sábado, 14 de abril de 2012

¿La predestinación de una vida o el plan existencial?


Aún no sé si creo en la pre-destinación y menos aún en el destino, no obstante, lo que he ido viviendo en mis cortos veinte años, al parecer formaba todo parte de un plan, lo veo desde la educación que recibí, de un nivel muy alto por lo demás, hasta el hecho de que me tocó vivir en casa de unas tías, donde el trato radicaba básicamente en no hablarnos –obviamente no me entendían, la cultura era distinta y por qué no decirlo, la inteligencia- lo anterior me ha enajenado un tanto del lado de mis padres, donde si bien los amo, sé que con ellos no puedo satisfacer mis inquietudes de índole intelectual, por ello migro y viajo errabundo, sin sentar raíces de forma fija y estable. Pese al sufrimiento ahí vivido, aprendí varias cosas, sobre todo a valerme por mi cuenta, he quebrado relaciones inter-personales, ya que siento que con muchos ya no voy a la par y tal vez nunca lo fui, pero hay que seguir nuestro propio camino y en ello me encuentro. Por otro lado, de la casa de mis tías, llegué a una pensión donde crecí en muchos ámbitos, desde mi auto-valoración a un compartir que no acostumbraba, ese año por lo demás empecé a hacer clases en un preuniversitario y ahí claramente di rienda suelta a mis inquietudes y descubrí que tenía algo de pasta para enseñar y en ello continúo este año –recuerdo no muy gratamente que hace unos días justamente en aquel preuniversitario se me quedó un cuaderno con notas y pensamientos, espero sinceramente no perderlos, que es como si me arrancaran una parte de lo más hondo de mi ser-  y cabe señalar que fue precisamente en aquel lugar donde conocí a dos mente magníficas, una de ellas brillante en sí misma, mi amiga Tama, estudiante de lenguas inglesas, con quien nos desvelábamos horas y horas discutiendo sobre lingüística y educación, ahí aprendí a argumentar punto por punto, también conviví con Matías, actual compañero de carrera, que tenía y debe tener una especie de mentalidad kafkiana –pobre mente- realmente perturbada, sentir aquello me perturbaba inclusive a mí mismo, pero él es un genio y pudimos discutir profundamente muchos temas, chocamos cientos de veces, fue un extrañamiento intelectual o entrechocamiento si se quiere, pero conocerlo hizo mis días más interesantes, me ayudó a adaptarme a las personas, a conocer mentes así de perturbadas, cuya escritura e historias eran realmente fuertes, era una persona manipuladora y controladora, pero aclaró varios temas en mi vida, quizás hasta en oposición en verdad, después seguí migrando, pero ésas son otras historias, hoy quiero dejar testimonio sólo de éstas.

1 comentario:

  1. Evidentemente y como te lo dije una vez, si no eres capaz de bajar la intelectualidad a la gente, entonces eres un perchero lleno de abrigos y bufandas en verano.
    Por otro lado, la gente que necesita de la literatura, la filosofía, el teatro; del arte; no es la gente que lee, que visiona, o que expecta sino la gente que no tiene accesos a estas artes.

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