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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Palabras.

                               A veces pienso en la fuerza de las palabras
Como Zarpazos desgarradores y aprisionadores                           Esperanza para algunos, desesperanza para otros                         Torbellino de ideas brillantes e injuriosas calumnias vulgares                        Sistema de signos y signos que no significan nada Palabras       Ilustradas  y                              A        F     R      A     N     C     E     S    A     D     A    S L I B E R T A D       a     ratos coartada Al       Libre albedrío ya no le creo nada B    r   I   t a n i s m o s  Palabrotas y anglicismos Ríe de La C O N G O J A Esa vil y siniestra ramera A        I   S  L A T  E  de  la  Sabedora de infortunios y penosos dilemas S   e    D   i   e  n t a         y      Aniquiladora de tu tiempo, mi tiempo, nuestro tiempo           A            Z           A          R          O           S             A                 S  y  Difamantes palabras trAicioneras                            …

Enamorado de la vida.

Escucho la voz de la naturaleza Presiento la danza del tiempo y la vida Mis ojos se abren ante la inmensidad del mundo Y Admirando el río de las muchedumbres que circulan torrencialmente Consumiéndose mi tacto en el relieve de la tierra húmeda y el sol caliente Mis sentidos se empalagan en un sueño mudo de néctares Ahora Mis sueños son tuyos, los tuyos míos y así nos sumergimos en ensoñaciones nuestras Mi boca se acerca a la comicidad de tus labios Mi vida convertida en tragedia se tornó en el crepúsculo del pasado Que Mi olfato satisface en aromas florales Contemplando la belleza de tus ojos en una magistral comedia Yaciendo mi cuerpo en cromática acuarela Soy Un peregrino que va abriendo caminos Viviendo una sinfonía de acordes mayores Convirtiendo los embates en momentos atemporales Libre De las ligaduras sociales y las amarras infernales Vivo el deseo y el deseo se convierte en anhelo El anhelo en un apasionado beso que pronuncia un hermoso Te Quiero.

Desilusión.

Padezco tormentos lluviosos en mi interior Me siento herido y apuñalado como gélida estocada directa al corazón Quisiera olvidar aquellos momentos de silencio sepulcral Anhelo revivir tu acariciante voz Y Quiero amarte nuevamente tal azor a su rosa bermellón No sé cómo serte fiel pese a tu vil traición Has causado estragos en mis sentidos Me has arrebatado la vida en angustias taciturnas Mi cuerpo aún conserva las huellas de tu tacto Sin embargo Aquel candente fuego odioso que es el rencor Apaga mis latidos, aniquila mi tiempo y ultraja mi vida Ahora sólo transcurren las horas ante la espera que desespera Desfalleciendo así tras cada segundo de tu ausencia Mi apasionada razón de ser que es el amor Pero Aunque quisiera desterrarte de mis pensamientos Aunque pudiese vivir un siglo de pasión Aunque me fuese a Francia a vivir el fin amour Aunque navegase en las barcazas de Venecia No podría olvidar aquella atormentadora y angustiante desilusión.

Amor de ángeles.

Ella siempre se había preguntado si las almas que han transitado por nuestras vidas y han sido capaces de vivir el verdadero amor, aún lo siguen sintiendo en la vida ultraterrena. Sin embargo, jamás se imaginó que aquella tarde apacible en el jardín de su casa, rodeada por árboles de frondosos ramajes y de rebosantes rosas rojizas iba a ser testigo de un fenómeno aparentemente paranormal, que escapaba a la lógica humana, pero que había constituido parte de cada momento de su silenciosa y nostálgica vida.
Amelia como de costumbre, se asomó a la balaustrada del corredor central de su casa, cuya vista dejaba entrever los nidos de las aves en las altas copas de los árboles, las piletas repletas de pétalos de gardenias en el transcurrir de las diáfanas aguas que caían como cascadas a los pies de un hermoso estanque, colmado de peces de los más variados y fascinantes colores, azul nocturno, verde esmeralda, rojo carmesí, amarillo crepúsculo, naranjo soleado y plata natural, los que acompaña…