jueves, 13 de agosto de 2015

Seminario de Literatura Chilena Contemporánea Unidad de Lírica - Primer Informe (2014)

Seminario de Literatura Chilena Contemporánea
Unidad de Lírica
                                                                               Primer Informe                                                            

El presente ensayo, de carácter impresionista, abordará en líneas generales, los lineamientos y programa que constituyen a la generación del 38, conocida también como Generación Literaria de 1942- Se suele hablar de discrepancias de un método, pues la disyuntiva del método generacional, fluctúa entre dos de ellos, el planteado por Ortega y Gasset y el formulado por el crítico literario, Cedomil Goic-, por ello a cuál de las generaciones se adscriba, dependerá del criterio que se desee utilizar, según el esquema generacional y crítico que se emplee, el cual se caracterizó por interesarse en su propia época y las crisis en las que como escritores estaban inmersos: “La Generación Literaria de 1938,  evidenció el interés de los creadores por reflexionar sobre temas sociales, históricos y políticos. Ricardo Latcham y Hernán Díaz Arrieta bautizaron a este grupo con el nombre de generación neocriollista del 40, influidos por las características más destacadas de estas producciones literarias: criollista, por su delectación en lo nacional; nueva, por su actitud doctrinal, distanciada de la generación anterior en cuanto a que las realidades enfocadas en las obras carecen de la polaridad o deformación anteriores.”[1]

Para entender qué es una generación, basta apoyarse en las palabras de José Ortega y Gasset, que nos clarifica un poco más la concepción, si es que no arbitraria, tal vez azarosa que podemos tener por quiénes se adhieren a ella, cuáles son sus criterios y qué los vincula: “Una generación no es un puñado de hombres egregios, ni simplemente una masa:
es como un nuevo cuerpo social íntegro con su minoría selecta y su muchedumbre,
que ha sido lanzado sobre el ámbito de la existencia con una trayectoria vital determinada.”[2] Una definición que nos habla sobre su carácter vitalista, no de un mero aglutinar sin orden alguno, más que el de su existencia, sino de una trayectoria, es decir, qué han ido dejando a su paso, su escritura, sus postulados, su estética y por qué no decirlo, su poética en un ámbito de la existencia, por ello se hace necesaria una periodización, fechar a qué época pertenecen aquellos escritores, para así determinar qué los afectó, sus influencias histórico-literarias, donde el azar las más de las veces ya no es una mera casualidad.

La discusión generacional es un tema arduo y difundido en los estudios de crítica literaria, la que posee una larga data y cuya itinerancia sistemática sobre este problema, nos indica su permanencia y actualidad para determinar si un escritor pertenece a tal o cual generación, es así que se ha convertido en un método que procura darle un carácter cientificista a la literatura, que además queda demostrado cuando se hace referencia a científicos eminentes como Galileo “La lectura generacional de raíz estructural que Ortega y Gasset utiliza para la comprensión del fenómeno literario y artístico, y que ha servido de punto de partida para prácticamente todas las teorías que explican la literatura a partir del hecho generacional, se inicia principalmente a partir del curso "En torno a Galileo" (1933) que dictó Ortega, en el que esbozó al menos nueve puntos sobre los que se sostiene su teoría. Este método ha contado con diversos seguidores que, con variantes, han trabajado sobre la línea abierta por Ortega y Gasset, entre los que se encuentran Julián Marías y Guillermo de Torre, en España, el dominicano Pedro Henríquez Ureña y el colombiano José Juan Arrom, entre otros. Sin embargo, fue con la aparición en 1968 de La novela chilena: los mitos degradados, del académico chileno Cedomil Goic, que la aplicación sistemática del método generacional tomó fuerza en Latinoamérica, lo que sumado al trabajo permanente y sostenido de Goic sobre el tema lo han convertido en referencia ineludible tanto para los seguidores de esta línea teórica como para sus detractores. Entre estos últimos destaca el trabajo aún inédito Contra el método generacional, del académico Ricardo Cuadros”[3]


“Porque el escritor, en estos tiempos, es una especie de soldado
que acompaña a su pueblo con el arma bajo el brazo”
Luis Enrique Délano. Con estas palabras se da pie a la comprensión particular de que para  comprender a esta generación bajo el contexto que las enmarca, se hará necesario hacerlo bajo la luz de las guerras mundiales y los procesos políticos, sociales e ideológicos convulsos, el arma a la que se refiere el extracto, es una metáfora, pues en tanto recurso estilístico, ésta simbolizaría a las letras, piénsese en el tópico de las armas y las letras, donde la escritura y el rol que desempeña el escritor en la sociedad es determinante, pues por un lado debía cultivarse en la guerra y, por otro, debía ser ilustrado en las artes liberales. Lo que llevado al siglo XX, adaptándolo a estas beligerantes y constantes crisis sociales, el escritor, no puede estar escindido de su rol social


El contexto epocal en el cual nace esta generación, es propiciador para la creación literaria, erigiéndose, si bien no como un movimiento de vanguardia, pese a que tomará rasgos de las dos principales, surrealismo y creacíonismo, como veremos más adelante, dos guerras serán su caudal decisivo: “La segunda Guerra Mundial (1939), el estallido de la Guerra Civil española en 1936 y el advenimiento del Frente Popular, fueron factores determinantes para los escritores de esta generación. Este grupo nació en medio de los turbulentos cambios políticos de las campañas del año 1920. Hugo Montes, destacado estudioso de la literatura nacional, en su libro Historia de la literatura chilena, describió esta generación: "En 1938, como un anuncio de triunfos posteriores auténticos, llegó al poder un vigoroso sector de extracción media, originando una eclosión de fe popular, traducida por los escritores en un naturalismo constructivo en que se integran significativamente las capas sociales en descomposición y las fuerzas promisorias de los grupos en ascenso. No se trata ahora de una recreación estética de un ambiente de autenticidad discutible, sino de un hondo hurgar en busca de las causas infraestructurales que originan el proceso que angustia y oprime las clases desposeídas o grupos laborantes. Este naturalismo proletario, esta verdadera épica social, como alguien señaló, produjo un 'ansia apasionada de cambiar la vida nacional... de dar al obrero y al campesino... un sitio de dignidad'. Y así vemos el nacimiento de una literatura de mayor resonancia vital que no gira en torno al paisaje, sino al hombre comunitario".[4] Es precisamente la emergencia de una clase social como la media y las clases más bajas, las que serán descritas en esta literatura, con rasgos realistas y naturalistas, al menos en narrativa, que también se verá expresada en poesía, donde se verán reflejados los sentimientos y crisis existenciales que calan en los sujetos/autores y escritores de esta generación, sentimientos tales como la angustia, el dolor, sufrimiento por la humanidad, detonarán en un sujeto si bien no estrictamente existencialista, con claros dejes marcados de este existencialismo vital que apreciábamos en Francia en un Camus.

“En este sentido, los creadores de este movimiento pertenecieron al mundo popular y se sintieron cercanos al marxismo -a lo menos un gran número de ellos-, sus obras pusieron el énfasis en la problemática social, propiciaron la apertura de parcelas literarias en las regiones del país, el centro de sus creaciones fue el hombre y la constante lucha contra la naturaleza y la explotación humana. Aun cuando estas características fueron compartidas por los miembros de la Generación Literaria de 1938, un sector importante de la crítica especializada afirmó que estuvo dividida en dos grupos. El primero, de mayor sentido social, lenguaje más directo, apegado al realismo y con un claro acento regionalista. El segundo, buscó mayor novedad en los motivos literarios, fue más esteticista y subjetivo, formado en su mayoría por poetas impactados por el surrealismo y el creacionismo.”[5] La influencia de ambas vanguardias, que apreciaremos ante todo en el grupo de poetas adscritos al grupo de La mandrágora, tomará técnicas y rasgos estéticos, propios del grupo creado por Bretón, en las que también se inspirarán en los planteamientos de Huidobro, donde el arte debe crear y no imitar a la naturaleza.
“Entre los escritores adscritos a este grupo literario destacan Nicomedes Guzmán, Gonzalo Drago, Andrés Sabella, Francisco Coloane, Volodia Teitelboim, Eduardo Anguita, Teófilo Cid y algunos miembros del grupo La Mandrágora, entre otros escritores.![6] De esta generación de escritores me centraré en la obra poética de Teófilo Cid, analizando uno de sus poemas, donde como en todo escritor, para tener una visión más global y acabada de su obra, es necesario conocer sus influencias, que en el caso del poeta que nos concierne, en su etapa de juventud, con poetas coetáneos compartió discusiones literarias que sin duda alguna enriquecieron entreambas lecturas y escrituras, me refiero a Enriquez Gómez Correa y Braulio Arenas.
Dentro de los puntos que destacan de Teófilo Cid en su biografía, está su adhesión al grupo La mándragora, donde su visión surrealista queda patentemente delineada, sobre todo lo que refiere al mundo de los sueños, esa experimentación constante con esa otra realidad, alterna a la vigilia, de cuya materia se sirve el poeta para llevar a cabo su creación literaria: “En 1933, con 19 años de edad, se trasladó a Santiago. Tras seguir la carrera de Pedagogía en Castellano, comenzó a trabajar como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores. Sin embargo, pronto dejó atrás las responsabilidades de ese cargo y se vinculó con la bohemia intelectual santiaguina, la que en las noches se proclamaba por los bares y cafés de la ciudad. Ya establecido en la capital, formó junto a sus amigos Braulio Arenas, Enrique Gómez Correa y Jorge Cáceres el grupo Mandrágora, cuyo objetivo fue difundir, mediante una revista, actos públicos y tertulias, los postulados del surrealismo. Producto de su vinculación con esta corriente de pensamiento surgió el libro Bouldroud en 1942, compuesto por siete cuentos calificados por el mismo como "oníricos".[7] Luego de experimentar en sus primeros escarceos literarios con el surrealismo, luego lo hará con el creacionismo, distanciándose del grupo al cual se había adherido de su generación, por lo cual no fue incluído en el A,G,C de La mandrágora. Sin embargo, Cid no sólo cultivó la poesía, sino también el cuento, el teatro, la novela y la crítica literaria, lo que nos habla de su intensa actividad intelectual, que con el tiempo iría en deterioro, hasta terminar sus últimos días en un estado deplorable, recibiendo asilo de amigos como Guillermo Atías

Finalmente, en lo que respecta al análisis de su obra poética, escogeré un poema que sintetiza algunos puntos centrales de su concepción artística/estética y que muestra rasgos surrealistas, que lleva a por título:  MADRUGADORAS, cuyo Comentario de Braulio Arenas clarifica la elección del autor de su preferencia a la hora de escribir el poema : " ¿Por qué perra y no perro?, preguntábamos a Teófilo al llegar al final de este poema suyo. Al interrogarle, pensábamos en el can llevado en su viaje a la luna por los expedicionarios de Julio Verne, muerto en el viaje, arrojado fuera de la nave, y siguiéndoles, atraído por la fuerza de gravedad del vehículo, a través del espacio. El mismo poeta no se explicaba por qué perra famosa y no perro famoso. Este poema fue publicado en el número primero de nuestra revista "Mandrágora" (diciembre de 1938). Sólo muchos años más tarde tendríamos la explicación, pues fue una perrita la que viajó en el Sputnik de los soviéticos. " 

El motivo del tiempo y su vínculo con las imágenes es propio de la poética surrealista, pues le da un carácter onírico, de ensueño a la experiencia vivida, donde el hablante lírico, logra vivir otra vida, la que lo hace a través del sujeto poético, que en esta ocasión es la perra que viajó por primera vez al espacio exterior. En la descripción que hace de la experiencia del viaje, logra un tono poético/preciocista, nos habla de un farol de equinoccio con  presencia de sinestesias, pues en aquel sitio, la voz escucha su propia sombra. La denominación de madrugadora, por este despertar en el espacio exterior, la personifica, despertará en un hemisferio de cristal (imagen del universo) a la que le asocia el elemento del éter, lo que es propio no sólo de los surrealistas, sino también de los poetas simbolistas, como Rimbaud, del que no cabe duda posee influencias.


“Sumergida en tiempo
En imágenes
En distintas direcciones
En focos de alta mar
En odio al vesperal dominio
En tí misma
Yo vivo a través de tu candor
Como la sangre en una vena
Un farol de equinoccio
Al final del sitio plano
Del hangar más alto
En estas cordilleras
Donde la voz escucha su propia sombra
El milano atrae sus hijuelos
En este adiós de tí
De tí la madrugadora
Perdida en un hemisferio de cristal
En una curva sin dibujos
A la intemperie
Como una perra famosa
lamida por el éter.”[8]


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