jueves, 25 de octubre de 2012

Ensayo de Análisis del texto: Dimensión escritural en “Según el orden del tiempo” y “El bautismo: Anti novela”.




El presente ensayo abordará la dimensión escritural en dos novelas que resultarán fundamentales para explicar un fenómeno que pone en discusión qué debería prevalecer en las obras literarias, es decir, si es que se le debe dar prioridad al ámbito de su escritura y, por tanto, su aspecto formal o, a sus rasgos temáticos. Para ello las novelas a las cuales se le aplicará el análisis son: “Según el orden del tiempo” de Juan Agustín Palazuelos y “El bautismo: antinovela”, de Juan Almendro. Por otra parte, en la primera de éstas cabe resaltar que se apreciará a claras luces el ámbito de lo meta textual, ya que el análisis comprende el código escritural, donde se pondrán en perspectiva ante todo las variaciones que generan en el texto, elementos tales como la puntuación, la que puede acarrear múltiples implicaciones, tales como una ausencia de coherencia textual, un realce de éstas, entre otras que se irán demostrando a lo largo del ensayo, por ello no hay que olvidar que al trabajar con la textualidad, ésta será entendida como materia concreta, por ende, puede ser sujeta a análisis y disecciones que nos permitan comprenderla en su absoluta extensión.





            A continuación me remitiré a los capítulos de “Según el orden del tiempo”, donde iré realizando un análisis pormenorizado de su dimensión escritural, basándome en marcas textuales, para determinar así posibles conclusiones en torno a la obra misma; es así que desde el principio destacan, por ejemplo, elementos discursivos y cohesivos como los conectores, específicamente el uso de un conector semi-adversativo, pero éste en vez de ir acompañado de coma, será acompañado de puntos seguidos: “Tarde roja. De primavera. Pero no es primavera.” En líneas generales, de igual manera las ideas si bien en el texto se presentan en continuidad, el empleo de los puntos las irán entrecortando, perdiéndose en parte la coherencia de la narración.

            Por otro lado, el empleo de un conector adversativo, como lo es “sin embargo”, será empleado como elemento cohesivo para la continuidad de ideas, implicará por un lado una oposición mental del sujeto ante una acción que se le presenta como lo es: “debería salir a la calle”, lo que en realidad él en tanto deseo quisiera realizar, no obstante, se decidirá a no hacerlo, lo que desencadenará una sucesión de pensamientos posteriores. Aunque como ya he aludido, si bien a nivel estructural en la novela destacan elementos de un orden escritural, también hay rasgos temáticos interesantes de analizar, como lo es la problemática del tiempo, el que será interceptado por la puntuación; habrá un juego con la temporalidad, pero si bien hay coherencia de ideas, éstas nuevamente se presentarán apartes, separadas por la puntuación: “Yo ya he vivido este momento. Hace algunos años. Hay que recurrir al diario de vida. Aquí está el trozo que busco.”[i]

            En términos estructurales del relato, debido en cierta manera a un desorden de ideas, se puede hablar de una “corriente de la consciencia”, pues las ideas se debatirán en un flujo constante, sin embargo, éstas no serán del todo caóticas, ya que debido al uso de puntos seguidos, se mantendrá la coherencia en el relato, lo cual no quita un traspaso continúo y a ratos asistemático de ideas: “Estoy en uno de los cuartos del oeste. He venido a contemplar el atardecer. Desde aquí he visto los crepúsculos más hermosos. Contra la tarde (porque la tarde es donde se esconde el sol) se recorta un campanario que tiene la belleza de lo simple. Su religiosidad se exterioriza en su proyección ascendente. En primavera, los atardeceres son rojos como el cobre pulimentado. […]”.[ii]

            Sobresale en lo correspondiente a la estructura de la narración de la novela, un narrador en 3ª persona, el que de cierto modo irá describiendo la situación, sucediendo un pensamiento al otro, inclusive se presentan ideas antitéticas, contradictorias entre sí, no obstante, éstas denotan la manifestación mental del sujeto, por ello la puntuación y la estructura discursiva que apreciamos en el texto, no es más que la representación gráfica de un estado mental: “Niños jugando. A que juegan, supongo. Mayores tratando de amarse en los bancos verdes. Amor de plaza. Convencionalismo. O necesidad urgente. […]”.[iii]





            Desde otra perspectiva, de igual modo resulta interesante establecer un análisis en relación a la descripción que el narrador hace del paisaje que observa, pues inmediatamente a su descripción detallada, da una caracterización de índole psicológica, tal como: “insoportables”, “detesto el rosado”, luego hace referencia a necesidades vitales, viscerales, tal como “hacer pichí”.[iv] Es decir, a medida que por su mente cruza un pensamiento, insoslayablemente procede a dar un juicio valorativo de éste, del hecho mismo que se le presenta.

            Apartándome un tanto del análisis de la estructura de la obra es que me abocaré a la temática del tiempo, vinculada con el recuerdo, que es muy similar a lo que ocurre en la novela: “En búsqueda del tiempo perdido” de Proust. Desde este punto de vista y a través del siguiente párrafo es que se puede apreciar cómo una situación actual, rememora una acaecida en el pasado: “El viejo organillero pasa sólo los domingos. Después de almuerzo, con su máquina desvencijada a la espalda, se detiene, respirando dificultosamente, bajo mi balcón. Es un descanso escucharlo. Tiene sabor a antiguo. Me recuerda el colegio. Las bromas de niño. Pagábamos a uno para que tocase frente a nuestra ventana, durante la clase de matemáticas. Un año entero invirtiendo nuestro dinero destinado a los caramelos, para que un organillero nos distrajese en clases. […]”.[v]



            En la medida que se avanza en la novela, la temática del tiempo sigue distendiéndose, atravesándola como eje vertebral, es así cómo el tiempo influye en el modo de entender la realidad y así inclusive se podrá apreciar un cuestionamiento constante, hasta llegar a temas de índole filosófica como el cuestionamiento acerca de la nada de Heidegger. Lo que más resalta de todo ello es el paso al parecer incoherente de ideas sintomáticas, que en la medida que se nos presenta van ligándose los hechos con sensaciones como lo incoloro, inodoro, insípido, entre otros.

 Retornando a la estructura sintáctica del relato, nuevamente se aprecia el empleo de puntos seguidos para la continuidad de ideas, pero si bien se aprecia la “o” como conector disyuntivo de ideas, éstas se perciben como apartes, vale decir, la alteración sintáctica, influye en su contenido semántico –en términos lingüísticos.- Así se nos presenta en el párrafo que procederé a citar: “Hora sin destino. Gente sin destino. Nada ocurre a esta hora. Jamás. Estómago un poco lleno. O mucho tabaco. O mucho nada. Pesa mucho la nada. Heidegger. […]”.[vi]




Anteriormente versaba sobre la técnica de la corriente de la consciencia, la que después de todo no resultaba totalmente caótica, debido mayoritariamente al empleo de puntos seguidos, que ordenan cada una de las ideas, que a su vez están en seguidilla, una sensación desemboca otra y así sucesivamente: “Esa pareja sentada un poco más atrás es horrorosa. Qué mezcla más insulsa. Pobres hijos. Serán tan feos o más que sus padres. Y sin gracia. Qué familia. No tolero la fealdad. No la perdono. Se es feo porque se quiere. La fealdad tiene mal olor. Y el mal olor tiene fealdad. Círculo vicioso. […]”.[vii]

Finalmente corresponde realizar el análisis a la “Antinovela: El bautismo” y entendida como tal, se pueden desprender una serie de análisis respectivos de orden estructural, de hecho pone en discusión la noción de “novela” y qué entendemos por ésta, que si analizamos su procedencia, ya en las letras hispánicas la podemos registrar en Cortázar, con su novela o antinovela: “Rayuela”, la que nos propone una nueva y, por tanto, renovada forma de lectura, rompiendo el paradigma de lectura decimonónico, proponiéndonos así un lector mucho más activo.




Volviendo a la obra, no podemos soslayar la infinidad de intertextualidades y mezclas genéricas que se nos presentan, donde aparecerán elementos propios del cuento, la novela, el teatro, el ensayo y reportajes de distinta índole, que en conjunto formarán esta novela que no es tal, sino que es una antinovela, contraponiéndose a la convencionalidad literaria de ésta. Inclusive al tomar como referente la vida de Juan Agustín Palazuelos, es que nos encontramos con el mayor grado de intertextualidad que puede existir.
           


[i]   Juan Agustín Palazuelos; “Según el orden del tiempo”. Editorial Zigzag. Pp. 12.
[ii]  Ibídem.
[iii]  Ibídem. Pp. 20.
[iv]  Ibídem.
[v]   Ibídem. Pp. 39.
[vi]  Ibídem. Pp. 70.
[vii]  Ibídem. Pp. 72.

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