jueves, 26 de abril de 2012

El sí mismo a través del espejo.



         La identidad, problema que nos aqueja a todos y de larga data, que puede durar años, inclusive toda una vida si no nos damos el tiempo de cuestionárnosla ¿pero es en sí misma un problema? Lo es cuando nos vemos envueltos y enfrascados en la búsqueda de soluciones, cuando no sabemos cómo enfrentarnos a la vida, cuando no sabemos quiénes somos, ni cómo nos ven los demás, es decir, la identidad marca de manera patente y en definitiva el cómo nos mostramos, el cómo nos definimos, a su vez con quiénes nos relacionamos, a quiénes idolatramos, de qué o quién dependemos, cómo nos vestimos, qué elegimos y por qué lo hacemos, en fin, la vida en sí misma es un entramado complejo de posibilidades y las determinaciones que vayamos tomando, pero ante todo el modo en que lo hacemos marcará la diferencia, pues cada sujeto es una individualidad y como tal, un ente pensante, con sus propios intereses, su propia vida, que a veces al poseer un mayor nivel educacional, puede optar a un mejor status social, por ejemplo, lo que nos remite básicamente a pensar, que la sociedad nos coarta, nos limita e inclusive nos circunscribe a una imagen, comportamiento y expresión de éste. Por otro lado, cuando pienso en el espejo, en tanto metáfora, lo hago porque pienso en el reflejo de éste, vale decir, en cómo nosotros nos vemos proyectados en aquella imagen, que aparentemente es una ilusión de nosotros mismos, sin embargo, de igual modo constituye una parte de nosotros, aunque tal vez no en esencia. Sé a su vez, que como todo en la vida, muchas veces se define en oposición con un otro, en contraposición con éste, por consiguiente, la identidad no se produce en soledad, sino que en sociedad, por ende, nos identificamos cuando conocemos a ese otro y nos definimos con características propias, que me apartan de su imagen. Por otra parte, no sólo se prescribe la dualidad individualidad/sociedad, sino que en tanto sujetos, también poseemos la necesidad de pertenecer a un grupo humano e identificarnos con éste, lo que nos va generando una cohesión, que se puede prolongar por un breve lapsus o tal vez por uno más extenso, siempre sujeto a cambios y variaciones. Así surgen comunidades políticas, religiosas, literarias, académicas, médicas, oficios varios, etc, donde quienes pertenecen a él se identificarán por sus formas de hablar, su comportamiento, vestir, entre otros.

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