domingo, 27 de marzo de 2011

La vida en Santiago es un circo romano.



La vida en Santiago es un circo romano, fue lo primero que pensé tras mi incursión hoy en la tarde por los recovecos de aquella ciudad. En efecto, es un mundo o sub mundo, con agregado e inclusión de prefijos para quien sea entendido en el tema, o más aún como se dice actualmente, es una ciudad “tercer mundista”. Sobre todo aquella última frase se logra entender a cabalidad si la persona que lee el presente texto, ha permanecido al menos un día en este festín hecatómbico o, por qué no decirlo, que ha vivido su propia Odisea, al más puro y prístino estilo de Joyce. Así es mis estimados lectores, sin embargo, hay que desmenuzar y comprender cómo se vivencia este circo romano, paradójicamente, “moderno”. Basta aproximarse a una esquina tomar “la micro”, vocablo propio de nuestra sub cultura urbana, que nos deja entrever que desconocemos los cultismos latinos y que nunca conoceremos y apreciaremos nuestra lengua en sus maravillosos matices, pues causa una verdadera conmoción y aberración escuchar frases como ésas cuando conoces que su etimología alude en primera instancia a un sustantivo masculino, como lo es “microbús”, que además se torna todo un apócope. No obstante, lo medular, no es centrarse en el habla chilena en estos momentos, sino comprender la metáfora planteada en un comienzo.

 Pero me valdré para no alejarnos tanto, del ejemplo señalado, ya que justamente los romanos no se encuentran diametralmente opuestos de nosotros, pues palabras en el habla común y una infinidad de raíces lingüísticas se las debemos a ellos, por ende, no es del todo descabellado plantear que nuestra actual visión de mundo se puede asemejar a la de un circo romano. Remontémonos e imaginemos un día común y corriente en esta vertiginosa ciudad, que como el de todo ciudadano medio empieza dirigiéndose a su trabajo. He aquí un punto común en nuestra cosmovisión moderna de progreso, que ya no se reduce a una mera subsistencia, sino que siempre estamos en la búsqueda de un mejor status. Posteriormente, después de una ardua jornada laboral aquel personaje se dirige rumbo a su hogar, donde vivirá su batalla épica,  ya  que luchará con una serie de monos amaestrados que intentan subir a una lata de sardinas en un espacio equivalente a menos de un metro en su cubículo, valiéndose de sus destrezas físicas y verbales para lograr su objetivo, baste recordar las proezas que en ambos casos se producen, pues en más de una ocasión he escuchado un curioso improperio que va del “hueón” hasta el “conchasumadre”, que a su vez se le suman unos movimientos paraverbales que intensifican aquella verborreicidad. De partida, respecto a lo anterior es interesante analizar el fenómeno que se produce de cómo una palabra se ha incorporado hasta tal punto en el habla corriente, que a veces se torna sustantivada, otras adjetivada e incluso posee conjugaciones verbales. Baste el ejemplo de: “hueón”, que en primera instancia ya no hace alusión a un saco de huevos, que sería “huevón”, como existe boludo en Argentina, por ejemplo, que por otro lado a nivel sintáctico es interesante aquella sustantivación que recae en “hueón”.

Lo señalado con anterioridad es una nueva equivalencia con nuestro grandilocuente circo romano, pues no podríamos esperar que a un espectáculo del vulgo, nótese la derivación en la actual palabra “vulgar”, nos encontrásemos con un Cicerón o un Ovidio, sino que simple y llanamente asistían a aquellos espectáculos principalmente gente de la plebe, lo que no quita que no asistieran personas de la alta nobleza. Pero lo trascendente se encuentra en que justamente aquellos individuos no hablaban el latín cultivado, sino que eran tan ingeniosos como los actuales monos amaestrados. Por otro lado, es menester que regresemos a nuestro hipotético caso de aquel ciudadano medio, puesto que éste desea llegar finalmente a su destino, que es su hogar, anhela al fin descansar. No obstante, esto no será así, ya que cuando procure vivir una reunión familiar post once, ésta inevitablemente irá acompañada de nuestra mejor amiga, “la televisión”.

Analizar a nuestra querida amiga, es complejo, lo que no se debe precisamente a su contenido intelectual. En efecto, en promedio tipo 8 pm, los canales de la televisión abierta conjuntan su programación para mostrarnos telenovelas, lo cual me evoca géneros tan antiguos como lo son la comedia y la tragedia greco-romanas, que en innúmeros casos sobre todo en la hermosa ciudad ateniense de Grecia antigua, eran exhibidas al público general en las dionisiacas (festividades al Dios del jolgorio y la vendimia). Lo precedente es otro rasgo más que nos vincula con nuestros sub estimados amigos de antaño.

Finalmente nuestras libaciones y hecatombes culminan aquel día con el noticiero habitual de las 9 pm, donde nos deleitaremos con las temáticas de costumbre, muertes por doquier, como verdaderos gladiadores, asaltos, robos a mano armada, guerras al estilo de lo que fue la gran Batalla del Peloponeso y así una sucesión de noticias que en el último cuarto se abocan a encantarnos con el apasionado fútbol, cuyo estadio y forma de éste, se lo debemos también a nuestros camaradas romanos y su bien estipulado Coliseo. Así que amigos míos, los invito a seguir siendo partícipes de este circo romano y si aún no lo han vivido, nunca han permanecido un día en Santiago.

Garcia marquez

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