jueves, 6 de abril de 2017

Declaración de Principios.


El camino de la literatura nos ha abierto las puertas al conocimiento de realidades otras, de compartir con personas que al igual que nosotros iniciaron su búsqueda personal, a quién no le ha marcado alguna vez en su vida un libro al cual vuelve una y otra vez. Pues precisamente la poesía para mí ha adquirido el mismo valor. Libros de cabecera y autores podría  nombrar varios, Tellier, Mistral, Huidobro y De Rokha en la poesía chilena; Rimbaud, Mallarmé, André Bretón, Tristán Tzará y las vanguardias artístico literarias como el Surrealismo, Dadaísmo, Ultraísmo y Creacionismo, abrieron mi senda en las letras europeas.

En Hispanoamérica Rubén Darío, Oliverio Girondo y César Vallejos, así como los inigualables Federico García Lorca, Miguel Hernández y la inigualable pluma de Miguel de Cervantes en las letras españolas o del prodigio que significó Shakespeare para las letras del mundo en el Renacimiento. Sin duda a todos ellos, maestros de la lengua universal, les debo una huella indeleble que ha marcado mi recorrido por las letras. Sin embargo, fue a través de la carrera de literatura en la Universidad de Chile donde redescubrí mundos nuevos, mi pasión por la narrativa chilena e hispanoamericana se acrecentó a través de la obra de  grandes maestros como Miguel de Unamuno, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, José Donoso, Juan Empresas, Vargas Llosa, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez.

Imbuirme de este panorama cultural y literario, hizo que por mis venas circulara poesía y narrativa a caudales, lo que me permitió desarrollar este arte desde los 17 años y que aun hoy a mis 25 años continúo incansable en esta labor titánica y a ratos tormentosa de escribir poesía. No obstante,  los caminos se cruzan en la narrativa a través de la prosa poética y los géneros en apariencia cerrados, obtusos y categóricos en sí mismos ya no fueron tales, se abrieron de par en par deslindando límites, creando puentes literarios donde la imaginación es el único punto que se contempla en el horizonte. Así nace en el año 2008, “Flor de otoño”, que aún no ve la luz pública. En esta incipiente novela de juventud inicio mi camino de prosar poéticamente, pues jamás he estado a favor de los géneros puros y ello me ha llevado a buscar nuevos rumbos.

No obstante, no fue hasta este año que di a luz mi primer libro, que recopila una selección de 20 poemas entre los años 2014 y 2016, que lleva por título, “Arte poética: Los Tormentos del escritor”, escritura arrebatadora, intensa, en constantes ires y venires, donde los sentimientos destellan a instantes y se apagan en la oscuridad noctámbula de los ocasos cotidianos. Escribir, crear arte, es un soplo vital en agonía, son remansos de vida que depositamos en papeles atiborrados de escritura. La poesía es eso y mucho más, es fuente inagotable de creación y en ella nos sumergimos cada vez que nuestra voz se pierde entre el desconcierto del mundo. 

Finalmente, agradezco al Grupo Literario Ñuble por abrirme sus puertas, en especial a Don Fernando May, quién lo preside. A las/los estimadas/os escritores Laura Daza, Don Fernando, Catalina Becerra, Pilar Guzmán, Ingrid Álvarez y Juan Carlos Olmedo, quiénes han creído en mí y me han acompañado en esta incipiente travesía por este mar de letras donde los náufragos quedan a la deriva en un mar embravecido.

Carta al Grupo Literario Ñuble; Chillán 5 abril 2017.
Se despide Atte. José Patricio Chamorro Jara.

Profesor de Lenguaje y poeta.

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