martes, 7 de febrero de 2012

Pobreza, indigencia y familia, una re-conceptualización sociológica en el siglo XXI.


En el presente ensayo, se plantearán de manera interrelacionada, conceptos tales como los de pobreza, indigencia y familia, los que han cambiado drásticamente durante las últimas décadas y, que sobretodo los cientistas sociales en general y sociólogos en particular han puesto sus ojos en ellos, cambiando la concepción que tenían, debido ante todo a los estándares distintos de vida a los que se enfrenta la sociedad del siglo XXI, influenciado por el régimen económico, el ingreso de la mujer al mundo laboral, el ritmo de vida, entre otros factores que se irán desarrollando a continuación. Es así que paradigmáticamente en el artículo sobre “Pobreza, bienestar y exclusión social”, observaremos el caso de Carol, madre soltera que se debe hacer cargo de su casa e hijos, lo que le demanda mucho tiempo, el que debe sacrificar y que no puede pasar con ellos, por optar a un mejor sueldo, lo que representa claramente el panorama de las familias del presente siglo, que como veremos pertenece a la tipología monoparental. Consiguientemente citaré un extracto del relato: “A Carol le preocupa estar pasando demasiado tiempo lejos de los niños, pero no ve ninguna solución para este dilema. Los primeros dieciocho meses después de que ella y su marido se divorciaron los pasó en casa con los niños, viviendo de las ayudas del gobierno. Aunque lucha para afrontar la situación actual, no quiere depender de la asistencia social.”[1] Éste es un ejemplo patente de la visión que se tiene actualmente sobre las familias, las que en la mayoría de los casos son disfuncionales, problemáticas y que la sociología se encargará de comprender.

“Puede que muchas personas que conozcan a alguien como Carol hagan ciertas suposiciones sobre su vida. Quizá lleguen a la conclusión de que su pobreza y su mala posición social sean el resultado de sus capacidades naturales o la consecuencia de su propia educación. Otros culparán a Carol por no trabajar lo suficiente para superar su difícil situación. ¿Acaso estos puntos de vista se ajustan a la realidad? La labor de la sociología es analizar estos presupuestos y desarrollar una visión amplia de nuestra sociedad que logre explicar las experiencias de gente como Carol.”[2] Es decir, a lo que apunta la cita anterior, es cómo a través de determinados casos, la sociología en tanto ciencia social, puede obtener conclusiones, sobre el funcionamiento de la sociedad y así explicar los cambios y fenómenos a los que nos vamos enfrentando y hasta cierto punto, brindarnos soluciones al respecto.

Desde otra perspectiva, como se señaló, una de las conceptualizaciones puestas en cuestión, era la de pobreza, pero qué se entiende por ésta; nuevamente la analizaremos a la luz de la sociología, donde se nos proponen dos enfoques, el de la pobreza absoluta y el de la pobreza relativa: “El concepto de pobreza absoluta se basa en la idea de subsistencia, que alude a las condiciones básicas con las que hay que contar para poder llevar una existencia sana desde el punto de vista físico. Se dice que quienes carecen de estos requisitos fundamentales para la existencia humana –como son tener suficiente alimentación, cobijo y vestimenta- viven en la pobreza. […] Sin embargo, no todo el mundo acepta que sea posible identificar ese nivel. Quienes discrepan señalan que es más apropiado utilizar el concepto de pobreza relativa, que relaciona esa situación con el nivel de vida en general predominante en una determinada sociedad. Los partidarios de este concepto sostienen que la pobreza se define culturalmente y que no debe calibrarse según un nivel de privación universal.”[3] De esta manera, la noción de pobreza ya no es unívoca, sino que dependiendo el punto de vista, ésta en tanto objeto de estudio, será captada de manera diferente, a través de las comparaciones universales y particulares con el mundo y la sociedad.

Dentro del marco de los conceptos vinculados a la pobreza, se encuentra asociado el de línea de pobreza: “Se basa en el precio de los productos básicos que necesita el ser humano para sobrevivir en una determinada sociedad. Se dice que los individuos u hogares que están por debajo de ese nivel viven en la pobreza.”[4] A su vez, no sólo hay una diferencia conceptual en cuanto a la “pobreza”, sino que también en cuanto a las personas que pertenecen a este grupo y por qué son consideradas tales, conllevándonos a explicar quiénes son los pobres y cuáles son sus condiciones y, por oposición, cuándo dejan de serlo, lo que se responde a través de la siguiente cita: “Es imposible ofrecer un perfil que describa a los pobres; el rostro de la pobreza es diverso y siempre cambiante. Sin embargo, ciertas categorías de personas son más propensas que otras a vivir en la pobreza. Con frecuencia, los desfavorecidos en otros aspectos de la vida tienen más posibilidades de ser pobres. En algún momento de su existencia, es más probable que vivan en la pobreza los desempleados, los que tienen trabajos inestables a tiempo parcial, los ancianos, los enfermos y los discapacitados, los niños, las mujeres, los miembros de familias numerosas y/o familias monoparentales, y también las minorías étnicas.”[5]

Al mismo tiempo, para desentrañar la pobreza, surgen de igual modo dos posturas, las que cotaré y procederé a explicar a posteriori: “Teorías que consideran a los pobres responsables de su propia pobreza y teorías para las que ésta la producen y reproducen las fuerzas sociales estructurales. A estos enfoques contrapuestos a veces se les describe como teorías que echan la culpa a la víctima y que echan la culpa al sistema, respectivamente.”[6] La primera de estas posturas, vista desde una óptica psicológica, consideraba prácticamente una patología que ciertos individuos no pudieran surgir y que debido a su incapacidad, quedaban estancados y no se podían valer por su cuenta, convirtiéndose en una suerte de lacra social. Así lo señalan los críticos: “Se pensaba que la posición social era un reflejo del talento y el esfuerzo de una persona; los que merecían triunfar lo conseguían, mientras que los menos capacitados estaban condenados al fracaso. La existencia de ganadores y perdedores era vista como un hecho vital inevitable.”[7]

Según lo anterior se desprende el típico estereotipo racionalista, donde triunfa aquél que posee un mejor coeficiente intelectual, lo que como sabemos quedará relegado a un segundo plano durante el siglo XX con las teorías de las inteligencias múltiples. Y, en cuanto a la 2ª postura; la sociedad y el modelo imperante determinará a los grupos sociales pobres, piénsese, por ejemplo, en sociedades rígidas y estáticas, con una prácticamente nula movilidad social, como las antiguas civilizaciones (griega, egipcia, romana) y medievales, donde sin lugar a dudas no se permitiría ascender socialmente a los de más baja ralea. En cambio, en las sociedades contemporáneas, al menos hay una mayor tendencia a la movilidad social y si los pobres acceden a un mejor nivel educacional, éstos podrán surgir y dejar de pertenecer a ese estrato. Un concepto primordial, que surge a raíz de la discriminación hacia aquellos de menor estrato, ha sido denominado como Infraclase, que vienen a convertirse, literalmente, en parásitos sociales y económicos, así los define Charles Murray: “Un sector de la población que vive en los márgenes de la sociedad en una situación de grave desventaja. Se compone de individuos que sufren largos períodos de paro (o historias laborales muy fragmentadas) y que dependen en gran medida de las prestaciones públicas para llegar a fin de mes. […] La idea de infraclase tiene una larga historia. Marx hablaba de un lumpen proletariado compuesto por individuos situados permanentemente al margen de las formas dominantes de producción económica y de intercambio. En los últimos años, el concepto se ha aplicado a las clases peligrosas de pobres extremos, ladrones y vagabundos que se niegan a trabajar y que sobreviven en los márgenes de la sociedad como parásitos sociales.”[8]

Al referir el término de Infraclase se hacía alusión a una discriminación con claros dejes negativos, por ello se ha optado para aludir a este mismo fenómeno, por una terminología más neutral y objetiva, designada como “Exclusión social”, la que va más allá de la diferencia entre clases y en la que ahondaré a continuación: “La mayoría de los investigadores de Europa prefiere utilizar el concepto de exclusión social y no el de Infraclase. La idea de exclusión social la han hecho suya los políticos, pero quienes la introdujeron fueron los sociólogos, para referirse a las nuevas causas de desigualdad. La exclusión social alude a cómo los individuos pueden verse apartados de una completa participación en el conjunto de la sociedad. Es un concepto más amplio que el de Infraclase y presenta la ventaja de subrayar procesos: mecanismos de exclusión.”[9] Cabe destacar que el concepto de exclusión no solamente abarca el ámbito social, sino que adquiere diversos matices, tales como el económico y político, por ejemplo.

La exclusión económica: “Los individuos y las comunidades pueden sentirse excluidos de la economía tanto desde una perspectiva productiva como desde la del consumo. Del lado de la producción, el empleo y la participación en el mercado de trabajo son capitales para la inclusión.”[10] Aquí se percibe un atisbo sobre los efectos de la exclusión y cómo funciona, pues el sólo hecho de no poseer un trabajo estable, es una fuente de exclusión económica, como la tenencia de bienes de consumo, tales como los teléfonos celulares, cuentas corrientes, entre otros y, manifiestamente la indigencia es el peor de los escenarios.

La exclusión política: “La participación popular y continua en política es una de las piedras angulares de los estados democráticos liberales. Se anima a los ciudadanos a mantenerse al tanto de los asuntos públicos, a alzar su voz a favor de la oposición, a entrar en contacto con los representantes que han elegido para exponer sus preocupaciones y a participar en todos los niveles del proceso político. Sin embargo, la participación política activa puede no estar al alcance de los socialmente excluidos, que quizá carezcan de los recursos, de la información y de las oportunidades que se necesitan para implicarse en ese proceso.”[11] Como hemos visto, en este punto existe una interrelación entre la exclusión social y sus hipotéticos casos de exclusión política.

La exclusión social: “La exclusión también puede experimentarse en el ámbito social y en el de la vida comunitaria. Las áreas que sufren un alto grado de exclusión social pueden contar con pocos servicios comunitarios, como parques, instalaciones deportivas, centros culturales y teatros. Los niveles de participación ciudadana suelen ser escasos. […] La exclusión social también puede significar que las redes sociales son limitadas o débiles, lo cual produce aislamiento y un contacto mínimo con los demás.”[12]

            Como se ha ido esbozando, la indigencia es lejos una de las situaciones más adversas y donde se ve reflejada en grado sumo la exclusión social: “La mayoría de los pobres vive en algún tipo de vivienda o refugio permanente. Los que carecen de esto, los indigentes o sin techo, se han hecho muy visibles en las calles de las ciudades en los últimos veinte años. […] Quienes carecen de residencia permanente pueden verse completamente apartados de muchas de las actividades cotidianas que otros dan por hechas, como ir a trabajar, tener una cuenta corriente, recibir amigos e, incluso, cartas en el buzón.”[13]


[1] Capítulo 11: Pobreza, bienestar y exclusión social. Sociología. Pp. 398.
[2] Íbidem.
[3] Íbidem. Pp. 399.
[4] Íbidem.
[5] Íbidem. Pp. 405.
[6] Íbidem. Pp. 406-407.
[7] Íbidem.
[8] Íbidem. Pp. 412.
[9] Íbidem. Pp. 415.
[10] Íbidem. Pp. 415-416.
[11] Íbidem. Pp. 418.
[12] Íbidem.
[13] Íbidem. Pp. 422.

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