jueves, 27 de enero de 2011

Envidia.




Tú que carcomes con tu cizaña
Que aborreces a los bellos amantes
Ahógate en tu vaho repugnante
Y
Calcínate a fuego lento
En pezuñas de cocodrilos palpitantes
Ahórrate tus palabras
Que devoran a cada instante
Como sanguijuelas vehementes de sangre.
Sumérgete en el agua de la Estigia
Y
Cúbrete tus cabellos serpenteantes
Vulgar medusa de horror aberrante.
Gritos salvajes de estupor te acallarán
Y
Caerás mil veces en las garras de cerbero
Hasta el noveno círculo de Dante hundirás tu corazón de hierro.


domingo, 23 de enero de 2011

Cobardía.




Tus ojos me dicen lo que tu corazón oculta
Tus labios me susurran lo que tu boca calla
Tu piel se eriza en mi compañía
 Tú te petrificas como témpano de hielo
Pero
Tu amor aumenta a cada instante
Como caluroso fuego de destellos sonoros
Por ello
Aunque tu cuerpo se aleje
Tus sentidos me engañen
Jamás dejarán de respirarme, tocarme,
Pensarme y amarme.
Ya que
Sólo tu espíritu es el cobarde
Pues
Nuestros cuerpos luchan como caballeros medievales
Se agazapan como saetas de cupido por un amor incumplido
Cuyo destino es tal cual el de una rosa bermellón
De colores apasionados, pero aprisionada como tu corazón.

sábado, 22 de enero de 2011

Pienso para existir y existo porque pienso.




Hoy no es un día reflexivo, ni de filosofías carteanas, sin embargo, un sentimiento profundo me embarga, no es soledad, aunque puede que algo de ella haya, tal vez en esta ocasión use la escritura para desahogar mis penas, pero que si bien son personales, trascienden hasta tal punto que se convierte en un hondo abatimiento social, en efecto, lo es. Sentir una y mil veces melancolía por la añoranza de tiempos pasados culmina causándote estragos, no obstante, el recuerdo de aquella persona que cambió mi vida, a veces acarrea sentimientos de esperanza. Pero son tres tiempos los que se conjugan y se superponen, el pasado que ya he mencionado, donde viví los mejores encuentros y momentos, que al trasladarlos a un presente, se tornan añoranzas, aunque es en el presente donde se manifiesta el caos, lo que si no se soluciona, desencadenará un porvenir irreconciliable de energías que chocan y se estrellan rompiendo el status quo, aun así pienso que aquella ruptura, que se vuelve irreverente ante la vida y el amor, podría generar una gran satisfacción.

            No está en mí, está en ti quisiera decirte, pero no puedo, no es que me falten las palabras, al contrario, me sobran. Tal vez lo que nos sucede es que si ponemos en palabras nuestros sentimientos éstos se desvanecerán como esencias etéreas. Te amo y sé que tú también me amas, pero nuestro amor rompe el status quo, por ello cavilo y miro hacia el futuro y digo: “De qué nos vale el status quo si no podemos ser felices”, mi amor por ti jamás se desmigajó absolutamente, es un mar de llamas fugaces que se amalgaman una y otra vez cada vez que estoy junto a ti. Existo porque te amo y te amo para existir, tu amor me prodiga de vida, que se esfuma cada vez que me rechazas con tu mirada. Sé que luchas intensamente para negar lo que sientes, aquello te causa un gran sufrimiento y pesar, ¿pero de qué sirve pensar y pensar una y mil veces, sin actuar? Carpe diem es el tópico que se viene a mi mente, vivamos el día al máximo, aprovechemos nuestra hermosa juventud, como señalaban los sabios griegos, jamás seremos más bellos que en nuestra mocedad, tal vez parezcan idolatrías egocentristas, sin embargo, no lo son, pues la fortaleza de espíritu también nos acompaña, aunque de nuevo aparece la intrincada sociedad que coarta los espíritus y proclama que todos debemos ser iguales, comportarnos en base a patrones y que si hay un mínimo de diferencia ésta debe ser arrancada de raíz.

            No busco cambiar el funcionamiento de la sociedad, lo que sí no permitiré que la sociedad me cambié a mí, por ello seré tal cual lo deseo y me comportaré a mi modo, pues qué importa el qué dirán, vivimos supuestamente en sociedades más liberales y el país que habito no es la exclusión a la regla, sin embargo, lo liberal ha perdido el rumbo, pues en determinados casos se confunde libertad con libertinaje y claramente este tema es troncal en las sociedades del siglo XXI, ya que el verdadero valor de aquella palabra que tanto amamos, se está deteriorando. Creemos ser libres, puesto que se nos permite hacer lo que deseemos siempre y cuando no coartemos la libertad del otro, podemos seguir nuestros principios y escoger nuestro propio estilo de vida, por lo tanto, la libertad nos conduciría a la felicidad. ¿Pero qué sucede cuando ves que en estas sociedades todo se fabrica en serie?

            Un claro ejemplo son las tiendas comerciales, llámense mall entre otros, lo que deja entrever nítidamente que aquel anglicismo tiene su razón de ser, pues bien, aquello sólo es el eslabón de cómo la homogeneización propugnada por potencias primer mundistas ha penetrado incluso en nuestro lenguaje cotidiano, empleando palabras que son meros préstamos lingüísticos, que si extrapolamos el concepto es como si viviéramos en una sociedad prestada, que no nos pertenece, perdiendo nuestras raíces, lo maravillosos de ellas. No hablo sólo de los pueblos originarios, si bien éstos son fundamentales en nuestra conformación de identidad, sino que el equilibrio con la naturaleza se ha roto, incluyendo nuestra propia naturaleza, la humana.

            Por lo tanto, una vez reconocido el problema, deviene la solución, pero si lo atisbáramos como una ecuación matemática, metafóricamente hablando, no habría sólo una solución, sino que múltiples posibilidades, que cada uno debe descubrir y potenciar para colaborar a hacer de este mundo un lugar más ameno, donde las relaciones humanas sean lo más importante y que éstas se conduzcan por buen cauce. Ha habido un cúmulo de grandes pensadores que lo han señalado, sólo falta tomarlos en cuenta y no dejar que se mueran en el olvido y abismo de la memoria.

Un delirio de amor.


Escribiré un poema de tus besos
De tus caricias una canción con sabor a pasas al ron
Te regalaré una rosa que me sabe a champagne francés
Suspiraremos juntos en los lirios de nuestros recuerdos
Y
Te besaré mil veces en aquel atardecer
Bajo un crepúsculo surcado por gaviotas al viento
Que nos guiarán por caminos de ensueño
Con
Retazos de amores platónicos
Imágenes apagadas de fuegos fugaces
Como vaporosas cenizas de hogueras pasadas
Tal azor mudado mi amor por ti me ha desahuciado
Sin embargo
Aún guardo tu silueta reflejada como espejo en el mar
Proyectando sin rumbo tu dulce rostro
Trasluciendo tu cuerpo en matices delicados
Impregnando de aromas estivales tus rojizos labios de aroma en flor
A la espera de un delirio de amor.



sábado, 15 de enero de 2011

Doncella de la luna.




-¿Doncella de la luna?- Se decía a sí misma Odette. Se habían sucedido sólo segundos, pero le parecieron una eternidad. -¿Qué sucede, por qué mi abuela se comporta de aquel modo tan extraño?- Seguía cuestionándose sin dirigir palabra alguna a su interlocutora, hasta que finalmente se decidió a responder naturalmente con una grácil risa que transformó la atmósfera de la habitación en un cálido ambiente. Abuela, a qué se debe aquel apodo, jamás me habías llamado así, al menos no que lo recuerde. -Haz memoria hija mía- la incitó aquella mujer que estaba postrada en la cama. Por más esfuerzo que hizo, no lo logró, pues tenía sus pensamientos mal encauzados, debía rememorar aquello que le pertenecía como recuerdo, que pese a todo, no era completamente suyo.

            -No recuerdo ninguna oportunidad en la que me hayas llamado así, abuela.- le reprochaba Odette. No obstante, su abuela insistía, pero esta vez desde una perspectiva diferente. -Mira tu collar hija mía, ¿no notas que algo está cambiando?- Señaló leve y parsimoniosamente Mórrigan. Asombrada Odette posó su mirada sobre aquel collar adamantino que poseía, el que destellaba en una brillantez inhabitual, dimanando una energía tal, que sólo había sentido en aquella noche misteriosa, donde descubrió aquel extraño don. –Ahora, inténtalo de nuevo, ergo funcionará mejor con aquella energía, después entenderás todo. Lo debes descubrir por ti misma.- A medida que Mórrigan decía aquellas palabras, Odette las iba siguiendo al pie de la letra, concentrando sus pensamientos en el collar e intentando ver más allá, buscando el momento exacto en que había escuchado que la llamaran de ese modo tan estrambótico.

            En un principio sólo apercibía matices tornasolados y rojizos. Se encontraba en un crepúsculo, luego se avecinó la negrura en todo su ancho, dando paso a un majestuoso resplandor lunar, prodigando de luz a la tierra, dejando al descubierto un desierto conquistado por extensas dunas y valles, era como un paraíso perdido. Unos pasos más allá sentía movimientos de objetos y escuchaba ruidos muy dispares, por lo demás en un dialecto ininteligible, al menos para Odette. Aun así decidió allegarse a aquellas gentes, parecían personas trashumantes, de las que acostumbran a permanecer por un breve lapso en un territorio, estaban tocando bellas melodías en rústicos y armoniosos instrumentos, se asemejaba a un ritual. En efecto, invocaban a un espíritu lejano, de otro tiempo y lugar.

            Odette no sabía qué la atraía hacia aquel sitio, pero cada vez se acercaba más y más, hasta que estuvo envuelta entre ellos, sin embargo, era como si esos hombres y mujeres no pudiesen verla. Siguió adelante y se asomó a la fuente del ritual, era un valle en cuyo centro había un riachuelo, donde la ceremonia estaba llevándose a cabo. En ese preciso instante se produjo el prodigio, Odette comprendió aquel dialecto ininteligible y la razón de su venida cobró sentido. Esos hombres adoraban a la doncella de la luna, le solicitaban su protección y resguardo de los espíritus malévolos que circundaban el valle. Odette los escuchó, quiso acercarse a ellos, pero la luz de su collar se desvaneció junto a ella.

            Se encontraba de regreso en la casa de sus abuelos, se sentía como si hubiese hecho un largo y agotador viaje, sin embargo, sabía que su cuerpo no se había desplazado, sino que su mente, sus pensamientos. Por lo demás, estaba aquel misterioso collar y la energía que generaba, la ansiedad la oprimía, quería saber las respuestas del origen de aquellos sucesos y cómo podían realizarse. –Abuela… esto… creo saber de qué se tratan todos aquellos sucesos inauditos.- Dijo entrecortadamente Odette. -Verás, esta semana he incursionado un poco en los misterios de este collar y más aún, cómo funciona, de hecho, sé que parecerá increíble, pero hace una semana exactamente, en aquella fiesta, el tiempo se detuvo para mí, no lo controlé, sólo ocurrió. Y respóndeme, esa sombra era la tuya cierto, tú me guiaste hasta allá y ahora me muestras estas visiones, ¿por qué abuela, jamás oí nada así, de dónde salió esa extraña energía?- Relataba intrigada y confusa Odette.

            Mórrigan, le pidió que se acercara y estrechara su mano, después pausadamente procedió a contarle su versión de los hechos, vislumbrando los misterios que guardaba. –Doncella de la luna, mi querida Odette, mi misión en esta vida era una sola, protegerte y guiarte hasta que supieras quién eras en verdad y pudieras ejercer tus fuerzas al servicio de nuestro linaje. Te esperan muchas pruebas, te enfrentarás a un mundo nuevo, se te avecinan un sin fin de obstáculos, que sólo tú podrás sortear, no obstante, es menester que sepas un poco más de nosotros, ya que nuestra familia se remonta a épocas inmemoriales, la que ha tenido siempre una labor trascendental en este mundo, que es salvaguardar su paz, apartando los espíritus enajenados, dispuestos a destruir los cimientos de lo que creemos y somos, espíritus cuyo libre albedrío los conduce a las más nefastas acciones. Cada uno de nosotros, posee un don que lo hace especial, el tuyo doncella, lo irás desentrañando cada vez que experimentes con él, así lo controlarás de mejor modo, pero recuerda que éste debe ser usado con el propósito de traer tranquilidad a esta tierra y no su caos. Por otro lado, aquel collar que te di, es un amuleto, cada miembro de nuestro linaje recibe uno cuando ha llegado el punto culmine de su preparación, su función es acrecentar la energía que somos capaces de producir, focalizándola para que así tu don adquiera una efectividad mayor, finalmente respecto a la visión que presenciaste, ocurrió realmente, en un tiempo lejano, en particular tú tienes ese don, eres capaz de usar el tiempo a tu favor, adelantarte a los hechos e ir en busca de aquellos remotos y pasados, te espera una ardua labor. La mía acaba de terminar.- Tras su narración, soltó la mano de Odette y su cuerpo adquirió una sutil palidez, Mórrigan había muerto, su alma se desdobló del cuerpo terreno, amalgamándose a la sombra, la misma que guió a Odette, aunque ella no pudo notar esto último.


viernes, 14 de enero de 2011

Odette, primeras sensaciones.



Habían transcurrido años que se apercibían como décadas, desde aquel desconcertante y maravilloso día, donde Odette descubrió un talento innato, propio de su naturaleza apacible y alicaída, que sin lugar a dudas la predispusieron a desarrollar una sensibilidad aguzada, que comenzó siendo una mera captación de atmósferas. En efecto, la primera vez que se percató de aquella característica tan particular de su ser, fue en una noche de verano en la casa de sus abuelos. Ese día, ella estaba sentada en el balcón, apoyando levemente sus codos en la balaustrada, observando de soslayo la reunión familiar, pues prefería permanecer en su propio mundo, que de por sí era de suma intensidad, en vez de aferrarse a la cotidianidad terrenal. Fue en ese preciso instante cuando una mirada penetrante la envolvió y la abrasó como hoguera candente, sumiéndola en un estado que jamás había sentido, aquella tórrida sensación la rodeó hasta tal punto, provocándole un sopor que la hizo resbalar de costado, por fortuna pudo sostenerse cuidadosamente. Tras aquella extraña sensación y caída, tornó su cuerpo en la dirección contraria en que se encontraba y para su mayor extrañeza, no había nadie, sólo una sombra.

Sin embargo, si bien no podía ver nada más que los objetos que la rodeaban, aún sentía y presentía una mirada penetrante, fue en ese momento cuando fijó su visión en el punto inferior a un candelabro, que daba paso a una escalera que descendía hasta el primer piso. Odette la contempló durante unos segundos y le pareció que ésta comenzaba a danzar. -¿Una sombra danzante?, cuándo se ha visto algo así, debe ser mi imaginación.- Pronunció anonadada. No obstante, aquella sombra sí danzaba y gesticulaba, fue así como le señaló que la siguiese. Ella sin saber qué responder ante aquel gesto, no lo pensó dos veces y se aproximó raudamente a la zaga de aquella intrigante sombra. Primero recorrieron las escaleras, traspasaron pasillos y habitaciones, hasta que se encontraron en plena reunión familiar. Todos detuvieron lo que hacían, para atisbar a la beldad griega que se presentaba ante ellos.

Odette a sus diecisiete años era una joven espléndida, su belleza radicaba en un encanto connatural, pues físicamente se agazapaban en su rostro un cabello cobrizo que ante la luz de la luna, adquiría un matiz platino, una tez blanquecina y frágil como la seda, amalgamándose a sus labios de un rojo carmesí y ojos semejantes a perlas de aguamarina. Si bien los comensales no emitían palabra alguna, ella pudo captar en sus ojos no sólo sensaciones, sino que palabras. Una mirada dice más que mil palabras, pensó. Aunque ella sabía que estaba sucediendo algo más aquella noche, ya que parecía como si el tiempo se hubiese detenido especialmente para ella. Por otro lado, los invitados se movían parsimoniosamente, con movimientos sutiles de centésimas de segundos, mientras que ella podía deslizarse grácilmente, con mayor rapidez de la habitual. Aquello le permitió captar la atmósfera que generaba, podía analizar cada rostro y gesto a su antojo, comprender lo que iban a decir antes que éstos enunciaran palabra alguna y más aún, podía adelantarse a los hechos. Nunca se imaginó que aquella habilidad la salvaría en más de una oportunidad.

Pero aquel extraño suceso sólo se extendió unos minutos, que casi le provocan un desmayo. Se había excedido en el tiempo. Así sus ojos se cerraron y todo volvió a la normalidad, los invitados que comenzaban a mover sus brazos y palmas en movimientos que desembocaron en aplausos, pero Odette sabía que ella había ingresado a aquella escena hace varios minutos y que aquello no encajaba. Hizo como si nada hubiese pasado, pese a que se encontraba sumamente agotada por el esfuerzo que había llevado a cabo, pero saludó a cada uno de los presentes y luego regresó a su recámara. Allí descansó el tiempo que estimó necesario, mientras reflexionaba sobre lo sucedido y cómo había adquirido aquel extraño don, si es que puede llamarse así. Estando en plenas cavilaciones recordó el collar de su abuela, quien se lo regaló para su cumpleaños la semana anterior.

Aquel misterioso collar albergaba recónditos secretos, representaba un legado y tradición inmemorial, de la cual Odette no era consciente aún, sin embargo, sentía una fuerza que manaba de él, cuya energía la ceñía en todo su rededor, como un aura prístina que la purificaba y la envolvía en pensamientos acogedores e inquietantes, los que se fundían y divergían de uno u otro modo, que para su desconcierto, la conducían a otra vida, distinta a la suya. Era como si viviese su propia vida, pero a su vez la de otros seres, un alma en varios cuerpos, transmutando en diversos viajes, que iría descubriendo en el peregrinar de las estaciones de la vida.

Las sensaciones que se le presentaban eran de lo más inverosímil, ¿cómo era posible vivir como otros y en otros, sin dejar de ser uno mismo?, preguntas como aquellas la invadían desde lo más profundo de sus entrañas, sin saber qué hacer o reaccionar, si debía apartarse de aquel mundo desconocido, pero intrigante o aproximarse hasta donde pudiera. Esa primera semana estuvo inmersa en sus propios pensamientos, aún permanecía en la casa de sus abuelos, aunque no había visto nuevamente a la sombra portadora y guía de aquel demiúrgico suceso. De esta guisa, se decidió finalmente y prefirió el camino difícil, no se amedrentaría por unos trucos enigmáticos o sobrenaturales, quería llegar al fondo del misterio, aunque se le fuera la vida en ello.

La semana transcurría sin nuevos embates, todo se encontraba aparentemente normal, pero Odette sabía que en aquel silencioso hogar había un hálito misterioso que debía ser revelado, por ello comenzaría incursionando en aquella gran casona y experimentando con aquel don que había adquirido. Primero se dirigió a los cuartos más cercanos, sin que nadie la observase, revisó armarios, veladores, cofres. En aquella habitación sólo encontró libros añejos, algunos adminículos de uso común y monedas de tiempos pasados, incluso algunas del siglo XV, estampillas que seguramente almacenaba su abuelo y cartas cuyo sello postal eran de la década del sesenta. Ahora no encontraba pertinente leerlas, aunque pensaba dedicarle un tiempo a sus lecturas más adelante, por ahora se encontraba en plena búsqueda de algo de lo que ni ella misma tenía absoluta certeza.

Tras indagar en aquel primer cuarto, pasó al siguiente, en él habían variados cuadros, los que abarcaban estilos tan dispares como gótico, neoclásico y romántico, los que sin lugar a dudas correspondían a los gustos de su abuela. Su instrucción y conocimiento rudimentario del arte, le permitía al menos distinguir a qué épocas pertenecían, se quedó contemplando un momento uno de ellos. Era una obra de arte conocida, del maestro romántico Caspar David Friedrich, donde se reflejaba un hombre frente a un acantilado, cuya vista era dirigida hacia el mar, el que estaba embravecido, batiéndose contracorriente, mientras aquel hombre miraba a la deriva, contemplando las encrucijadas del abismo y de la vida, con su cabellera al viento.

 Estaba abstraída contemplando los cuadros cuando por la proyección de la luz de una lámpara, atisba una sombra. -¿De nuevo una sombra, qué me querrá señalar ahora si es que es la misma?- se cuestionaba confusa Odette. Se tornó de espaldas a los cuadros y miró de reojo a aquella sombra, por la apariencia y figura que dejaba entrever le resultaba familiar, no sabía de quién o qué exactamente, pero prontamente lo averiguaría. Ambas se cruzaron y emprendieron un nuevo camino, la sombra la condujo hasta una habitación obscura, que se encontraba hacia el ala opuesta de la casa, era el dormitorio de su abuela.

Aquel cuarto parecía ser la razón de tan insólitos sucesos, por ende, el misterio al fin le sería revelado. Sin embargo, ella no se imaginaba que éste recién estaba comenzando y que aún lo más inusual y escabroso distaba mucho por venir. Se aproximó a la puerta, de un color ocre desgastado y giró la manivela. Sintió que una poderosa energía se apoderaba de su ser, debió aferrarse bien para no caerse. -¿Qué está sucediendo?, ¿Qué es esta energía que jamás había sentido?, es como si hubiese un astro solar que irradia energía- Pensaba para sí Odette. Finalmente entró a la habitación y en su interior, efectivamente estaba su abuela, quien pronunció las siguientes palabras. –Te estaba esperando doncella de la luna.-

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