusión hace
referencia a la construcción de un ‘Otro’ (alumno que sale de los límites de la
norma), a uno que no ha tenido el privilegio o, en palabras actuales, el
derecho de estar en esos espacios educativos. Se busca, por tanto, aproximar a
esos Otros a estos espacios regulares construidos social y culturalmente como
centros” (Infante, 2010, p. 289).
El
artículo también pasa revista a lo que se entendió por décadas como inclusión
en el sistema educativo chileno y latinoamericano, es decir, incluir a
estudiantes con necesidades educativas especiales, alguna discapacidad,
trastorno del aprendizaje o lenguaje a los centros educativos, haciendo uso
extensivo de una gama de profesionales que apoyan la labor docente en las
aulas:
Específicamente, la inclusión educativa tiende a
relacionarse discursivamente con el concepto de educación especial y por tanto,
de integración escolar. Esta última es definida como un conjunto de
herramientas educacionales que responden a la educación de estudiantes con
necesidades educativas especiales derivadas de discapacidad o con trastornos
específicos del lenguaje en un contexto de educación regular (Infante, 2010, p.
290).
En
la misma línea argumental, la autora plantea que lejos de lograrse una
verdadera inclusión, las políticas actuales en el sistema educativo chileno no
han hecho más que continuar segregando y reproduciendo la diferencia, así como
la exclusión, por ejemplo, respecto al uso de las aulas de recursos y el tiempo
que los estudiantes con necesidades educativas especiales pasan en ellas, así
como los diagnósticos a los que se ven sometidos para puntuar en qué nivel
pueden participar o no de las actividades normativas de los colegios y las
subvenciones que reciben dichos establecimientos por contar con estudiantes con
NEE: “En relación a estas opciones de participación que tendría el sujeto a
incluir, Erevelles (2006) describe el concepto de prótesis desarrollado por
estos estudiantes como mecanismo que les permite acercarse al rendimiento y
conducta normal esperada en la escuela y por tanto, a los espacios del
currículum que tienen los demás estudiantes” (Infante, 2010, p. 291). En
definitiva, prácticas educativas normativas que buscan propiciar que los
estudiantes excluidos se adecúen a la norma, a través de una serie de
instancias de validación social. Esto se aprecia no solo en estudiantes con
algún tipo de trastorno del aprendizaje o discapacidad, sino que también, por
ejemplo, con la diversidad de grupos étnicos en distintas aulas de nuestro
país:
Específicamente, durante el 2006 se aprueba el diseño
del subsector de Lengua Indígena que busca garantizar la enseñanza de las
lenguas indígenas en aquellas unidades educativas con presencia mayoritaria de
niñas y niños de ascendencia indígena (MINEDUC, 2007). Se refuerza así en
Chile, al igual que en otras comunidades latinoamericanas, la necesidad de desarrollar
las lenguas indígenas y aumentar el grado de participación de las comunidades
locales en los programas educativos. Sin embargo, a diferencia de otros países,
la mayoría de los grupos indígenas en Chile no hablan su lengua nativa
(Infante, 2010, p. 291).
Finalmente,
cabe señalar que en el apartado “Formación de profesores: Riesgos y
posibilidades”, hace importantes referencias al sistema de educación superior y
cómo, igualmente ha debido adaptarse a estos nuevos cambios y requerimientos;
desde la visión de las teorías contemporáneas de aprendizaje, donde los
profesores debemos estar preparados para enseñar en contextos diversos de
aprendizaje; lo cual se condice igualmente con la cada vez mayor alza de
estudiantes que diversifican las aulas universitarias: “Lo anterior es altamente
relevante dado que datos provenientes de estudios chilenos muestran la
variabilidad del alumnado destacando que el número de estudiantes con
necesidades educativas especiales, con ascendencia indígena y con nacionalidad
distinta a la chilena ha ido en aumento” (MINEDUC, 2007). A su vez los docentes
en formación también se suelen ver enfrentados a un aula que no es la que se
correlaciona con el tipo de aulas para las que es formado: “Este profesor o
profesora en formación va construyendo su identidad profesional en base a
capacidades dirigidas a una supuesta normalidad que distan de la escuela a la
que se verá enfrentado o enfrentada, produciendo una serie de problemáticas que
no es capaz de solucionar una vez que se encuentra en ejercicio” (Tenorio,
2007).
Así
con todo, se han hecho cambios sustanciales en las mallas curriculares de los
docentes en formación con el fin de proveerlos de herramientas más eficaces,
pertinentes y adecuadas a los contextos que enfrentarán en su futuro
profesional: “Así, se han introducido temas relacionados con conceptos como
necesidades educativas especiales (nee), diversidad, interculturalidad,
integración e inclusión, entre otros, a las mallas curriculares de los
programas de formación de profesores para la educación básica y parvularia y
temas de evaluación y currículum a las mallas curriculares de carreras de
especialidad” (Infante, 2010, p. 293).
Basándome
en la lectura del texto “Id a Tomás”, Principios fundamentales del pensamiento
de Santo Tomás, escrito por el Doctor en Filosofía por la Universidad de
Barcelona, Eudaldo Forment, se puede referir que en el capítulo 23, acerca de
la naturaleza del hombre, se señala que El hombre es imagen espiritual de Dios.
Lo anterior lo explica en sus tesis a partir de la semejanza imperfecta del
hombre con Dios, no obstante, establece una diferencia cuando alude a persona,
puesto que esta sería la única que es imagen de Dios, no así las otras
criaturas o entes que son solo un vestigio de Dios. Al respecto: “En todas las
criaturas hay alguna semejanza de Dios, sólo en la criatura racional se
encuentra la semejanza de Dios como imagen (...) ésta representa en semejanza
específica, mientras que el vestigio representa como efecto, que imita su causa
sin llegar a la semejanza específica” (STh I, 93, 6 in c.). De lo anterior
denota que la presencia del logos, es decir, el pensamiento racional es lo que
constituye una marcada diferencia entre la persona con otros seres de la
creación, a pesar de que todas de alguna forma buscan asemejarse a él.
Lo
anterior se confirma en la siguiente tesis o máxima: “Es evidente que la
semejanza específica se toma de la última diferencia. A Dios se asemejan las
cosas, en primer lugar, en cuanto que son; en segundo lugar, en cuanto que viven;
finalmente en cuanto que saben o entienden». Por ello, puede concluir: “Es
evidente que sólo las criaturas intelectuales son, propiamente hablando imagen
de Dios” (STh I, 93, 2 in c.). En otras palabras, la esencia de las cosas, su
carácter vitalista y en el caso particular del ser humano su logos o
racionalidad lo constituye en último término, imagen plena de Dios. Al mismo
tiempo alude, profiriendo lo estipulado en las sagradas escrituras: “En la
Escritura se dice que Dios hizo al hombre «a su imagen», y no que es imagen
suya, para indicar que Dios sobrepasa infinitamente en perfección la imagen
suya que existe en el hombre” (Forment, 2005, p. 54).
Continuando
con los planteamientos, el autor refiere: “El hombre sería la síntesis de todo
el universo, de todo cuanto se encuentra disgregado en el cosmos. En esta
imagen, que fue asumida por Aristóteles, el hombre aparece no sólo estando en
el mundo, sino formando parte de él, de un modo completo, como su compendio”
(Forment, 2005, p. 55). Es interesante esta perspectiva acerca de la naturaleza
del hombre, pues lo sitúa como el ser más completo de todos que subsume en sí
mismo todo lo creado. En concordancia con lo expuesto, en el pensamiento
tomasino se aprecia: “El hombre es como el mar en el que desembocan los ríos de
las demás criaturas” (Forment, 2005, p. 55).
En
el texto leído se refieren las palabras del Génesis comentadas en el Aquinate
de Santo Tomás, donde se puede desprender que existe una clasificación y
categorización de las criaturas creadas por Dios en una jerarquización donde el
hombre solo ocupa un escalafón menor en relación con los ángeles. Sin embargo,
es la razón la que lo hace dominador de las demás criaturas y seres de
naturaleza sensible, por ejemplo:
Cuatro cosas cabe considerar en el hombre: la razón,
que le es común con los ángeles; las potencias sensitivas, que le son comunes
con los animales; las naturales, que le son comunes con las plantas, y el
cuerpo, que le iguala a los seres inanimados. Pues bien, la razón en el hombre
es lo que contribuye a hacerle dominador y no sujeto a dominio. Por
consiguiente, el hombre en el primer estado –antes de caer en el pecado, tal
como fue creado por Dios–, no dominaba a los ángeles; y lo de “a toda criatura”
ha de entenderse de “la que no es a imagen de Dios” (Forment, 2005, p. 55).
No
olvidar, igualmente, como se mencionó que en el hombre se encuentran todas las
cosas, entendiéndolo como un microcosmos desde el pensamiento griego. No
obstante, otro rasgo diferenciador del hombre con los otros seres sensibles se
apercibe en la consiguiente cita, donde se reafirma una vez más la superioridad
de la naturaleza del hombre en cuanto a sus sentidos de orden más bien
espirituales/intelectuales, pero a la vez en espíritu el hombre es inferior a
otros seres: “En cambio, el cuerpo humano es superior al de los demás animales
por el conocimiento sensible, especialmente por los sentidos internos. Hay una
suprema superioridad del cuerpo humano e inferioridad del espíritu humano, con
respecto a otras substancias inmateriales y subsistentes” (Forment, 2005, p.
55). En lo referente a esta naturaleza humana, el alma o mente asociada al
proceso de intelección, -explica- posee una operación propia, donde no
participa su naturaleza corpórea: “El alma es una substancia inmaterial, un
espíritu, porque realiza operaciones, como el entender y el querer, en que no
interviene intrínsecamente lo corpóreo” (Forment, 2005, p. 55). Es el alma la que está en conexión con las
substancias inmateriales o espirituales, pero aun así necesita de los sentidos
materiales para percibir lo inteligible dentro de su propia imperfección.
En el hombre hay una única substancia, aunque hay
composición substancial de alma y cuerpo, porque la substancia alma, necesita
unirse esencialmente al cuerpo. Debe entenderse por cuerpo a la materia con las
características de la corporeidad, conferidas por la misma alma, pero que,
desde un punto de vista lógico, se le considera como la parte material de las
otras determinaciones superiores otorgadas asimismo por el alma humana
(Forment, 2005, p. 55).
A
este saber hay que añadir la unicidad del hombre, vale decir, la perfecta
sincronía entre alma y cuerpo subsumida en la naturaleza humana, pues el hombre
es ambas sustancias y no por separado, pese a la dignidad mayor que posee el
alma en relación con el cuerpo: “Debe advertirse que, en el hombre, la unión de
lo material y de lo espiritual no es yuxtaposición, ni absorción del uno por el
otro, sino una auténtica unidad de los dos órdenes del ente” (Forment, 2005, p.
56). El alma es el ser del hombre, a
diferencia de otros seres de naturaleza superior -informes- o naturaleza
sensitiva inferior, cuya alma es de carácter diferente: “El alma humana posee
un ser propio, porque es substancia, ya que todo espíritu es una substancial
intelectual e inteligible para sí misma” (Forment, 2005, p. 56). Esto último nos lleva a la muerte corpórea
del hombre, donde el alma trasciende a la sustancia corpórea, siendo este un
proceso natural del hombre dada la corruptibilidad de esta última: “Como al
alma le compete el ser, que comunica al cuerpo, aunque cuando éste ya no sea
apto para recibir el ser humano y termine la unión –la separación del cuerpo y
el alma, la muerte–, el alma continúa existiendo. La muerte es natural al
hombre” (Forment, 2005, p. 56).
Cabe
referir una característica esencial dentro del pensamiento tomasino en lo
respectivo al alma humana, que es sobre todo que cada cuerpo tiene para sí un
alma destinada a él, que forma parte de la especie alma: “Cada alma humana es
un individuo de la especie alma, no, por ser una substancia inmaterial, sino
porque por su misma naturaleza está destinada a informar a un cuerpo,
únicamente a uno y no a otro” (Forment, 2005, p. 57).
En
lo referente al capítulo 24 del texto de Forment que aborda el tema de la
persona, describe: “La persona es lo más individual, lo más propio que es cada
hombre, lo más incomunicable, o lo menos común, lo más singular” (Forment,
2005, p. 58). Del mismo modo, también se
desprende del pensamiento tomasino que la naturaleza del hombre no basta para
configurar personas, puesto que no todo es transmisible genéticamente, por
ejemplo, sino que existen principios, saberes, es decir, ideas personales que
no se transmiten por esa vía: “En cambio, los elementos que pertenecen a la
naturaleza pasan de los padres a los hijos (...) Pero no las cosas puramente
personales” (STh I-II, 81, 2 in c.).
Otra
diferencia sustancial entre la naturaleza del hombre propiamente tal y la
persona, la constituye precisamente el rasgo del ser, que la diferencia de
otros seres, otorgándole un carácter trascendental: “La personalidad, lo que
convierte a la naturaleza en persona y hace que ésta sea distinta de los otros
entes substanciales, es el ser” (Forment, 2005, p. 58). Otra característica que se deduce a partir de
lo apuntado es que el “ser persona” es lo más común a la especie del hombre,
pese a la diferenciación individual en la especie:
Precisamente, por significar directamente el ser
personal, se infiere, por una parte, que la realidad personal se encuentra en
todos los hombres. Ser persona es lo más común. Está en cada hombre, lo que no
ocurre con cualquiera de los atributos humanos, que se explican por la
naturaleza. Todos los hombres y en cualquier situación de su vida,
independientemente de toda cualidad, relación, o determinación accidental y de
toda circunstancia biológica, psicológica, cultural, social, etc., son siempre
personas en acto (Forment, 2005, p. 58)
Es
de suma relevancia y aplicable inclusive como máxima que, por el hecho de que
todos los hombres, aunque en distinta perfección, somos personas, es decir,
tenemos igual dignidad conforme a nuestra naturaleza: “En cuanto personas todos
los hombres son iguales entre sí, aún con las mayores diferencias en su
naturaleza individual, y, por ello, tienen idénticos derechos inviolables.
Nunca son ni pueden convertirse en «cosas». Como hombres somos distintos en
perfecciones, como personas, absolutamente iguales en perfección y dignidad”
(Forment, 2005, p. 58). En ese sentido se infiere que la persona siempre es
“alguien” y como tal es valioso, merece ser escuchado y respetado y no “algo”
que solo sea usado con fines utilitarios. Esto último también nos diferencia de
otros seres de naturaleza sensible, en otras palabras, nuestra individualidad:
“Todos los de una misma especie son, por ello, intercambiables. No ocurre así
con las personas, porque interesa en su misma individualidad, en su
personalidad” (Forment, 2005, p. 59).
Para
concluir, cabe señalar que el mismo concepto de hombre es más bien genérico,
mientras que el de persona otorga un estatuto individualizador dentro de la
universalidad de la especie humana, puesto que nos singulariza dentro de
nuestros pares, es decir, es lo que nos hace únicos e irrepetibles: “La
persona, a diferencia de los demás nombres, tanto comunes como propios, no
significa primeramente la naturaleza humana, el concepto de hombre, predicable
de cada uno de los hombres, porque lo son realmente, ya que realizan esta
naturaleza universal en su individualidad. El término persona nombra
directamente lo individual, lo propio y singular de cada hombre” (Forment,
2005, p. 59).
Para
finalizar, en la incomunicabilidad metafísica radica uno de los principios
diferenciadores entre la noción de hombre y persona, siendo esta última
incomunicable dentro de la naturaleza humana: “La forma significada con el
nombre de persona no es la naturaleza absolutamente, porque así significaría lo
mismo el nombre de hombre y el nombre de persona humana, lo cual es evidente
que es falso. Por el nombre de persona se significa formalmente la
incomunicabilidad, o la individualidad subsistente, en la naturaleza” (De
Potentia, q. 9, a. 6, in c). Pero es precisamente esta incomunicabilidad la que
nos mantiene conectados con los otros hombres y a su vez nos conduce a la
perfección, así como al entendimiento de la verdad, otorgándonos una naturaleza
disímil a la de otros seres o entes de la creación:
La persona es aquel ente capaz de tener la verdad en
el entendimiento, o capaz de manifestar y declarar lo que las cosas son; pero
también es el único ente capaz de ser el fin de esta verdad, en el sentido de
que sólo a la persona es a quien va dirigida esta expresión de la realidad. La
persona puede también definirse como sujeto y término de la verdad en el
entendimiento (Forment, 2005, p. 60).
A
continuación, a partir de las lecturas del curso se sistematizarán algunos de
los principales factores personales, interpersonales y contextuales que a raíz
de la lectura de los textos y a modo de juicio crítico, influyen de forma más
sostenida en los aprendizajes de los estudiantes. Sin lugar a duda no podemos
olvidarnos que el aprendizaje en sí mismo es un proceso complejo en el que
intervienen diversos factores; al respecto, José Carlos Núñez de la universidad
de Oviedo en su texto “Motivación, aprendizaje y rendimiento académico”, señala
que: “Para aprender algo nuevo es preciso disponer de las capacidades,
conocimientos, estrategias y destrezas necesarias -poder- y tener la
disposición, intención y motivación suficientes -querer- para alcanzar los
fines que se pretenden conquistar” (2009, p. 41). Como se aprecia, resulta
fundamental la integración de diversos componentes que constituyen un todo en
este proceso; por un lado, nuestras capacidades personales, asociadas a las
aptitudes, habilidades que poseamos de forma particular y, por otro, nuestros
conocimientos previos, experiencias vitales, estrategias para aprender a
aprender. Dicho en otras palabras, nuestros procesos metacognitivos y, por
supuesto nuestra predisposición y actitudes frente a lo que estamos
aprendiendo, es decir, se generará un aprendizaje distinto en nuestra
experiencia, dependiendo de si la motivación es intrínseca o extrínseca,
asimismo en la forma como damos respuestas a interrogantes tales como: ¿qué
deseamos aprender y por qué?, ¿qué uso o utilidad le daremos a aquello que
estamos aprendiendo?, vale decir, el telos o fin de la naturaleza del
aprendizaje y cómo nos sentimos frente al nuevo conocimiento.
Como se ha
aludido, respecto al aprendizaje, también es clave lo que se ha denominado en
las últimas décadas desde el punto de vista de las competencias del
aprendizaje, el aprender a hacer; en otras palabras las destrezas adquiridas y
desarrolladas para resolver o ejecutar una determinada tarea de forma exitosa y
práctica, tal como refiere Núñez: “No es tan importante desvelar la capacidad
que uno posee como la forma en que utiliza esa capacidad: la destreza de
aplicar los conocimientos en la práctica” (2009, p. 41). Asimismo, es
insoslayable la importancia que han tenido variados psicólogos del aprendizaje
para la comprensión y evolución de dichos estudios como lo fue, por ejemplo,
Ausubel y su teoría del aprendizaje significativo: “El autor indicaba que una
disposición y actitud favorable del alumno para aprender significativamente, la
organización lógica y coherente del contenido, y la existencia en la mente del
alumno de conocimientos previos relevantes con los que poder relacionar el
nuevo contenido de aprendizaje, serían las tres condiciones básicas del
aprendizaje significativo” (Núñez, 2009, p. 42).
Como se
mencionó anteriormente, la motivación en tanto factor psicológico es de suma
importancia para lograr un aprendizaje que perdure en el tiempo, que va desde
el componente de valor - ¿por qué hago esta tarea? -, el componente de
expectativa - ¿soy capaz de hacer esta tarea? - y las reacciones emocionales o
componente afectivo - ¿cómo me siento con esta tarea? En la misma línea, por
ejemplo, la motivación a la consecución de metas académicas también tendrá un
valor añadido: “las personas podrían estar implicándose en una actividad debido
a su deseo de aprender, desarrollar o mejorar sus capacidades o bien con objeto
de demostrar su capacidad o de proteger su imagen personal buscando las
valoraciones positivas de los demás” (Núñez, 2009, p. 46).
El texto
también plantea la importancia del autoconcepto o self, que abarca
percepciones y creencias que los individuos tienen acerca de sí mismos en
diferentes áreas: “Desde una perspectiva funcional, el autoconcepto es el
resultado de un proceso de análisis, valoración e integración de la información
derivada de la propia experiencia y del feedback de los otros significativos. Esta
información constituye una importante base de conocimiento acerca de nuestras
capacidades, logros, preferencias, valores, metas, etc” (Núñez, 2009, p. 51).
Con lo anterior se refiere fundamentalmente a cómo construimos nuestra propia
imagen en relación con todas nuestras vivencias, pero sobre todo aquellas más
significativas, junto a personas cuyo valor social sopesamos en torno a
nuestros propios objetivos personales -familia, amigos, profesores, otros
significativos-, que de uno u otro modo contribuyen o propician la
configuración de nuestra autoestima.
Dentro de los
elementos personales que contribuyen a un aprendizaje significativo, también se
han formulado conceptos tales como la autoeficacia, expectativas de resultado y
percepciones de control:
Concretamente,
la investigación desarrollada por Harter (1992) sostiene que la percepción de
competencia es un factor determinante de la disposición afectiva hacia el
aprendizaje y de la orientación motivacional que los estudiantes muestran en el
aula. Los estudiantes con altas percepciones de competencia, al contrario que
aquellos que se perciben poco eficaces, muestran curiosidad e interés por
aprender, preferencia por las tareas desafiantes, y también, una menor ansiedad
y un mayor rendimiento (Núñez, 2009, p. 54).
Con ello más
bien se apunta a señalar que entre más competentes creamos ser frente a una
determinada tarea en el ámbito académico, mayor será nuestra motivación por
desarrollarla. Del mismo modo, mantendrá, por ende, nuestras expectativas más
altas en relación con la ejecución de esta, lo que a su vez provocará
sentimientos y afectos más positivos, como, por ejemplo, mayor interés, frente
a una disminución de sentimientos negativos y resultados más acordes con sus
propias expectativas que también propenden al optimismo, cuya tendencia es a
rendir favorablemente de acuerdo con lo esperado.
Aparejado a lo
anterior, algunos estudios han demostrado que entre menos competentes nos
sintamos al realizar una actividad académica, menos esfuerzo pondremos en dicha
tarea y a su vez seremos menos persistentes en su adecuado logro, obteniendo
probablemente un menor rendimiento en comparación con aquellos estudiantes más motivados:
A
este respecto, Bandura (1982a) señala que cuando los estudiantes muestran dudas
acerca de su capacidad para desarrollar una determinada actividad, pueden
tender a evitar participar en la tarea, dedicar menos esfuerzo, persistir menos
ante las dificultades y, en último término, obtener un rendimiento más bajo que
aquellos que se sienten eficaces (Núñez, 2009, p. 54).
Como se ha
abordado hasta acá, la motivación cumple un rol crucial en la obtención de
aprendizajes, más aún si pensamos en los componentes afectivos y emocionales
que la conforman. Sin embargo, es posible diferenciar las emociones que los
estudiantes sienten hacia sí mismos con las que sienten hacia los demás que
confluyen con otros componentes igualmente relevantes: “Concretamente, en
situaciones de logro se ha encontrado que el resultado de la acción, la
atribución particular realizada y la dimensión causal implicada son los
principales determinantes de las emociones” (Núñez, 2009, p. 57).
Continuando
con la línea argumental, otro factor de relevancia a nivel contextual lo
constituyen los cambios socioculturales que han vivido nuestras sociedades en
las últimas décadas, sobre todo por la tecnología, sin embargo, gran parte de
las aulas no se han actualizado del todo o no han empleado bien estos recursos
para una mejora sistemática y progresiva de los procesos de
enseñanza-aprendizaje:
Es
más, estos métodos de enseñanza han cambiado relativamente poco a lo largo de
los años y, en el mejor de los casos, son insignificantes si los comparamos con
los profundos cambios culturales que ha experimentado nuestra sociedad en las
últimas décadas. En este contexto parecen tener sentido las palabras de Pozo y
Monereo (2001) al señalar que en la escuela se enseñan contenidos del siglo
XIX, con profesores del siglo XX, a alumnos del siglo XXI. Bajo estos
planteamientos, estamos ante un primer problema motivacional vinculado a los
contenidos y a su enseñanza (Núñez, 2009, p. 63).
Cabe referir
trascendentales cambios paradigmáticos que se han vivido en el sistema
educativo, los que han repercutido de múltiples maneras; entre ellas el rol del
docente y del estudiante, donde el primero se ha convertido más bien en un guía
ante el universo de posibilidades de la que disponen las nuevas generaciones en
cuanto a acceso al conocimiento, puesto que si bien hay un abundante caudal de
información e incluso, infoxicación, es más fácil aún caer en la desinformación
o en las tal llamadas fakenews o conocimiento no comprobado. Por tal motivo se
vuelve imprescindible cada vez más formar estudiantes más activos, participativos
y críticos. Esto último refleja la nueva realidad a la cual nos vemos
enfrentados como docentes, ya que nuestros estudiantes aprenden para la vida
más allá de las aulas en la sociedad del conocimiento: “El centro de atención
ya no es el profesor y la enseñanza, sino que el principal papel protagonista
lo pasa a desempeñar el alumno y el aprendizaje, concebido este último no como
un proceso de reproducción mecánica de lo que se enseña, sino como un proceso
de construcción de conocimientos” (Núñez, 2009, p. 64). Lo anterior hace
referencia igualmente al constructivismo en educación, donde el conocimiento no
viene dado desde una verdad absoluta, sino que se construye y deconstruye
constantemente en las interacciones diarias con el aprendizaje.
Continuando
con lo planteado, a nivel contextual han emergido múltiples problemáticas que
han generado un antes y un después en el sistema educativo, cambios ante todo
contextuales dados por el vertiginoso ritmo y estilos de vida, familias
monoparentales, disfuncionales, la cada vez más promisoria y vanguardista
tecnología, nuevas ideologías y formas de convivir en una sociedad
multicultural, plural y diversa:
Nos
referimos a determinantes de tipo cultural, relacionados con cambios profundos
que se han producido en nuestra sociedad en los últimos años y que tienen que
ver con la forma de vida, las relaciones familiares, las nuevas tecnologías,
los valores predominantes, las relaciones interpersonales, etc. Estos factores
de naturaleza sociocultural añaden una nueva dimensión a la forma de abordar la
falta de motivación de los estudiantes, lo cual nos introduce ante un nuevo
problema motivacional distinto a los anteriores (Núñez, 2009, p. 64).
Desde otro
punto de vista resulta crucial que como docentes sepamos enfrentar la
diversidad del aula y ser capaces de enseñar de acuerdo con los requerimientos
y potenciales de nuestros estudiantes, acorde al desarrollo de sus habilidades,
destrezas y aptitudes. Es por ello por lo que enseñarles a aprender y
enseñarles a pensar será realmente significativo no solo para el período
académico, sino que más bien, para la vida misma:
No
es tan importante la cantidad de información que es capaz de recordar una
persona como la habilidad de saber qué información le falta, cómo adquirirla y
qué estrategias utilizar en el tratamiento de dicha información. Asimismo,
conocer qué habilidades del pensamiento posee, cómo desarrollarlas y cómo
utilizarlas en los distintos momentos y situaciones-problema de la vida es más
importante que sobresalir en alguna de las aptitudes del pensamiento. (Allueva
& Bueno, 2011, p. 261).
Con lo
expuesto, nos aproximamos a un concepto mencionado con antelación, a saber, el
conocimiento metacognitivo, es decir, nuestra capacidad o habilidad para pensar
o reflexionar en torno a nuestra propia gestión de aprendizajes de acuerdo con
criterios que nos permitan evaluar la calidad y pertinencia de nuestras
estrategias, así como recursos de aprendizaje: “El conocimiento de su Perfil de
Estilos de Aprendizaje y de Estilos de Pensamiento aumentará dicho conocimiento
metacognitivo ” (Allueva & Bueno, 2011, p. 262). Como se ha observado,
conocer, por ejemplo, nuestros Estilos de aprendizajes o los de nuestros
estudiantes nos abrirá numerosas puertas de entrada, pisando terreno seguro en
torno a qué metodologías y estrategias utilizar para potenciar dichos estilos o
para complementarlos con otros, basándonos en las realidades y herramientas
concretas de nuestros alumnos: “Los estilos de aprendizaje son los rasgos
cognitivos, afectivos y fisiológicos que sirven como indicadores relativamente
estables, de cómo los alumnos perciben interacciones y responden a sus
ambientes de aprendizaje” (Allueva & Bueno, 2011, p. 262).
En
concordancia con lo revisado, a partir de los Estilos de aprendizaje comunes
empleados en el cuestionario CHEA: Cuestionario Honey-Alonso de Estilos de
Aprendizaje, son cuatro perfiles los que se suelen obtener, que nos permitirán
orientar las tendencias y estrategias a utilizar de forma más apropiada con nuestros
educandos:
A)
Las personas que obtengan un predominio claro del Estilo Activo poseerán
algunas de estas características o manifestaciones: Animador, improvisador,
descubridor, arriesgado, espontáneo. B) Las personas que obtengan un predominio
claro del Estilo Reflexivo poseerán muchas de estas características o
manifestaciones: Ponderado, concienzudo, receptivo, analítico, exhaustivo. C)
Las personas que obtengan una mayor puntuación en el Estilo Teórico tendrán
características o manifestaciones como éstas: Metódico, lógico, objetivo,
crítico, estructurado. D) Las personas que obtengan una mayor puntuación en el
Estilo Pragmático tendrán características o manifestaciones como éstas:
Experimentador, práctico, directo, eficaz, realista (Allueva & Bueno, 2011,
p. 262).
Desde otra
perspectiva, es fundamental igualmente y oportuno conocer los estilos de
pensamiento de nuestros estudiantes, donde Sternberg ha realizado importantes
aportes: “Un estilo es una manera característica de pensar. No se refiere a una
aptitud, sino a cómo utilizamos las aptitudes que tenemos. No tenemos un
estilo, sino un perfil de estilos. Las personas pueden ser prácticamente
idénticas en cuanto a sus aptitudes y aun así tener estilos muy distintos”
(1999, p. 38). De lo esbozado se desprenden tres estilos de pensamiento:
legislativo, que tiende a la independencia y autonomía, pensamiento ejecutivo,
donde prefiere de forma contraria, seguir las reglas y resolver problemáticas
formuladas de antemano y, por último, el pensamiento judicial, donde hallamos
personas que les gustas evaluar reglas y procedimientos.
En suma, la
invitación es a que como docentes seamos cada vez más conscientes de la forma
en que aprenden nuestros estudiantes y preparar nuestras planificaciones
metodológicas, siendo conscientes de sus estilos de aprendizaje y pensamiento,
para generar en ellos una experiencia más significativa en su propio
aprendizaje: “Debe conseguirse que, en definitiva, la prioridad la tenga el
aprendizaje, más allá de la enseñanza. Hay que interesarse más por aquello que
aprende el estudiante que por aquello que enseña el profesor” (Michavila, 2009,
p. 5).
Como se ha
tratado a lo largo de este trabajo, el rol de la familia y sus dinámicas
internas son fundamentales para propiciar un buen ambiente de aprendizaje. De
igual modo las instancias sociales de aprendizajes requieren de un idóneo
ambiente de aula e inclusive de políticas educacionales del Estado acorde a los
diversos contextos educativos de cada país:
la
herencia genética, la cantidad/calidad de tiempo y bienes destinados a la
educación de sus hijos y; por último, el ingreso familiar, que afectaría
también indirectamente a las posibilidades de adquisición de bienes educativos.
Otros elementos importantes, incorporados por subsiguientes modelos al análisis
inicial, son la influencia de la persistencia de circunstancias adversas en la
familia relacionadas a la estructura familiar o al mercado de trabajo, el tipo
de compañeros de clase que tenga el individuo y el papel potencial del Estado
como elemento esencial para la equiparación de las posibilidades educativas de
las familias a partir de la consecución de determinadas políticas sociales (Calero
& Mediavilla, 2009, p. 2).
Finalmente,
cabe agregar tal como se apuntó desde un principio, existen múltiples factores
individuales que pueden incidir en el aprendizaje de los estudiantes; algunos
autores los han ampliado más aún, que se interrelacionan igualmente con
factores socioculturales: “En el caso del individuo se plantean diferentes
elementos que influirían en los resultados educativos; como sus propias
motivaciones, la calidad y el tiempo dedicado al estudio, su estado de salud,
si es hijo biológico o adoptado, su condición de inmigrante, el denominado
“efecto calendario” (diferencia de aprendizaje en los individuos con menor edad
derivada de una falta de madurez), el género y; por último, la escolaridad
anterior” (Calero & Mediavilla, 2009, p. 2).
Para concluir,
se presentará un análisis e interpretación de resultados cuantitativos, a
partir de la información obtenida del cuestionario titulado “Cuestionario de
estilos de pensamiento, aprendizaje y emociones”, que fue elaborado con el fin
de proporcionar información fidedigna que permitan contrastar algunos de los
puntos mencionados en este informe de manera teórica con datos empíricos,
aplicados a un grupo de 12 estudiantes de segundo año de Psicopedagogía de la
Universidad Santo Tomás de Copiapó. Se analizarán 3 preguntas cerradas de
selección múltiple, cuyos resultados se observarán en sus respectivos gráficos
– ver anexos-.
En relación
con la primera interrogante: “¿Qué adjetivo o frase consideras más apropiado
para evaluar el rol de las emociones en la disposición al aprendizaje por parte
de los estudiantes?”, la totalidad de los/as estudiantes respondieron
favorablemente, considerándolas muy importantes. Lo anterior puede deberse a
variados factores como, por ejemplo, a que fue un tema tratado de modo recurrente
en clases, donde se hizo hincapié en que un aprendizaje significativo implica
necesariamente un involucramiento emocional mayor, puesto que genera una
respuesta más receptiva hacia el aprendizaje.
Respecto a la
segunda interrogante “¿Qué estrategias de aprendizaje conoces? Selecciona las
que ocupas con mayor frecuencia”, se presentaron cuatro opciones, que suelen
ser las más empleadas por los estudiantes en los primeros años de universidad
en pregrado, a saber: Destacar o subrayar, leer detenidamente el texto más de
una vez, tomar apuntes de las ideas más relevantes de un texto y realizar
esquemas, mapas conceptuales o gráficos.
Según lo que
se puede apreciar en los resultados arrojados por el gráfico de barras, la
estrategia más utilizada por los estudiantes fue con un porcentaje de 41,7%
destacar y subrayar. Cabe mencionar que dentro de los recursos de los que
disponen los estudiantes para su propio aprendizaje, sin duda alguna este es
uno de los que más suelen enseñar y recomendar los profesores desde la
educación primaria y con mayor énfasis en secundaria, sobre todo en lo que
respecta al análisis textual e identificación de ideas principales, así como la
diferenciación con ideas secundarias en un texto. En un segundo término con un
33,3% la sigue el tomar apuntes de ideas más relevantes de un texto. Como se
mencionó, quiénes participaron de este cuestionario son estudiantes, que, al
menos han cursado un año de educación universitaria, por lo tanto, han pulido y
adquirido nuevas destrezas en comparación a la educación secundaria, donde la
toma de apuntes es una actividad frecuente en las cátedras universitarias.
Asimismo, en tercer término, con un 16,7% y en menor medida hay estudiantes que
probablemente tienden a ser más visuales y propenden a un aprendizaje y estudio
más sistemático, que suelen privilegiar los esquemas, mapas conceptuales o
gráficos para ordenar las ideas de un texto. Para finalizar, el cuarto
resultado con un 8,3% lo constituye leer detenidamente el texto más de una vez.
Esta estrategia también se abordó en clases de Desarrollo de habilidades
comunicativas y se recomendaba solo en casos de los cuales se dispusiera de
mayor tiempo y para comprobar hipótesis de lectura, por ello era predecible que
quedara en último lugar.
La tercera pregunta
y a modo de contraste teórico-práctico, así como de síntesis, puso en la
palestra la propuesta de perfiles de aprendizaje definidos por Honey-Alonso,
donde se aprecian cuatro perfiles. El que más predominó en este grupo de
estudiantes con un 50% fue el estilo pragmático, caracterizado por ser
experimentador, práctico, directo, eficaz y realista, cuyas estrategias de
aprendizaje buscan un fin práctico. En segundo lugar, con un 25% se situó el
estilo teórico, caracterizado por ser más bien metódico, lógico, objetivo,
crítico y estructurado; lo que suele implicar un mayor análisis de las
actividades a realizar. Por último, en menor término con un 16,7% se observó un
estilo activo, que incluye el ser animador, improvisador, descubridor,
arriesgado y espontáneo con el aprendizaje, más en sintonía con estudiantes de
los primeros años de educación universitaria. En último término con un 8,3% se
posicionó el estilo reflexivo, que suele ser más ponderado, concienzudo,
receptivo, analítico y exhaustivo, más propio de los últimos año de educación
universitaria, después de varios procesos de enseñanza-aprendizaje.
Bibliografía.
Allueva, P;
& Bueno, C. (2011). Estilos de aprendizaje y estilos de pensamiento en
estudiantes universitarios. Aprender a aprender y aprender a pensar. ARBOR
Ciencia, Pensamiento y Cultura, vol.187, n° Extra-3, 261-266.
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& Mediavilla, M. (2009). Determinantes internos y externos en el proceso de
aprendizaje. Una aproximación al caso español a partir de la ECV-05. Revista
Iberoamericana de Educación, n.° 50/6, 1–11.
Michavila, F.
(2009): “La Innovación Educativa. Oportunidades y Barreras”, ARBOR Ciencia,
Pensamiento y Cultura. Consejo Superior de Investigaciones Científica, vol.
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Núñez, J.
(2009). Motivación, aprendizaje y rendimiento académico. Actas do X Congresso
Internacional Galego-Portugués de Psicopedagogía, 41-67.
Sternberg, R.
J. (1999): Estilos de pensamiento. Claves para identificar nuestro modo de
pensar y enriquecer nuestra capacidad de reflexión, Paidós, Barcelona.
Anexos
Cuestionario de estilos de pensamiento, aprendizaje
y emociones:
El presente cuestionario es de carácter confidencial y será
empleado con fines académicos en el marco del Magister en Docencia para la
Educación Superior de la Universidad Gabriela Mistral.
Instrucciones: A continuación, encontrarás 3 preguntas
cerradas en relación con las cuales debes responder según tu criterio la
respuesta que más se ajuste a tu apreciación personal en relación con estilos
de pensamiento, aprendizaje y rol de las emociones en los procesos de
enseñanza-aprendizaje. No existen respuestas erróneas.
1.- ¿Qué
adjetivo o frase consideras más apropiado para evaluar el rol de las emociones
en la disposición al aprendizaje por parte de los estudiantes?
A)
Muy
importante. B) Influye
solo un poco. C) No es relevante.
2.- ¿Qué
estrategias de aprendizaje conoces? Selecciona las que ocupas con mayor
frecuencia.
A) Destacar o
subrayar. B) Leer detenidamente el
texto más de una vez.
c) Tomar
apuntes de las ideas más relevantes de un texto.
d) Realizar
esquemas, mapas conceptuales o gráficos.
3.-
Encontrarás 4 perfiles de aprendizaje definidos por Honey-Alonso. Debes indicar
con qué estilo de aprendizaje te identificas, eligiendo la opción más próxima a
tu estilo personal de aprendizaje.
A) Estilo
Activo: Animador, improvisador, descubridor, arriesgado, espontáneo.
B) Estilo
Reflexivo: Ponderado, concienzudo, receptivo, analítico, exhaustivo.
C) Estilo
Teórico: Metódico, lógico, objetivo, crítico, estructurado.
D) Estilo
Pragmático: Experimentador, práctico, directo, eficaz, realista.
Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...