miércoles, 30 de agosto de 2017

Lucidez creativa o resignación: La inminencia de la muerte.


¿Al final de la vida renegar de la propia existencia, la escritura y la creación artística es un acto de lucidez creativa o resignación ante la inminencia de la muerte?

            Sin duda alguna tal vez solo nos quedarán las experiencias y ni aun ello nos llevamos a la tumba. Pues todo se va con la vida misma, lo que fue, lo que fuimos, aquello por lo que luchamos hasta el último instante de  nuestra existencia terrena. ¿Vale la pena entonces vivir si nos sabemos desde que nacemos seres para la muerte?, ¿En qué momento tomamos consciencia del paso del tiempo, de que nuestros cuerpos se desgastan, hasta sucumbir? La muerte es una realidad, pero la invisibilizamos o renegamos de ella mientras vivimos, pero está ahí, latente y acechando recordándonos que el tiempo es efímero y que tenemos las horas contadas.

Las decisiones de las que nos hacemos cargo en este omnipresente devenir de experiencias vitales a ratos nos traicionan y nos juegan al azar con los reveses del destino. ¿Cuántas veces nos hemos caído y nos hemos vuelto a levantar?, ¿Dónde nace la fuerza vital y las ganas de darlo todo una vez más, aunque sepamos que la mayor satisfacción es solo haber vivido? Tal vez ahí radique la respuesta. Lo que cuenta no es huir ante el sobrevenir de la muerte, sino en cuánto de nuestra esencia dejamos en las huellas del andar, ese caminar intrínseco al ser humano, que aun con sus vicisitudes, merece la pena experimentarlo. La vida es un continuo experimentar, atreverse, aun cometer errores, puesto que de ellos nace la voluntad de resurgir una vez más. Desde el más allá silencioso de los días atormentados, en los que no sabemos dónde ir, en que nuestros rumbos se sumergen en la deriva de las indecisiones, de las incertidumbres, del no saber cuál es el camino que debes elegir. ¿Y ahora qué? Una nueva oportunidad para vivir plenamente, para sentir y enamorarse con los sonidos más profundos de la tierra, ese eco perenne que nos hace humanos. Ser conscientes de nuestra mortalidad es el obsequio que aun los dioses desearon poseer, vivir  es probablemente el acto más rebelde que podemos acometer contra el destino, en una cultura y sociedad donde no trabajamos para vivir, sino que vivimos para trabajar. Es ahí cuando nos olvidamos de vivir el presente, el ahora, puesto que es lo único que nos queda y precisamente es nuestro mayor regalo.

En la vida prima la ley del todo o nada, vivir o morir, no hay tintas medias. A veces podemos habitar físicamente una existencia, sin embargo, cuánto autómatas no nos cruzamos en las calles de las ciudades, personas que como borregos transitan hacia la muerte.  ¿Qué sucede cuando en ese acto de cordura, lucidez si se desea perdemos aquello por lo que tanto se ha luchado día a día?, cuánto estuvimos dispuestos a dar por la escritura o la trascendencia, ese eternizar de momentos que no regresarán. Todo, sin duda, absolutamente todo se puede desvanecer en un momento fugaz y la manivela del reloj, inexorable, implacable con su hoz nos advierte que nuestra función está a punto de llegar a su final.


                                    José Patricio Chamorro                                  31 agosto 2017.

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