martes, 17 de julio de 2012

Poesía erótica nerudiana y huidobriana.








Poesía erótica nerudiana y huidobriana.


La concepción del amor en Neruda y Vicente Huidobro.

















Índice.


Prólogo……………………………………………………………….. pp. 1-3





Poesía erótica de Neruda………………………………………………………………....pp. 4-6.





Poesía erótica de
Huidobro……………………………………………………………………………………….....pp. 7






Poema erótico de autoría personal………………………………………………..........................pp. 8.









                                                                  

Prólogo.

El `propósito de la presente antología apunta fundamentalmente a recopilar 4 poemas representativos de la poética de Pablo Neruda y de Vicente Huidobro, a los que se le sumará uno de autoría personal, en íntima relación; poemas cuyo núcleo central lo constituye la temática del amor, con sus convergencias y divergencias respectivas, poemas, todos los cuales, son tomados de distintas fuentes. Particularmente en Neruda, serán tomados desde Crepusculario, El hondero entusiasta y Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Por otra parte, de Huidobro tomaré algunos de sus cantos a la mujer presentes en su obra más reconocida, que es Altazor. Por consiguiente, el lector queda invitado a leer con detenimiento y deleite los poemas antologados, los que le serán presentados de un modo ameno, en un orden secuencial y diacrónico, es decir, desde la fuente más remota a la más cercana.

Primeramente me centraré en Neruda, posteriormente en Huidobro, de este modo en relación a los rasgos principales de la poética del primero, radica una concepción erótica, la que concebirá al cuerpo humano como máquina, a su vez la poética nerudiana se entronca con el sistema poético vanguardista en determinados momentos, lo que influirá y hará que ésta adquiera rasgos tales como un mayor grado de consciencia subjetiva e incluso, la experiencia misma de la ciudad será de suma trascendencia, lo que nuevamente está en estrecha relación con el arte de corte vanguardista.

Continuando con la obra de Neruda, en ésta esencialmente percibiremos diversos elementos, ante todo vinculados con el amor, por ejemplo, Crepusculario, en él se presentará una sensibilidad dolorosa y abierta al amor, por ello es de suma relevancia. De igual manera, en el hondero entusiasta, se da el caso de que a través de la amada se buscará acceder al infinito, finalmente en Veinte poemas de amor y una canción desesperada hasta cierto punto se genera la misma situación, pues se buscará trascender a través del otro.

      A posteriori, viene la poética de Huidobro, ésta al igual que la de Neruda toma postulados de las Vanguardias europeas, pero con un matiz propio, que será, en definitiva, el Creacionismo, en oposición al arte mimético decimonónico, donde la finalidad del poeta será crear mundos nuevos, en una suerte de pequeño Dios. De hecho se pueden encontrar versos que vienen a representar su visión de mundo de manera muy patente, como se verá a continuación. En suma será todo un cambio en relación a la visión de mundo que se tenía hasta entonces:

“Después de mi muerte un día
   El mundo será pequeño a las gentes
*      Plantarán continentes sobre los mares
*      Se harán islas en el cielo
*      Habrá un gran puente de metal en torno a la Tierra
*      Como los anillos construidos en Saturno
*      Habrá ciudades grandes como un país
*      Gigantescas ciudades del porvenir”

Centrándome y refiriéndome a la concepción de lo femenino en Vicente H., es que tomaré su obra, Altazor, cuyo segundo canto es una oda a la mujer, donde se romperá transitoriamente la soledad, algunos de sus versos son los consiguientes, que nos permiten dilucidar las imágenes poéticas y cautivadoras que nos presenta:

“Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?”.

Por otro lado, se refiere, que gracias a aquella mujer el hombre o ser, puede alcanzar lo absoluto, la eternidad en sí misma: “Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad”. Al mismo tiempo, en aquel segundo canto encontraremos una imagen encarnada de la poesía, así funciona en los próximos versos:

Eres más hermosa
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento”.

En lo que respecta a la presentación de los textos antologados, éstos se presentarán de un modo secuencial y diacrónico, enmarcados en las fechas y contextos de producción respectivos, es decir, seguirán la secuencia de su publicación, es así que los primeros poemas que anexaré son “Amor” de Crepusculario (1919), luego “El hondero entusiasta” (1923-1933) y, finalmente “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924), donde se nos presentarán paisajes marinos y románticos. Posteriormente, tomaré la poesía de Huidobro, donde como ya señalé, seleccionaré el Canto II de Altazor, para luego culminar con un poema particular de mi autoría.




Crepusculario. (1919).


“MUJER, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.

Pp. 55.

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
Porque tu ser pasara sin pena al lado mío,
Y saliera en la estrofa-limpio de todo mal-.
. . . Cómo sabria amarte, mujer, cómo sabria
Amarte, amarte como nadie supo jamás.
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.


Pp.56.”[1]



El hondero entusiasta. (1923-1933).           
          

  10
“ESCLAVA mía, témeme. Ámame. Esclava mía!
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero dónde? Lejos, lo que está lejos.
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
El eco de la voz más allá del silencio.
Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas.”[2]















Veinte poemas de amor y una canción desesperada. (1924).



“[1]

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.”[3]







Altazor, Canto II.


“Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?

Eres más hermosa
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento”.[4]













Orgasmos de primavera. (2012)

“Pensamientos conectados, pieles entrelazadas
Caricias que exudan a rosas en manos de cristal
Pétalos de flores deshojadas en la cama
Esparcidas licóreamente en un manto de seda
Roce de piernas, penetraciones
Vaivenes cadenciosos, amor puro
Una mirada, un beso, una caricia, un adiós
Piernas estiradas, piernas abiertas, piernas cerradas
Amores de una noche, el arte de amar hecho mujer-hombre
Ruptura y entrechoques, dedos acariciantes
Manos exudantes, entrelazamiento,
Cruce de cuerpos, separación y amalgamamiento
Lucha de cuerpos, álzame al vuelo
Hazme tuy/o/a en una noche primaveral
En un eclipse solar, rompe las cadenas
Rompe el cuadro de Van Gogh
Deja que fluyan las flores en enredadera
Deja que fluyan nuestros orgasmos de primavera. “[5]



[1] Neruda, Pablo, Ed. Nascimiento, 1919, Santiago de Chile, II edición. Amor, pp. 55 y 56.
[2] Neruda, Pablo. El hondero entusiasta, Santiago de Chile.
[3] Neruda, Pablo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Poema I.
[4] Huidobro, Vicente, Altazor, Canto II, Santiago de Chile.
[5] Chamorro, José Patricio, Poesía erótica, 2012, Santiago de Chile. Orgasmos de primavera.

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