viernes, 25 de octubre de 2013

El escritor en el desván.




El escritor, artífice de la pluma y las palabras, se tiende sobre su desván, en una posición inerte y altiva, en su imaginación fluyen sus pensamientos e ideas a escribir, es la soledad de su cuarto, el silencio acogedor de imágenes perdidas en el ocaso del tiempo, aquellos otros días de sus primeros años de juventud, que saben que sólo permanecerán en su retina y que jamás en su vida se volverán a repetir. Es en ese momento de la noche que recién comenza y que lo desvela hasta altas horas de la madrugada, lo que lo mantiene en pie, meditativo y cavilando cada uno de los movimientos y pasos que dará al siguiente día. Se sabe conocedor de la naturaleza humana, de sus múltiples cambios, de la ignorancia de las gentes y de ser un alma libre en un mundo de autómatas que devienen en la dirección de sus propios pensamientos sin un orden fijo y que por la deriva de aquellas inquietudes, su propia vida se pone en peligro. ¡Oh pensador, poeta de las palabras! Cuán sabio eres al no mirar los ojos de quiénes te rodean, una mirada contiene resabios de los mily un pensamientos de quién ha vivenciado y habitado un cuerpo por años en este terrenal mundo, jamás te dejes engañar por una mirada, vive, sigue tu camino, tu propio rumbo y si deseas conocer qué piensa quién se encuentra a tu lado, apártate, las más de las veces no querrás saberlo. Cada alma lucha por su propia existencia, por subsistir en el caos de una urbe que vive en el estrés del día a día, que se marchita con los años y que ha renunciado a sus promesas.

            Vivir, tan sólo vivir, más qué es la vida. Cada hombre nace con su propio destino, hace su camino en el andar, puedes cruzarte en el recorrido que otro una vez hizo, pero te darás cuenta que aun tus pasos ya no serán los mismos, dichoso eres si puedes obtener tus propias conclusiones del mundo, te darás cuenta que la creatividad es un bien preciado que escasea las más de las veces, que la mayoría tan sólo vive por la inercia de su existencia, que su propia vida con un valor inconmensurable no cuenta en absoluto ni aun para él mismo. Tú más que nadie en este mundo eres el forjador de tu destino, de las convenciones que añadirás a tu espalda, en una sociedad donde nadie respeta lo ajeno y que tienen por propio los bienes que a duras penas se han costeado. Acumular, día tras día, en una labor inacabable, pequeñas acciones y actitudes para dejar tras de sí bienes materiales. Sin embargo, somos echados a la nada en el mundo, nada nos traemos y nada nos llevamos, al nacer, vamos aprendiendo a dar nuestros primeros pasos y a lo largo de nuestras vidas redescubrimos y nos reencantamos con los espacios, con los momentos irremplazables y únicos que se aferran a nuestra memoria, pocos son los que apreciarán ese valuarte, el recordar un instante como si fuese el momento auroreal de tu propia vida. Escribir para recordar, escribir porque es la significación más propia que puede tener una voz humana, porque somos seres sensibles en un mundo donde se nace para ver morir a otros en la penumbra de su casa.

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