sábado, 17 de septiembre de 2011

De la búsqueda individual a la transversalidad de las religiones.




Amarga soledad, creí que me habías abandonado, pero al parecer esta noche has regresado nuevamente, te me presentas grácil y seductora, como la imagen típica de la muerte. No esperaba tu retorno, aunque ése suele ser el camino tal vez de los poetas y su sensibilidad que se extingue a cada instante con los malos tratos de los hombres y sus problemas enajenantes, a veces añoro tu compañía, otras veces la repudio, pero al fin y al cabo, creo que tendré que acostumbrarme a tu permanencia. Sin embargo y, tal vez, paradójicamente, cuando estás a mi lado siento ese toque inspirador e irreflexivo, pues no tengo explicación para ello, donde nace desde lo más interno de mis entrañas, una reflexión y, siguiendo la misma línea, en esta ocasión escribiré una cuya temática es tu esencia misma, vale decir, qué eres en definitivas cuentas, tú, soledad.

Sin desearlo, este escrito ha tenido un desfase temporal, pues lo comencé hace una semana, sin embargo, hoy nuevamente lo continúo, lo cual es una comprobación más de aquella sensación que me invade apremiantemente y, como había señalado algunas veces este estado me permite escribir, darle rienda suelta a mis pensamientos, compenetrarme con mi interioridad y en estos momentos me ha permitido pensar en que a veces la vida es un continúo de soledades e individualidades, ya que cada persona es esencialmente sola y cuando se encuentra junto a otros individuos, no es que abandone ese estado precedente, sino que las soledades se acompañan e ilusoriamente creemos estar en armonía con los demás, pero me pregunto, ¿esa ilusión, ese espejismo no nos conducirá aun a otro estado? Pues sí y es aquello que denominamos felicidad, la que al igual que la soledad, es transitoria, ¿aunque acaso no es posible ser feliz durante la soledad? personalmente creo que sí, pienso en el okio griego y en el dulce far niente italiano, al igual que en el análisis introspectivo de los escritores místicos, que gracias al solitario silencio, podían desarrollar su ejercicio escritural y así alcanzar una experiencia extática y/o purgativa, no obstante, eso de purgar el alma es en demasía una concepción Judeo-cristiana, que implica en una instancia primera haber cometido algún tipo de pecado, constriñéndose a la imposición de un sistema moral, que en resumidas cuentas es lo que está socialmente prescrito y consiste en lo que se nos está permitido hacer y qué no, por ello este tipo de escritura fue desde sus inicios una confirmación de una creencia, una correspondencia con un ser superior al que se le denominó Dios y al que había que rendirle cuentas sobre nuestros actos en la tierra, que viene a ser a mi modo de verlo la justificación que preexistía para no pasar a llevar a aquellas personas que conviven a nuestro alrededor, ese afán de cuidarnos de lastimar y transgredir la libertad de otro que es distinto a mí.

 Quizás esto último es lo más valioso del cristianismo, una de las cualidades que nos podrían permitir optar por sus creencias, aunque personalmente si bien lo considero como una característica positiva para las personas tanto el hecho de “respetar al prójimo”, como poseer la esperanza de que existe un ente superior que puede ayudarnos a resolver las adversidades terrenales, ésta ya no me convence, pues en estos momentos de mi vida me encuentro en una etapa de búsqueda empírica respecto a las creencias religiosas y a raíz de una revisión teórica, he concluido más bien y en una línea concordante con mi pensamiento, en la transversalidad de las religiones, vale decir, sus puntos comunes, baste para ello mencionar la concepción de una diosa madre, que se da en la tradición griega “Gea y/o Gaia”, egipcia, “Isis” de igual modo en los pueblos originarios de América apreciamos una situación similar, por ejemplo, la pachamama en el caso de los aymara; otro punto común lo oteamos sobretodo en las religiones politeístas, ya que en su generalidad los dioses probablemente cambien sus nombres, pero en variados casos desempeñan las mismas funciones, el dios sol, la diosa y/o dios de la lluvia, del rayo, de la fertilidad, de la caza, entre muchos otros.

Es decir, según lo mentado con anterioridad, hay muchos puntos comunes en las religiones, sólo di algunos ejemplos, pero podríamos pensar en la insistencia de estos credos en transcribir sus enseñanzas y mensajes a textos que suelen designar como sacros, de inspiración generalmente divina, ya se hable ejemplificadamente del Corán, La Biblia y así una sucesión de ellos, de igual manera a veces encontramos mitos y leyendas comunes, ello me conlleva a pensar en el Popol Vuh maya-quiché, donde al igual que en la Biblia Judeo-cristiana, se nos presenta un mito sobre el origen (génesis), otros más acorde con lo civilizatorio, incluso aparece el diluvio universal. En fin, continuaré con estas indagaciones más adelante, por ahora he procurado establecer estas conexiones que me parecen interesantes, pero tal vez éste sea sólo el comienzo de una investigación más profunda, que con el tiempo iré profundizando y, por último, quien lea esta reflexión, está invitado a buscar por su propia cuenta, lo que él/ella crea que es su propia verdad, puesto que al fin y al cabo la historia de las religiones nos señala que cada vez que se ha impuesto una, siempre el daño es mayor, así que por ello la mejor opción es que cada uno llegue a sus propias conclusiones, como en todo ámbito de situaciones en la vida.

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