viernes, 3 de marzo de 2017

Prólogo “Arte poética: Los tormentos del escritor”. (Extracto)

¿Por qué escribir poesía en el siglo XXI? Esta pregunta me nace después de haber escrito desde los 17 años intermitentemente a través de este género literario. Primeramente incursioné en la narrativa a través de cuentos breves, historias y relatos, así como una incipiente novela. No obstante, fue en la poesía donde me liberé de los prejuicios de escribir sin mediar la razón, sino que anteponer los sentimientos y pensamientos por sobre el cedazo que a veces da la sociedad a la libre expresión. Si bien al principio y es ineludible hacerlo, fui escribiendo sobre lo que observaba, veía, sentía y pensaba, con el tiempo se fueron delineando temáticas más íntimas y a la vez, universales como el amor, la amistad, el sentir. Pero descubrí que la poesía no era solo dar a conocer nuestra interioridad, sino una forma diferente de ver la vida. De este modo me fui imbuyendo del acontecer social, informando e intentando comprender mi realidad, pero que no solo me pertenece, sino aquella que uno comparte en sociedad. Las injusticias sociales, las discriminaciones de género, étnicas o de cualquier índole y que aún hoy, existen muchos que no han logrado su propia voz. Veo en este género un espacio en el que el sentir de otros se conjuga con nuestra propia sensibilidad para que en esta parcela del mundo donde nos toca vivir, en este tiempo ingrato a veces y en el que hay mucho por hacer y construir, se puedan hacer verdaderos cambios, donde nunca más nuestro país vuelva a ser acallado y donde los artistas recuperen los espacios y que la cultura se tome la palestra.

Por ello vi en la poesía no solo mi propio canto a la vida como diría nuestra querida Violeta Parra con la que fuimos tan ingratos y este año se conmemora un siglo desde su natalicio, “volver a los 17, después de vivir un siglo”, ¡qué sentido me hace ahora más que nunca!, en esta habla que nos caracteriza, una lengua que es verbigracia de ruiseñores y que la maestra expresa con una elocuencia propia de aquellos que han comprendido el sentido de la vida, “el canto de todos es mi propio canto”.

“Salimos perdiendo… salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”. Pablo Neruda, Confieso que he vivido. El idioma, nuestras lenguas madres son los mayores legados que nos deja la humanidad con sus historias, etimologías, orígenes remotos que nos permiten aproximarnos poéticamente a través de viajes que nos conectan con nuestras raíces y ancestros. La poesía es aquello y mucho más, nos permite viajar sin movernos de nuestro lugar, devenir en otras épocas, conocer otras verdades, verdades a medias y falsas verdades. Es uno de los inventos humanos del cual debiésemos estar más agradecidos, ya que sus posibilidades creativas e imaginativas son infinitas, pues cada experiencia de escritura es única, en un lugar y tiempo determinado, incluso nosotros ya no somos los mismos. Nadie cruza el mismo río dos veces como diría Heráclito. Pues así nos pasa con los libros, aunque los leamos una y mil veces, por enésima vez aun. Jamás serán las mismas experiencias y ello enriquece nuestras lecturas o sino ¿Por qué releemos los libros y aun siglos después generaciones vuelven su mirada sobre ellos?
                                                                                                                               2 de marzo 2017


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