viernes, 23 de marzo de 2012

Poesía, filosofía y sociedad en el siglo XXI.



No pretendo hablar de generalidades, aunque es probable que en ello recaiga, sin embargo, quiero comenzar hablando de lo que he ido observando ahora que he experimentado y vivido más situaciones, quisiera hablar sobre lo que he ante todo visto y también sobre lo que pienso, así partiré esta reflexión, aludiendo a Santiago, a la poesía del siglo XXI, de la universidad, la academia, que es donde me he educado en el último tiempo. Es así que cada vez me doy cuenta que estudiar literatura o filosofía es prácticamente contra-natura, es decir, que cada vez más en el caos social que vivimos a diario, su enajenación constante, su mal hablar, su malestar social, su crisis sistémica, su capitalismo que se cae de bruces, todo ello es sintomático de que vivimos en una sociedad que no tiene tiempo para nada, ni si quiera para vivir. Aunque ayer aquello me sorprendió, pues asistí a un encuentro de poesía, donde recitaron poetas actuales de Chile y donde me topé con amigos y caras conocidas, donde quienes asistimos somos quienes hacemos vivir y revitalizamos la poesía, la hacemos carne, nos alimentamos con ella, ahí se reflexionó sobre lo que aparece en los diarios, ya que en éstos generalmente lo que suele vender es la farándula y sus numerosos escándalos mediáticos que cada vez se reducen ad absurdum, donde eventos tan importantes como éste, ni se mencionan, pero lo que más gusto me causó, fue el lugar en el que pudimos ser partícipes de aquel sueño, que fue precisamente La Chascona, una de las casas del gran vate Pablo Neruda, ahí en su parrón, pudimos escuchar a estos poetas, saber lo que sentían y tener contacto con ellos y que al mismo tiempo, entre todos, somos parte de este circuito crítico-social, que vemos desde otra perspectiva la realidad social que nos rodea. Por otra parte, también quiero hablar de la universidad, de la academia, lugar que ha ido perdiendo su significación, donde se ha tergiversado su sentido de conocimiento universal, pues se ve rodeada ya no de ambientes intelectuales y críticos, sino que en ella ahora prima el carrete, el exceso, las drogas, el mal hablar, las conversaciones banales, inclusive ayer me encontraba en plena clase, hablando de libros y discutiendo sobre teorías, no obstante, abríamos la puerta y a tres pasos de nosotros se hablaba con garabatos y hasta cierto punto se chabacanizaba todo lo que estábamos haciendo, ahora me pregunto si nosotros somos las personas que piensan nuestro país, los intelectuales de Chile, ¿qué queda para los demás? Es una verdadera lástima que las mentes más brillantes del territorio nacional a veces se pierdan, pero en fin ésa es la realidad del siglo XXI, ahora he abierto los ojos.

            A su vez, la academia funciona manteniendo su hegemonía, en el sentido de que quienes están en ella, quienes tienen el poder, por ejemplo, en las cátedras, pretenden dejarte como un idiota, que no piensa y que menos aún puede acceder a tan excelsos temas, sin embargo, a veces aquello me parece una situación de defensa simplemente. Al igual que quienes discutimos teorías y quienes escuchamos poesía, queremos evadir la realidad actual, escapar un momento del ruido, del estrés y que a modo personal, algo que detesto en demasía, el hecho de andar en locomoción colectiva, que a veces agota aún más a quienes tienen que ocuparla.

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