sábado, 14 de agosto de 2010

"La mujer de los mil rostros".


¿Natalia hija de Diego? Era la primera vez que nos encontrábamos y aquella pregunta aparentemente cotidiana cuando dos personas se conocen, es decir, preguntar por sus nombres, se convirtió en el primer recoveco de reconocimiento al cual nos condujo nuestra conversación que fluía de un modo natural como si fuésemos amigos desde épocas inmemoriales, como si enigmáticamente nuestras vidas hubiesen confluido en el pasado, ¿quizás en un período tan remotamente lejano, pero a su vez inmediatamente cercano?  No era improbable que nos hubiésemos conocido en la edad media, en efecto, Díaz era un apelativo usual en aquel período y que simbólicamente representaba al ascendiente de aquella familia, que en efecto se llamaba Diego. Ella creía en las reencarnaciones y que nuestros nombres nos marcaban de por vida, sin embargo, ante ello ¿incluso se podría suponer que nuestros nombres trascendían más allá de la vida terrenal y la muerte? No lo sabía, no obstante, estaba dispuesto a descubrirlo.
                                              
Aquella empresa que me había impuesto me daba valor para descifrar aquel misterio, que me condujo a rememorar que la gente por sentido común supone que nuestros nombres adquieren un carácter particular, que inclusive se torna peculiar, a veces convirtiéndose simplemente en la manifiesta reiteración de una tradición familiar o más bien en la singularísima representación de algún acontecimiento importante, como por ejemplo que nuestro nacimiento hubiese sido en pleno eclipse lunar, lo que conllevaría no en pocos casos a que ciertas mujeres se llamasen Luna o incluso algún romántico contemporáneo que aún presentara vestigios del siglo XVIII decidiera a raíz de un acto de ternura llamar a su hija Rosa, Gardenia, Margarita, Miraflor, Violeta y así una sucesión de la flora natural y bella que sólo aquellos seres sensibles son capaces de captar a través de la visión que va más allá de sus ojos. 

Cual fuese la razón de nuestros nombres o apellidos, éstos tendrían algún motivo de existencia, por consiguiente el de aquella chica que estaba conociendo estaría relacionado probablemente a una tradición familiar, que convergía sonora y armónicamente a medida que nos conocíamos a caracterizar lo que había sido su personalidad y vida. Pero al contrario de lo que hubiese pensado, en ella no sólo se percibía una personalidad heroica y avasalladora, era una mujer que enmarcaba cualidades diversas, mujer de múltiples facetas y cualidades innatas, hacía las veces de poetiza y musa inspiradora, ambos papeles que podía representar cuando se la contemplaba bajo la sombra menguante de la arboleda que nos rodeaba en aquel parque en el cual nos encontrábamos.

Así ella sin saberlo conducía nuestra conversación por cauces inspiradores y reveladores que dejaban entrever resquicios de su vida intrigante y apasionada, cuyo corazón era un baluarte que sólo unos pocos se habían ganado, que vivía cada momento al máximo, gozando a plenitud cada instante, entregándose a la acariciante pasión de la vida que coexistía en ella como un carpe diem incesante, poseía un perfil sutilmente griego, una nobleza marcadamente medieval, un carácter revolucionariamente romántico y un afán rupturista emergentemente contemporáneo.

Así fue como la conocí en aquel noctámbulo atardecer, abrió su corazón sin temor a daño alguno, comentamos historias y bebimos vodka hasta caer la noche, me mostró a ratos la cómica política y a otros la trágica filosofía de la vida. Hablamos de la vidamuerta del amorlocura de la locamuda y la fielternura, jugamos a crear cadáveres exquisitos a un son y matiz surrealista, viajamos en ensueños y nos sumergimos finalmente en la profundidad del sueño, nos entregamos a ellos como la única razón de ser de dos personas enamoradas de la vida, pero desengañados de lo tragicómico de aquellos que se dicen llamar seres humanos, pero que no saben vivirla.


Pd: Dedicado a una gran amiga, que hace de aquellos momentos cotidianos de la vida una ocasión especial, que siempre da luces de nuevas e inspiradoras ideas,  a  mi amiga y poeta Natalia Díaz, como una muestra de mi cariño y reconocimiento.

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