viernes, 11 de diciembre de 2009

¿Dónde están los recuerdos?




¿Dónde están los re-cuerdos?,
¿Dónde ha quedado la esencia de mi existencia?
Quiero volver a sentir, quiero volver a amar
No quiero olvidar mi pasado, quiero encontrar mi verdadero yo
Sin olvidar la inocencia de aquel niño que su u-topía vivió
Quiero re-encontrar mi alegría, pretendo ser libre
Y alcanzar el ideal de
 ARMONÍA
No quiero vivir en la amargura,
sólo aventurarme en esta vida, que es tan sólo una.


Nostalgia, cruel y des-piadada como tú no hay ninguna
Eres capaz de invadirnos y clavar con afilado brío nuestro corazón con tu espada
No dejaré que domines mi existir, relegada estarás como un animal abyecto
No dejaré me sumerjas en estados de sopor e in-fortunio alguno
Nostalgia, te aborrezco

¿Cómo vivir sin decaer en tu manto de penumbras?
Nostalgia, tú que entristeces el alma con la aflicción de tu tormento
                        No te olvides de este profeta sediento de recuerdos y anhelos.                       
                                                                                             


lunes, 12 de octubre de 2009

Flor de otoño (Extracto)


Martes 25 de abril

Hoy me ha sucedido un hecho muy especial, tanto así que sólo evocarlo me hace sentir aquellas fragancias aterciopeladas de una chica que a su vez era todo un misterio. No lo digo sin fundamento, puesto que bastaba sólo contemplar su andar grácil y apacible para saber que era una chica poco común, quizás incluso un ángel caído del cielo y por qué no decirlo, una diosa en su esplendor eterno.



Han pasado tres años desde que la conocí, jamás olvidaré el nombre de aquella flor que inundó mi vida de esperanza, pero que el destino implacable se encargó de apartar, son innumerables los sentimientos que viví en su búsqueda, se tornan perennes los recuerdos del instante que la vislumbré. Fue en una época como ésta donde percibí los vestigios del amor, una felicidad inocente me embargó en aquel período, el que a su vez estuvo marcado por la ruptura, la que inevitablemente me llevó a la nostalgia; una desavenencia de la vida, que se produciría después de una incesante búsqueda, que me deparó a los infaustos brazos de la muerte.


Fue el frío atardecer de otoño el que condujo mi vida por sendas inusitadas. Fue aquel veinticinco de abril cuando escribí en mi diario de mano los sentimientos que provocó aquella inesperada mujer que apareció en mi vida y que cambió mi sentir, mi forma de pensar y más aún, mi modo de amar. Antes de conocerla nunca había experimentado tales sensaciones, no sabía que era capaz de entregar todo mi existir por alguien que sólo había visto una vez, pero que caló hasta la profundidad de mi alma con su mirada. Bastó contemplar sus ojos para saber que ella era el complemento perfecto para un corazón que se había preparado durante toda su vida para amar, un corazón desahuciado y condenado a amar irremediablemente hasta el último soplo intermitente de vida y que había sido acompañado por siempre de unos sentimientos tórridos, que eran capaces de arrasar y traspasar las barreras del mundo y la vida si era necesario, por el solo hecho de sentirse correspondido, aquél fue un amor que tuvo su encuentro en los reveses del destino y su quiebre en el hálito de un abismo. Fue una felicidad incorpórea, que sólo duró lo que la inocencia de un púber al despertar a la adolescencia, había creído en aquel entonces que el amor todo lo podía, que triunfaría ante cualquier obstáculo, pero nunca entreví la fatídica muerte y cómo ésta puede arrebatarte aun lo que más quieres.


Observo cada palabra escrita a la sazón de ese momento inmemorial, se me aglutinan una vez más en mi mente todas las sensaciones vivenciadas en un tiempo que me parece fuese el de ayer, se vaticinan pasajes de mi vida, se me presentan tan vívidos como se me han manifestado siempre desde que la conocí, siento cómo eran mis paseos de antaño, presiento la configuración de mis pasos, mi adosado andar que se dejaba conducir por la costumbre, advierto las calles continúas a la plaza de armas, en lo que era mi típica rutina de otoño, una estación muy triste, que su permanencia es capaz de amargar a cualquiera. Quizás para ciertas personas sea una estación ordinaria, que transcurre igual que los monótonos días de su vida, pero para mí no lo es, en efecto, el otoño es una época desoladora, donde la naturaleza tortuosa padece los estragos que el viento ocasiona, es un tiempo repleto de congoja donde los gorjeos de las aves se tornan consternados, donde el último pétalo de rosa se deshoja y con ella la esperanza del amor se esfuma.


Antes de aquel extraordinario encuentro que cambió mi vida, no creía en el amor, pese a ello me habían embargado durante cada milésima de mi existencia, profundos sentimientos que me motivaban a querer conocer aquello que ansiaba con mucha avidez, pero que aún no se había dado la ocasión de experimentarlo, por eso sentía que aquella mujer, representaba a todo el género femenino, era única, pero a la vez lo era todo. Ella venía a llenar la oquedad de mi corazón, incluso más, acrecentaba toda mi experiencia, que en concordancia con la de ella, constituía una unión indisoluble. Sin embargo, la vida te enseña a comprender que todo lo idílico posee un final y que el tiempo es efímero tal ocaso de estrella fugaz en la inmensidad del firmamento. Además, siempre había pensado que el amor, era una mera ilusión que sólo alcanzaban aquellos hombres y mujeres cándidos que no viven más que añorando su príncipe azul o la poetisa de sus sueños. Más aún aquella tarde de otoño no me motivaba nada fuera de mi rutina, que no consistía más que en mi transitar errante por las calles del centro de mi ciudad, situación que en cierto modo me reconfortaba, ya que aquella persistente soledad que me abruma, encontraba en el clímax de las tiendas comerciales, en el apogeo del patio de comidas, en el automatismo de las personas subiendo y descendiendo escaleras, un sentimiento hedonista quizás, sí creo que incluso podríamos denominar placer a aquel sentimiento provocado por el hecho de no sentirse solo ante personas que consumen encarnecidamente, pero que permanecen allí, en la compañía de tu soledad.


Estaba en plenas cavilaciones cuando atisbé en un recóndito banco del centro comercial, a una muchacha que me deslumbró. Su pelo de un negro azabache, ondulaba furtivamente sobre sus mejillas de un blanco traslúcido, quedé atónito; literalmente boquiabierto. Quedé absorto, mientras contemplaba cómo ella discaba vertiginosamente los dígitos de su celular, luego tras breves instantes se levantó presurosamente del sitio en que se encontraba y se dirigió en dirección a donde yo permanecía anonadado. Sin embargo, siguió su etéreo caminar en dirección a la salida. En un intento de reponerme alcancé a vislumbrar sus ojos, no obstante, aquella primera impresión de su danza celestial no se asemejaba en nada a la tristeza que emanaba de sus opalinas y los suspiros de un sollozo, cuya lágrima cayó al suelo como una gota en la hondonada del mar.


Al despertar de aquel ensueño en que permanecí un instante que me pareció toda una eternidad, me percaté que en el sitio en que se encontraba aquella espléndida mujer, había una especie de tarjeta. Me acerqué lo más raudamente posible que mi condición física me permitía, hasta que logré asir el borde y la puse en mis manos. Era una tarjeta que anunciaba el nombre de Gardenia Miraflores; ¡qué nombre más poético para una damisela como ella! Es increíble pensar cómo una flor de semejante talante podía andar por esos lugares, sin duda alguna, ella era mi flor de otoño y su fragancia hacía palpitar hasta la extenuación de los latidos mi corazón, que ahora sólo la rememoraba a ella.


Pero aquella tarjeta no sólo contenía el nombre arrebatador de mi flor de otoño, también aparecía un número telefónico y la notificación de lo que me pareció ser el nombre de una empresa, versaba “Gardenia y asociados”. Quería llamarla, decirle cuán hermosa era, cuán especial había sido para mí en aquella tarde solitaria de mi rutina, ansiaba dar el siguiente paso para un posible rencuentro, pero vacilé. Y no fue hasta el día siguiente, que me aventuré en una visita a su empresa. Fui tan cobarde, que ni si quiera me atreví a llamarla. ¡Qué mísero de mi parte! aún hoy me arrepiento por no haberlo hecho, quizás todo hubiese sido distinto.


La noche anterior a mi incursión por los territorios de Gardenia, sobrellevé una intensa agonía de espasmos y pensamientos febriles. Aquella noctámbula noche, me sumí en un estado insomne, del cual no me repuse hasta la manifestación boreal del alba que con sus centelleantes rayos de sol ocasionó en mi ser un letargo profundo, que me sumergió en un sopor sempiterno.


Cuando al fin logré dormitar, tras la intensidad inverosímil de la que tal vez fue la más fascinante y delirante noche de mi vida, se me presentaron una serie de imágenes y situaciones que en un primer momento no tenían gran sentido. Iba por el centro de la ciudad, tal cual mi costumbre, pero algo peculiar estaba sucediendo, todo lo que me rodeaba parecía estar en sombras, era un ambiente tétrico y lúgubre, un mundo que permanecía en una penumbra absoluta. Por tal motivo, las personas que se presentaban en mi sueño, aparecían como sombras negras, de las cuales incluso yo adquiría una sutil monocromática plateada. En un intento de escabullirme de aquel lugar y de aquellos seres silenciosos, enigmáticos y aterradores, me dirigí en búsqueda de un sitio más ameno, no sabía qué era lo que precisamente buscaba, pero un ímpetu profundo, que emanaba de lo más hondo de mis entrañas, me hacía continuar.


Corrí lejos, avanzaba a pasos agigantados a un objetivo que me llamaba con una voz melodiosa, semejante al canto de las sirenas que conduce a los hombres aventureros a territorios inexplorados. Era un susurro agónico, desesperado, pero a la vez enternecedor; quien lo producía parecía necesitarme tanto como yo. A medida que me acercaba más, el sonido estertóreo que había escuchado desde un principio, se tornaba esperanzador y a intervalos armónicos que acrecentaban su intensidad. Seguía en mi acelerado andar, sin detenerme hasta que mis ojos se cautivaron en la belleza sublime de un paraje inhóspito, reverdecido por una naturaleza fantástica.


Se percibía una vegetación arbórea disímil, entre las que alcancé a destacar el penetrante aroma del boldo, la pureza blanquecina de la patagua, el nacimiento de los robles que se extendían a campo traviesa y deleitaban con su floresta. Me sorprendió el fulgor de la adesmia inquieta, la majestuosidad del canelo, que me trasladó a épocas ancestrales, cuya procedencia me infundió paz y tranquilidad. Encontré en aquel árbol un vínculo y comprensión de mi interioridad que parecía albergar una cadencia acompasada a mis sentimientos, aquel primor natural me remontaba a mis orígenes, me invitaba a refugiarme en sus raíces, cobijarme bajo sus cálidos ramajes, a beber e inundarme del néctar de la vida que me prodigaba su savia, ansiaba quedarme en la unión íntima con aquel lugar paradisíaco, de cuya espesura brotaban aves de tonalidades alucinantes, azul agua marina, rojo carmesí, verde esmeralda, amarillo crepúsculo, que alcanzaban matices tornasolados que se confundían con el diáfano fluir del arroyo que rodeaba serpenteando el vasto terreno en que me encontraba.


Me sentía reconfortado, sentimientos de regocijo y júbilo abrasaban mi corazón, que adquirió una dicha inefable al escuchar nuevamente la voz de la musa inspiradora y conductora de aquel maravilloso lugar. Pero al contrario de los sollozos y el trémulo llamado que me había encaminado hasta aquel esplendoroso bosque, esta vez, se percibían alborozadas risas joviales, que no hacían más que embellecer la lozana plenitud de una doncella, que pese a que sólo la había visto una vez, parecía como si la hubiese conocido desde siempre. Sin embargo, me pareció sumergirme en un estado que se me presentaba vivido anteriormente, estaba absorto y sin movilidad alguna, la deseaba, anhelaba poder comer de aquel fruto prohibido y probar aquellos labios de un rojo escarlata que me seducían de un modo apetecible.


Cuando logré alzar la voz para llamarla, ella se volteó y me miró triste, luego de aquel gesto que me perturbó, se fue en su caminar ligero, de andar grácil y sereno. Corrí tras ella, anduve hasta el límite de mis fuerzas, hasta caer como niño desamparado, de bruces al suelo. Pero algo captó mi atención, era una flor que refulgía en su magnificencia, me acerqué hasta que pude observarla con mayor detalle, no había duda, era una Gardenia, aquella flor de tan admirable albor, que desde sus inicios emergía con una blancura cristalina, que con el tiempo adquiría un matiz níveo que rebosaba hermosura y pretensiones de amor. Permanecí contemplando cada uno de sus rasgos, hasta que un ruido ensordecedor, provocó que todo cuanto me rodeaba, quedara envuelto en una neblina, para luego brillar con suma intensidad.


El estridente sonido que emitía la alarma del reloj de mi velador, indicaba las doce en punto, fue un intenso despertar, aún estaba entregado en cuerpo y alma a la belleza de aquel último sueño, hubiese preferido volver a sumergirme en aquel mundo que poseía un encanto único, pero todavía invadían mi mente las imágenes de una Gardenia, flor de magnífica tersura que me había cautivado. Luego tras breves instantes y en un intento de incorporarme a la realidad, me levanté de mi lecho, aún con modorra, pero con una perspectiva de la vida distinta, comenzaba a creer en las ilusiones que a veces nos presenta la vida, una ilusión que tenía por nombre amor, al cual mi corazón se entregaría hasta consumar las llamas incandescentes de la pasión, desatada por aquella espléndida mujer que tenía por nombre Gardenia, mi flor de otoño que me acompañaría por siempre hasta el final de la eternidad.










lunes, 5 de octubre de 2009

La Posmodernidad, un contraste con lo Moderno Y afín al Progreso Social.

En primer lugar, antes de adentrarnos en una visión crítica de la Posmodernidad, es preciso señalar que ésta se concibe en contraposición a lo que se conoce como época Moderna. Entendiéndose esta última como el gran proyecto humano cuyos orígenes históricos se remontan al siglo XVIII —el Siglo de las Luces—. Se caracteriza como una gran revolución ideológica en contra de los poderes teocráticos, que sustituye las creencias religiosas como método para explicar el mundo por el análisis y la razón. Se acompaña de un optimismo y una fe ilimitados en que el progreso científico e industrial traería abundancia de bienestar para las sociedades humanas. Se inician en esa época los grandes movimientos ideológicos de la M. cuyo común denominador era la construcción de Modelos sociales, políticos y económicos que hicieran posible la confluencia de lo bueno, lo bello y lo justo.[1]


En torno a lo señalado con prelación, cabe destacar que fue un período marcado por fuertes revoluciones, las que se sustentan fundamentalmente en bases ideológicas, destacando así los ideales ilustrados[2]. Conforme a éste es menester enfatizar que como todo movimiento intelectual histórico, tuvo sus repercusiones en los más diversos ámbitos del saber humano, siendo su principal manifestación la creación de L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers[3], la que pese a las críticas llevó a cabo su cometido, el que tenía por finalidad proveer a los lectores un compendio del conocimiento existente, abarcando de este modo una vasta heterogeneidad de aspectos y áreas, propugnando así las bases de una sociedad más racional y humana, capaz de juzgar a través del intelecto y el conocimiento la realidad existente.


En lo concerniente a los influjos que este movimiento tuvo, es posible encontrar su expresión estética en el Neoclasicismo, cuya denominación deriva del retorno a los clásicos, considerando a los escritores griegos y latinos como modelos a imitar; ése es el origen de la palabra Neoclasicismo; movimiento que privilegió la razón frente a los sentimientos. Presentando un marcado carácter crítico, didáctico y moralizador, cuya influencia alcanzó los modelos económicos, políticos y sociales imperantes. De la misma forma su representación musical se manifestó a través del Barroco, caracterizada por una gran riqueza instrumental, contrastes melódicos y rítmicos, siendo su máximo exponente Antonio Vivaldi (Sacerdote italiano, gran violinista y compositor de óperas). Conforme a lo anterior se atisban los conatos de la Iglesia Católica en su pretensión de captar adeptos al cristianismo por intermedio del deleite que la música causa en los sentidos, no obstante, los ideales ilustrados lograron una trascendencia que no tan sólo marcaría un hito en este siglo, sino que dejaría una huella indeleble en los tiempos venideros, ocasionando de esta manera dos revoluciones que estamparían con brasas fulgurantes la historia de la humanidad.


Las revoluciones a las que hago alusión son la Independencia de los estados Unidos y la Revolución Francesa, esta postrema mediada por ideas de líderes intelectuales, tales como Montesquieu, Rousseau y Voltaire. Todos ellos prominentes filósofos Ilustrados que pretendían esclarecer los dogmas de la Iglesia, el mundo y los sucesos acaecidos en él, a la luz de la razón. Esta revolución estuvo fundada a raíz de los graves problemas que se estaban viviendo en esta nación, cuya hegemonía absolutista estaba en decadencia por innumerables deudas económicas, por el dinero que demandaba mantener los privilegios y sobre todo por el estilo Dionisiaco de vida que llevaban.


En consecuencia a esta insurrección, se sintetizará y efectuará tangiblemente la ideología Ilustrada, a través de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, proclamada por la Asamblea, cuyas consignas “Igualdad, libertad y fraternidad”, constituirán los cimientos para la conformación de la sociedad Contemporánea.


Haciendo referencia a otro de los procesos acaecidos, que están intrínsecamente relacionados con el pensamiento posmoderno, se distinguen los rasgos de secularización, los que a lo largo del sigo XVIII estuvieron desmesuradamente latentes y que en conjugación con la Revolución Francesa alcanzaron su clímax. Situación que concatenará en las próximas décadas no tan sólo un creciente laicismo, siendo éste uno de los mayores cismas de la iglesia Católica, sino que se manifestará una progresiva ruptura con agentes políticos y sociales que regulan la vida pública.


Realizando un epítome, la Edad Moderna cuyo auge fue el siglo de las Luces. Fue una etapa de la humanidad que atravesó múltiples procesos y de índole disímil, comprendiendo niveles ideológicos, culturales, políticos y económicos. Sin embargo, el contexto social fue el mayor de sus causantes, ya que a partir de éste se configuran los otros factores. Vislumbrando así una Francia que se encontraba al borde de la banca rota, por culpa de un sistema tributario anticuado, agravado además en su aplicación por unos abusos inveterados, una práctica jurídica arbitraria por culpa de los privilegios de clase, una sucesión de gobiernos débiles e ineficaces, una corte derrochadora y una administración corrompida hasta sus cimientos[4].


Retomando el tema que nos compete, “La posmodernidad” o también entendida como época Contemporánea, va a forjarse en base a lo anteriormente señalado, vale decir, como se ha planteado desde el principio de este ensayo, se concebirá en antítesis a los preceptos Modernos. No obstante, lograr una posible definición de esta época, no es el fin último al que se quiere llegar, puesto que ante todo está marcada por un amplio pluralismo, siendo éste uno de sus rasgos más determinantes, ya que denota desde un primer momento una gran diversidad, tanto ideológica, política, cultural y más aun si se perciben las formas de expresión. Siendo este último punto, de suma importancia, ya que “el progreso”, trajo consigo la libertad de expresión.


Una de las consignas más claras de la Modernidad era la libertad, ésta tras innumerables revoluciones, guerras, conflictos ideológicos, hizo deparar una sociedad donde manifestar las opiniones fuera parte del día a día, en fin escuchar la palabra “libertad de expresión”, es algo que ya nos parece “normal”, incluso ha llegado a ser tan común, que hasta se ha vuelto trivial. Pero se nos olvida cuánto costó obtenerla, creemos que es un derecho innato, que nos ha pertenecido desde siempre, pero esto no es más que un comportamiento irracional y propio de seres desmemoriados, que pese a que la ilustración nos cedió un impulso impetuoso, cuyo afán didáctico se ha masificado, hemos caído en decadencia y más aun, esto se ha vuelto peor que antes, ya que más vale ser una persona sin conocimientos, que un ilustrado que no quiere ver la realidad que existe en derredor.


Hago un llamado a que utilicemos aquello por lo que tanto han luchado nuestros predecesores, hagamos uso de nuestra libertad y expresemos aquello que nos causa inconformismo, manifestemos nuestras opiniones, seamos críticos, enjuiciemos nuestros propios actos y que así seamos capaces de fraguar una sociedad cada vez mejor, cuyo fin progresista, no tan sólo se convierta en un fin, sino que lleguemos a concretarlo.


Es así que no puedo dejar en el tapete un tema tan trascendental como el que se vive en Asia, puesto que hablar de libre expresión en Occidente, no es lo mismo que en Oriente. Y esto queda de manifiesto tan sólo al contemplar en nuestro diario vivir, gracias a los mass media (medios masivos de comunicación), realidades que viven distintas culturas, estilos de vida muy diferentes al que acostumbramos, ya que por ejemplo, algo tan típico como a lo que acostumbran los jóvenes, que es el chat, allá no se puede utilizar, ya que persiste una prohibición continúa a usar estos medios, incluso si uno quiere tener su propia página web, ya sea un blog o de cualquier índole, simplemente no podrá, ya que se les han impuesto trabas y penalizaciones por el sólo hecho de querer dar a conocer su opinión.


Situaciones como éstas en un mundo “progresista”, término que tanto está en boga, son inaceptables, no podemos decir que estamos avanzando, que hemos progresado, cuando en realidad se nos ultraja de este modo. Todos tenemos derecho a la libertad, ésta ha sido un derecho que nos hemos granjeado a través de la historia, mucha sangre fue derramada para conseguirla y no podemos permitir que ésta nos sea coartada por quienes nos gobiernan.


Otras de las problemáticas vigentes es el tema de la desigualdad, cuyo fundamento también se ubica en las consignas modernistas. La lucha por la igualdad es una realidad que tiene precedentes desde tiempos remotos y, por consiguiente, el ser humano ha tenido que enfrentarse a ellas continuamente. Es por ello que si pretendemos caracterizar esta época, no podemos “hacer vista gorda” a tales escenarios. De tal modo que si hablamos de desigualdad, ésta debe analizarse desde raíz y la raíz de toda sociedad se encuentra en la familia, siendo ésta el núcleo fundamental de la sociedad y precisamente, es desde el seno del hogar donde observamos las primeras muestras de desigualdad. Un ejemplo de ello, es el caso de las nanas, donde muchas veces deben ejercer de madres sustitutas y, en efecto, las mismas dueñas de casa consideran que cumplen un rol fundamental en la crianza de sus hijos, no obstante, persisten prácticas a las que estamos tan habituados, que las hacemos de modo casi inconsciente, es así que a la hora de la merienda a las nanas no se les permite sentarse con los patrones, siendo que es vista como una integrante más, pero es en situaciones como éstas donde se percibe jerarquización social, lo que no deja de ser importante en nuestra conformación como sociedad a la hora de hablar de desigualdad, ya que es el hogar nuestro primer educador y es aquí donde se irán construyendo nuestras concepciones sociales y sistema de valores.


Si bien, nociones de disparidad encontramos desde nuestras familias, éstas se hacen aun más visibles en el instante de compartir un mismo sistema social, es decir, al vivir en comunidad. En primera instancia, porque vivir en comunidad, hace alusión a un nivel social más elevado, el que querámoslo o no trae consigo una distinción, traduciéndose en labores, que pese al arduo trabajo son menospreciadas, mal pagadas y discriminadas consciente o inconscientemente, lo que nos crea una forma de percibir tales trabajos con displicencia y clasificarlos desde un primer momento como de menor categoría, viéndose de esta manera quienes los desarrollan, perjudicados salarial y socialmente.


Pero esto es tan sólo una parte de la realidad, ya que toda relación interpersonal implica un compromiso con el otro, pero el problema surge cuando ese otro es distinto a mí, relación que muy a menudo adquiere un carácter peyorativo. Ejemplo de ello es, cuando una empresa requiere personal calificado para desempeñar una determinada labor, pero resulta que cuando se trata de contratar a alguien, no sólo se fijan en sus capacidades, sino que hacen de inmediato una distinción si esta persona proviene de un país distinto o de una etnia diferente y si éste, en el caso de nuestro país es peruano o boliviano, la discriminación es aún peor.


Una vez más recalco que si queremos progresar, hechos como éstos no se pueden dar, no podemos hablar, por ejemplo, que Chile es un país es vías de progreso si aún coexisten semejantes situaciones. Es tiempo de detenernos aunque sea un momento a replantearnos lo que queremos para el futuro, un futuro que debe ser más ameno, libre e igualitario.


Lamentablemente contextos como aquellos no sólo se avizoran como país, sino que a nivel mundial esto se masifica del tal modo que los casos de genocidio se han acrecentado en el último período. Para nadie es un misterio leer en el periódico o ver en el noticiero ataques contra inmigrantes y tampoco lo son las constantes manifestaciones de pueblos originarios, que sólo buscan hacer valer sus derechos y que se les trate con igualdad. Y es por esto, que es preciso destacar otras de las características propias de la posmodernidad, que en conjunto con las dos consignas anteriores, conforma la triada emancipadora. Me refiero a la fraternidad, valor que en la sociedad actual ha quedado relegado a un segundo plano, lo que posee múltiples explicaciones, pero sólo me ceñiré a las más destacadas.


Entre el cúmulo de teorías que lo explican, está aquélla que plantea el marcado relativismo de nuestro tiempo, que otea la verdad, los valores y al ser humano y, por tanto, sus relaciones de fraternidad como un ente fragmentario, que no concibe a la humanidad como un todo, sino como seres distintos, lo que inconmensurables veces se convierte en desuniones, rupturas de lazos, desapego y retorno al primitivismo discriminatorio. A las personas posmodernas les cuesta concebir el lado positivo del “ser diferente”, sólo ven lo negativo, de lo que se infiere la tendencia pesimista de la actual sociedad. Les es casi imposible entender la grandeza y la riqueza de la diversidad, el pertenecer a culturas distintas, el creer en una doctrina diferente, el tener una heterogeneidad de posturas frente a determinados temas.


Poseer pensamientos divergentes nos ayuda a crecer como personas, como individuos y en comunidad, nos permite comprender el mundo desde otra perspectiva. Aquí está la base del cambio, si queremos progresar como sociedad, primero debemos hacerlo nosotros mismos, modificar nuestra arraigada mentalidad individualista y de misantropía, para lograr un mundo donde la discriminación sea cosa del pasado, la libertad un bien preciado y la igualdad un bien social.



[1] http://www.itvillahermosa.edu.mx/programas/modelo/glosario.htm


[2] Ilustración: El ideal de la Ilustración fue la naturaleza a través de la razón. En realidad no es más que el espíritu del Renacimiento llevado hasta sus últimas consecuencias, en manifiesta oposición con lo sobrenatural y lo tradicional. El Ilustrado llegaba al amor al prójimo partiendo de la razón y no de la Revelación.

http://thales.cica.es/rd/Recursos/rd99/ed99-0314-01/ilustra.htm


[3]Fue una obra de muchos autores, bajo la guía de Diderot y D Alembert. Este último se retiró de la redacción en 1758. La Enciclopedia está compuesta por treinta y cinco volúmenes, publicados entre 1751 y 1780”.

Historia de las ideas Contemporáneas, (Mariano Fazio, 2001 -2005) extracto, página 84.


[4] De la Ilustración a la Restauración, (L. J. Rogier) extracto, capítulo 2: Secularización y Cisma, página 155.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Facultades Visionarias

Una de las numerosas facultades de quien siente en el alma todo cuanto le rodea, es poder entregarse en absoluta entereza a sus emociones, permitirse dar rienda suelta a un estado anímico determinado, que a posteriori se manifiesta en variados sentimientos entremezclados, que desencadenan en un amplio espectro del clímax emocional, te permite vivir el amor al límite, te libera de la tristeza, de la congoja, del estigma social, de la soledad, te prodiga libertad y más aún, te otorga una visión disímil de la realidad, te tornas crítico, comienzas a cuestionarte y a replantearte verdades que para algunos parecen absolutas, entiendes que la vida no es tan utópica como pensabas, que las personas continuamente usan caretas para cada situación y aparentan ser lo que no son. Además te percatas de por qué cada persona reacciona de tal modo o qué la motivó a reaccionar así; a la vez todo ello se conjuga y puede ocasionar en tu ser sentimientos de impotencia, puesto que anhelas cambiar el comportamiento de ciertas personas, quieres influir, pero al replanteártelo te das cuenta que coartarías su libertad, por ello si realmente se desea ayudar y ser un aporte benéfico para la comunidad, es preciso que te comprendas a ti mismo y que a la vez, ello te permita entender tu entorno, proceso nada fácil, pero basta un vistazo para advertir ciertos hechos y éstos a su vez, te conllevarán a dilucidar procesos significativos en la vida de los demás, incluso lograrás aproximaciones y ciertos atisbos de sus vidas, con el sólo hecho de contemplar detenidamente un determinado actuar y establecer las relaciones acertadas que conducen a una inferencia mayor.

Más allá de ser cualidades y potencialidades esclarecidas, es entender de mejor modo el comportamiento humano, el cual puede llegar a ser muy predecible, sin embargo, el ser humano posee una gran riqueza emocional y, por tanto, puedes llegar a conclusiones relativamente probables, en cuanto a una conducta, pero se torna más factible errar, ya que la humanidad con la amplia gama de emociones que experimenta, puede cambiar un simple hecho, con la sola manifestación de una emoción, la que puede adquirir una matiz tan variado, que a su vez da posibilidad a un cúmulo de respuestas frente a un suceso específico, para comprobar esto de un modo más tangible, plantearé el siguiente ejemplo: “Un hombre cualquiera va por la calle, su día había sido todo un éxito, lo que provocaba en él, sentimientos de dicha, júbilo y una felicidad difíciles de explicar, a causa de ello se sentía muy bien. No obstante, recibe una llamada telefónica de su esposa y ésta le dice que necesita que venga urgente y luego termina la llamada. Él se preocupa en demasía, puesto que su mujer no acostumbra a llamarlo, remarca el número de teléfono, pero ella no contesta. Él se comienza a preocupar, sus reacciones biológicas se aceleran, su ritmo cardíaco aumenta, su presión sanguínea del mismo modo también lo hace y experimenta una situación de estrés. Ello lo hace aumentar el ritmo de su andar, su caminar se convierte en un trote sistemático, experimenta una preocupación súbita, cree que a su mujer le ha pasado algo, rememora todos los bellos momentos vividos junto a ella y vislumbra también cómo en el último tiempo habían estado un tanto separados, pero no por ello se había perdido el amor que sentían el uno por el otro, desea decirle a su mujer cuánto la ama y que no le pase nada, quiere llegar cuanto antes a su casa, pero el paradero de la locomoción colectiva está en la calzada de en frente, pero para cruzarlo debe dar una extensa vuelta, mientras que puede atravesarla directamente, es así que sin pensarlo dos veces decide cruzar la avenida, miró a un lado rápidamente y se dio cuenta que no venía ningún vehículo, siguió presurosamente, siente un bocinazo, el impacto y luego todo se volvió oscuridad”.

La situación anterior es un claro ejemplo de cómo las emociones inundan nuestra vida y cómo muchas veces no las podemos controlar, desembocando finalmente es hechos trágicos como el anterior, Tal vez hubiese bastado simplemente un mayor control emocional, pero en nuestra vida, no es nada sencillo. Es de esta manera que considero menester trabajar en el desarrollo de nuestras emociones y aprender a dominarlas, ya que un modo más adecuado de usarlas, permitirá prever otras alternativas ante un mismo acontecimiento.

A continuación procederé a un análisis del ejemplo formulado:

En primer lugar, me referiré a la mujer, quien efectuó la llamada. En cuanto a ésta es necesario destacar, que quería dar a conocer una excelente noticia a su marido, la que sin duda lo dejaría atónito y reafirmaría las distancias mantenidas los últimos días. Estaba embarazada, pero no sabía cómo decírselo del mejor modo a su esposo, fue ahí cuando se le ocurrió planear una cena romántica y una serie de artilugios, que hicieran de ese día, un hecho inolvidable; decidió llamarlo, le dijo que viniera urgente y que lo necesitaba, posteriormente colgó el teléfono. Quiso salir cuanto antes, por lo demás ya estaba arreglada para ir de compras al centro comercial, así que salió de su casa apenas colgó.

Ahora si analizamos la perspectiva del esposo, él creyó que a su mujer le había pasado una desgracia, ahí el por qué de su llamada poco usual, no obstante, se equivocó. Pero al haber seleccionado aquella alternativa sin dudar siquiera, su organismo comenzó a reaccionar y se inició una tensión en todo su cuerpo, se dejó conducir por todo aquello y acción, tras acción que realizaba, lo hacía bajo la intensidad de lo que sentía en aquel momento y más aún, la finalidad de ayudar a su mujer, en el supuesto de que le hubiese pasado algún percance. Finalmente los actos sin premeditación alguna, lo llevaron a la fatídica muerte.

Cabe destacar que esta reflexión, entre otros motivos, busca que podamos percatarnos de cuán importantes son las emociones en nuestras vidas y cómo influyen en nuestro accionar y aun en las decisiones más triviales, incluso se podría decir que están supeditadas a un proceso de causalidad. Se han realizado muchos estudios al respecto, surgiendo así en la actualidad libros sobre las emociones, los que alcanzan un carácter muy divergente, así que ante todo recomiendo leer alguno de ellos, ya que si bien en primera instancia pueden parecer abstractos, a medida que nos sumerjamos en su comprensión, nos otorgarán una enseñanza de por vida.

domingo, 30 de agosto de 2009

VIII Encuentro Nacional de Jóvenes Investigadores Humanistas.

El humanismo como ideología, sustenta sus bases en el desarrollo integral del ser humano, lo que implica que éste desarrolle sistemática y metódicamente su autonomía en el conocimiento, que sea capaz de cuestionar su entorno y contexto, conociendo con ello los modelos que lo precedieron. Es así que esta forma de pensamiento manifiesta un gran interés por querer progresar y potenciar al máximo las capacidades del ser humano, entender de este modo que es un ser racional y, como tal, es capaz de buscar su propia verdad, a través de la adquisición de conocimientos en los más diversos ámbitos del saber.


Los preceptos del humanismo, pese al transitar del tiempo no se han perdido, más aun éstos han sido reconquistados desde una óptica diferente. Desde esta perspectiva cabe preguntarse, ¿qué entendemos en la actualidad como humanismo?


La respuesta a ella la podemos encontrar en la educación, muchas veces ésta ha sido atisbada como una mera enseñanza y adquisición de conocimientos, no obstante, eso sólo se entiende para una educación tradicional y más ortodoxa, en cambio en la contingencia podemos percibir formas de pensamiento disímiles e ideologías más liberales y que buscan ante todo el desarrollo pleno del ser humano y el bien común. Con lo anterior se ha generado una amplia diversidad de pensamientos y maneras de entender el mundo, puesto que no existe una verdad única o absoluta, sino que cada uno va forjando su propia verdad.


Lo señalado, los jóvenes de nuestro país lo tienen muy claro, para ellos la educación no debe ser entendida como un estamento rígido, sino como un espacio de interacción con sus pares y una optimización de aprendizajes que los ayuden a su desarrollo integral como personas y que ésta les entregue las herramientas necesarias para su posterior rol como agentes sociales y generadores de cambios, que hace de ellos personas capacitadas para aportar a la sociedad en la que viven.


Desde esta concepción, nuestro establecimiento por octavo año consecutivo, ha decidido llevar a cabo una gran e importante obra, que en conjunción de los diversos departamentos que constituyen el área Humanista se ha propuesto responder al llamado y entusiastas iniciativas de los jóvenes. Es de esta manera que cada año se ha querido extender y promover a más establecimientos educacionales esta metodología de trabajo, que aprecien en ella una didáctica forma de complementar el trabajo docente y desarrollo de destrezas en los alumnos.


Por ello este año el Encuentro Nacional de Jóvenes Investigadores Humanistas, al igual que años anteriores ha querido trascender las fronteras locales, para constituir una participación activa y cohesionada de la educación a nivel nacional. De esta forma desde el 26 al 28 de agosto del presente, nos visitaron dieciocho establecimientos provenientes de colegios de las más diversas modalidades de enseñanza: particular pagado, subvencionado y municipalizados. Los que conformaron y representaron a las regiones de nuestro territorio nacional, estableciendo que la educación no debe ser centralizada, sino que deben crearse las instancias y oportunidades de equidad para todos.


Finalmente es necesario precisar el impacto que este encuentro de jóvenes ha generado, situación que no sólo se ve reflejada como comunidad educativa y chillaneja, ya que uno de sus fundamentos y pilares, radica en el establecimiento de vínculos entre alumnos, docentes y colegios, que ha conllevado a una relación más cercana y amena a nivel nacional. Por tal motivo el Ministerio de Educación, como entidad representante del Estado de Chile, ha manifestado que ve en él una instancia de participación y consolidación de valores, conocimientos y sentido de pertenencia a un país donde la libre expresión y el desarrollo íntegro de los individuos es promovido y respetado, puesto que es la única forma de progresar y alcanzar una sociedad mejor.


José Patricio Chamorro Jara

Alumno del IV º A Humanista 2009

viernes, 10 de julio de 2009

"El viejo poeta"

Querida Amalia:


Amor de mis amores, cantar de mis cantares. ¿Te has olvidado de mí?, ¿Acaso el tiempo inexorable ha posado sus brazos en el manto de tus sueños? Amor que embriagas mi alma con tus besos, que suspiras jadeante ante el copular de nuestros cuerpos y dormitas en mi lecho como la musa que me arrebató el tiempo y que acalló la tempestad impetuosa que arrebolaba mi alma.


Diosa griega que desde tu trono desciendes noche tras noche en compañía de mi soledad, ¿Por qué ya tu manto celestial que cobijaba mi heredad, se ha marchitado estertóreo hasta culminar en un agreste pétalo de rosa en triste tremolar? , ¿Por qué me has dejado como niño desamparado, cuya cadencia amorosa me has de privar?


Amada mía te necesito, mi vida no posee sentido si no es junto a ti, las noches se tornan eternas cuando te alejas de mí. No rehuyas mis caricias, no apartes tu mirada, sólo quiero contemplar tu silueta, entregarme en absoluta entereza a nuestro amor, fruto de la pasión y vivaz como la lozana plenitud.


Tu poeta.


El reloj persistía en su afanado tictac, mas el oscilar de aquel péndulo parecía albergar en cauteloso tintinear, un secreto que en las penumbras a intervalos luminosas deseaba narrar las mil y una noches del arte de amar, sin duda acaecidas en la inmensidad de los recuerdos y en el abismo insostenible del tiempo que en aquella habitación perduraban indemnes, mas sin declinar a la omisión continúa de la memoria y el implacable mullir del aire que no tan sólo ocasiona deleznables estropicios en los muebles, sino que con ello relega en el olvido la historia del poeta que se entregó al inconmensurable arte de amar .


Aquel reloj anunciaba las cuatro menos quince de la madrugada, el poeta deposita su bolígrafo y repasa mentalmente su acabada carta. Luego tras breves instantes, concierta que pese a los años de experiencia en su labor como escritor y más aun, como poeta; ésta no logra expresar a cabalidad sus sentimientos, sin embargo, conviene en que los años no han hecho más que menguar su sutileza y ablandar su corazón, que no cree sea el mismo que con él gozó los placeres de la vida entregándose al éxtasis del frenesí que evoca el amor.


Nuestro poeta, el poeta del tiempo, del amor y los sueños, repite un gesto maquinal que es propio de la rutina en la cual durante su intermitente andar en esta vida aun no deja de cesar. No obstante, advierte con una mirada displicente la superficie taciturna de un espejo de caoba, cuya tersura es digna de imitar. No sabe qué es, pero siente el hálito de vida que emana de aquel espejo, lo invade el deseo de contemplarlo, de otear su resplandor. Tal vez es un fulgor de esperanza ante esta soledad que lo abruma, más aun se percibe infundido por los recuerdos que éste es capaz de despertar en él, recuerdos que habían permanecido adormecidos por décadas inmemoriales.


Se adosa en su andar sereno y silencioso que lo han caracterizado estos últimos años. Al vislumbrar las formas que delinea el espejo, todavía no concibe cómo un joven bohemio de transitar errante se ha convertido en aquel esperpento frágil y escuálido. Se le vaticinan recuerdos de su mocedad, donde jamás pensó llegar hasta tan avanzada edad y si lo hizo, anhelaba ser el viejo pícaro y perspicaz que montaría a cuanta muchacha quisiera aprender el arte de amar. Por ello no concibe a aquel adefesio rugoso, que demarca nítidas fisuras en la faz de su cara. Sin embargo, comprende que aquel viejo que lo observa ofuscado parece conocer todas sus artimañas, sabe de sus delirios, de sus sueños, de sus pesares y de la amada que se entregó a los infaustos brazos de la muerte que se manifestó inusitada. Ya no se siente solo.


En la soledad de su alcoba siente el cansancio, el pasar de los años, sus frágiles huesos no toleran ya el frío del invierno que como de costumbre le arrancan más de un achaque. Decide que ya es tarde y que pese a su estado insomne debe dormir, ¿más que puede hacer un viejo a su edad?, además las inclemencias del tiempo y sus dolencias ya no se lo permiten. Recién ahora comprende que ya no es el fornido y avisado hombre de su juventud.


Se recuesta en su tálamo y apaga su lámpara de alabastro tallado, la que sin lugar a dudas fue forjada en épocas mejores. Más sin oponer resistencia se entrega al maravilloso mundo de los sueños, lugar único donde puede continuar creyendo en la lozanía y el amor.

domingo, 5 de julio de 2009

"El Laberinto y la Tómbola giratoria".

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Extracto de “Arte poético”, Jorge Luis Borges

.

El tiempo es una parte de la vida, es el pilar que la rige pero que no la domina, pero cabe preguntarse ¿Qué sería la vida sin el tiempo?, ¿Qué sería el tiempo sin los recuerdos?


La vida es un torrente de sucesos, los que van adquiriendo tonalidades y matices distintos según la importancia que les otorguemos, aunque el paso del tiempo los va delineando hasta convertirlos en simples atisbos de un pasado lejano y que muchas veces añoramos. Con el pasar de la vida y de los años comenzamos a rememorar a aquellas personas que fueron fundamentales en nuestra vida, aquéllas que influyeron fuertemente en nosotros, que compartieron sus alegrías, sus tristezas, sus sueños, sus esperanzas, nuestros tinos y desaciertos. A medida que el tiempo avanza vamos comprendiendo nuestro peregrinar, vamos desentrañando nuestra vida, aprendemos a conocernos, aprendemos de nuestros errores y juramos no volverlos a cometer, aunque al final nos daremos cuenta que hemos vuelto a caer en su juego.


El juego de la vida es un laberinto en una tómbola giratoria, sí un laberinto misterioso que comienza con un sólo camino, pero que entre más avancemos se nos va tornando abrupto y escabroso. Éste se nos muestra ameno, acogedor y resplandeciente, cuyo paraje de pletóricos prodigios anhelamos conocer. Desde un principio creemos en los ideales que la naturaleza nos promete, queremos alcanzarlos a como de lugar, deseamos que sea la hoguera que nos abrasará fulgurosa hasta el final de nuestro andar. Confiamos en las leyes de este laberinto, mas sin oponer resistencia nos entregamos a los designios de aquel mundo que se nos es presentado.


Conforme a nuestro pasar, nos vamos encontrando con otras sendas y con ellas a otras personas, que al igual que nosotros van avanzando en su propia búsqueda y así nos percatamos que el ritmo que llevan no es siempre similar al de nosotros, algunas se nos adelantan a cadencias vertiginosas, otras van quedando atrás. No obstante, nos vamos quedando con aquellas cuyo transitar es de un compás que nos agrada y que creemos es igual al que llevamos. Pero tal como las hallamos, muchas veces las dejamos, puesto que cambiamos nuestro ritmo y destino.


El destino, quién sabe las vueltas que da el destino, más aun ¿existe el destino? Yo creo que sí, pero mi particular forma de comprenderlo es como una parte de este todo que es la vida. Sin ir más lejos, el destino no es como se entiende comúnmente, no es algo”predestinado”, ya que es un constructo, vale decir, nosotros forjamos y trazamos nuestro destino y según las alternativas que escojamos en esta vida, se irán abriendo las posibilidades de poder llegar a múltiples destinos, aunque cada vez se irán estrechando más, no obstante, no es una mera relación de causalidad, ya que si bien nuestra vida avanza, nada nos impide poder recordar todo lo ya antecedido y reencontrarnos con nuestro pasado, incluso encontrar a aquellas personas que formaban parte de él y reinsertarlas en nuestro camino. Es así que nosotros tenemos la capacidad de tomar las riendas de nuestras vidas y, por consiguiente, de nuestro destino.


El destino, como componente de la vida, tiene una íntima relación con el tiempo, pero sin que por ello se vea limitado por él. Aunque el tiempo avance inexorable y la vida se acorte implacable, el destino tomará el curso que nosotros según nuestras propias experiencias y conforme a nuestra autonomía seamos capaces de evocar. Y cuando creamos estar culminando aquel juego, éste nos sorprenderá con nuevos embates y giros, que no son más que las vueltas del destino y el girar de la tómbola de la vida.

sábado, 4 de julio de 2009

Cuestionamientos Existenciales.

¿Qué es la vida?, ¿para qué vivimos?, ¿por qué la muerte nos acecha?, ¿por qué es tan efímera la existencia? Alguno o quizás todos estos planteamientos más de alguna vez nos han hecho reflexionar e intentar dar alguna respuesta, ya sean unas más acertadas que otras, pero aún así, no hemos podido llegar a una contestación ante tales interrogantes que sea certera, y aunque lleguemos a alguna que sea muy probable, no tendremos la certeza de que así sea.

A lo largo de la historia de la humanidad muchos han sido los que han querido responder a estos cuestionamientos universales, desde eminentes filósofos, eruditos hasta personas tan comunes como tú y como yo. Si bien existen un sinnúmero de teorías, las que no dejan de ser más que eso, todas o al menos la gran mayoría de ellas han consensuado en que nuestra vida no es casualidad, ya sea desde una postura científica o aquella en la que se cree en un ser supremo forjador de nuestra vida y aunque se sea occidental u oriental, sin importar raza o etnia alguna, toda civilización humana en su cosmogonía ha intentado dar algún significado a la existencia, ese sentido que hace que el ser humano permanezca en una incesante búsqueda ante una verdad que va más allá de sus propios límites, la que muchas veces se nos torna inalcanzable.

Conforme a lo anterior, considero preciso señalar que los próximos planteamientos a los que me referiré, son fruto de mis lecturas y autorreflexiones, no pretendo llegar a una verdad absoluta ni nada por el estilo, sólo dar a conocer mi postura actual frente a estas subrepticias formulaciones que son propias de aquel ser racional que es el ser humano. Sin embargo, no somos sólo entes racionales, puesto que poseemos sentidos, e incluso algunos que trascienden más allá de lo conocido y en conjunto, la razón y los sentidos nos ayudan a encontrar nuestra identidad, nos conducen a un auto conocimiento y conocimiento del mundo que nos rodea. Es así que en nuestro continúo peregrinar nos vamos encontrando con disímiles experiencias, las que adquieren matices distintos según nuestra propia forma de ser y manera de percibirlas, encontrando aquí un factor fundamental. La percepción no es una característica que poseemos sólo nosotros, ya que los animales también la poseen y ante todo en el caso de estos últimos, es una herramienta de suma importancia para su supervivencia. Aunque también lo fue en su momento para el ser humano, lo que nos lleva a remontarnos a nuestros antepasados de períodos más primitivos, donde aquella habilidad les hizo sobrevivir ante adversidades y peligros naturales, conduciéndolos de este modo a una evolución que trajo consigo una agudeza de los sentidos e incremento de la masa encefálica, entre muchos otros cambios que fueron posibilitando nuestro desarrollo como especie.

Pero así como hemos evolucionado, haciendo alusión a lo anterior, nuestros sentidos se han agudizado, por ello no es atípico que a diario leamos o encontremos casos de personas con experiencias sensoriales que antes parecían mágicas e inexplicables, casos con experiencias paranormales se han vuelto cotidianos. Pero no sólo en tales situaciones encontramos una agudeza de los sentidos y aquí quiero detenerme, puesto que haré una confidencia. Desde tiempo inmemoriales las personas han tenido un acercamiento al mundo enigmático de los sueños, prueba de ello la podemos encontrar en la literatura, basta con dedicarnos a hacer una lectura un tanto más minuciosa de libros pertenecientes a la literatura griega, romana u oriental. Rasgos de lo onírico se presentan en diversas culturas, por ejemplo, también podemos percibirlo en la cosmogonía egipcia a través de sus jeroglíficos, por nombrar alguna. Todas aquellas culturas han presentado características que son propias del maravilloso mundo de los sueños, pero que por siglos fue vedada y, por consiguiente, poco estudiada. No obstante, en el siglo XIX encontramos su reivindicación con Freud y su teoría del psicoanálisis, él retomó una gama de temas que hacen referencia a aquél escabroso y enmarañado mundo.

Los sueños poseen diversas características, pero todas ellas intrínsecamente relacionadas con la percepción, nosotros soñamos por variados motivos, pero un cúmulo de ellos está dado por una intensa actividad mental, preocupaciones, desarrollo del área sensible de nuestro cerebro, la que está muy ligada al lenguaje o simplemente porque nuestra psiquis persiste en su labor de reconstruir imágenes mentales como continuidad del estado de vigilia y eso es porque parte del material perceptivo de aquel estado, aún sigue procesándose y por eso muchas veces gracias a los sueños nos percatamos de situaciones que despiertos se nos hubiesen hecho imposibles descifrarlas, lo que nos puede llevar a resolver problemas de nuestra vida diaria, ya sean conflictos o alguna maleficencia por parte de alguien o dependiendo del uso que le demos, podremos crear algo relacionado con nuestra labor, por ejemplo y aquí hago la confidencia, yo tiendo a soñar muy a menudo, incluso he intentado explicarme la razón de ello, aunque aun en mi corta edad no la he podido hallar, pero seguiré en mi búsqueda. Pero como mencionaba, en lo particular, yo he escrito algunos de mis sueños e intento interpretarlos y me han servido bastante para auto comprenderme y darme cuenta de hechos que ni siquiera imaginaba y también quiero destacar que lo he empleado como material para ejercer mi apasionado amor por la escritura.

En gran medida, se otea en lo que he enunciado hasta el momento, nítidamente rasgos atribuidos a la percepción, pero como he planteado, también somos seres racionales y por ello podemos utilizar aquel contenido perceptivo de forma tal que podamos organizarlo y ordenarlo para crear realidades distintas o comprender la naturaleza humana. Y en ese afán por entender aquella naturaleza, llegamos a los cuestionamientos referidos desde un principio, que son sólo una parte del todo.

¿Qué es la vida?, ¿para qué vivimos?, ¿por qué la muerte nos acecha?, ¿por qué es tan efímera la existencia?

Como he dicho, aquellos son cuestionamientos muy amplios, a los que no pretendo darles una contestación ahora, pero sí sugerir que en su justa medida todos alguna vez debiésemos formularnos interrogantes como éstas, ya que la senda que escojamos, en su trayectoria nos iluminará con la luz de la sabiduría, pero no una sabiduría universal, sino una que nos conducirá a encontrarnos con la esencia de la felicidad y el propósito de nuestra vida.

lunes, 1 de junio de 2009

En búsqueda de mi propia verdad, una verdad arcana.

Primero que todo, quiero señalar que esta reflexión surgió al igual que tantas otras que he tenido, vale decir, sin premeditación alguna, pero que de uno u otro modo me venían rondando en mi subconsciente hace un tiempo atrás. Quizás no quería percatarme de ellas o quería eludirlas, puesto que en lo personal considero que es un tema complejo, sobre todo cuando se trata de las vivencias personales. No obstante, he decidido poner de manifiesto algunas de las premisas a las cuales he llegado, producto de mis cavilaciones diarias o momentos de okio. Cabe señalar también que gran parte del interés que suscitó en mí este tema, es mi mundo interior, aquel fluir de la conciencia que en nuestro estado de vigilia innumerables veces pasa desapercibido, pero que cuando permanecemos en plena sintonía con nuestro inconsciente, es decir, en nuestros sueños, se nos presenta más amena, tangible e incluso cautivadora.


Si bien el mundo onírico es acogedor, sobre todo cuando resalta subrepticio y metafórico, cuya alegoría se torna una alabanza sublime a nuestra psiquis, es sólo una ínfima parte de la realidad, pero a través de la cual logramos comprendernos a mayor cabalidad, ya que nuestros deseos, anhelos, sentimientos y secretos, vedados incluso para nosotros mismos, convergen en su mayoría enmarañados, pero están ahí, son alcanzables e inteligibles. Este mundo al que aludo, es un mundo al que cada uno de nosotros tiene acceso, pero la diferencia radica en saber desentrañarlo y para ello se requiere un auto conocimiento, con ello me refiero a que pese al ritmo vertiginoso de nuestra vida, es necesario albergar un tiempo para nosotros, dedicarle una porción de nuestro diario vivir a la reflexión, la cual no debe ser necesariamente filosófica, pero sí que nos permita comprendernos, saber qué queremos para nuestra vida, enjuiciar nuestras propias acciones y aprender de nuestros yerros.


¿Pero para qué sirve reflexionar?


El cuestionamiento planteado da cabida a múltiples contestaciones, pero al que haré alusión, me servirá de sustento para llegar a la deducción que pretendo proponer. Es así que la reflexión supone, en primer lugar darle un respiro a nuestra vida, contener nuestras propias ansias de transitar conforme al mundo, con aquello me refiero a que en el instante en que nos detenemos, sólo somos nosotros, pero el mundo persiste en su afanada labor de un devenir constante. Sin embargo, aquel acto de detención nos plantea una perspectiva disímil a la que estamos acostumbrados, se configura una nueva forma de ver la realidad, una visión contemplativa.


Dada esta contemplación, como todo acto cuya relación es de causalidad, ésta debe ser atisbada como un método para lograr un fin, el que puede ser variado, pero siempre debe ir en aras de un mayor conocimiento o profundidad de éste, de tal modo que se convierte en una búsqueda, mediante la cual podremos por ejemplo, encontrar una arcana verdad, una visión diferente del mundo circundante y más aún, encontrar aquella verdad excelsa a la que muchos deseamos llegar, pero que con el pasar del tiempo sólo reaparece constituyendo una inexorable quimera.


¿Pero aquella búsqueda de la verdad arcana, de qué tipo puede llegar a ser?


Aquí es preciso enfatizar qué entendemos por verdad arcana, esto es una verdad que ante el intelecto, ante los sentidos y ante la propia cognición de los demás puede ser de un conocimiento inteligible o perceptible (utilizo ambos términos para aludir a los modelos filosóficos existentes, racionalismo y empirismo respectivamente), ya que los individuos en sí poseen las capacidad para conocerla, pero una verdad o aún más, una realidad es arcana, cuando nosotros no sabemos que existe pero que permanecía ahí, capaz de ser captada con el sólo hecho de disponernos a contemplarla.


Conforme a lo referido con prelación, la verdad arcana puede adquirir diversos matices y, por consiguiente, una amplia gama de posibles tipologías. A mí parecer aún no estoy en condiciones de clasificarlas en tipologías, dado que requiere de un mayor análisis y ante todo de experiencias nuevas, pero sí puedo afirmar lo siguiente:


“La verdad arcana es la búsqueda continúa del conocimiento, un conocimiento que no posee limites, pero que en su efecto nos otorga una renovada visión de la realidad y cuyo fin último es la felicidad del ser humano”.


Garcia marquez

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Distintivo: Participación activa en comunidad de Letras Kiltras.