sábado, 21 de abril de 2012

Notas en la micro y recorrido por Santiago, Nº 4.





Hoy 20 de abril escribiré de manera muy poco ad hoc al ámbito literario, más bien recordaré de manera lisa y llana, un poco de lo que he observado, sí bien sé que cada persona está luchando día a día por su subsistencia relativamente tranquila en este mundo de absurdos y sin-sentidos. Básicamente lo veo reflejado en una situación paradójica, donde lo que aprecié fue lo siguiente: Me dirigía a un centro médico X, lo cual me hizo tener que tomar y escoger un imbricado sistema de la locomoción colectiva, ante lo cual ya me estoy habituando, sobretodo a circunstancias un tanto extrañas que me conllevan a creer no en el azar, sino que en el destino, pues me encontré con una joven más o menos de mi edad con la que me vine conversando durante todo el camino, al principio hablamos de la vida de cada uno, hacia dónde iba yo, dónde estudiaba ella, etc, ahí nos dimos cuenta que ambos éramos de la Chile, lo cual no fue casual, inclusive teníamos conocidos en común. Por otra parte, a medida que avanzaba el trayecto de la micro, cambiamos de tópico de la conversación, pues yo me referí fundamentalmente al monólogo de una mujer muy luchadora y al parecer de etnia mapuche, quien abogaba por los derechos de su pueblo, por lo que pasaba con ellos, por la discriminación, el racismo, entre otros, además de relatar algunas anécdotas y de señalar que el gobierno al reconocía como oradora, ahí le saqué el tema de qué pensaba ella sobre los temas que decía aquella mujer y me contó firmemente que ella avalaba aquellas posturas, aunque claro, yo le dije, que a veces no eran los mejores métodos para hacerlo, no obstante, era estrictamente necesario, para remecer un tanto a las personas.

            Después, al despedirnos, sentí que probablemente nos volveríamos a ver, pero me quedé con su recuerdo, su figura femenina, su encanto y jovialidad. Luego, durante la tarde me paseé por el parque forestal de Santiago centro, vi a numerosas parejas compartiendo momentos juntos, niños corriendo, grupos un tanto góticos, mientras yo iba caminando observando cada detalle, hasta que llegué al museo de Bellas artes y a la 1ª persona que pasó a mi lado, le pedí que me tomara unas fotos, casi parecía un extranjero, pero lo más extraño de todo, que pese a que en esta ciudad circulan más de 6 millones de personas, siempre me encuentro con alguien que conozco y efectivamente así fue, es otra de las tantas paradojas que no me explico, quizá nuevamente esta singularidad se deba al destino, en fin, luego caminé hasta la plaza de armas, donde aún sigo desencajando, ya que la cantidad de improperios que se dicen me abruma en verdad, los malos tratos, la gente gritándose y más aún que se reúna un conglomerado más o menos amplio para escuchar a unos tipos insultándose y burlándose, sinceramente me sigue pareciendo peor que el circo romano, pero así está la cosa y qué decir de cuando pasé a la catedral, ésta sí que estaba chabacanizándose,  lo sagrado y lo profano se hacían uno, más que mal hoy todo se mezcla y quizá ése es un signo de la sociedad actual.

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