sábado, 23 de julio de 2016

La travesía.



Hace veinticinco años comencé un viaje por esta vida, dependiendo de cómo se mire, es un cuarto de siglo. Cuántas experiencias más me quedarán por vivenciar, sólo el tiempo dirá. Sin embargo, a veces este lapsus para quiénes llevan más tiempo transitando por esta tierra, es aún breve, pese a que en lo personal a veces he sentido que dada la intensidad, pareciesen muchos más. En los últimos cinco años se me ha vuelto tradición escribir este día algunos pensamientos o reflexiones sobre lo que he ido aprendiendo en este camino, por este peregrinar y hoy no es la excepción. La palabra más precisa que encontré para retratar esta experiencia fue como si fuese una “travesía”. Así es, ha sido una aventura inesperada donde se van tomando decisiones al andar, cada una con sus repercusiones y consecuencias, donde inclusive los errores son parte de ella y hay que saber asumirlos. Sobretodo puedo decir que he sido feliz por cada una de las personas que han formado parte de ella, muchas con las cuales hace unos diez años atrás no esperaba conocer, pues la gran mayoría de ellas las he conocido dado mi pasión personal por las letras, ese maravilloso arte que mueve a cada vez más personas en el mundo y permite que se conecten, encuentren y rencuentren, por ello éste es mi regalo para cada uno de ellos; mis palabras.

Siento en primera instancia que aún me encuentro en etapa de formación, tanto intelectual, emocional como experiencialmente, que me queda un millar de cosas por hacer y aprender de cada una de estas maravillosas personas. Agradezco a la vida los buenos amigos que he tenido, sus consejos, apoyo e incluso cuando he cometido errores, que debo reconocer no han sido pocos. Pero en realidad he concluido que siempre aquello ha terminado siendo para mejor, ya que en muchos casos no los hubiese podido conocer en esta vida. También agradezco a quiénes me han acompañado en estos procesos de descubrimiento literario, a desarrollar una voz propia, a mis maestros y consejeros amigos. El camino no ha sido fácil y la vida cada vez me pone nuevos desafíos. No obstante, jamás me he dado por vencido y cada nueva batalla he intentado afrontarla dando lo mejor de mí. Cuando tenía diecisiete años decidí seguir mis convicciones, pues siempre he sido muy llevado a mis ideas y nunca me he arrepentido, estudié literatura y actualmente pedagogía por vocación y por creer en los cambios que como sociedad se pueden hacer a través de ellas, de la escritura misma, que a la vez se ha convertido en una huella en este andar.

Sé que no será fácil, pero poseo la convicción que los futuros proyectos serán cada vez más desafiantes y tendrán cada vez más impactos, pero ante todo que serán hechos con amor, entrega y dedicación. Pondré mis capacidades y habilidades al servicio de ellos para que surjan y brillen por sí mismos, para que alienten a las futuras generaciones a ser personas socialmente críticas, autónomas y libres, donde la libertad de expresión sea una de las máximas a seguir. Creo en el arte como liberación, como catarsis que nos permite ahondar en lo más profundo de las emociones humanas y en la nobleza de quiénes dedicamos nuestra vida a ello. Espero que cada día obtenga una cuota más de sabiduría a medida que transcurran los años, poder viajar y conocer otras culturas de las cuales imbuirme, para así estar mejor preparado para la vida y dar siempre lo mejor. No me queda más que agradecer desde este lenguaje, estas palabras improvisadas mi sentir ante una sociedad y una vida que clama atrevernos a ser felices, a disfrutar cada día como si fuese el último de nuestra existencia, pero ante todo a no dejar que aquello que contamina nuestras almas, cuerpo y mente destruyan la riqueza más significativa del ser humano. Su propia vida.


Pd: Quizás las palabras aisladas parezcan pequeñas ante el mundo, pero con pasión son capaces de crear universos. José Chamorro, 23 de julio del 2016.

lunes, 18 de julio de 2016

Un llamado a la Humanización social.

 
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Los accidentes en la vida suceden cuando uno menos se lo espera. Son hechos impredecibles, que en tan sólo segundos pueden cambiar tu vida, sin embargo, pese a sus consecuencias muchas veces desastrosas, generan a su vez otras que suscitan el lado positivo de la sociedad, es en momentos de incertidumbre como éste donde la humanidad se une para afrontar los embates naturales, donde se suceden sentimientos fraternales y de ayuda mutua, puesto que el ser humano como ser social posee una cualidad inherente, que es su sentido gregario; el cual surge en circunstancias inesperadas y traumáticas, como la que vivenciamos durante estos últimos días.

No obstante, no sólo sentimientos bondadosos se despiertan en nuestros corazones, ya que la histeria, la sugestión y el pánico colectivo, ocasiona hechos realmente censurables. No pocos son los que se aprovechan de la desgracia de quienes lo rodean y caen en bajezas inhumanas, delinquiendo y cometiendo estragos en la ciudadanía. Estos hechos vandálicos que en su justa medida irán siendo penalizados, dan cuenta de lo insensata e imprudente que pueden ser las personas en tales circunstancias, denotando de este modo una instancia aún peor, que va más allá del accidente natural, es fiel reflejo de un accidente social, el cual no mira estatus, rango etario y menos aún considera las desgracias vividas.

Por otra parte, una de las consecuencias a priori de un desastre de tal magnitud y naturaleza, es la conmoción, pues nadie puede quedar impávido al observar cómo los anhelos y esperanzas de un futuro más próspero, se hacen añicos en tan sólo unos instantes. Analizar y comprobar “cara a cara” las consecuencias del terremoto vivido, causa gran pesar, ver cómo familias buscan desesperadas a sus seres queridos, atisbar sus casas literalmente devastadas y que aun una reconstrucción les llevaría meses, es realmente indescriptible. El escenario de nuestras ciudades post terremoto, si bien ha tenido ámbitos positivos y negativos, no deja indiferente a nadie al recorrer las diversas calles de la ciudad, que tan sólo el día anterior refulgía en todo el esplendor de una ciudad céntrica.

Desde otra perspectiva es preciso considerar y destacar la labor de los medios informativos, ya que éstos se han mantenido constantes en la entrega de información y ayuda, para aquéllos que han padecido de sobremanera los estragos. En la misma línea, una frase anunciada en uno de ellos me llamó particularmente la atención, que en su cita textual, denominaron “vals de la muerte”, respecto a ella es menester señalar que nuestro país continuamente a lo largo de su historia republicana, ha venido luchando contra la naturaleza, reponiéndose una y otra vez de este vals continuo, de este ir y venir, que nos depara siempre un futuro incierto, pero del cual hemos salido fortalecidos. Es por ello que esta afrenta que nos ha tocado vivir en el año del bicentenario, no será la excepción.

Por lo anterior, ésta es una invitación a la reflexión, que en un primer momento es difícil de llevar a cabo, pero que una vez las actividades y el estilo de vida habitual retorne a la normalidad, será un trabajo necesario, ya que no podemos quedarnos de brazos cruzados y hacer como si nada, por el contrario, debemos reponernos de las adversidades, no sólo en el ámbito material, sino que sobre todo, deberá coexistir una disposición diferente, una mirada distinta de la vida, donde el materialismo que tanto ha caracterizado a las sociedades postmodernas se desarraigue de una vez por todas de nuestra mentalidad y que el pilar fundamental sea una mayor humanización y preocupación por el otro, aquel otro que siempre estuvo ahí, pero que nos era desconocido, puesto que un velo egocéntrico e individualista nos separaba. Ésta es la visión que debe cambiar y de manera sustancial.

Finalmente más allá de la reflexión propiamente tal, es un llamado a la solidaridad y el respeto, del que tanto se ha carecido estos últimos días, es una interpelación a la humanización social, que una vez más tras una crisis, surge altiva para hacernos un llamado de atención y que no olvidemos que nuestro pasar terrenal, es efímero, que no sólo depende de nosotros, pero que hacerlo más apacible y dichoso, sólo será producto de nuestras propias acciones y vivencias personales que enriquezcan nuestro espíritu y nos engrandezcan como seres humanos.

Los tormentos del escritor.


La escritura me arrebata los instantes, me cautiva lentamente

Me sobrelleva a espasmos irregulares y cadencias licenciosas, premonitorias

La fuerza de la palabra enclaustrada arremete mis versos

Se poseen en encrucijadas verbales los abismos de la memoria

Lo que fui se desvanece para ser lo que no fui y lo que quise ser

Mis manos que abrazan tu silueta, recuerdan tus insinuaciones

Tu cuerpo es frágil y mis besos te aprisionan en un prófugo amor

Letanías menguantes de un porvenir próspero ante la soledad infinita

Se conjugan como verbos de una lengua universal en un poema de clepsidras

El tiempo es ese infame moribundo de promesas vanas y tormentos vacíos

¡Oh sentimientos, no me juzguéis! Solo me hallo frente a ustedes

Que desnudan mis carnes y acribillan mi existencia

Tristezas fueron los delirios de una vida en mentiras carcomidas

¿Qué fue de la verdad, sino vil misericordia?

Infame y corrupta como esta sociedad malsana de prejuicios inverosímiles

¿Qué fue de la primavera de la vida? Sólo hojas resecas en agonía.



                                               José Chamorro, 17 de julio del 2016.

jueves, 14 de julio de 2016

Amor invernal. (Cuento)



         Llegaste a mi vida como cae la lluvia de invierno, sin demora a su debido tiempo. Era una fría tarde que trastocaba hasta el alma, pero ahí estabas tú, impasible en el asiento de al lado del bus, aguardando a partir. Sólo atiné a sonreírte y decir que me sentaría a tu lado. Al atravesar ese breve espacio que separa dos asientos de un bus, el roce de nuestros cuerpos me produjo un espasmo electrificante, como si el universo se hubiese alineado en ese instante para que nuestras vidas y cuerpos se encontraran en ese preciso lugar. Ahí supe que no sería como cualquier viaje.

Destinados como si nuestras vidas estuviesen impresas desde siglos, en esa espera constante nos encontramos como si nos hubiésemos buscado donde un viaje no premeditado nos unió. Tu silencio comunicaba palabras deseando ser pronunciadas, por ello decidí empezar la conversación, sin presiones, ni palabras pensadas, sólo deseaba escuchar tu voz y conocer más de ti. Me dijiste que viajabas a Chillán y yo sin dudarlo, apunté: -Ése también es mi destino.- Y desde ese momento, durante el viaje no paramos de hablar de nuestros sueños, vivencias, anécdotas, de la vida, el amor y la muerte. Parecía que nos conociésemos de toda la vida y este viaje nos hubiese aguardado para reencontrarnos. Por primera vez en mucho tiempo sentí que me podía volver a enamorar, luego todo fueron situaciones superpuestas unas a otras, como un mosaico artístico.

La cercanía que manteníamos hizo que nos apoyáramos el uno sobre el otro y al llegar la despedida, tus labios marcaron esa melodía encantadora de quién se sabe amante, furtivos tus besos rozaron mis labios esperando correspondencia, enjuiciados nuestros actos eran aguardados por nuestros cuerpos, que a gritos clamaban poseerse, sentir la calidez de los instantes prófugos de dos amantes que se conocieron en otra tierra, en otros lugares. Eran dos jóvenes almas a la espera de un amor sin límites, enamorados por los versos de esa lluvia cuyas gotas inventaban poemas, nocturnos, claroscuros, ausentes de melancolía. Todo eso fue pasado.


Ahora estabas tú, mis manos acariciando el ápice de tu boca, mis brazos entrelazados por toda tu humanidad frágil y maravillosa como la juventud. Alcancé a pronunciar con el hilo de mi voz un te quiero, un ¿te volveré a ver mañana?, se me escapó agónico. Mi corazón latió rápido vaticinando tu respuesta. Exclamaste un sí de correspondencia, que fue el inicio de nuestro romance invernal. El bus seguiría su marcha, debía volver a partir. Me bajé con la convicción de reencontrarnos al día siguiente para hacernos camino por la ciudad.

Autor: José Chamorro, 14/7/2016 

domingo, 10 de julio de 2016

Sentimientos encontrados.


Las emociones desbordan incontrolables a flor de piel, se deshacen intranquilas

Las imágenes representan sensaciones y emociones encontradas

Los sentimientos padecen contrariedades de amores inconclusos

Las elecciones escapan a mi voluntad, la vida acompaña mis circunstancias

El corazón no responde a razones que a vaivenes dictamina su sentencia universal

Aguardo tus palabras, un te amo y un te quiero olvidado por los años

Mis ojos prófugos del alma, te observan a la distancia, te ven en la lejanía

Desean poseerte nuevamente, tenerte junto a ellos, pero tú permaneces impávido

Como una estatua de mármol, pétrea en tu contemplación

¡Qué distancia nos separa! Siento y presiento un adiós silenciado

Cauto y fugaz como el último suspiro de una estrella en el horizonte  infinito

¿Acaso me amas?, ¿Acaso me olvidaste?, ¿qué fue de esos instantes vividos?

Lo somos todo y somos nada, eres la razón de mis días en esta pasajera existencia

Renacimos para amarnos sin juzgarnos en el rincón de nuestros ayeres

En la monotonía de una vida que clama otros amores, decisivos y comprometidos.

11 julio 2016

Autor: José Chamorro

Amor invernal.



Llegaste a mi vida como cae la lluvia de invierno, sin demora a su debido tiempo

Destinados como si nuestras vidas estuviesen impresas desde siglos

En esa espera constante nos encontramos como si nos hubiésemos buscado

Un viaje no premeditado nos unió, tu silencio comunicaba palabras deseando ser pronunciadas

Tus labios marcaron esa melodía encantadora de quién se sabe amante

Furtivos tus besos rozaron mis labios esperando correspondencia

Enjuiciados nuestros actos eran aguardados por nuestros cuerpos

Que a gritos clamaban poseerse, sentir la calidez de los instantes prófugos

De dos amantes que se conocieron en otra tierra, en otros lugares

Eran dos jóvenes almas a la espera de un amor sin límites

Enamorados por los versos de esa lluvia cuyas gotas inventaban poemas

Nocturnos, claroscuros, ausentes de melancolía. Todo eso fue pasado

Ahora estabas tú, mis manos acariciando el ápice de tu boca

Mis brazos entrelazados por toda tu humanidad frágil y maravillosa como la juventud.


10 julio 2016

Autor: José Chamorro


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