viernes, 22 de febrero de 2013

No existe fórmula para la felicidad.



            Se puede adquirir todo cuanto queramos en la vida, renombre, prestigio social, autos, propiedades y hasta títulos; se puede viajar por el mundo, conocer diversas ciudades y destinos. En fin, se puede cumplir todo lo que nos propongamos y pensemos. Pues todo lo que hagamos y logremos en esta vida, no es nada más y nada menos que la extensión de nuestros pensamientos. Inclusive los grandes inventos de la humanidad, han surgido para hacer más llevadera la vida misma, desde la creación de la rueda, hasta ampolletas, teléfonos, computadoras, que por otro lado, terminan convirtiéndose en inventos que justifican las convenciones sociales.

            De lo único que estoy seguro en esta vida  es que el pensamiento nos hace libres, que podemos escribir, pensar donde queramos y estemos –me encuentro escribiendo en un terminal de buses.- Podemos hacerlo en cualquier confín del mundo, pero ni aun la sumatoria de objetos que obtengamos, experiencias que tengamos y personas que conozcamos en nuestras vidas, nos garantizan la felicidad. Vale decir, en definitivas cuentas, no existe fórmula alguna, más que el vivir mismo.

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