viernes, 20 de julio de 2012

Entre el Scientio ergo sum y el Cogito ergo sum.


                                                   


 Scientio ergo sum.



Palabras, tan sólo pensamientos
Recorrer, ensimismarse, dejarse ser
Ser en una ciudad sin límite
Ser en una ciudad sin fronteras
Permanecer en búsqueda, estar vivo
Sentir, enamorarse, acariciarse
Almas que se unen en un suspiro
Almas que en un minuto se deshacen
Almas que se conectan sin verse
Almas que se presienten y se sienten
Encarnación, puesta en abismo
Suspiro, suspiros sin-sentido
Pienso, tan sólo pienso
Siento, luego existo, Existo, luego siento
Scientio ergo sum, Sum ergo scientio
Me olvido del mundo, me ensimismo, pienso en ti
Pienso en ti, me ensimismo, me olvido del mundo
Te acuerdas de mí, nos ensimismamos,
nos olvidamos del mundo…
Me olvido de ti, me exteriorizo, me pierdo en el mundo






Cogito ergo sum.


            “Pienso, luego existo” es la célebre frase de Descartes en pleno siglo XVII, no obstante, yo en tanto sujeto pensante IV siglos después, vuelvo a lo mismo, que en sí viene a plantear el problema de la identidad, pues nuestro pensamiento nos define, es decir, somos lo que pensamos y en tanto pensamos. Inclusive el desarrollo social, producto de la evolución o involución del pensamiento humano sigue la línea de nuestro pensamiento. Por ejemplo, actualmente hay mucha segregación social en Chile, lo que se trasunta en su ubicación espacial, hay sectores periféricos donde prevalecen bolsones de pobreza y, céntricos, donde prima el comercio, etc.

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