Aún no sé si creo en la pre-destinación y menos aún en el destino, no obstante, lo que he ido viviendo en mis cortos veinte años, al parecer formaba todo parte de un plan, lo veo desde la educación que recibí, de un nivel muy alto por lo demás, hasta el hecho de que me tocó vivir en casa de unas tías, donde el trato radicaba básicamente en no hablarnos –obviamente no me entendían, la cultura era distinta y por qué no decirlo, la inteligencia- lo anterior me ha enajenado un tanto del lado de mis padres, donde si bien los amo, sé que con ellos no puedo satisfacer mis inquietudes de índole intelectual, por ello migro y viajo errabundo, sin sentar raíces de forma fija y estable. Pese al sufrimiento ahí vivido, aprendí varias cosas, sobre todo a valerme por mi cuenta, he quebrado relaciones inter-personales, ya que siento que con muchos ya no voy a la par y tal vez nunca lo fui, pero hay que seguir nuestro propio camino y en ello me encuentro. Por otro lado, de la casa de mis tías, llegué
El monte parnaso es el olimpo de los simbolistas No soy iconoclasta ni falso adorador de egolatrías Enamórate de la soleada claridad del día Invierte el tiempo, traspasa generaciones Sumérgete en la torre de marfil, lee, escucha y escribe lo que ves No te calles, lo peor que puedes hacer es silenciarte Tan sólo entra y serás bienvenido en mi torre de marfil No preguntes por mi nombre, ya lo sabrás de antemano Sólo sé tú, sigue tu camino y me encontrarás, si me estás buscando.