domingo, 11 de diciembre de 2011

Los poetas muertos del cementerio general.


          

  Estaba atardeciendo, eran las 6:30 en punto según el reloj de pared que estaba frente a la puerta de la casa –se me hacía tarde- tenía que estar en menos de media hora en el cementerio general, era una invitación, un amigo me había dicho que nos encontraríamos allá y que iríamos a ver a nuestros queridos poetas muertos, era un homenaje no de ésos que han quedado en el olvido, donde se depositarían ramos de rosas y se leería poesía a la luz de la luna, sino más bien un tanto distinto, sin embargo, al parecer algo de eso habría, en fin, era hora de irme, los detalles ya no importaban. Tomé un libro del estante de mi dormitorio con vistas a leerlo durante el recorrido, pues en Santiago eran no pocos los tramos que duraban menos de una hora, así que tendría un largo viaje para leer, luego que dejé todo listo, tomé una linterna de mano y la guardé en el bolso, después de ello, rápidamente salí de la casa, tomé la primera micro que pasó y aproveché de leer, sin antes mirar a mi alrededor y ver las caras de cansancio de las personas, que entrechocaban cada vez que la micro se detenía en un paradero, era un día más de trabajo y de rutina para muchos, querían llegar cuanto antes a sus casas –pensé en mis padres- cuántas veces no vivieron y pasaron por la misma fatigante rutina, que hace que la vida se esfume más rápido, al igual que el ritmo de esta ciudad capital –mientras pensaba y observaba había llegado al paradero- en ese instante bajé apenas se detuvo y ya iba unos metros más allá cuando escucho un grito de una mujer –hueón, abre la puerta, mi hijo- todos nos dimos vuelta a ver qué pasaba y era un niño que había quedado con un brazo adentro de la micro, la puerta casi totalmente cerrada y el resto del cuerpo afuera, algunos de quienes estaban abajo de la micro, empezaron a golpear los vidrios, hasta que el chofer abrió, la mujer seguía a voz en grito diciéndole unas cuantas verdades al conductor y después quedó todo como si nada, cada persona siguió su camino y su vida, la mujer quedó de pie, aún hecha una furia, consolando a su hijo.

            Después de unos minutos, ya me encontraba en el metro, sólo eran un par de estaciones, que en pleno horario punta, hasta cierto punto se desvanecían como las palabras, una tras de otra, gente entrando y bajando del metro –comienza el cierre de puertas- cada vez más aquel metro cuadrado se reducía un cuarto de metro más, donde prácticamente si no fuese por ese insignificante momento en que se abrían las puertas, uno terminaría asfixiado. Finalmente llegué a mi destino –estimados pasajeros, estación cementerios- ahí tenía que bajarme, estaba encima de la hora, aunque me mantenía esperanzado que como todo en Chile, empezaría por lo menos un cuarto de hora más tarde.

            Al llegar ante las imponentes puertas del cementerio general, sentí cómo me invadía una extraña sensación, entraba a un terreno desconocido, que ahora estaba prácticamente vacío, ya que la única ocasión donde se ve visitado por multitud de personas es en el día de todos los santos, por lo demás, durante el resto del año, sólo circulan por él almas en pena. Una vez dentro empecé a avanzar por las callejuelas del cementerio, habían mausoleos de todos los tipos, los más antiguos tenían una arquitectura gótica, un tanto penumbrosa, algunos databan por lo que alcancé a ver, de mediados de 1800, era amplio, parecía que no tenía fin, habían árboles y mucha vegetación, familias apodadas y otras que no tanto, así era el cementerio general, desolado. Salvo por los guardias, que ya habían quedado atrás, al parecer era el único ese día, tenía que llegar hasta el final y ya estaba oscureciendo, no obstante, no sentí calosfríos, al contrario, sentía que todo en aquel lugar tenía un interesante halo de misterio, seguí avanzando, debía estar cerca del grupo de poetas.


            Llegué a una plazoleta, había un tipo de unos 20 años con una guitarra en mano y vestido entre un estilo del viejo oeste y, por otro lado, como pirata y a su lado, una joven con poemas en mano, les pregunté dónde se estaban reuniendo y me dijeron que siguiera unos cuantos metros más allá, hasta llegar a una cúpula, así que seguí. Cuando ya estaba cerca, vi a un grupo de personas reunidas, echando la talla y riéndose a carcajadas, con cervezas en mano, pensé –me siento fuera de lugar- sin embargo, me acerqué a ellos y después de conversar unos minutos me di cuenta, que aunque tuviésemos en común el tener cierta sensibilidad hacia la vida, habíamos escogido caminos distintos, yo no era decadentista, era romántico. Los observé otros minutos, leí uno de sus poemas y me reservé la crítica, era un tema común; la crítica contra la iglesia, el estado y el orden social, buscaban una especie de anarquía, nada nuevo.

            Pasaron unos minutos y sigilosamente me fui escabullendo, me acerqué a la cúpula, me adentré en ella y salí por el lado opuesto, caminé cuadras y cuadras en el interior del cementerio, linterna en mano, revisé mi bolso y saqué una vela y un encendedor, quizá no era poeta o tal vez si el de aquel mausoleo que estaba frente a mí, pero sentí cierta nostalgia, estaba muy descuidado, parecía que hace décadas nadie lo visitaba, así que encendí la vela y le dejé un poema, unos simples versos –que ahora se los tuvo que haber llevado el viento- sentí un aire pasar, pero no me inmuté, mi tarea ya estaba hecha, había valido la pena ir al cementerio general.

3 comentarios:

  1. "yo no era decadentista, era romántico"... interesante reflexión, creo que me pasa algo parecido me gusta la historia que encierran los cementerios, pensar el las personas que están ahí, esa nostalgia que te dan ciertos lugares..

    Saludos primo, Fabiola

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  2. Hola Fabiola!! ^^ gracias por tu comentario, concuerdo contigo, a veces y por lo que he ido viendo, de lo que más se carece actualmente, es de romanticismo. Por lo demás, la "nostalgia" o "añoranza", en sí es uno de los sentimientos que entraña el "ser romántico". :) Saludos.

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  3. bonito texto.....cada persona que pasa por tu vida no es por algo siempre tiene algo que enseñarlos desde el mas drogadicto al suicida ellos son a los que mas debemos amar....se nos pasa la vida criticando mas al otro que amando, y por eso no va a ser una mala persona o un blasfemo!! jajajaj

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