martes, 23 de agosto de 2011

Permanencia y cambio en la noción de literatura, en la historia occidental.

 
Primero que todo, es menester señalar el objetivo fundamental que pretendo desarrollar con este trabajo de carácter investigativo analítico, cuyo objeto de estudio es la noción de literatura, enfocado particularmente en la siguiente tesis: “La visión sobre el concepto de literatura, ha sufrido cambios trascendentales a lo largo del tiempo y el espacio, ante lo cual las metodologías para aproximarse a ella, se han adaptado según los cánones sociales e ideales del período histórico en que ésta se gesta”. Por ello, para abordar la investigación, se torna pertinente recurrir a un análisis histórico comparativo, donde en vista de un contraste de períodos, a través de rasgos sociales, temporales, culturales, literarios, lingüísticos, entre otros; se podrá determinar un hilo conductor entre las visiones precedentes y posteriores, vale decir, aquellas similitudes entre una época y su sucesora, como también poner en contraposición sus variaciones.

            En una misma línea, comprender la evolución histórica que condujo a lo que hoy entendemos como literario, se remonta a la tradición griega y es aquí donde encontramos los vestigios más antiguos de manera escrita, sin embargo, es fundamental referirse al carácter oral de su tradición, situación que se percibe nítidamente en el siguiente extracto del texto de J. Lanzón: Al faltar el uso del alfabeto, no se podía registrar el saber en un texto escrito y por tanto para esa cultura arcaica era decisivo poder fijar, conservar y transmitir de alguna forma las costumbres y tradiciones políticas, éticas, jurídicas y religiosas de un pueblo, función que se encomendaba a la poesía, que entonces se concebía, recitaba y transmitía oralmente.[1] Es de este modo, que no podemos soslayar las características esenciales de una cultura oral, tales como, la presencia de cantores o recitadores que difundieran este saber, donde el aedo y posteriormente los rapsodas, a través de sus cantos y combinaciones tanto de un modo poético, como de su representación visual y rítmica-musical, unión indisociable de elementos denominada mousike[2], contaban historias de extraordinario interés didáctico.
           
            Como mencioné anteriormente, la presencia del aedo o bardo, será sumamente relevante, ya que cumplía una función altamente específica para la sociedad, tanto en su carácter cultural, como para generar cohesión social, es por ello, que se deben destacar algunas cualidades esenciales que son propias de este tipo de cantor, entre ellas, el empleo de un lenguaje formulario, que le permitía recordar con mayor facilidad los hechos y episodios del relato que cantaba, considerando también que el aedo recibía los vestigios de una amplia tradición que incluso se remontaba a períodos muy antiquísimos, como se comprueba en la Odisea[3] e Iliada[4] de Homero, disquisición de cuya autoría, no incluiré en este momento, que si bien fueron redactadas en el período arcaico, persiste la existencia de elementos, atribuibles a la civilización micénica.

Por otro lado, en el momento de la recitación el aedo, podía incorporar parte de su subjetividad, lo que Platón encontraba altamente perjudicial, por sus efectos psicomorales, lo cual queda explícitamente fundamentado cuando plantea los motivos que causan consecuencias negativas en la sociedad, que son los siguientes: En primer lugar, porque en todo caso implica la confusión del alma del narrador con la de múltiples individuos y muchos y contradictorios oficios, y como los guardianes deben realizar sólo una tarea o labor en el Estado, no les conviene esta dispersión de funciones. (…) En segundo lugar, los modelos imitados son con frecuencia inmorales, imitaciones de vicio o corrupción que no admitiríamos poseer en la realidad, o indignas, como un rayo o el sonido de un animal.[5] Por último, cabe enunciar que el poeta, es un ser inspirado por las musas, que en un estado poseso, funcionaba más que todo, como un mero intérprete, cuya naturaleza humana, no estaba exenta de yerros. Argumento que está en estrecha relación con lo negativo que resultaba para el pueblo griego, desde una vertiente psicomoral, la subjetividad del poeta, puesto que en lo medular, Platón se opone a las interpretaciones pragmáticas de las personas y su crédito absoluto a lo dicho por el poeta. Fundamentando que en tal estado, “el poeta no sabe lo que está diciendo”.[6]

            En las citas precedentes sobre Platón, encontramos uno de los pilares que rigió la noción de literatura en gran parte de la historia de occidente, es decir, la imitación o mimesis[7]. Pese a que su carácter estilístico y sus orígenes, han sido atribuidos a este eminente filósofo, podemos encontrar diversos campos semánticos en relación a la palabra mimesis, pero no obstante, me centraré a grandes rasgos en la concepción que se tenía comúnmente, la cual se ve reflejada en el siguiente párrafo del texto de Lanzón; Es sabido que para los griegos la naturaleza era la fuente de toda normatividad y de todo saber y por ello no es sorprendente que para Demócrito el hombre que deseara aprender una técnica (y todo arte tenía un componente técnico), debía imitar a los animales: “Somos discípulos de los animales en las cosas más importantes: de la araña en el tejer y zurcir, de la golondrina en la construcción de casas, y de las aves canoras, del cisne y del ruiseñor, en el canto. Y (todo ello) por imitación”[8]. Sin embargo, no es la única acepción del término, ya que también encontramos una imitación poética-retórica[9] y una imitación metafísica de las ideas[10], esta última cuyo legado también se lo debemos a Platón.

Respecto a su doctrina, se podrían indicar otros ámbitos, como su carácter metafísico u ontológico, fundamento que se explica en el libro décimo de la República, donde la realidad se divide en tres niveles; a saber: las formas ideales, los objetos visibles y las imágenes.[11]Sin embargo, continuando consecuentemente con la línea argumentativa, cabe referirse al discípulo del gran maestro. En efecto, será Aristóteles, quien en su Arte poética[12], nos otorgará otra perspectiva sobre la noción de mimesis.

Aristóteles, esbozará su doctrina, en contraposición a ciertas nociones propuestas por Platón, por ejemplo, habrá un desentendimiento de la imitación ontológica, centrándose, por el contrario, en una relación de imitación horizontal con la naturaleza. Además de ello, para comprender de mejor manera sus postulados, hay que aludir a las tres clases de saber que distingue Aristóteles: el teórico de las cosas necesarias o episteme, el práctico-moral sobre la conducta del hombre o praxis, y el técnico artístico para la producción de cosas, que en griego se dice techne.[13]Existiendo en esta última diversos tipos de technai, en cuyo caso particular hay algunas, que son específicamente imitativas, que producen cosas sin utilidad o cuya utilidad está en su propia perfección como fin en sí mismo: son las artes o bellas artes.[14]Pero a su vez, este saber técnico-artístico, se subdivide en distintos tipos de imitación, según el medio que utilice: pues, así como algunos con colores y figuras imitan muchas cosas reproduciendo su imagen (unos por arte y otros por costumbre), y otros mediante la voz, así también, entre las artes dichas, todas hacen la imitación con el ritmo, el lenguaje o la armonía, pero usan estos medios separadamente o combinados (…).[15]De esta forma, se generan y componen las distintas especies de la poética, entre ellas, la epopeya, poesía trágica, comedia, ditirámbica, aulética y citarística, que a la vez se caracterizan por imitar objetos distintos: “puesto que imitan a hombres que actúan y éstos necesariamente serán esforzados o de baja calidad”.[16] Sin embargo, aún queda una tercera diferencia, radicada en el modo en que se realiza la imitación: “En efecto, con los mismos medios es posible imitar las mismas cosas unas veces narrándolas (ya convirtiéndose hasta cierto punto en otro, como hace Homero, ya como uno mismo y sin cambiar), o bien presentando a todos los imitados como operantes y actuantes”.[17]

Desde otra óptica, la doctrina aristotélica,  no sólo ha abarcado el campo de la imitación, sino que ha trascendido incluso, al ámbito de los géneros literarios y su respectiva clasificación, por ello para concebirla a grosso modo, se torna preciso contextualizamos en la Grecia clásica, siglo V - IV a.c, período en el que vivió Aristóteles. En primer lugar, distingue a quiénes se debe considerar poetas y a quiénes no; Sólo que la gente, asociando al verso la condición de poeta, a unos llama poetas elegíacos y a otros poetas épicos, dándoles el nombre de poetas no por la imitación, sino en común por el verso.[18]Por ello, se opone rotundamente a este tipo de clasificación, argumentando: “En efecto, también a los que exponen en verso algún tema de medicina o de física suelen llamarlos así. Pero nada en común hay entre Homero y Empédocles, excepto el verso. Por eso al uno es justo llamarle poeta, pero al otro naturalista más que poeta”.[19]

En síntesis, la extrapolación a una teoría de géneros aristotélica, en términos modernos, sería de tres tipos: de contenido, formales y discursiva, basadas preferentemente en su teoría de la imitación, donde “literatura”, se diferencia de las otras artes por su medio de imitación que es la palabra, las obras que la integran se diferencian entre sí ya por sus registros (objetos imitados), que dan lugar a producciones de tono bajo, medio o elevado, ya por sus géneros (modos de imitar).[20]
Avanzando en la historia de occidente, arribamos al siguiente período de suma influencia para la concepción de lo “literario”. La Edad Media, estadio que se sucede “convencionalmente” desde el siglo V hasta el XV, marcado por hitos que serán fundamentales, para entender los cambios que se suscitarán. En un primer momento, uno de los aportes novedosos que nos revelará, es la cosmovisión cristiana, cuyo período, presentará un arraigo eminentemente teocentrista y monocentrista, en contraste, con la visión policentrista de la cultura griega antigua. Situación que se ve reflejada en el siguiente extracto de Lanzón: “La fe cristiana en cambio, ponía el centro de gravedad de su credo en un Dios personal, trascendente y creador; de ahí el teocentrismo del pensamiento cristiano, el cual presenta, como el objetivo divino de su estudio, un carácter lógico-deductivo, trascendental, a priori, ajeno a la observación del mundo sensible y a la experimentación natural”.[21] Debido a ello, durante este período las ideas platónicas perderán su autonomía y sustantividad, desarrollándose en un contexto distinto: “(…) la teoría de las Ideas en la Edad Media se desarrollará con frecuencia en un contexto cosmológico y teológico, muy lejano a las preocupaciones epistemológicas, morales y políticas de la filosofía clásica (…) no obstante, la estructura modelo-copia, de raigambre nítidamente platónica, aparece de modo constante, durante el medioevo, como la idea explicativa fundamental adoptando variadas formulaciones: semejanza, imagen, vestigio, huella, analogía, etc.”[22]
Por consiguiente, esta perspectiva metafísica de modelo-copia, determinará directamente la estética del período, su teoría de lo bello y su teoría del arte, lo cual se denota en lo dicho por el mismo autor: “Todos los sistemas estéticos de la Edad Media son simbolismos. La historia del simbolismo estético se identifica con la historia del pensamiento cristiano. (…) Dios ha creado las cosas a su semejanza, es decir, a su imagen, por lo cual es natural que al contemplar las formas descubramos en ellas el *vestigio* de la belleza, de la sabiduría y del arte divinos: tal es el principio constante. Los filósofos lo confirman: el efecto necesariamente lleva la huella de la naturaleza de la causa”.[23]
Pese a las diferencias ideológicas y culturales sustanciales entre ambos períodos históricos, la Edad Media, posee un rasgo de continuidad con el de la antigüedad, que es su carácter de vocalidad[24], pero aquí cabe formular una distinción entre tradición oral y transmisión oral: la primera se sitúa en el tiempo; la segunda en el presente de la realización.[25]Vale decir, a la tradición oral, subyace una evolución y transformación histórica, que es producto de un legado colectivo de la comunidad de hablantes, mientras que una transmisión oral, presenta un atisbo de inmediatez, que se está produciendo en un instante determinado, cuyo fin es la difusión y permanencia del folclore e idiosincrasia de una cultura respectiva. De esta manera, en concordancia con lo señalado, Zumthor postula: “El conjunto de los textos que nos han sido legados por los siglos X, XI y XII, y quizá, en menor medida, por el XIII y el XIV, ha pasado por la voz no de forma aleatoria, sino en virtud de una situación histórica que hace de este tránsito vocal el único modo posible de interpretación –de socialización- de estos textos. Tal es mi tesis – o hipótesis”. [26]
            Una vez entendidos los alcances de la voz en el contexto medieval, procederé a caracterizar los matices que esta concepción manifestaba y, primariamente, este fenómeno, entendido como una dimensión del texto poético, estaba determinado por tres focos: físico, psíquico y sociocultural, cuyos efectos al conservar un plano de espectáculo o auditivo, ocasionará en el receptor un efecto y significación distintos que un texto meramente escrito.

            Finalmente, para culminar con la cosmovisión medieval sobre la letra y la voz, se hará referencia a los tipos de oralidad existentes: En primer lugar, conviene distinguir tres tipos de oralidad, que corresponden a tres situaciones culturales diferentes. Uno, primario e inmediato, no lleva consigo contacto alguno con la escritura; de hecho, sólo se encuentra en sociedades desprovistas de todo sistema de simbolización gráfica, o en grupos sociales aislados y analfabetos. (…) es casi seguro que la práctica totalidad de la poesía medieval procedió de otros dos tipos de oralidad, cuyo rasgo común es que coexisten, dentro del grupo social, con la escritura. Les he dado respectivamente el nombre de oralidad mixta, cuando la influencia del escrito sigue siendo externa, parcial y con retraso, y oralidad segunda cuando se sustituye a partir de la escritura dentro de un entorno en el que ésta tiende a debilitar los valores de la voz en el uso y en lo imaginario”.[27] En consecuencia, en el mundo medieval, la tendencia era a los dos últimos tipos de oralidad, a la mixta y segunda, que en sí, enmarcan características particulares: “Dentro de una sociedad que conocía la escritura, todo texto poético, en la medida en que aspira a ser transmitido a un público, es materialmente sometido a la siguiente condición: cada una de las cinco operaciones que constituyen su historia (la producción, la comunicación, la recepción, la conservación y la repetición) se realiza, bien por vía sensorial oral-auditiva, bien por medio de una inscripción presentada a la percepción visual, o bien –más raramente- por estos dos procedimientos conjuntamente”.[28]

            Históricamente, otro de los cambios fundamentales vividos en la panorámica literaria, acontece a mediados del siglo XVIII, período en el que primará la noción de lo bello, como principio que regirá el canon estético.  Término definido en 1785 por Kart Philipp Moritz, quien señala: Lo bello consiste en que una cosa no significa otra cosa que sí misma, no  designa sino a sí misma (…) Si una obra de arte tuviera como única razón de ser indicar algo que le es exterior, se convertiría en virtud de eso mismo en un accesorio; en tanto que, en lo que a lo bello se refiere se trata de que ello mismo sea lo principal”.[29] En cuanto a esta definición, es preciso referir que no sólo marcará las postrimerías del siglo XVIII, sino que incluso, influirá hasta la segunda mitad del siglo XIX, transcurriendo de un modo transversal, desde los románticos alemanes, hasta los simbolistas, envolviendo inclusive las teorías de los postsimbolistas europeos.
             Para culminar, aludiendo al fundamento teórico aportado en el siglo XIX, caracterizado por un intento de sistematizar la literatura, tal cual si fuese una disciplina científica, que si bien, puede poseer un carácter muy controversial, no por ello, sus aportes carecen de importancia, razón por la cual, la reconsideración de la faceta historicista de la literatura, nos otorgará una serie de concepciones de índole social, que de paso, se convertirá en el punto de partida para la comprensión de ciertos fenómenos literarios. Residiendo entonces su trascendencia, como lo delimita Jones a su capacidad de: “aislar y definir el género, estudiar las leyes que rigen su desarrollo, observar el advenimiento de nuevos tipos literarios, y medir el éxito de una obra según su conformidad con la tipología así creada”[30], lo que eclosionó en una mayor seguridad científica a la erudición, atribuirle una profundidad temporal al estud


[1] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 94.
[2] Ídem, “Unión inseparable en la oralidad arcaica de la poesía, la música y la danza (…) artes de las musas, que nacen de la inspiración divina, del entusiasmo y de la locura”.
[3] Homero, Odisea, Gredos, Madrid, 2000; trad. esp.
[4] Homero, Iliada, Gredos, Madrid, 2000; trad. esp.                 
[5] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 95.      
[6]Doctrina de Platón sobre la imitación artística”, Depto Filosofía, U. de Chile, Serie Traducciones,
Santiago, 1981. 34 pp. (Trad.: Ximena Ponce de León).
[7] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 100.    
 “Imitación significa la actualización, mediante la voz, la música, la danza y el gesto, de las acciones y voces de los animales y hombres; en consecuencia, mimesis quiere decir imitación de un modelo animal o humano”.
[8] Ídem.
[9] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 101.
“(…) modo de adquirir la técnica poética por la imitación es el aprendizaje del arte mediante la imitación de los modelos de la tradición poética, seleccionados dentro de los materiales poéticos del repertorio mnemónico”.
[10] Ídem. “Así pues, de las cosas que son, les dio a aquéllas el nombres de <>, afirmando que todas las cosas sensibles existen fuera de ellas y que según ellas reciben su nombre: y es que las múltiples cosas que tienen el mismo nombre que las formas, existen por participación (…)”.
[11]Doctrina de Platón sobre la imitación artística”, Depto Filosofía, U. de Chile, Serie Traducciones,
Santiago, 1981. pp. 18-32. (Trad.: Ximena Ponce de León).
[12] Aristóteles, Arte poética, Gredos, Madrid, 1992; trad. trilingüe. (Trad. Valentín García Yebra).
[13] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 123.
[14] Ídem.
[15] Aristóteles, Arte poética, Gredos, Madrid, 1992; trad. trilingüe. (Trad. Valentín García Yebra).
[16] Ídem.
[17] Ídem.                                                                                    
[18].Ídem.
[19] Ídem.
[20] Una vasta paráfrasis de Aristóteles, Teoría de los géneros literarios, Madrid, Arco/Libros, 1988, p. 9‑27.
[21] J. Gomá Lanzón, Imitación y experiencia, Etapas en la historia de la imitación premoderna, página 163.
[22] Ídem.
[23] Ídem.
[24] “La vocalidad es la historicidad de una voz: su empleo”.
La letra y la voz en la ‘literatura’ medieval, Madrid, Cátedra, Prefacio y Cap. 1, pp.9-37.
[25] Ídem.                                                                                                                         
[26] Ídem.
[27] La letra y la voz en la ‘literatura’ medieval, Madrid, Cátedra, Prefacio y Cap. 1, pp.9-37.
[28] Ídem.
[29] Literatura y estudios literarios”, en Revista Chilena de Humanidades #3, 1983, pp. 53-77.


[30] Literatura y estudios literarios”, en Revista Chilena de Humanidades #3, 1983, pp. 53-77.

martes, 16 de agosto de 2011

Esperanzado ante un mundo de desencantos.




Desencanto es la primera palabra que se me viene a la mente, pues es un sentimiento que está calando hondamente en mi interior, no lo podría catalogar como una desesperanza de la vida, sino quizás como una serie de contradicciones de ésta, un ir y venir incesante, altos y bajos, problemas tras problemas, donde se torna imposible vivir en armonía tanto con uno mismo como con quienes nos rodean, pero lo que me causa más pesar es que aquel estado no sólo me invade a mí, sino que cada vez más, casi como un virus, éste se va generalizando, se ha vuelto un inconformismo social. No obstante, cuando somos niños esto no lo percibimos, ya que nuestros padres siempre buscan lo mejor para nosotros, protegernos del mundo en el cual vivimos, repleto de obstáculos y adversidades que como lo definía Schopenahuer -haciendo alusión al caos mundano en el que habitamos- que éste pareciese haber sido creado más por un demonio, que por un Dios, lo que en una dirección diametralmente opuesta a lo que se nos ha predicado a lo largo de nuestra vida, parece ser un sacrilegio, una aberración. Sin embargo, concluyes que aquella visión de aquel filósofo, se acerca más a nuestra realidad cotidiana que aquello que a lo largo de nuestras breves y efímeras vidas se nos ha implantado como el más innegable de los dogmas.

Por otra parte, ese desencanto que se alcanza no de la noche a la mañana, sino tal vez a raíz de un conjunto de vivencias y/o reflexiones, es producto del mundo en sí mismo, pero sobretodo del cauce que han ido tomando las sociedades en el último tiempo, que paradójicamente es un constructo que deviene de nosotros como individuos y a su vez como los seres irresponsables que hemos sido, puesto que una sociedad no se forja por sí sola, sino que cada sujeto que la constituye es un agente en ella, que procura mantener su equilibrio sistémico. Justamente aquella palabra que empleé no ha sido pensada al azar, pues sin lugar a dudas hemos sido “irresponsables”, no sólo una, sino que cientos de veces, a lo largo de la historia de la humanidad, ya que hemos permitido continuas guerras una y mil veces, que se han llevado a cabo desde el inicio de los tiempos, ante lo que no se puede plantear, por ejemplo, que es inherente a nuestra especie, pues si bien somos seres instintivos, a su vez hemos logrado con el tiempo -es de suponer- un grado de racionalismo mayor, que nos permite controlar nuestras características netamente viscerales, porque o sino, parafraseando a Darwin, hubiésemos muerto en la inadaptación, por ello al apreciar tantas atrocidades que se siguen cometiendo, no cabe más que pensar en que hemos ido involucionando.

Lo anterior no necesita mayor justificación, es todo un hecho que se puede constatar, las guerras que han pervivido en todas las sociedades, inclusive antes que éstas se conformaran, hacia los tiempos de las tribus primigenias, es sólo un ejemplo, pero es inconcebible que todavía, en pleno siglo XXI, aún sigan sucediendo, basta pensar en los conflictos actuales de oriente o los atentados terroristas que en Occidente y, sobretodo, en Europa acontecen a la orden del día, cuántas muertes, masacres, discriminaciones, xenofobias, crímenes, delitos, desmanes sociales, en fin, una infinidad de situaciones que pareciesen no acabar, que nos dejan más que claro que este mundo se ha vuelto un total caos, si es que no lo ha sido desde sus cimientos.

Pese a ello, aunque esté desencantado con el mundo actual, la humanidad en general y con las sociedades en particular, por los continuos daños provocados a sí mismos, aún tengo esperanza, sigo manteniendo firmemente, con la convicción de un hombre idealista, que ésta es la última que se pierde. En el último tiempo, más rigurosamente, en la última década, hemos presenciado mucha movilidad social, un repudio generalizado ante aquel malestar que tantos años nos aquejó, pues ahora las personas más que nunca están haciendo valer sus derechos, aquellos valores intrínsecos que poseemos como dignidad a la condición humana, como lo es la libertad, la cual se ha visto trastocada innumerables veces, ya que hasta el día de hoy, todavía, por ejemplo, hay una coartación hacia la libre expresión –piénsese en países de Oriente-, por otra parte, la igualdad de derechos por los que tanto ha luchado la mujer, que no fue sino hacia el siglo XIX, a través de valiosas vidas sacrificadas lograron ser escuchadas, mejorar sus condiciones de vida, dejar de ser esclavas del hombre, pensar por sí mismas y que se las dejase pensar que es lo más importante. Sin embargo, hasta nuestro actual siglo, la mujer sigue dando la batalla, no se rinde, ha logrado grandes emancipaciones, se ha posicionado en el campo laboral, está recibiendo mejores salarios y tratos, pero sigue viéndose enfrentada a los tales denominados “femicidios”, que se traducen en el mayor nivel de las agresiones que puede recibir, que es el atentado contra la vida de la mujer, que supera abismantemente las tan recurrentes agresiones físicas, verbales, sexuales, laborales, que en resumidas cuentas son francamente deplorables.

Otro tema que nos llega hasta la médula, es el de la conformación de identidades sociales e individuales, las cuales son sin lugar a dudas, vastísimas, pero sobretodo en lo referente a nuestra realidad como chilenos, circunscritos a lo que se ha venido a designar como el último rincón del mundo, ésta todavía se encuentra en cuestión, con una serie de temas pendientes, por ejemplo y no nos podemos olvidar de ellos, pienso en los pueblos originarios, transversales al continente americano y, más que todo a la parcela latinoamericana. Para ser aun más preciso, hablaré más bien de la realidad que aqueja a Chile, donde día a día van pereciendo más y más etnias y personas naturales de éstas y con ellos, la pérdida de una cosmovisión, cultura, costumbres, lengua, pero ante todo, importantísimas y valiosas vidas que en nuestra data como pueblo chileno hemos ido provocando. Baste para lo anterior referirse, por ejemplo, a la comunidad Kaweskar, cuya última descendiente falleció en el lapso de la última década, los atacameños, por otro lado, también vivieron una realidad similar, peligrando, por otro, la subsistencia de los aymaras, a su vez hemos presenciado la continúa pérdida del conjunto agro-alfarero diaguita, entre otros muchos casos. Finalmente, sin ir más lejos, quiero hacer una alusión más detallada a la cultura mapuche.

Un hecho innegable es que los chilenos, somos actualmente y desde tiempos relativamente remotos, una sociedad mestiza, ¿pero qué implica ello? No quiere decir que seamos mejores o peores individuos, que aquellas tan mal llamadas razas “puras”, como entre otros el Nacional Socialismo, procuraba alcanzar a través de la utópica búsqueda de una raza perfecta, como lo sería la aria. Sin embargo, en nuestros días es complejísimo mentar si quiera la pureza sanguínea, pues prácticamente debido a los aumentos en las emigraciones e inmigraciones, los contactos continuos entre pueblos, ciudades y turistas, debidos entre otros rasgos, a la denominada “globalización”, podríamos decir incluso, que no sólo vivimos en una sociedad mestiza, sino que en un mundo mestizo. Por otro lado –después de aquella digresión- en lo que respecta a los chilenos, ya desde los tiempos de la conquista y colonia, por tanto, desde nuestra conformación y origen, nos debemos al sincretismo mapuche-español eminentemente, sin descartar en perjuicio de otros pueblos originarios, los influjos de éstos. No obstante, pese al reconocimiento de ambos pueblos, que dieron como resultado el surgimiento de nuestro pueblo y actual nación, siempre los mapuche han sido mal vistos, han sido tachados burdamente de “flojos y buenos para nada”, lo que es una grave errata, pues su mentalidad y cultura los hace ser distintos a nosotros, entre otros factores, se debe a la relación de ellos con la madre naturaleza, en poseer netamente una economía de subsistencia –cabe destacar que esto fue en sus inicios, ya que en la actualidad, esta realidad ha variado- donde ellos, sobretodo viven gracias a los frutos que ésta les entrega día a día, otorgándoles a ésta en reciprocidad, a través de sus rituales, su más íntimo aprecio y respeto, de los cuales tenemos aún mucho que aprender, pues no me adentraré, pero sí lo mencionaré, en que nosotros y nuestras sucesivas generaciones, hemos sido culpables del “mal trato” hacia la naturaleza.

A modo de cierre del tema anterior, aún estamos con una gran deuda hacia el pueblo mapuche, ya que las muertes en guerra, pestes, que devienen desde la llegada española, se siguieron trasmutando no en guerras físicas, sino sociales y discriminatorias, hacia esta comunidad –No versaré sobre el tema político que atañe a esta materia, pues aún es una causa no del todo resuelta- donde no podemos quedarnos callados y sentir apaciguadas nuestras voces, tanto ellos como nosotros tenemos derechos a protestar, hacer valer nuestros legítimos derechos y acá, todavía queda mucho por hacer y como bien señalé, aprender de ellos, recuperar su cultura y con ella una parte invaluable de nosotros, de nuestra identidad chilena.

Finalmente, concluyendo el presente ensayo, quiero resaltar que éste surgió en base a una reflexión crítica sobre varios problemas que apesadumbran a nuestra sociedad -un malestar generalizado-, temas que durante muchas décadas fueron tabúes y que en estos momentos, en plena democracia, no se pueden soslayar y, por ello, de uno u otro modo, estamos llamados a pronunciarnos, cada cual a su manera, algunos, como es mi caso, a través de la palabra escrita, pero de la misma manera, cada persona en su círculo, en su ambiente de trabajo, sea cual sea, debe hacer valer sus derechos y no olvidar que todos forjamos y creamos la sociedad de nuestros sueños, puesto que sin éstos, la vida carecería de sentido.




martes, 9 de agosto de 2011

Tiempo de marchar por nuestros sueños.



I

Manos alzadas al viento, agitándolas con gran gesto
Largo caminar que invade el alma
Que la atrapa, la captura y la hace única
Una marcha por la unión que hace la fuerza
Que cautiva los corazones, que los inunda de pasiones
Los incendia, refulgen y brillan con sabiduría
Con el honor aplastado que revive con mil hordas de alegría
Manifestaciones que fluyen, pero que no diluyen
Que se dilatan y acaban con las injusticias aplicadas.

II

Carnavales y fiestas por una educación sin límites ni fronteras
Permítasenos soñar, no queremos que lucren más
Queremos el fin al impuesto de nuestros anhelos
No ansiamos las migajas del gobierno, sino el poder del pueblo
Seremos idealistas hasta el fin de los tiempos
Adiós Apocalipsis, batahola y crisis
NO nos vencerán, aguerridos seguiremos sin detenernos
NO nos venderemos, ni a las facciones déspotas tememos.

sábado, 6 de agosto de 2011

La señá parlanchina y la barrendera.




Al salir de mi casa me dirigí sin ningún rumbo fijo, a la deriva, a recorrer las calles aledañas, disfrutando del despertar santiaguino, para lo cual y aprovecharlo en todo su esplendor, me alejé lo más que pude del centro capitalino, pues entre más cerca estás, los ensordecedores ruidos no te permiten ni si quiera pensar. Iba interiorizando todo aquello que mis ojos apreciaban y mis oídos escuchaban, desde los árboles de las plazas, el cantar de los pájaros, incluso hasta las conversaciones de los demás transeúntes, donde en más de una ocasión me causó cierta extrañeza, pues repetidamente escuchaba hablar del tiempo, después de meditarlo un poco, me pareció simplemente normal, sin embargo, concluía en cómo la gente no posee otro tema de conversación, no obstante, seguí adelante y justo antes de doblar la esquina, me percaté que había un almacén y, como no había desayunado, decidí aproximarme para comprar algo que saciara mi apetito, fue en ese momento cuando vislumbré una singular escena.

-Juana, mira cómo has dejado el piso, tendrás que trapearlo de nuevo.- Decía una señora aparentemente cincuentona, con aires de superioridad.

-Señá María, es que denantito no máh barrí y no es culpa mía que se haya ensuciado de nuevo.- Advertía la tal aludida Juana a su interlocutora. 

-Pero niña, para eso te pago, no para que saques la vuelta, o sino ya sabes, la puerta es bien ancha y a mí no me faltan empleados.- Pronunciaba de manera enérgica la llamada señora María, casi despotricando como la yeguaza que era, al menos así lo reflejaba su rostro.

-tá bien señá, ya iré a verlo.- la pobre mujer no pudo más que apocarse ante su empleadora, pues de cierto modo tenía razón, aunque Juana no tenía necesidad de ella como veremos más adelante, sino que más bien María era la que tendría que agradecérselo, pero así es la vida, a veces estamos firmemente seguros de algo, pero en otras circunstancias no nos damos cuenta de que formamos parte de uno de los embates de la vida.

            Luego de ver aquella escena, me decidí a entrar al local, pero ya no sólo para proveerme de víveres, sino que para atisbar más cercanamente y de primera fuente cómo era la realidad de los hechos, pues cuando uno se dedica a la escritura, desarrolla un grado de percepción tal, que logras ver más allá que muchos otros hombres y con la tal Juana me pareció al captar la esencia de sus ojos, que escondía o tramaba algo. No sabía qué era en ese momento, pero estaba dispuesto a averiguarlo.

-¿Qué desea joven?- Me preguntaba la –como ya había averiguado- señora María.

-Un café estaría bien y si es posible un trozo de ese pastel de naranja que se ve en la vitrina.- Lo dije todo tranquilamente, como quien va sólo a eso.

            Mientras estaba a la espera de mi pedido, noté que Juana estaba terminando de trapear el piso como anteriormente le habían ordenado que hiciese, pero posteriormente se dirigió al interior del local, hacia donde estaba la otra mujer, la informó sobre algo que había dicho un tal Antonio, a quien también le trabajaba y que al parecer tenía algún tipo de parentesco con la señora María y ésta sin darle mucha importancia a la mención del nombre, respondió:

-Por mí que se quede en su casa no más, no quiero visitas y menos las limosnas de un ingrato, que en mala hora fue mi hijo.- Dijo todo aquello con una ira inconmensurable, capaz de revivir muertos.

-Pero señá María cómo puede decir eso, es su hijo, por diosito santo.- La increpó Juana, con dejes conciliadores.

-Dejó de ser mi hijo cuando se mandó a cambiar con la hijaza ésa de los Baldebenito, me hubiese dado lo mismo si hubiese sido cualquier otra, pero por qué tenía que ser la hija de esa familia que dejó en la calle a mi difunto marido, ¡por qué!, la vida es tan injusta…- Terminó aquellas últimas frases con un suspiro de nostalgia.

-Señá María, los hijos no tienen la culpa, ellos se enamoraron, a veces el amor es más fuerte, los hijos no tienen por qué pagar por los actos de sus padres, perdónelo de una vez, ni si quiera se dignó a conocer a esa muchacha y nunca más ha querido volver a ver a su hijo, que la ama tanto y que siempre me manda recados para usted.- Señaló Juana con una tristeza que la invadió hasta el fondo del alma.

-Qué sabes tú niña, no te metas en lo que no es de tu incumbencia, ahora déjame sola, estás en la hora, tienes que ir a trabajarle a ese ingrato. Aunque sólo recuérdale una cosa, el aniversario de la muerte de su padre es en tres días más y que tiene todo el derecho del mundo a ir, que vaya, sin embargo, que no espere que le dirija la palabra.- Enunció cortantemente, como quien ya lo había dicho absolutamente todo y que creía tener la razón.

-Está bien señá, me voy pa allá, nos vemos mañana, cuídese mucho. Mañana ya será otro día.- Se despidió amablemente Juana.

            Después de aquel fin del diálogo, sopesé cada palabra que se habían intercambiado y, sin lugar a dudas aquella doña María, dejaba entrever un vano orgullo que le servía como coraza ante lo que en lo más profundo de su ser sentía, pues ella amaba en demasía a su hijo, pero la amargura externa que reflejaba, la estaba consumiendo por dentro, ya que anhelaba desde las entrañas de su corazón ver nuevamente a aquél a quien tanto amaba, a quien no había visto hacía más de un año y conocer por fin a su nuera, saber si estaban siendo felices. Sin embargo, el resentimiento por la muerte de su esposo, no la dejaba tranquila, la calma de años anteriores se difuminaba en el recuerdo, vivieron prósperamente, llegaron a ser una de las familias más acaudaladas del sector, lo que se tornó de la noche a la mañana en ruinas, tras un préstamo que nunca fue devuelto y que los dejó, literalmente, en la calle. A raíz de aquello su esposo se había enfermado gravemente del corazón, lo que derivó al cabo de unos meses en continuos ataques y paros cardíacos, donde el tercero fue el vencedor. Pero de aquellos detalles me enteraría hacia el final de esta fatídica y trágica historia, una vez que los ánimos se hubiesen sosegado.

            Por otro lado, una vez que se hubo retirado Juana, que coincidió con el término de mi compra, me decidí a seguir su trayectoria, pues mi indagación estaba recién comenzando, así que una vez ella salió a la calle, me asomé por la ventana y la seguí con la mirada y tras unos breves minutos, me aproximé raudamente a la vereda del frente y seguí su caminar, lo que me pareció sumamente rutinario, puesto que caminó varias cuadras en el transcurso de una media hora, hasta llegar a una casa acomodada, pero sin demasiada ostentación, observé su ingreso y decidí esperar en una plaza cercana, que me dejaba una panorámica perfecta para observar a quién entraba o salía.

            Al cabo de una hora observé a un hombre de unos treinta años aproximadamente, que se dirigía a la casa donde primeramente había entrado Juana y, para mi sorpresa, ésta lo recibió en la puerta, le dio un beso apasionado, que cautivaría a cualquiera que los viera juntos-mientras esto sucedía, me acerqué un poco más, sin ser visto, para escuchar atentamente la conversación- una vez que hube estado relativamente cerca, al menos para captar lo que dijesen, éstos se separaron y de a poco apercibí un sinfín de detalles que ante mi conocimiento parcial de los hechos, me desencajaban; en primera instancia, ella le dirigió unas palabras a aquel hombre, a quien llamaba Antonio, que como sabemos es el hijo de doña María, lo que me hizo claras luces y que una de dos, este hombre tenía una relación oculta con su empleada-Juana- o, en un caso improbable, esta mujer era su esposa y, por tanto, la nuera de doña María, aquella a la que nunca quiso conocer. Un segundo detalle que llamó mi atención, fue que Juana estaba vestida de una manera elegante si se piensa en que era simplemente una empleada en aquella casa y lo tercero, fue que Antonio la llamó por otro nombre:

-Angélica, ¡Qué bella estás! Qué afortunado soy de tenerte.- Decía de un modo halagüeño Antonio.

-Cómo no iba a estarlo amor, me gusta estar siempre bien arreglada para ti.- Respondió seductoramente Angélica o, tal vez Juana, mientras éste la volvía a besar. Al cabo de unos segundos, le hizo una pregunta rutinaria.

-Mi amor, cómo te fue en la casa de mi madre, ¿aún no da su brazo a torcer?- Lo hizo como quien preguntaba algo, cuya respuesta obvia, veía venir.

-Hice lo que pude, me recibió más amable que de costumbre en la casa, estuvimos tomando el té y al parecer ya se está haciendo de la idea de que somos pareja, por lo menos hoy se mostró un tanto menos esquiva y más abierta a que fueses a visitarla, a pesar que me dijo que podías ir al cementerio para el día del aniversario de tu padre, pero que no pensaba dirigirte la palabra.- Cuando relató lo ocurrido, claramente sólo me calzaba la mitad de lo que había dicho y, por otra parte, la mitad de lo que había visto en la casa de la tal señora María, aunque ya estaba encauzando los hechos y, hacia el final todo tendría una razón de ser.

-Está bien, mi amor, no te preocupes, sé que haz hecho hasta lo imposible por encantar a mi madre, pero aún me sorprende que se esté dando el tiempo de conocerte en mayor profundidad y una vez que acepte del todo nuestra relación, ya no habrá problemas, creo que cada día que pasa estamos más cerca de que acepte lo nuestro.- Antonio, sin lugar a dudas, era un eterno enamorado de su mujer, que estaba a la espera de la aprobación de su madre, quería ser aceptado por ella y confiaba a ciencia cierta en que aquello pasaría más temprano que tarde.

            Luego de aquella conversación ingresaron a su hogar, después de ello no los distinguí sino hasta unos tres días más, pues ya había recopilado suficiente información, pero aún me faltaba averiguar el meollo del asunto, ya que planeaba escribir lo que observaba y redactar una historia, que esperaba fuera del todo fiel a lo vivido, para ello tendría que estar dispuesto a llegar hasta el final, así que me dispuse a ir al aniversario de aquel hombre, esposo de doña María.

            Aquella tarde retorné a mi casa, la historia ya cobraba vida en mi mente, sólo necesitaba un papel y un bolígrafo para plasmarla, así que me apresuré lo más que pude y una vez hube estado en ella, me preparé un café y comencé la redacción: “Hoy fue un día muy singular en mi vida…”, aquel comienzo no me había gustado, así que lo taché. Volví a intentarlo nuevamente; “Al salir de mi casa me dirigí sin ningún rumbo fijo, a la deriva, a recorrer las calles aledañas, disfrutando del despertar santiaguino…”,-al menos lo que iba escribiendo me iba dejando conforme, así que me dispuse hasta el anochecer a continuar con mi proceso escritural. Esa noche dormí plácidamente y sin darme cuenta cómo, tal vez debido a la subjetividad que el tiempo adquiere en nosotros cuando deseamos que algo ocurra, ya se habían cumplido tres días desde aquellos extraños sucesos que había vivido y, como me lo había propuesto, me dirigí a donde estaba tomando lugar el aniversario, que era por lo demás en un cementerio donde sinceramente daban ganas de estar muerto. Al llegar a aquel cementerio, que más bien parecía un parque, me aproximé-también vestido de negro, al igual que la mayoría de los contertulios- a la familia, de un modo tan sigiloso que nadie se percató de mi presencia. Ahí estaba Antonio y también Angélica, estaban tomados del brazo, sólo los más cercanos a ellos se habían fijado en tal hecho, mientras que doña María se encontraba en primera fila.

            Al finalizar la ceremonia, los familiares e invitados se fueron dispersando, igualmente Antonio y Angélica, pero inesperadamente algo sucedió…

-¡Juana, qué haces tomada del brazo de mi hijo!, quién crees que eres.- Gritó furibunda doña María, mientras todos se dieron media vuelta a contemplar el espectáculo.

-¿Juana?, ¿por qué te ha llamado así amor?- Se preguntó extrañado Antonio.

-Antonio, lo siento… esto tenía que suceder tarde o temprano y tal vez es para mejor, aclararé todo de inmediato, necesito que vengas conmigo y vayamos donde tu madre…- Antonio, la siguió sin entender nada.

-¿Juana?, por qué no sueltas a mi hijo, qué pensará la gente.- Doña María miraba a su alrededor.

-Señora María, espero que se lo tome con calma, créame que todo lo que hice, fue por amor, se lo explicaré todo. Pues verá, su hijo y yo estamos perdidamente enamorados, nos conocimos hace unos dos años, pero usted nunca quiso aprobar nuestro matrimonio, ni si quiera se dignó a conocerme y bien, mi nombre no es Juana, sino Angélica Baldebenito y si me inventé un nombre y me hice pasar por una empleada, era para intentar todos los días convencerla de que perdonara a su hijo y así todos pudiésemos ser felices, él no sabía esta parte y espero que de igual manera, me perdone. Por otro lado, mis padres están sumamente arrepentidos del endeudamiento en que dejaron a su familia, pero ellos tampoco tenían cómo pagarlo y lamentan muchísimo la pérdida de su esposo, sin embargo, ellos no tienen la culpa, la vida le jugó una mala pasada… sólo espero que lo entiendan…- Después de pronunciar todo muy claramente, comenzó a llorar, se sentía desfallecer, la culpa la carcomía, sabía que no había obrado del todo bien, pero lo había hecho como medida desperada para que todo se arreglase.

-Angélica… jamás me lo hubiese imaginado amor… ¿por qué no me dijiste la verdad desde un principio?, me engañaste… sabes que te amo, que sin importar lo que hubieses hecho te perdonaría y te recibiría mil veces si es necesario, eres mi alma gemela… pero no era necesario que llegáramos hasta esto…- Antonio también se sentía desvanecer, pero su carácter romántico y enamorado, lo mantenía tranquilo.

-¡OH! No puede ser… cómo es posible, me cuesta comprender cómo fue que llegamos a esto, hijo te amo, me siento tan absurda y culpable, todo esto fue mi culpa, si yo no hubiese sido tan testaruda, quizás no hubiese impedido su felicidad, pero ahora me doy cuenta… ustedes siempre tuvieron que estar juntos y que mi empeño por alejarlos no sirvió de nada, perdónenme…- Doña María daba a conocer un arrepentimiento que nadie se hubiese esperado, los tres se abrazaron y lloraron juntos, los invitados habían quedado pasmados por tales hechos, pero al final terminaron aplaudiendo, pues ahora vendrían mejores tiempos.

            Lo que es yo, ya tenía suficiente con lo visto y vivido, así que me retiré solitario por el parque, con mi boina al viento, me arrimé a un árbol, saqué un bolígrafo y papel y terminé de escribir la historia.

martes, 2 de agosto de 2011

La amada anhelante.



I

Vivamos el palpitar de nuestras exclamaciones
Suspiremos en el abismo de nuestros cuerpos
Acaríciame y hazme saber que soy única
Ámame en las penumbras
Y penetra en el virginal umbral de mi deseo
Coge esa casta flor de los valles de mi juventud
Y déjame sentir tu humanidad íntegra
Bésame de los cabellos hasta la punta de mis labios
Recorre los caminos que conducen al sinsentido
Y culmina danzante en la belleza íntima de mi sonrisa.

II

Entrégate a la sencillez de mis pechos
A la aurora boreal de mi belleza
Al manantial de vida que enceguece tus sentidos
Sigue el rumbo fijo hasta el punto G de tu destino
Embriágate del dulce éxtasis que te cautiva
Dancemos como jóvenes sin tiempo
Enamorados a destiempo
Y compenetrados al acompasado ritmo de tu amar diestro.

III

Déjame captar tu aroma aterciopelado
Olvidarme de todo y entregarme sin pensarlo
Ser sólo tuya y tú de mí
Yo sin ti y tú sin mí
Un solo cuerpo unido hasta el fin de los tiempos.

domingo, 31 de julio de 2011

Bohemia santiaguina.



Anochece sobre el mar de las ciudades
Avanzan caudalosamente los ríos de gente
Es el inicio de la bohemia santiaguina
Se abren las puertas de los pubs de par en par
Y observando en atento mirar aquel transitar
Danzo en ese vals de amores anhelantes
De cuerpos tránsfugos que buscan placeres rápidos
Que viven de son a son y de doce a dos
Horas efímeras que vuelan y desaparecen
Se plasman en mis ojos extasiados
Ansiando el contacto, el leve tacto
De tu cuerpo, nuestros cuerpos
En un ir y venir, en los tres cuartos de un compás
Bailando sin cesar, hasta el final
Concertando una y otra vez nuestro amor
Bajo la esfera de cristal, radiante luna que nos cubre
Centellando en violeta, azul y rojo, delineando nuestros rostros
Y así extenuados, caemos en los brazos de Morfeo
Un beso culmine es el aderezo de nuestro deseo.

lunes, 25 de julio de 2011

Veinte años que no pasan en vano.




Hoy se cumplen veinte años de mi existencia en la tierra, quizás para muchos es un hecho desapercibido, lo cual no me sorprende, pues cuántos somos los seres que habitamos en este lugar del universo, realmente no lo podría saber con exactitud, de hecho en este mismo instante cuántos nacen o cuántos mueren, es una cantidad imprecisa, pero así es la vida y, por ello, salvo a mis seres queridos, a los cuales amo en demasía, creo que nadie lo sabrá, pero sinceramente soy muy feliz al saber que a lo largo de este breve transitar terrenal, he conocido a personas tan maravillosas, que sin lugar a dudas me han marcado, ante las que sé que no me alcanzará el tiempo para agradecérselo, sin embargo, haré lo posible para que cada minuto que me quede de ella, pueda transmitir e irradiar, bellos sentimientos y felicidad.

Por otra parte, tampoco soy nadie para definir qué es la vida, pero he ido aprendiendo con el tiempo, en ciertas circunstancias he resultado muy idealista, a veces espero mucho de las personas y en ocasiones me he equivocado, sé que todos cometemos errores, aunque algunos lo hacen notar más que otros, pero efectivamente es así. Por otro lado, como dice uno de mis mejores amigos, que sé me acompañará hasta el final de ésta, ya que hace mucho tiempo llegué a la conclusión –creyendo en las vidas pasadas- de que existen personas especiales, con almas únicas y que en el fondo son como ángeles, pero los solemos llamar amigos, en fin como me señaló él, actualmente he llegado probablemente a la cuarta parte de mi vida, siempre y cuando ésta no me depare algún acaecimiento que termine previamente con ella. Sé que suena trágico y fatalista, mi forma de pensar generalmente es muy positiva, sin embargo, la vida es efímera y eso nadie lo niega, lo que me lleva a recordar a un maestro que tuve el año pasado, quien decía lo siguiente: -un cumpleaños es un año menos de vida.- No obstante, si bien nos vamos acercando a la muerte, creo al mismo tiempo, que ganamos energía.

Justificar lo antes dicho no es simple, pero intentaré esbozarlo, aunque es una visión personal y conforme a ella creo, que pese a que cada día que pasa estamos más cerca de la muerte, pese a que ésta puede llegar al día siguiente o en cien años, continuamente vamos ganando en experiencias, en conocimiento, en momentos junto a otras personas, de quienes aprendemos y vivimos juntos, en los innumerables caminos de aquello que llamamos vida. A ratos aquellos que conocimos después se separan de nosotros, en otras ocasiones regresan, lo que es uno de los hechos inexplicables de ésta, ya que no sabemos a ciencia cierta qué nos pasará mañana o a quién conoceremos y qué viviremos con aquella/as personas, pero lo único que puedo recomendar y que procuraré vivir en mayor cabalidad, es que disfrutemos sea cual sea la senda que escojamos, al lado de aquéllos que comparten sus vidas con nosotros.

Finalmente, este día lo veo como uno de esperanza, pues me encuentro sumamente agradecido por aquellos momentos únicos e irrepetibles, por el hecho de que ya sea por azar o porque un ser superior, llámese dios o no -según la opinión de cada uno- aún sigo con vida y puedo compartir, aportar, enseñar y aprender de otros corazones, almas, que aunque discrepemos comúnmente en ciertas opiniones y poseamos visiones distintas –lo anterior lo encuentro interesante, pues sin aquella diversidad, la vida no tendría mucho sentido- logramos sin exasperarnos, de manera concienzuda llegar a acuerdos y permanecer en armonía, respetando la libertad y libre albedrío que cada cual posee.

sábado, 16 de julio de 2011

Hasta el fin de los tiempos.



Aquí me tienes, tomando un café que me sabe a fría hiel
En la amargura de tu recuerdo y en la soledad de tu piel
Pienso en lo que hemos vivido juntos, tantas tormentas
E inviernos tortuosos, veranos que languidecían
Y primaveras que nunca reverdecían
Te amé, pero no sé si aún te amo
El tiempo ha pasado y ahora está a nuestro favor
Añoro tus besos y caricias, que se desvanecen en el aire
Quiero sentir tu cuerpo otra vez junto al mío
Valseando cadenciosamente en esa fría calidez
Te siento más cerca, pero a la vez distante
Estás como ausente, olvidándote de lo vivido
Sin embargo, no soy igual que tú, no olvido fácilmente
Vivo y pienso en ti, pero arriesgo más de lo que recibo
Si te vas, como el viento seguiré tus pasos
Si te quedas, enfrentaremos mareas y erupciones
Pero te prometo que sin importar lo que elijas
Jamás te abandonaré, mi promesa no palidece, sigue en pie
Si tú cruzas el puente, yo lo cruzo
Si te lanzas, yo me lanzo
Si te mueres, yo me muero hasta el fin de los tiempos.

jueves, 7 de julio de 2011

Ensayo crítico sobre dilemas existenciales. I parte: De rerum natura (Tito Lucrecio Caro.)


Primero que todo, el presente documento pretende sólo ser un esbozo con dejes de ensayo sobre diversos temas que se encuentran imbricados, los que siguiendo un planteamiento lógico y coherente procuran dar una visión personal y lo más objetiva posible en base a formulaciones sobre el alma, la vida, la existencia u, opuestamente, la no existencia de Dios, cuyos planteamientos son recurrentes y en más de una ocasión seguramente en sus vidas los han tenido. Pues bien, la idea central es poseer una aproximación bibliográfica sobre ciertos autores y a partir de ello, ir cuestionando los argumentos o confirmándolos, según sea el caso.

El primer autor a considerar es Lucrecio, cuya obra lleva por denominación De rerum natura, es decir, en tanto frase preposicional latina, significa; “sobre la naturaleza de las cosas”, lo que nos lleva consiguientemente a pensar debido al término “natural”, si se quiere, en un carácter biológico-evolutivo en torno a los seres que habitan y pueblan la tierra, donde indistintamente encontramos microorganismos, flora, fauna y si atendemos a los discursos que se han establecido respecto a la superioridad humana, la que dista en demasía de no ser debatible, pues éste cada vez comete más atrocidades y se ha posicionado en este mundo a costa de la destrucción masiva de todo cuanto encuentra a su paso, es así que su existencia radica al coexistir con otros seres y/o organismos, en una aniquilación depredadora, que como venía mencionando se transmuta en una involución, cuyos ejemplos a lo largo de la historia de la humanidad son incuantificables, basta recordar el período inquisitorial, innumeras guerras, no sólo de religión, sino que se han gestado por diversas causas, las que han devenido, por ejemplo, en las guerras mundiales, guerra fría e incluso otras que se mantienen hasta nuestros días. Por otra parte, aún nos vemos enfrentados a la deforestación, contaminación en su más amplio sentido (acústica, ambiental, acuosa, etc.) y así sucesivamente hemos culminado con la vida de muchos seres humanos y a su vez con otras especies, los que a ciencia cierta, son lamentables. En definitiva, aquéllos que aún siguen pensando que el ser humano es superior a los animales, creo que desconocen el mundo en el cual viven, pues quizás hemos superado la fase instintiva, para aproximarnos a otra “más elevada”, vinculada al raciocinio, sin embargo, a veces el discernimiento queda rezagado por nuestra naturaleza lisa y llanamente, animal.

Retornando, después de aquella digresión, al texto De rerum natura de Lucrecio, iré paso a paso, para que se logre comprender de mejor modo la dialéctica que pretendo emplear y cómo en oposición argumental, se pueden desentrañar posibles conclusiones con tendencia a la objetividad; pues comencemos. En primera instancia Lucrecio cataloga de dos formas a aquellas causas o entes que posteriormente motivarán la creación de los seres que habitan en el mundo natural -recuérdense los postulados platónico/aristotélicos, en relación al mundo ideal y elemental- y aquella terminología es la siguiente: “simientes de seres” y “cuerpos primarios”, ya que a partir de ellos derivan todos los demás. A su vez versa sobre cuestionamientos críticos hacia la religión de su tiempo, la que en Grecia antigua como sabemos, era de índole politeísta y antropomórfica, poseyendo un extenso panteón de dioses –piénsese en Afrodita, Zeus, Atenea, Hades, Poseidón, Hera, Hermes; cuya denominación terminológica se corresponde con los caracteres griegos, pues los romanos tomarán los mismos dioses, aunque adaptándolos a su propio alfabeto- a quienes se les atribuían las más variables capacidades sobrenaturales, que tenían una relación directa con el mundo natural donde habitaban los humanos y los demás seres.

Dentro de los argumentos con los cuales arenga a su hijo a dudar de los preceptos de la religión, se encuentran casos legendarios, que postreramente procederé a comentar, pues entre ellos menciona el de Ifianasa, ante lo que extraeré la siguiente cita: “Fue así como en Áulide mancillaron torpemente con la sangre de Ifianasa al altar de la Virgen de las Encrucijadas los caudillos escogidos de los dánaos, la flor de los héroes […] arrastrada por manos de héroes y temblorosa la llevaron hasta los altares, no para que, tras acabar las consabidas solemnidades de la ceremonia, saliera acompañada por el sonoro ¡himeneo!, sino para que, en edad de bodas justamente, como víctima pura sin pureza cayera, entristecida porque su progenitor la sacrificaba para que a la flota se le concediera una salida próspera y venturosa. ¡Maldades tan grandes fue capaz de promover la religión!”.[1]

Como bien señalaba Lucrecio, el caso de Ifianasa en su acepción latina o Ifigenia en la traducción griega, es clarificador para comprender las aberraciones que se cometen en aras de estos credos, ya que efectivamente debido a que al caudillo y rey Agamenón le auguraron un mal porvenir si es que no navegaba con su flota rumbo a Troya, para la batalla épica que se desarrollará en esta ciudad –Véase “Iliada”, pese a que ésta sólo relata los últimos 50 días, que terminan siendo los decidores respecto al desenlace de la guerra- es que queda en dos encrucijadas, la primera de ellas es que navegue posteriormente, lo que se tornará en la muerte de un cúmulo de sus guerreros, debido a la carencia de víveres y consecutivamente, la otra opción era sacrificar a su propia hija, de sangre casta y virginal, para apaciguar la ira de los dioses –Rememórese los influjos de Poseidón y Febo en estos casos.- Finalmente la decisión dio lugar a continúas penalidades de por vida a esta familia, lo que dará origen a un cultivo ingente de mitos y tragedias, que entre otros trágicos, tratará Esquilo, donde se puede profundizar al respecto, cuya simbólica trilogía, se manifiesta en la Orestíada, teniendo como tópico troncal la venganza de Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra.

Sin embargo, cabe pensar: ¿Realmente nos podemos fiar de unos mitos o leyendas para criticar una religión? A mi parecer no basta y se debe ahondar aún más allá, tal vez en el origen de éstos y su relación con la vida misma. De este modo es menester referir que una leyenda propiamente tal posee basamentos en la realidad, pero que con el correr del tiempo se van difuminando, puesto que al transmitirse de manera oral siempre habrá mayores añadiduras o extracciones que vienen a tergiversar en esencia el sentido del relato o, si bien se mantiene, continuamente se lo hiperboliza y así lo que comenzó siendo una pequeña tormenta, ocasionó una absoluta catástrofe para una de las familias más connotadas de la antigüedad. Por otra parte, hay que recordar de igual modo, que para estos pueblos muchas historias que en sus inicios eran leyendas y, que en particulares casos fueron transcritas, tal es la Iliada y Odisea, que se las asocian al rapsoda Homero –Cuestión homérica- se creían que eran sucesos totalmente verídicos, los que en algunas circunstancias eran muy lejanos a la realidad de hecho. –Consultar Parry (teoría de la composición oral y formular de la poesía épica antigua) y Zumthor (Oralidad y escritura, además de La letra y la voz).




[1] “De rerum natura” vv. 80-101. Tito Lucrecio Caro.

domingo, 3 de julio de 2011

Un viejo amigo comunista.




Puntual como de costumbre, aquel viejo amigo solía llegar a la casa, siempre con una anécdota nueva y alguna novedad que contar, pero lo que más nos intrigaba a aquellos que vivíamos en aquella casa, eran sus historias de antaño, que fluían como candelas apasionadas y que en vez de extinguirse con el paso y peso de los años, se enardecían cada vez más. Un día llegaba narrando sus proezas y hazañas amorosas en su mocedad, a ratos nos hablaba sobre sus viajes a París, Venezuela y tantos otros lugares, cuyos relatos nos conmovían en demasía, pues nos imaginábamos habitando aquellos parajes a ratos inhóspitos, a otros multitudinarios, pero que nos hacían revivir en nuestras mentes la ilusión de poder visitarlos algún día, cuya esperanza nos invitaba a soñar despiertos, esforzarnos por lograr aquello que anhelábamos, que a veces se veía tan lejano, pero que al unísono se nos aproximaba a pasos agigantados y que tal vez más pronto que tarde, alcanzaríamos.

            Hablábamos la mayor parte del día, las horas parecían minutos y los minutos segundos, esperando un porvenir mejor que el actual, discutíamos de política y del mal manejo del sistema que el gobierno ha hecho en nuestro país, el que remarcábamos continuamente como “NUESTRO”, ya que nos pertenecía, éramos conscientes de nuestra idiosincrasia, nuestras tradiciones y cultura, además de desarrollar y potenciar cada vez más el compromiso cívico. Él, por otro lado, aún se abanderaba como comunista, al parecer lo llevaba implantado en el alma a fuego calcinante, en cambio yo, prefería ver y analizar todo desde una perspectiva más ecléctica y crítica, es decir, puesto que no me sentía representado por ninguno de los partidos políticos de contingencia, como a menudo sucede con la mayoría de los jóvenes de mi edad, prefería seguir mi propia línea de pensamiento, siempre abierto a la crítica constructiva y a los debates sesudos en pro del bien común, aunque quizás efectivamente era más partidario del comunismo, pero a la vez sabía que era un idealismo exacerbado, pero en el fondo mi personalidad apuntaba también en el mismo sentido.

            Ideales, ¿qué haríamos sin ellos? Simplemente no podríamos vivir, ya que niéguenlo o no, las personas de los más variados estratos sociales, poseen estos tan mal tratados “ideales” , algunos buscan sobretodo constituir su hogar, vislumbrar finalmente el sueño de la casa propia, otros aspiran a ser profesionales de experiencia y otros buscamos ir más allá, lo que se puede sintetizar en una sola palabra, felicidad. Paradójicamente, ésta es lo más complejo de alcanzar, es etérea, se esfuma continuamente de nuestras manos y una vez que se la posee, no demora mucho en apartarse de nuestras vidas, pues como un amor transitorio, quizás de esos amores de barrio, pero aún así la amamos y cuando se aleja de nuestro lado, la extrañamos. El tiempo es una realidad que nos acompaña, generalmente vela a nuestro favor, dándonos el pie de inicio para disminuir el número de lecturas pendientes y convertirlas en lecturas productivas, esta última palabra la aborrezco, ya que en sí misma es ampliamente neoliberalista, no obstante, ¿qué podemos hacer? En definitiva, nada, sólo utilizarla. En efecto, también conversábamos de libros y escritores contemporáneos y otros vetustos que nos daban claras luces para entender la sociedad en la que vivimos, asemejándose a la visión clásica de la historia, “aprende del pasado, vive el presente y prepárate para el futuro”, la que a mi parecer, es una sabia consigna.

            Escuchábamos jazz, estilo musical predilecto de varios de mis amigos, en otras ocasiones variábamos el repertorio a blues, Folk, entre otros. Aunque personalmente reconozco mi atemporalidad, a la que no designaré ningún juicio valórico, sino que simple y llanamente me agradaba sentarme a escribir o leer, escuchando sones medievales, los que me transportaban a aquel período tan ansiado por lo románticos y del que soy un férreo y tenaz seguidor, lo denominaría como una especie de amor al ser romántico, que procuraba vivir a cabalidad en el día a día, lo que a veces me hacía pecar de excéntrico, sin embargo, no me importaba, puesto que en su justa medida, sabía que lo era, me gustaba la poesía y eso ya es decir mucho en la sociedad del siglo XXI.

            En fin, nuestro estimado amigo comunista así como llegaba, se iba, como transportado por una deidad griega, sabíamos donde vivía, pero en vez de dirigirnos a su casa, esperábamos su venida, a la misma hora día a día, con una puntualidad infalible de reloj de péndulo, de ésos que han quedado en la usanza antigua. Estaba entrado en años, con su melena alzada al viento, con su caminar altivo y con el pecho inflado como un gorrión, en busca de seguidores que quisieran oírlo. Así que cuando se lo encuentren por la calle y transite a su derredor, denle un fortísimo saludo de mi parte. A mi viejo amigo de ideales.

lunes, 27 de junio de 2011

Amada hasta el fin de los tiempos.

El atardecer se desvanecía como sueños pasados, el aire floral de la naturaleza le otorgaba un perfil edénico a aquel lugar tantas veces visitado en la compañía de su amado, sin embargo, ahora en la soledad de aquel crepúsculo recordaba tiempos mejores, se allegaban a su mente sonrisas mágicas que alegraban su corazón, gestos dulces y aquellas primeras caricias que la hicieron suspirar. Aún lo amaba, aquélla era una verdad inolvidable, vivieron tantas experiencias juntos, acostumbraban caminar por tranquilos ríos que fluían como la vida, él cogía una rosa y se la ponía sobre sus cabellos resplandecientes frente al imponente sol, él también la amaba, pero la vida les jugó una mala pasada, la perfidia de aquella intrusa que les arrebató una felicidad imposible de volver a conciliar.

Ahora, que han transcurrido dos años desde su trágica muerte, sólo le queda la viva imagen del recuerdo y la memoria de aquél a quien tanto amó, por ello día tras día se escapa unos breves minutos de su rutinaria vida, repleta de atosigantes trámites y papeleos que como conservadora de bienes raíces le corresponde registrar, archivar y analizar. En fin, aquel trabajo se lo legó Sebastián, aquel hombre que nunca pudo, puede, ni podrá olvidar. Así como debió hacerse cargo del conservador, también recibió como herencia la mansión en la cual habita, pues su amado, no tenía a nadie más, ella era la única que pudo comprenderlo, eran almas gemelas, inseparables-ni la muerte nos separará, mi bella Isabel- le solía decir, pero ya ven, ésta al parecer triunfó como de costumbre.

Después de permanecer en el jardín de la mansión frente al mausoleo de Sebastián, depositó una rosa azul, su color preferido, pues según él le causaba una tranquilidad y paz interior que no siempre lograba y que sólo aquéllas e Isabel le solían provocar. Luego se dirigió a campo traviesa por los innúmeros prados y arboledas dignas de contemplación para los espíritus errantes. Sin duda alguna las veinte hectáreas que rodeaban aquel magnífico lugar, en su totalidad cuidadas con esmero, eran una joya en un manantial de primores, cada seto, rosedal, pino, magnolia, lavanda y así una infinidad de flores y árboles estaban en su debido lugar, al igual que las efigies griegas y romanas que ornamentaban aquel fascinante prado, con apariencias extravagantes, donde se reencontraban figuras de otras épocas. Todo aquello era obra y gracia de un solo arquitecto que planeó regalar a su amada la más perfecta obra de arte, que pensó sería su hogar hasta el fin de los tiempos.

Al llegar a la mansión, atravesó el vestíbulo, subió las escaleras y se dirigió al estudio, cuya portentosa puerta caoba constituía la entrada. Al ingresar a éste, pasó revista a los libros de la biblioteca que se encontraba en su interior, los rozó con el ápice de sus dedos, desplazó el polvo que cubría los títulos y asió uno que llamó su atención, su tapa era de un rojo bermellón y por cómo se encontraba, aparentemente mucho más usado y desgastado que la mayoría, supuso que era uno de los predilectos de Sebastián. Una vez que lo tuvo en sus manos, leyó la rúbrica que decía: “Poesía amorosa” y lo estrechó contra su pecho, ya que en definitiva era de los gustos de su amado, quien en más de una ocasión le había dedicado un poema de su autoría a la bella Isabel.

Pero al tomar el libro no se percató que algo había caído a sus pies y una vez decidió sentarse en el sofá reclinable se fijó en aquello que se había resbalado silenciosamente, era una carta. Al ponerla sobre sus manos, la abrió y leyó, a un ritmo cada vez más vertiginoso, ya que su contenido no le daba tregua, hablaba de promesas hechas y cosas inverosímiles, hasta tal punto que cuando culminó la lectura se sentía desmayar y palidecer, pues hasta cierto punto supo que misteriosamente su amado no la abandonaría, puesto que créanme o no, en este lugar había más magia que la aparente, era una mansión cuyos recovecos guardaban secretos que recién ahora se develaban.

En efecto, el primero de aquellos misterios estaba saliendo a la luz, nada había quedado en el tintero, desde las cimientes de la mansión y su construcción propiamente tal, ésta había sido pensada, cada espacio que la constituía, absolutamente todo. En aquella carta había una indicación que apuntaba en dirección a una sala particular, donde debía encontrarse el mapa y plano de esta morada, sus intersticios, salones, entradas ocultas y la explicación del por qué de cada una. Isabel tras reponerse del sopor en que se veía inmersa, decidió seguir aquel juego que le proponía su amado, no lo pensó dos veces, simplemente se aventuró, ya que aún creía en él. Como bien señalaba la carta, se aproximó hacia la sala que ahí se indicaba y para llegar hasta ella, tuvo que vivir su propia odisea, ya que eminentemente no sería tan sencillo como pensaba. Tuvo que descender escaleras hasta llegar al sótano, éste en primera instancia se encontraba sumamente oscuro, nada se veía en rededor y ella a cada instante que transcurría se ponía más nerviosa, pero halló finalmente el interruptor y las luces se encendieron por doquier, siguió su camino por todo aquel corredor y llegó a una puerta, ante la cual se necesitaba una llave especial, no obstante, nunca había tenido necesidad de asomarse por esos pasajes y, como se imaginarán no poseía la llave, no sabía cómo acceder a aquel recinto, que por lo demás se veía imposible de traspasar sin la llave que necesitaba.

            Observó con suma precaución cada recodo del espacio donde se encontraba, atisbó hacia la techumbre que lo cubría, que formaba el piso de la planta superior, se fijó si es que había alguna ventanilla o escotilla, pero no había nada, a continuación dirigió su mirada al suelo y al realizar esta maniobra quedó pasmada, pues éste tenía trazadas diversas figuras, que manifiestamente no habían sido efectuadas al azar, habían desde leones, serpientes, águilas hasta deformes monstruos marinos y térreos. Comenzó a recordar lo que había leído en la carta e intentó rememorar si es que en algunas de las conversaciones con Sebastián habían cruzado palabras sobre este tipo de seres e imágenes, estuvo pensándolo unos momentos hasta que aquello que le causó en un primer momento extrañeza, ahora cobraba sentido. Se trataba del bestiario medieval y antiguo.

            Sin embargo, ¿le servía de algo haber descubierto que aquellas monstruosidades pertenecían a un bestiario? Al igual que ustedes, ella pensaba que no, pero por lo que aparecía en aquella misiva, donde se señalaba que todo poseía una esencia y razón de ser, concluyó que aquellos seres, probablemente eran el camino de entrada a aquella puerta donde se encontraba el plano de la mansión. Fue en aquel momento cuando dudó si es que debía seguir adelante por amor a su amado o si dejaba aquella farsa escalofriante y misteriosa. Aunque en último término determinó que era preferible seguir adelante, así que decidió llegar hasta el final de todo este asunto y acabar de una vez por todas con él.

            La mejor solución ante aquel problema de las imágenes del suelo, que seguramente poseían un mensaje cifrado en clave, fue averiguar más sobre ellas y qué significaba cada una y como no poseía mayor conocimiento, decidió retornar al estudio y buscar libros vinculados con el tema, para hacerse una idea sobre lo que tenía frente a sus ojos. Apagó todas las luces del sótano y regresó al lugar donde había comenzado su travesía y una vez estuvo ahí, se armó de paciencia y empezó a indagar en la biblioteca, buscando las temáticas de las cuales se debía procurar; las palabras claves eran: “bestiario”, “medieval” y “antiguo”.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...