martes, 16 de agosto de 2011

Esperanzado ante un mundo de desencantos.




Desencanto es la primera palabra que se me viene a la mente, pues es un sentimiento que está calando hondamente en mi interior, no lo podría catalogar como una desesperanza de la vida, sino quizás como una serie de contradicciones de ésta, un ir y venir incesante, altos y bajos, problemas tras problemas, donde se torna imposible vivir en armonía tanto con uno mismo como con quienes nos rodean, pero lo que me causa más pesar es que aquel estado no sólo me invade a mí, sino que cada vez más, casi como un virus, éste se va generalizando, se ha vuelto un inconformismo social. No obstante, cuando somos niños esto no lo percibimos, ya que nuestros padres siempre buscan lo mejor para nosotros, protegernos del mundo en el cual vivimos, repleto de obstáculos y adversidades que como lo definía Schopenahuer -haciendo alusión al caos mundano en el que habitamos- que éste pareciese haber sido creado más por un demonio, que por un Dios, lo que en una dirección diametralmente opuesta a lo que se nos ha predicado a lo largo de nuestra vida, parece ser un sacrilegio, una aberración. Sin embargo, concluyes que aquella visión de aquel filósofo, se acerca más a nuestra realidad cotidiana que aquello que a lo largo de nuestras breves y efímeras vidas se nos ha implantado como el más innegable de los dogmas.

Por otra parte, ese desencanto que se alcanza no de la noche a la mañana, sino tal vez a raíz de un conjunto de vivencias y/o reflexiones, es producto del mundo en sí mismo, pero sobretodo del cauce que han ido tomando las sociedades en el último tiempo, que paradójicamente es un constructo que deviene de nosotros como individuos y a su vez como los seres irresponsables que hemos sido, puesto que una sociedad no se forja por sí sola, sino que cada sujeto que la constituye es un agente en ella, que procura mantener su equilibrio sistémico. Justamente aquella palabra que empleé no ha sido pensada al azar, pues sin lugar a dudas hemos sido “irresponsables”, no sólo una, sino que cientos de veces, a lo largo de la historia de la humanidad, ya que hemos permitido continuas guerras una y mil veces, que se han llevado a cabo desde el inicio de los tiempos, ante lo que no se puede plantear, por ejemplo, que es inherente a nuestra especie, pues si bien somos seres instintivos, a su vez hemos logrado con el tiempo -es de suponer- un grado de racionalismo mayor, que nos permite controlar nuestras características netamente viscerales, porque o sino, parafraseando a Darwin, hubiésemos muerto en la inadaptación, por ello al apreciar tantas atrocidades que se siguen cometiendo, no cabe más que pensar en que hemos ido involucionando.

Lo anterior no necesita mayor justificación, es todo un hecho que se puede constatar, las guerras que han pervivido en todas las sociedades, inclusive antes que éstas se conformaran, hacia los tiempos de las tribus primigenias, es sólo un ejemplo, pero es inconcebible que todavía, en pleno siglo XXI, aún sigan sucediendo, basta pensar en los conflictos actuales de oriente o los atentados terroristas que en Occidente y, sobretodo, en Europa acontecen a la orden del día, cuántas muertes, masacres, discriminaciones, xenofobias, crímenes, delitos, desmanes sociales, en fin, una infinidad de situaciones que pareciesen no acabar, que nos dejan más que claro que este mundo se ha vuelto un total caos, si es que no lo ha sido desde sus cimientos.

Pese a ello, aunque esté desencantado con el mundo actual, la humanidad en general y con las sociedades en particular, por los continuos daños provocados a sí mismos, aún tengo esperanza, sigo manteniendo firmemente, con la convicción de un hombre idealista, que ésta es la última que se pierde. En el último tiempo, más rigurosamente, en la última década, hemos presenciado mucha movilidad social, un repudio generalizado ante aquel malestar que tantos años nos aquejó, pues ahora las personas más que nunca están haciendo valer sus derechos, aquellos valores intrínsecos que poseemos como dignidad a la condición humana, como lo es la libertad, la cual se ha visto trastocada innumerables veces, ya que hasta el día de hoy, todavía, por ejemplo, hay una coartación hacia la libre expresión –piénsese en países de Oriente-, por otra parte, la igualdad de derechos por los que tanto ha luchado la mujer, que no fue sino hacia el siglo XIX, a través de valiosas vidas sacrificadas lograron ser escuchadas, mejorar sus condiciones de vida, dejar de ser esclavas del hombre, pensar por sí mismas y que se las dejase pensar que es lo más importante. Sin embargo, hasta nuestro actual siglo, la mujer sigue dando la batalla, no se rinde, ha logrado grandes emancipaciones, se ha posicionado en el campo laboral, está recibiendo mejores salarios y tratos, pero sigue viéndose enfrentada a los tales denominados “femicidios”, que se traducen en el mayor nivel de las agresiones que puede recibir, que es el atentado contra la vida de la mujer, que supera abismantemente las tan recurrentes agresiones físicas, verbales, sexuales, laborales, que en resumidas cuentas son francamente deplorables.

Otro tema que nos llega hasta la médula, es el de la conformación de identidades sociales e individuales, las cuales son sin lugar a dudas, vastísimas, pero sobretodo en lo referente a nuestra realidad como chilenos, circunscritos a lo que se ha venido a designar como el último rincón del mundo, ésta todavía se encuentra en cuestión, con una serie de temas pendientes, por ejemplo y no nos podemos olvidar de ellos, pienso en los pueblos originarios, transversales al continente americano y, más que todo a la parcela latinoamericana. Para ser aun más preciso, hablaré más bien de la realidad que aqueja a Chile, donde día a día van pereciendo más y más etnias y personas naturales de éstas y con ellos, la pérdida de una cosmovisión, cultura, costumbres, lengua, pero ante todo, importantísimas y valiosas vidas que en nuestra data como pueblo chileno hemos ido provocando. Baste para lo anterior referirse, por ejemplo, a la comunidad Kaweskar, cuya última descendiente falleció en el lapso de la última década, los atacameños, por otro lado, también vivieron una realidad similar, peligrando, por otro, la subsistencia de los aymaras, a su vez hemos presenciado la continúa pérdida del conjunto agro-alfarero diaguita, entre otros muchos casos. Finalmente, sin ir más lejos, quiero hacer una alusión más detallada a la cultura mapuche.

Un hecho innegable es que los chilenos, somos actualmente y desde tiempos relativamente remotos, una sociedad mestiza, ¿pero qué implica ello? No quiere decir que seamos mejores o peores individuos, que aquellas tan mal llamadas razas “puras”, como entre otros el Nacional Socialismo, procuraba alcanzar a través de la utópica búsqueda de una raza perfecta, como lo sería la aria. Sin embargo, en nuestros días es complejísimo mentar si quiera la pureza sanguínea, pues prácticamente debido a los aumentos en las emigraciones e inmigraciones, los contactos continuos entre pueblos, ciudades y turistas, debidos entre otros rasgos, a la denominada “globalización”, podríamos decir incluso, que no sólo vivimos en una sociedad mestiza, sino que en un mundo mestizo. Por otro lado –después de aquella digresión- en lo que respecta a los chilenos, ya desde los tiempos de la conquista y colonia, por tanto, desde nuestra conformación y origen, nos debemos al sincretismo mapuche-español eminentemente, sin descartar en perjuicio de otros pueblos originarios, los influjos de éstos. No obstante, pese al reconocimiento de ambos pueblos, que dieron como resultado el surgimiento de nuestro pueblo y actual nación, siempre los mapuche han sido mal vistos, han sido tachados burdamente de “flojos y buenos para nada”, lo que es una grave errata, pues su mentalidad y cultura los hace ser distintos a nosotros, entre otros factores, se debe a la relación de ellos con la madre naturaleza, en poseer netamente una economía de subsistencia –cabe destacar que esto fue en sus inicios, ya que en la actualidad, esta realidad ha variado- donde ellos, sobretodo viven gracias a los frutos que ésta les entrega día a día, otorgándoles a ésta en reciprocidad, a través de sus rituales, su más íntimo aprecio y respeto, de los cuales tenemos aún mucho que aprender, pues no me adentraré, pero sí lo mencionaré, en que nosotros y nuestras sucesivas generaciones, hemos sido culpables del “mal trato” hacia la naturaleza.

A modo de cierre del tema anterior, aún estamos con una gran deuda hacia el pueblo mapuche, ya que las muertes en guerra, pestes, que devienen desde la llegada española, se siguieron trasmutando no en guerras físicas, sino sociales y discriminatorias, hacia esta comunidad –No versaré sobre el tema político que atañe a esta materia, pues aún es una causa no del todo resuelta- donde no podemos quedarnos callados y sentir apaciguadas nuestras voces, tanto ellos como nosotros tenemos derechos a protestar, hacer valer nuestros legítimos derechos y acá, todavía queda mucho por hacer y como bien señalé, aprender de ellos, recuperar su cultura y con ella una parte invaluable de nosotros, de nuestra identidad chilena.

Finalmente, concluyendo el presente ensayo, quiero resaltar que éste surgió en base a una reflexión crítica sobre varios problemas que apesadumbran a nuestra sociedad -un malestar generalizado-, temas que durante muchas décadas fueron tabúes y que en estos momentos, en plena democracia, no se pueden soslayar y, por ello, de uno u otro modo, estamos llamados a pronunciarnos, cada cual a su manera, algunos, como es mi caso, a través de la palabra escrita, pero de la misma manera, cada persona en su círculo, en su ambiente de trabajo, sea cual sea, debe hacer valer sus derechos y no olvidar que todos forjamos y creamos la sociedad de nuestros sueños, puesto que sin éstos, la vida carecería de sentido.




2 comentarios:

  1. ¿Qué esperas de una critica?
    Si no fuese por que estos días he estado con mucho sueño... me quedaría leyendo más de tus publicaciones.
    Estoy de acuerdo con ese sentimiento de querer recuperar lo que con la discriminación estamos matando. ¿Que es el patriotismo? Estoy rodeado de tantas personas que con la misma voz que hoy dicen ser patriotas ayer hablaron con "asco" acerca de lo que alguna vez fue Chile.

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  2. Gracias por tus palabras, sinceramente son un aliciente para seguir escribiendo y, al igual que tú, leeré tus publicaciones, pues acabo de darle un vistazo y planteas cuestionamientos muy interesantes, sobretodo aquello de por qué no crees en Dios. :)

    El patriotismo se debe vivir a diario, no acordarnos meramente durante dos días del año, lo cual mucha gente pasa por alto.

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