lunes, 23 de diciembre de 2013

El itinerario de estar en el mundo en una temporada de diciembre.



Hoy ha sido un día para recomenzar a entender el mundo, su funcionamiento, su devenir, su hacerse y deshacerse, en estos momentos me encuentro en la calurosa ciudad de Chillán, con lo que uno podría catalogar como un calor infernal y como es costumbre y habitual, inicio mi día con el ímpetu de asimilar nuevas experiencias. Ayer viajé rumbo de Santiago a Chillán, entremedio de un gentío hostil y abrumador, que en cualquier ciudad en la que te encuentres no podrás transitar tranquilamente por sus calles, pues el atiborramiento alcanza lindes inusitados. Las festividades son convencionalismos y no hay mayor gozo, que disfrutarlas con tus seres queridos, con aquellos con quiénes se es feliz, más que mal, tu familia. En fin, luego de cinco horas eternas en bus, llegué al hogar de mis padres, mi casa, donde voy y vengo continuamente a reencontrarme con mi tranquilidad interior, a esperar los atardeceres e imbuirme de nuevas experiencias de escritura. Sé que nadie conoce, ni llega a un determinado lugar al azar, qué lo que tal podemos denominar a simple vista, una mera coincidencia, no es tal, pues este mundo posee más dejes de misticismo y magia onírica, que cualquier otra realidad. Así fue que me dirigí esta tarde rumbo a visitar galerías de arte y terminé en una exposición de Un Diálogo Intersubjetivo, donde intenté compenetrarme con los cuadros que en aquellas amplias galerías se exhibían, después me propuse recorrer las calles tantas veces recorridas de esta ciudad chillaneja, que en pleno furor, me llevó hasta la sala contigua de la Escuela México, donde también se exhibían obras de arte, en fin, puedo darme por satisfecho, ya que hoy suplí mis anhelos de empaparme del arte tantas veces despreciado por una sociedad de capitalismo y consumo, sin embargo y quizás menos paradójico de lo que pensaba, en ambos lugares me encontraba principalmente solo, como un alma solitaria que busca en medio del ajetreo citadino, reencontrarse con aquello “otro” que ni el mundanal ruido, ni el caos que embarga las calles de esta ciudad malsana, te puede entregar.

                No menor fue lo que me pasó en el intertanto, pues buscando algo que llamase mi atención, fue que en mi visita entre aquellas dos galerías, en la mitad de mi recorrido, me fijé que había un hombre leyendo el tarot, primero se lo leyó a dos hermanas y luego me aproximé y me lo leyó a mí, estaba un poco ansioso por la lectura, me dijo que se llamaba Sergio y que le hiciera tres preguntas con un aporte voluntario, así que le pregunté por la persona que ha rondado mi mente y pensamientos este último tiempo, quería saber si aquello que sentía, amor o enamoramiento era correspondido y me dijo algo que suponía, pero que no dejaba de ser cierto, que si había esperanzas de una relación, dependía de un 70% más de esa persona que de mí, que ante todo se debía a aquella, no tenía resueltos sus propios dramas emocionales, que necesitaba ser escuchada y resolver su propio pasado, todo lo cual, fue precisamente lo que logré captar y absorber de aquél antes de mi venida a Chillán y un poco más prolongada estadía. Que su mayor recomendación era, que me siguiera conociendo un tiempo más con esa persona, para lo que al menos necesitaríamos otros seis meses, puesto que nos encontrábamos en una situación de si nos veíamos bien y si no nos veíamos, estaría bien igual, pero que se debía crear el clima propicio de intimidad, de conocimiento mutuo, en los distintos planos de una relación de pareja, en escucharnos, saber qué siente cada uno, conocer nuestras emociones internas y compartir, al fin y al cabo la intensidad de nuestras interacciones personales, es decir, que se estaba convirtiendo en una puerta abierta al destino, una posibilidad, ante lo que preferí y no me gusta aquella decisión, dejar en manos de la otra persona, nuestro propio destino, que más que mal tras un intenso año, que ya llega a su punto culmine se vivió como una relación de pareja, donde faltan nuevos encuentros, salidas, recorrer el mundo juntos, conocernos en este conocer lo que nos rodea, a ver hasta dónde llegamos y qué nos vamos encontrando en el camino, incluso tal vez nosotros mismos seamos capaces de hacer nuestra vida una felicidad inestimada, sé que piensa en mí y tal vez la lejanía por una temporada nos haga bien a ambos, ya que la monotonía del diario vivir, a veces aniquila la pasión de los instantes.  

sábado, 21 de diciembre de 2013

Mis sueños y la escritura.




Mis sueños y la escritura, como hace ya un par de años, me he propuesto volver  a escribir mis sueños, generalmente los recuerdos en los períodos más álguidos de creatividad intelectual, donde ante cada nuevo amanecer mis ojos se sobresaltan y mi mente y cuerpo se activan, para levantarme de improviso y comenzar el día. En efecto, he tenido todo tipo de sueños, algunos idealistas, otros auguradores, dependiendo de dónde me encuentre, pues es claro, lo que vivimos en el día a día, lo que leemos y escribimos, inclusive de quién nos rodeamos y el lugar en el que habitamos, inciden en nuestro comportamiento onírico, ya sea la añoranza de nuestros deseos más profundos, de asir aquellos recuerdos de nuestro pasado, de que en alguna oportunidad vivimos aquello que nuestra mente atesora, con mayor razón para quiénes trabajamos con nuestro intelecto, pues es nuestro modo de conocimiento de mundo, de captar a través de nuestros sentidos y percibir la vida misma, la luminosidad de los rayos de sol, que atraviesan nuestras pupilas. En los sueños están presentes nuestros más recónditas ansias, ¿Qué se desea?, ¿El sueño no es el primer paso a la muerte y al fin de un día ya desvanecido? Desde hoy me propuse retomar la tarea de anotar y describir mis sueños en esta máquina escrituraria que es mi computador personal, más que mal algunos van desde mi casa de la infancia, la de mis amigos de aquella época de mi vida, de mi colegio y su inmensidad, pues la enormidad de éste, sus bibliotecas, pasillos y capillas, son un tópico permanente en mi itinerario onírico, a veces se me confunde aquello que fue vivido, con aquello que nuestra mente recea para dar cuenta de lo que ella quiere creer, por ello escribo, para dar el testimonio verídico de aquello que quizás en ciertos momentos la mente puede jugarnos una mala pasada, al menos hasta ahora mi mente se mantiene con la lucidez de costumbre, con aquella que me permite retener palabras, sentidos y significaciones, que me perite enamorarme desinteresadamente y proyectarme en el futuro, es aquella mente que encausa mi vida, mi memoria, mis recuerdos y sensaciones más íntimas, la mente humana es la más brillante de las creaciones, por ello se ha convertido en una intriga, un misterio y enigma a descifrar, cada vez que vuelvo una y otra vez sobre este tema, me hago la misma pregunta, ¿Cuál es la naturaleza de los sueños?, ¿Cuánto de mí mismo y de otros puedo conocer como soñante y recepcionante onírico? Al fin y al cabo, la palabra y las imágenes son las directrices de cada acto que realizamos en el estado diurno y en la inconsciencia de estar sumidos en un estado de vigilia.

Desviándome del tema y tal vez, haciendo una digresión, pienso en la vida y sus caminos, que este año pude confirmar de múltiples maneras, pues sin duda alguna estamos interconectados, no sólo para acudir a aquellos lugares donde necesitemos satisfacer nuestras necesidades recurriendo a un servicio, sino que cada nuevo día es una manera de comenzar a vivir, de depositar nuestras ideas por escrito, de conocer otras realidades y transformar la propia, cada vez creo que empiezo a conocer y reconocer los tipos humanos, la manera en cómo funciona el mundo y los sueños son una manera y forma que ayuda a tener una mejor comprensión de éste, pues lo interior se proyecta en lo exterior, lo uno en lo otro, así aquello que hemos soñado es la manifestación latente de cómo nos relacionamos con el mundo, es por esto que estoy dispuesto a vivir, a fluir vitalmente y estar en aquellos lugares donde hayan psinergias energéticas. Uno a lo largo de su vida, pierde la cuenta de los lugares que visita, los temas a los que recurre, las personas a las que conoce, las palabras que pronuncia y los lugares que habita y aquellos a los que retorna, en este flujo permanente de ires y venires que es la vida, ya que en un momento podemos estar en lo más encumbrado de la vida y al suigente en el haberno, por ello nuestra mayor seguridad es nuestra propia vida, el saber que existimos y que hacemos algo por seguir haciéndolo, sin detenernos, la vida fluye y nosotros con ella. 

Un día de caminos inconclusos y de posibilidades abiertas.



Un día de caminos inconclusos y de posibilidades abiertas, así creo que puedo definir la serie de acontecimientos y sucesos repentinos que me sucedieron ayer, estaba en casa, la noche iluminaba mi llegada, comenzaba a planear lo que sería de mi vida los próximos días y entre decisiones, revisión de poemarios y posibles proyectos, comenzó a sonar la alarma de la casa del frente, una casa amplia, de la que pude desprender trabajaban y pertenecían a los dueños de una productora, todo ello ocurrió en la calle Galicia con los Talaveras, séctor bastante tranquilo, pero que para mi sorpresa y como moneda corriente en Chile, había tenido un intento frustrado de robo, pues bien, lo que pensé sería una noche tranquila, inició de una manera inesperada, con vecinos aproximándose, con un afán de hacer vida en comunidad, de preocuparse del otro, de quién vive en tu entorno, saliendo del individualismo rutinario que caracteriza a nuestra sociedad. Así ese día pude conocer a los vecinos, que a estas alturas, ya me deben más que reconocer, pues suelo caminar, pensar y meditar por los alrededores, buscando ideas de escritura y quizás escudriñar ese momento de inspiración, que a veces llega cuando uno menos se lo espera, a pesar que llegado este punto, prbablemente pueda escribir en cualquier lugar del mundo en que me encuentre y, sin embargo, pese a todo, logro abstraerme. Luego, después de unos cuantos intercambios comunicacionales sobre lo ocurrido, junto a un amigo, compañero, estuvimos, ya que fuimos testigos de la situación, dando a conocer lo visto con la patrulla que llegó en ese momento y con los dueños de casa, que estaban impactados.

Después, tras al parecer haber hecho la buena acción del día, terminé recorriendo el boulevard de Plaza Ñuñoa, tomando un típico té burgués, en una taza de porcelana, con una conversación que se extendió por horas, reflexiones de la vida, de cosmovisiones, de política, pero ante todo, me sirvió para conocer más a mi amigo, que acompañó durante nueve meses mi estadía en esta parte de la ciudad, me abrió los ojos ante una realidad que a veces desconozco, pues suelo ser una persona de ambientes tranquilos y no moverme del todo en el mundo nocturno, ya que no me gusta inundarme de esas energías que inundan mis pensamientos de negatividades, me gusta mantener mi esencia intacta, aún creo que se puede ser inocente en este mundo.

                José Patricio Chamorro, 20/12/2013, Ñuñoa.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Amar y vivir como escritor.



Tengo 22 años y aún no aprendo que no debo enamorarme, entregar toda mi interioridad de una, que el tiempo te termina enseñando que es preciso dejar el tiempo pasado atrás y las cosas como estaban, quizás como si aquella persona que se cruzó en tu camino, jamás hubiese existido, me es triste y me acongoja en demasía esta realidad, pues creía que me había enamorado, pero fue nuevamente de la persona equivocada, de un tiro al aire, de alguien que mira por su ego personal, por sus propias proyecciones e ideas, de un ser individualista, más que mal vuelvo a estar solo, sin embargo, las experiencias quedan y yo no olvido tan fácilmente, jamás me ha gustado deberle algo a alguien y menos y con mayor razón aún a quién no vale la pena y que es capaz de verte como un objeto de su propiedad, de quién paga por vivir y que le sirvan en bandeja. Mi estilo de vida es la de un escritor, mi residencia este año ha sido intensamente productiva, perdí la cuenta de los libros leídos y lo vivido, las tazas de café vertidas, pero descubrí algo, a entender mejor la mente humana, que cada cual busca suplir sus propias necesidades y satisfacer sus sueños y anhelos, que no soy servidor de nadie, que soy dueño de mi propia mente y pensamientos, que no por nada me educo a mí mismo, con un auto-didactismo que supera con creces mis propias experiencias, que procuro mantener la lucidez de mi mente y de mi escritura, de crear y recrear el mundo con mis propias palabras, más que mal la realidad que construimos la hacemos a diario y según cómo dirigimos lo que pensamos y decimos, todo lo dicho y vivido, ya constituye parte de nuestro pasado, a veces una conversación procura matar el tiempo, llenar el vacío y ocio existencial, me considero existencialista y vitalista, alguien que está dispuesto a vivir la plenitud de la vida y que las energías que me rodean, sean lejos las mejores auguradoras, procuro alejarme de aquéllos que absorben mi energía, soy joven y mi vitalidad se la entregaré y compartiré con aquellos que de verdad se la merecen, no con quién esté dispuesto a verme como una mercancía, pues mi esencia es personal, la he construido con el pasar del tiempo, mi aura guía cada acto de mi vida y escritura, mis energías se elevan por sobre mis hombros y quedan plasmadas a través de cada palabra que emito, escribo y pronuncio, con cada libro que pongo sobre mis manos, con cada café que sorbo y con cada alimento que ingiero, la energía es un fluir vital, yo estoy en continúo movimiento, jamás quieto, sino impaciente por el mañana que se aproxima, vivo en el hoy y el despertar del mañana, este día ya cae en su ocaso, en cambio el amanecer postrero ilumina la senda de mis pensamientos, guía mis próximas decisiones y actos más puros.

                Aún creo que el amor terminará tocando a mi puerta, quizás lucharé por uno que valga la pena, que yo mismo sea capaz de validarlo, sólo debo confiar en mi fuerza e ímpetu, en atreverme a vivir con la libertad y libre albedrío que me caracteriza, soy un joven escritor, dispuesto a aprender de los demás, a conocer otras visiones y perspectivas del mundo, esta noche escribo en la aburguesada casa en la que habito, que me ha enseñado de las dobles caretas, el juego de las máscaras sociales, la apariencia y el guardarlas, cuando en verdad nadie hace nada por ti, más que tus seres queridos y por ello hay que vivir la vida, continuar los nuevos desafíos y proyectos personales. No olvido quién soy, más al contrario, mi orgullo más grande es ser yo mismo, pues nadie podría estar en mi mente, ni en cada nueva idea que me surge y que se vuelve inasible, que si bien procuro registrar, así como lo hago con cada huella de mi existencia, dado la evanescencia misma del lenguaje, se evaporan espúreas en el aire, nadie me puede arrebatar mis palabras, es mi voz propia, mi propio sentir.

                Me gusta la casa que habito, quizás me quede otra temporada, aún no lo decido, sus paredes amarmoladas y sus pisos embadurnados, el viento que traspasa por la ventana, el oxígeno que penetra mis pulmones y la naturaleza que para contemplarla, me basa sólo asomarme, me encuentro rodeado de energía vital hacia donde mire, la naturaleza es sabia e incluso el destino lo es, quizás llegué hace nueve meses casi en su exactitud al lugar que en estos momentos habito, porque la vida me tenía preparada nuevas experiencias y sorpresas, conocí a dos seres de inteligencia poco común, de ambos aprendí, de sus personalidades y mundos personalidades, al fin y al cabo, cada cual rehúye de sus propios fantasmas, como bien señala Goya, yo no sé de qué, ni de cuáles rehúyo, no obstante, poseo mis miedos personales, quizás el mayor de todos, el fracaso, pero hasta hoy he sido feliz y sin duda el éxito nada lo puede comprar, ni la felicidad que siento y me invade con el sólo hecho de ser yo mismo, a mis 22 años y próximo a dejar un año viejo atrás, con cientos de esperanzas por el porvenir, ya no muy lejano, estoy dispuesto a seguir luchando, a llegar tan lejos como mi voluntad y destino me lo permitan. Hoy me encuentro en este espacio, mañana, es probable transite por otros lares, pero en cada lugar en el que me he situado he dejado mi huella, mi energía vital plasmada, con mis deseos y anhelos y eso nadie me lo puede arrebatar, ya que mi mente dirige mi cuerpo y estaré siempre donde quiera y deba estar.

                                                                                              José Patricio Chamorro, 19/12/2013, Ñuñoa.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La compulsividad de la escritura.




La compulsividad de la escritura, más que un título a los pensamientos que me han envargado en el último tiempo, es una retahíla y superposición de sentires ante la vida, que me conllevan a la pregunta, no menos existencial de por qué escribo. Quizás escribo porque estoy vivo y siento lo que pienso, me encuentro en la madrugada de un 5 de diciembre, tantos escritos detrás, tantas palabras dichas al viento, experiencias compartidas y, sin embargo, la vida continúa, las experiencias suman y siguen, nuevas expectativas, nuevas experiencias compartidas junto a otros e instantes desvanecidos que conservo en mi retina y en la voracidad de mi memoria. Sin duda alguna he escogido tener mi propio espacio personal para pensar, meditar y cavilar las ideas que entrecruzan los recovecos de mi mente, a ratos las comparto con quiénes he de compartir un momento, un instante fugaz de la vida antes de caer en la inconsciencia de la frágil memoria, escribo para no ser menos, quizás por las inseguridades de un escritor ingenuo, que cree comprender el mundo, pero que su misma vastedad lo hacen perderse en sus panópticas incongruencias, escribo de forma libre, dando rienda suelta a mis pensamientos, escribo con el fluir y confluir de la compulsividad y circularidad vital de las propias palabras, mis palabras, que se crean en la sinapsis de mi mente, transportadas por el pensamiento, para pronunciarse en el ápice de mis labios. Bullendo enérgica desde mi boca, con una voz ronca y propia de un joven que ama la vida, que la concibe como a un amante, donde las caricias y la comprensión se traducen de a poco, en la lentitud y calma de quién se sabe victorioso en la afrenta, en quién siente más de la cuenta y que se ha enamorado perdidamente en sus propias sutilezas, yo no soy el mismo de ayer, no obstante, el pensamiento anterior, derivó en acción y los pasos que he dado a diario, siguen sin detenerse, la vida se arma y desarma a diario, hoy puedo estar en un cierto lugar, con más incertezas que certezas en sí mismas y mañana puedo encontrarme tan lejos que ni aún lo puedo imaginar. Pero sobretodo sé que amo la vida, cada suspiro y hálito que ésta me otorga, cada nuevo desafío que se me cruza por delante, cada nueva experiencia que se convierte en un influjo y que me invita a continuar, sin parar, siempre pensando en un mañana, pero sin dejar de vivir el presente. Puesto que sé que éste jamás se volverá a repetir y que aun los testimonios, las grabaciones, los registros audiovisuales y la propia experiencia de compartir córporeamente en vida junto a otro/s, alcanza una grandeza sin igual.

Cada persona es una esencia en sí misma, un flujo energético, nosotros mismos estamos en constante movimiento, a veces aquella energía es potentísima y latente que nos embriaga, que aniquila los ambientes, que los energiza y revitaliza, que hace suyo los metros cuadrados del que un día nos dispusimos a habitar. El pensamiento y la materialidad de éste, que se extiende en cada acto que realizamos, a veces es intangible e inmaterial, pero está ahí y es el resabio de que hemos vivido o al menos que nuestra propia existencia no ha sido, ni será en vano, constituye nuestro motor de búsqueda vital, el reencuentro con nuestra propia interioridad, al fin y al cabo, con nosotros mismos.

               José Patricio Chamorro, 5/12/2013, Santiago de Chile, Ñuñoa.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Reflexiones de la vida en una tarde de diciembre de otro año que se desvanece.



Se acerca el fin de un nuevo año o quizás, ya viejo, con más experiencias de vida en el cuerpo, más libros leídos y más energías consumidas y proyecciones, acciones hechas y ejecutadas, a veces intento comprender el mundo, pero éste siempre termina por desilusionarme más de la cuenta, sigo con la idea fija en mi mente, que éste en sí no está hecho para seres sensibles, que la naturaleza humana, tiende a la satisfacción de las necesidades personales, en un afán egotista, donde los esfuerzos personales y aquello en que empeñamos nuestras energías, de un instante a otro, pueden ser aniquilados. Mi vida hasta este día, ha tendido a dejar una huella escrituraria, dar testimonio a través de las palabras, he aprendido, pero tal vez, no comprendido, que quiénes se cruzan en nuestro camino, sólo buscan su propia subsistencia, nadie nos enseña a vivir, este arte se aprende en el camino, con fallos y victorias. He perdido la cuenta de los discursos efectuados, de los escritos pronunciados e impronunciados, el mundo se arma y desarma a diario, días tras día y noche tras noche.
El lugar en el cual habitamos, ya sea nuestro ambiente más cercano o el habitat mismo, que constituye el mundo, lo hacemos nostros, creando nuestro propio ambiente y espacio, según nuestra manera de ver y comprender el mundo, siendo la materialidad de los objetos no  más que una extensión de nosotros mismos, de nuestros propio deseos, que las más de las veces son frustrados e irrealizados, en fin, cada cual vive para sí mismo, es raro observar que hayan almas fraternas, dispuestas a ceder parte de su tiempo y esfuerzo a otro, para que éste sea feliz, inclusive la felicidad se compra. En lo personal, procuro todos los días despertar con una sonrisa y un gesto amable, una canción que conserve en el recuerdo de mi mente o alguna lectura sugerida o realizada a lo largo de mi vida. Hace un tiempo me propuse escribir casi a diario, como si aquella escritura fuese mi propio aliento vital y como si dejase la vida en ello, que al fin y al cabo, así, mi escritura, mi fluir de estados mentales y de consciencia están depositados en cada hoja que escrito y en cada escrito en que he depositado mis pensamientos y emociones. No me interesan los grandes beneficios materiales, prefiero quedarme con la riqueza espiritual y cultural, por el respeto por el otro, aquél que se ha cruzado en mi camino, que al igual que uno, está aprendiendo de la vida y haciendo su propio camino. Llevo cuatro años lejos del nido, de mi hogar, no obstante, he ido aprendiendo del mundo y cada día aprendo una nueva lección, a veces con desconfianza y otras con valor para continuar, ponerme en pie y seguir adelante, siempre lúcido, pues la vida está llena de sorpresar y es mejor encontrarse en la plenitud de nuestras facultades, que en los estertores de ellas, para disfrutarla como si fuese el último día de nuestra existencia.
En cada lugar que me encuentro, persona que conozco y ciudad que visito, procuro imbuirme de esas ideas y energías que los caracterizan, ya que cada cual es único e irremplazable, con sus propias inquietudes e interioridades, con sus propios miedos, traumas y alegrías. Sé que cada cual posee su propio historial de vida, que no hay una vida en absoluto que sea igual a otra, que somos el resultado de lo que hemos pensado, dicho y hecho, de las motivaciones que hemos tenido y de los seres que hemos conocido y que cada tipo humano es un eslabón a descifrar, algunos más tímidos, otros más ofuscados y rabiosos, intelectuales, en fin, diversos, pero que la apariencia que muestran/mos no es más que el reflejo de nuestro propio entorno, de lo que nos han dicho que seamos o lo que no debemos ser, del discurso impuesto por otro, del silenciamiento de nuestras propias palabras y el acabamiento de nuestras virtudes. Sin embargo, pese a todo, aún deseo seguir conociendo el mundo y que hasta el último día de mi existencia, mis sueños e ideales me hayan acompañado en cada respiro y en cada palabra pronunciada, que mis energías vitales no hayan sido en vano y que con mayor razón, el amor recibido, pueda ser compartido, porque no hay amor más puro que el de aquél ser que ama la vida y se inclina ante su majestuosa experiencia vivida.

En veintidos años es difícil creer que ya se conoce la vida, pero al menos se puede señalar que nuestras propias circunstsncias han conformado nuestro carácter y voluntad, que nos apasionamos por uno u otro detalle que se nos presente, que nos haga creer en nuestra propia individualidad, del amor, sólo sé que es mejor dejarse llevar y no planificar, vivir la intensidad del momento, puesto que nunca se vivirá de la misma manera, aunque estemos con la misma persona y aunque el tiempo pase y el silencio de una mirada nos refleje en el otro, causa unívoca de nuestro amor. De la vida, habrá que seguir recorriéndola, experimentándola y aprendiendo de otros y de nosotros mismos y de los sueños, más vale hacerlos diurnos y dejar que nuestra vida siga su curso, un pensamiento, una palabra, de la palabra, una acción y de la acción un sentimiento, hechos y verdades, arbitrios y circunstancialidades, lo que deseo para hoy, será la respuesta del mañana, en la vida, no hay marcha atrás, nuestro próximo paso, siempre es un paso hacia adelante y quiés por un instante han compartido nuestra vida, quizás se reencuentren con nosotros en las misteriosas huellas de las pisadas ya dadas, vivir y no subsistir, congelar los segundos de la vida, ése es mi lema de fin de año.

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