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martes, 3 de marzo de 2020

El hombre que decidí amar.


¿Cuánto pesa el amor en el alma? Quién ha amado, sabe que el corazón, el sentir y todo su cuerpo se hace uno con la experiencia del amor. ¿Cuándo nos gana la razón, el pensamiento? La vida está hecha de momentos dulces y agraces, pero el verdadero amor es donde hemos entregado tanto por el ser amado, incluso más que por nosotros mismos. Donde hemos hecho desvelos, acompañado y aún más, decidir ser parte de la vida de otro, a quién de ser un completo desconocido, comenzamos a desentrañar sus misterios, sus sentimientos más profundos e incluso los desgarros del alma. Cuando se ha amado tanto, más allá del plano físico, ese ser se vuelve parte de tu vida, de tu aliento vital, a quién necesitas amar, porque tienes la certeza de que él también te ama. Sin embargo, en la vida no podemos pasar sin aciertos y desaciertos; somos seres incompletos que cometemos errores, pero que solo el amor nos salva.

El amor, en su entrega, es capaz de sortear las dificultades, porque éste es el único sentir que nos hace libres, auténticos enamorados del arte de vivir. Inclusive, en aquellos momentos, llamados “penas de amor”, te logras percatar de la belleza de aquel sentimiento, que te solivianta a un estado de mayor felicidad, plenitud y anhelo. Cuando te sabes amado, todo en la vida, te sonríe, te canta e ilumina tus ojos y enciende el alma. No hay mayor certeza que cuando amamos, nada igualará al dolor de la pérdida, por ello, la magia de amar no está en el apego o aferrarse a la persona amada, sino en conectarse con su esencia, con aquello que trasciende los momentos y los recuerdos, con sus gestos, sus actos, su mirada y en la verdad que transmite su alma.

Para Alfredo Fernández, al hombre que decidí amar.
Copiapó, 4 de marzo 2020.

viernes, 28 de febrero de 2020

Carta a un extraño.


Carta a un extraño:

He pensado las mil y una formas de comenzar esta carta, sin embargo, ninguna dá en el clavo en sentimientos y contrariedades. De lo único que tengo certeza es de que lo amé. Con el tiempo he comprendido que no existe solo una forma de amar y/o demostrarlo, por el contrario de lo que nos suelen vender los libros de autoayuda emocional. El amor se siente en cada acto y vivencias compartidas por aquella persona que dió por ti, más de lo que ha dado por otros o por los que incluso uno brindó tiempo, desvelos y angustias. No obstante, quién ama no piensa en aquello como un afecto al que se debe entregar recíproca devoción; más bien sabe que él con su amor transforma, libera y los momentos junto aquel ser amado se eternizan en la memoria de los años.

Sé que al mirar al pasado, nos damos cuenta al fin a quién tuvimos a nuestro lado y aunque una relación amorosa llegue a su término, la felicidad, por muy evanescente que haya sido, aunque durase un día, una hora o un instante, valdrá la pena haberla vivido. Somos seres destinados a amar, por ello nos encontramos en búsqueda permantente. Sin embargo, las más de las veces solo nos quedamos con las sombras de la luz que irradia amor.

Esta carta es una invitación a amar, no por satisfacer meramente las necesidades de la carne, sino que sobretodo por trascender a través del otro, sublimar el sentimiento de amor a un estado de plena consciencia y bienestar. El amor jamás daña, sino nunca fue amor. Es en estado puro la esencia de sí mismo, que ni las palabras más precisas, jamás lograrán describir. Es un magnetismo que se percibe en el ambiente, en las miradas cómplices, en la caricias, en el estar aun en la distancia física y en el recuerdo; por ello quiénes han amado, incluso más allá de la muerte, ese sentimiento permanece, porque no es el ser físico lo que se amó, sino su ser íntegro, en el aspecto emocional, espiritual y en el plano terrenal.

Solo el amor sana las penas de amor; pues quién amó, sabrá reconocer la sinceridad del sentimiento en el otro, cuando ese sentir se haga presente.

José Patricio Chamorro.
Copiapó, 29 febrero 2020.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...