martes, 23 de agosto de 2011

La Celestina, análisis de sus personajes y contexto.


Primero que todo, cabe mencionar que la mentada obra Celestina, ha sido considerada por la crítica como una de las obras cumbres de la literatura española, la que no recibe su denominación que ha perdurado hasta nuestros días, sino hacia el siglo XVI, puesto que precedentemente había recibido diversas designaciones, siendo la primera de ellas: “La comedia de Calisto y Melibea” y, posteriormente la de “Tragicomedia de Calisto y Melibea”, que más allá de la denominación, se ha diferenciado por los actos que presenta, 16 y 21 respectivamente, los que distinguirían sus matices de comedia y tragedia.

Tras dar cuenta del panorama general, lo subsiguiente será un estudio centrado en los personajes principales de la obra y la referencia a la complejidad y variedad de caracteres, que en contraposición a lo que se venía gestando en la literatura medieval y antigua, ya no serán meros tipos, sino que habrá una marcada profundización, si bien no precisamente en la psicología de los personajes, sí en sus modos de actuar y comportarse, revelando un período de transición en lo que va de las postrimerías de la edad media a los inicios de la edad moderna. Continuando la línea del planteamiento que antecede, María de Malkiel formula elocuentemente los diferentes rasgos que convergen en la constitución del semblante psicológico de los personajes, a semejanza de la vida real: “En la tragicomedia, la fisonomía de cada personaje brota de una sabia superposición de imágenes tomadas desde diversos puntos de vista: presente y pasado, dicho y hechos, realidad y ensueño, palabra exterior e interior, juicio propio y ajeno.”[1]

Respecto a los personajes y sus caracterizaciones, sin lugar a dudas el que más resalta es el personaje de Celestina, la que es retratada como una vieja barbuda, sin embargo, aquello sólo ingresa a través de imágenes, pero sus acciones perfilan en mayor detalle su personalidad y modo de moverse por el mundo, las que iré desglosando, para producir un efecto holístico sobre la totalidad de aquel personaje:

1.- Astuta y engañadora: Uno de los primeros rasgos que salta a la vista y que nos acompañará in extenso a lo largo de la obra, es el ingenio de Celestina, pero a su vez su facilidad de palabra y embaucamiento, que ha hecho caer en sus redes a muchos, lo que queda explicitado en la siguiente cita, donde Sempronio interpela a su amada por ciertas dudas que le surgen tras escuchar ruidos en la parte superior de la casa, ahí para calmar la situación y conducirla por otro cauce, ella actúa y con sagaces palabras, libra a Elicia y al amante de ésta, de ser descubiertos: “¡Anda acá! Deja esa loca, que ella es liviana; y, turbada de tu ausencia, sacadla ahora de seso. Dirá mil locuras. Ven y hablemos. No dejemos pasar el tiempo en balde.”[2]

2.- Alcahueta, pendiente siempre de nueva lid: Una de sus facetas preponderantes es el hecho de ser una mujer que siempre está hilando cabos sueltos y resolviendo conflictos, lo que además de otorgarle cierta fama, le resulta una gratificación y deleite personal, lo que se aprecia nítidamente en sus palabras, después que Sempronio le relata el drama que lo aqueja sobre su señor y Melibea: “Bien has dicho. Me alegro de estas nuevas, como los cirujanos de los enfermos.”[3]

3.- Mujer de ocultas y múltiples facetas: Aquello nos habla en demasía sobre su vida y cómo ha tenido que pugnar para alcanzar el lugar y fama que ha logrado, de todos conocida, la que se valía del oficio de labrandera para encubrir sus verdaderas artes: “Ella tenía seis oficios, conviene saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primer oficio cobertura de los otros, con su pretexto muchas mozas entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y gorgueras y otras muchas cosas.”[4]

4.- Interesada por las ganancias y lo mundano: Esta característica, debido a la condición social de Celestina, quizás más allá de figurarnos su interés, primaría la necesidad, ya que el remedar conflictos amorosos es una de sus artimañas, pero a su vez su oficio y necesita de aquella paga para subsistir: “Sempronio, dile que cierre la boca y comience a abrir la bolsa: que de las obras dudo, cuanto más de las palabras.”[5]

5.- Mujer de mundo: En numerosos de sus excursos, sino en todos, deja entrever el conocimiento que posee sobre lo mundano, no por nada ha logrado valerse por sí misma, ante lo que en su expresión verbal manifiesta consejos sobre temas pertenecientes a un conocimiento de la experiencia humana: “Porque la virtud nos manda a sufrir las tentaciones y no dar mal por mal; y en especial cuando somos tentados por mozos y no bien instruidos en lo mundano, en que con necia lealtad pierdan a sí y a sus amos. […] Dos conclusiones son verdaderas. La primera, que es forzoso el hombre amar a la mujer y la mujer al hombre. La segunda, que el que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulzura del soberano deleite.”[6]

6.- Alto valor de la lealtad: Este valor aparece en la conversación que tiene con Parmeno, donde le comenta sobre la estrecha relación que poseía con sus padres y cómo por su fidelidad a ellos y a cuanto les había prometido, llevaría a cabo lo que le habían encomendado para con su hijo: “Y porque se lo prometí y con mi promesa llevó descanso y la fe es de guardar, más que a los vivos, a los muertos, que no pueden hacer por sí, en pesquisa y seguimiento tuyo yo he gastado tiempo y dinero.”[7]

7.- Sabiduría: Una de sus características esenciales es su sabiduría inherente, la que si bien a veces emplea para lograr ciertos fines, no le resta peso a sus consejos, que en sí mismos conservan mucho sobre el conocimiento del mundo anteriormente referido, aunque además destaca la realidad de la época, adquiriendo desde esta perspectiva una patente crítica social: “Estos señores de este tiempo más aman a sí, que a los suyos. Y no yerran. Los suyos igualmente lo deben hacer. Perdidas son las mercedes, las magnificencias, los actos nobles. Cada uno de éstos mala y mezquinamente procuran su interés y el de los suyos.”[8] “Mas di, como mayor, que la fortuna ayuda a los osados. Y demás de esto, ¿quién hay que tenga bienes en la república, que escoja vivir sin amigos? Pues, loado Dios, bienes tienes. ¿Y no sabes que has menester amigos para conservarlos? [..] Que cuanto mayor es la fortuna, tanto es menos segura.”[9]

8.- Sentimental y emotiva: En la siguiente marca textual, anexaré cuando ella rememora a su amiga de antaño y cómo la muerte de aquella la hirió en lo más profundo de su corazón: “De ella aprendí todo lo mejor que sé de mi oficio. Juntas comíamos, juntas dormíamos, juntas habíamos nuestros solaces, nuestros placeres, nuestros consejos y conciertos. En casa y fuera como dos hermanas. […] ¡OH muerte, muerte! ¡A cuántos privas de agradable compañía! ¡A cuántos desconsuela tu enojosa visitación!”.[10]
               
9.- Altruismo: Lo expresará en palabras, pero se aprecia que lo usa como recurso para lograr el fin que se había impuesto sobre Melibea, aunque en parte también se infiere la gratificación personal que ello le genera, estando dispuesta incluso a poner en peligro su vida, por problemas que no le pertenecen: “Mayormente a mí, que me suelo estar uno o dos días en ayunas solucionando problemas ajenos. Esto tuve siempre, querer más trabajar sirviendo a otros, que holgar contentando a mí.”[11]

            Por otra parte, de cierta manera Celestina se toma la parte del león, no obstante, no eclipsa a los otros dos personajes principales: “Calisto y Melibea”, puesto que cada uno de ellos se va abriendo camino en el relato por sus manifestaciones personales, que esbozaré a grandes rasgos:

Calisto: Está enamorado hasta tal punto de Melibea, que recae en idealizaciones e incluso la diviniza, lo cual visto desde la óptica de la cortesanía, coincide con el tópico del amor cortés, donde la dama era concebida como una diosa estableciendo la analogía con el señor feudal y al unísono, con la virgen María, lo que se ve reflejado en los próximos pasajes: “En dar a la naturaleza que tan perfecta hermosura te dotase […] Sin duda incomparablemente es mayor tal galardón, que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías, que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido; no otro poder mi voluntad humana puede cumplir.”[12] También cuando se enfrenta en una discusión contra Sempronio, defiende a su amada señalando lo subsiguiente, enalteciéndola nuevamente al grado de diosa, no simple y llanamente una fémina: “¿Mujer? ¡Oh grosero! ¡Dios, Dios es ella!”.[13] Luego, a medida que se avanza en la narración, describe sus rasgos como si Melibea fuese un ángel y, por consiguiente, estuviese por sobre este mundo: “Comienzo por los cabellos. ¿Ves tú las madejas de oro delgado, que hilan en Arabia? Más lindos son y no resplandecen menos. Su longura hasta el postrero asiento de sus pies; después peinados y atados con la delgada cuerda, como ella se los pone, no ha más menester para convertir los hombres en piedras.”[14]

        Por otro lado, más allá de su enamoramiento hacia Melibea, Calisto es un individuo apasionado, que vive tanto aquellas emociones que le causan pesar, como aquellas que le provocan dicha y gozo, al máximo, para ello lo denotaré con la siguiente cita, que es proferida después de la negativa de Melibea hacia el amor que le profesaba Calisto: “Iré como aquel contra quien la adversa fortuna pone su esfuerzo con odio cruel. [...] ¡Así los diablos te lleven! ¡Así por infortunio arrebatado perezcas o perpetuo tormento consigas el cual en grado incomparablemente a la penosa y desastrada muerte, que espero, traspasa!”.[15] Otro pasaje que resulta revelador es el siguiente que incorporaré, donde también de cierto modo desemboca en hipérboles sobre sus sentimientos y pesadumbre: “¿Cómo? Yo te lo diré. Mayor es la llama que mata un alma, que la que quema cien mil cuerpos. Como de la apariencia a la existencia, como de lo vivo a lo pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia hay del fuego, que dices, al que me quema. Por cierto si el del purgatorio es tal, más querría que mi espíritu fuese con los de los brutos animales, que por medio de aquél ir a la gloria de los santos.”[16]

Finalmente el último personaje que caracterizaré es Melibea, la que es copiosamente temperamental, capaz de reaccionar abrupta y mordazmente cuando se siente aminorada o injuriada, lo que se aprecia, por ejemplo, cuando Celestina le revela el verdadero propósito que la conducía hacia ella: “¿Ese es el doliente por quien has hecho tantas premisas en tu demanda? ¿Por quien has venido a buscar la muerte para ti? ¿Por quien has dado tan dañosos pasos, desvergonzada barbuda? ¿Qué siente ese perdido que con tanta pasión vienes? De locura será su mal. […] ¡Quemada seas, alcahueta falsa, hechicera, enemiga de honestidad, causadora de secretos yerros!”.[17]

                 Culminantemente mencionaré tres temáticas fundamentales que rodean la obra, basándome en los textos críticos de dos autores; José Antonio Maravall y Otis H. Green, cuyos temas abordados funcionan como elementos subsidiarios para comprender los disímiles modelos de análisis, siendo tales los siguientes: Amor cortés, moral y sociedad, que se interrelacionan e imbrican.

                 El amor cortés pertenece como rasgo característico al siglo XII y es también conocido como fin amour, pero pervive hasta finales del siglo XIV y en Celestina éste emana en cada poro de la tragicomedia, conformando una mixtura riquísima de manifestaciones que procederé a mencionar. En primera instancia, aparece la visión del amor como una búsqueda libre y no así limitada por una institución social como lo es el matrimonio, donde el amor se torna coartado, lo cual sintetiza Green en el próximo extracto: “Preguntarse cómo es que Calisto no pide la mano de Melibea en matrimonio es sencillamente una ignoratio elenchi. La cosa es muy sencilla: y es que esos jóvenes amantes no quieren un hogar, sino un amor.”[18] Al mismo tiempo, encontramos otro pasaje donde se apercibe las ansias de Melibea por perpetuar su amor y vivirlo, por ello se arrepiente por cuanto no concibió los consejos de los demás, privándose de una vida repleta de pasión: “Mientras Melibea está pensando en arrojarse desde lo alto de la torre, lo único que lamenta es no haber bebido más a fondo el cáliz del amor.”[19]

               A continuación trataré tópicos trascendentales que avalan y transgreden el marco del amor cortés: “La pintura de estas relaciones amorosas y la concepción de semejante catástrofe resultan completamente comprensibles cuando se piensa que La Celestina es la reprobatio amoris, la condenación de los excesos del amor cortés.”[20] Sin embargo, las rupturas de las normas no finalizan aquí, ya que incluso Calisto se salta los pasos y escalones propios de la estructura del amor cortés: “Ya en su primera declaración se muestra Calisto como un enamorado temerario e inconsiderado. Saltándose el período calculadamente largo de la espera y de la adoración a distancia, impregnada de humildad y silencio –que constituye la fase del fenhedor o tímido, primera etapa de la pasión cortés.-“. [21]Lo que antecede, acontece al principio de la trama de la obra y es una de las mayores transgresiones, ya que Calisto le declara directamente su amor a Melibea, con las consecuencias trágicas que ello desencadenará.

            Otro vestigio del amor cortés se halla en el hecho de que Calisto ve en Melibea, a su superior, es su dama, señor y diosa a la vez, tres figuras propias de esta cosmovisión y que se subsumen en el tópico de la superioridad de la dama: “No sólo es él una víctima de la belleza, sino que la criatura que encarna esa belleza es infinitamente superior- en la imaginación del enamorado-: aquí tenemos la superioridad de la dama en una situación típica del service d amour […] La amada se convierte en el objeto del culto religioso del amor.”[22]

Además aparece tergiversada la imagen de la intercesora, ya que se ve reemplaza por el aspecto negativo de ésta, la “alcahueta”, que ocasionará sucesos trágicos y deleznables: “El amor cortés permitía y esperaba la mediación de los amigos o confidentes, pero no de una alcahueta: en apareciendo ésta es señal de que las intenciones no son buenas. En una obra como la Celestina, escrita indudablemente para inculcar una moraleja, el empleo de los servicios de una alcahueta y de una hechicera reviste especial gravedad, y no cabe duda de que al introducirlas el autor se daba perfecta cuenta de esa gravedad. ”[23]

En el párrafo anterior se introduce el carácter moralizante de la obra, el que es recurrente a lo largo del texto, puesto que es una de sus finalidades practicas más explícitas: “El recurrir a alcahuetas o hechiceras para satisfacer los lujuriosos deseos del amante era de suyo pecado mortal. […] Pero con mayor o menor rapidez el caso es que la trama se convierte en un ejemplo moralizador de la caída de príncipes, de la precariedad de toda situación de gozo.”[24] Para tratar por última vez la noción moral dentro del texto, anexaré una cita que no deja cabida a dudas sobre el efecto que el autor buscaba en el receptor, ya sea oyente, espectador o lector: “Los pecadores mueren y además sin confesión; y mueren en pecado mortal: el pecado de fomentar y satisfacer un intenso amor cortés sin sentido de responsabilidad y recurriendo al empleo de medios prohibidos”.[25]
                                                                                                                   
El último punto a tratar es el funcionamiento de las capas sociales y la relación que existe entre sí, para ello comenzaré este análisis final con una cita de María de Malkiel, que resulta esclarecedora: “La Celestina sorprende al lector con su visión integral del hombre y de la sociedad, que no ha vuelto a expresarse con tal concentrado vigor en obra alguna de teatro.”[26] Pero para un análisis más minucioso, haré uso para tener una visión más general, de las citas del crítico José Antonio Maravall, quien comienza hablando de los siervos o clase más baja dentro de aquella sociedad altamente estamental: “Originariamente, el criado no era un servidor contratado, sino un miembro de la casa, ligado personalmente a ella, con lazo de deberes morales entre él y el amo, lazo que unía también entre sí a todos los miembros de la familia como amplia sociedad doméstica.”[27] Se entreve que aquella jerarquía, paulatinamente se va desdibujando, no obstante, posee varias implicancias y deberes, entre ellos de índole moral, pero sobre todo, social que iban más allá incluso de lo estipulado por las leyes: “Por estas causas, la dependencia natural o de naturaleza engendraba, junto a unos derechos y deberes recíprocos, de condición jurídica, otras obligaciones de tipo moral, difícilmente definibles y mensurables, sobre cuya determinación no cabían más que criterios consuetudinarios –adhesión, fidelidad, ayuda, etc.-“.[28]

Aunque hacia el siglo XV, estas relaciones se irán complejizando, debido justamente a la propalación monetaria y mercantil, que se inmiscuirá por todos los recovecos de la sociedad y la vida cotidiana: “Los servicios personales a que el criado está obligado, según esa nueva relación, se pagan con un sueldo o salario –así llaman, con ajustado neologismo, a la remuneración que esperan, los personajes de La Celestina. La obtención de éste –y, a ser posible, la del mayor provecho económico que encuentren a su alcance- es el móvil del servicio. Prima en ello la finalidad económica, y, por tanto, es siempre un servicio calculado, medido. […] Egoísmo, explotación, en un mundo en que cada uno no busca más que s


[1] Lida de Malkiel, M. Rosa: “La originalidad artística de La Celestina” en F. Rico, op. cit., pp. 498-504.
[2] Fernando de Rojas: La tragicomedia de Calixto y Melibea o La Celestina, p. 31.
[3] Íbidem. P. 32.
[4] Íbidem. P. 34.
[5] Íbidem. P. 37.
[6] Íbidem. P. 37-38.
[7] Íbidem. P. 41.
[8] Íbidem. P. 42.
[9] Íbidem. P. 43.
[10] Íbidem. P. 60.
[11] Íbidem. P. 75.
[12] Íbidem. P. 17.
[13] Íbidem. P. 23.
[14] Íbidem. P. 27.
[15] Íbidem. P. 18.
[16] Íbidem. P. 21.
[17] Íbidem. P. 78.
[18] Green, Otis H.: “Amor cortés y moral cristiana de La Celestina” en F. Rico, op. cit., pp. 504-508.
[19] Íbidem.
[20] Íbidem.
[21] Íbidem.
[22] Íbidem.
[23] Íbidem.
[24] Íbidem.
[25] Íbidem.
[26] Lida de Malkiel, M. Rosa: “La originalidad artística de La Celestina” en F. Rico, op. cit., pp. 498-504.
[27] Maravall, José Antonio: “Calisto y los criados: la desvinculación de las relaciones sociales” en F. Rico, op. cit., pp. 513-516.
[28] Íbidem.

2 comentarios:

  1. Saludos desde la Coordinación de la revista digital Pliego Suelto (Barcelona). Hemos publicado un nuevo artículo en la columna del escritor José Ángel Mañas: La Celestina, donde aparecen un enlace que lleva a tu espacio web (los personajes): http://www.pliegosuelto.com/?p=17390

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  2. fantastico crackkkkk eres el puto amo marc selga

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Garcia marquez

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