lunes, 7 de octubre de 2013

El vacío existencial de los objetos.




La realidad, ¿Qué es? Es una relación entre quién experimenta la vida, su propio mundo, cosmovisión, a partir de sus propias circunstancias y forma de convivir en un espacio/tiempo determinado, por ello la realidad dependerá del vivenciante, es decir, el sujeto que vive en aquella relación de yuxtaposición de espacialidad y temporalidad, ¿pero qué pasa cuando la realidad nos consume, cuando nuestro propio momento histórico nos agravia en una incomprensión incorrespondida? A veces el vacío existencial me consume, los objetos son entes inanimados que sólo cobran vida al interactuar con seres animados, por ello toda relación objetual me parece vacua, vacía en sí misma, sin la presencia física de alguien con quién compartir momentos, circunstancias, en un espacio y tiempo común, donde la materialidad de los instantes, cobre vida en sí misma. Una casa, es una construción solidificada en cimientos de escombros si no hay quién la habite, una taza de café es un mero objeto sin un uso aparente,sin alguien que la nombre y le da la utilidad que es pertinente a su materialidad.

                La vida es más gozosa y dichosa. Si hay otros seres con quiénes podamos compartir la belleza estética de la existencia, el ideal placentero de contemplar la vida como una obra de arte, con una significación propia, cuyo significante esté en un continúo impulso en el flujo hacia la idealización objetuada. Venimos al mundo, somos dados a luz, para forjar nuestro propio camino, que dado los momentos en que nos toque vivir y dependiendo de qué hagamos para mantenernos vivos, se concretiza el ser de nuestra existencia, vale decir, somos en tanto hacemos, pensamos, actuamos y sentimos. Somos un complejo holístico de experiencia y sensaciones, cuyo acercamiento epistemológico a la vida, dependerá de si somos agentes o pacientes respecto a ésta, con ello me refiero a si es que dejamos que la vida nos pase por encima o tomamos las riendas de ésta. Una realidad agenciada, será epistemológicamente distinta, a una realidad paciente, que puede ser meramente receptiva o involucrar gradaciones sensitivas.

                La felicidad es otro estado transitorio en la que el sujeto vivenciante, tiende a una positividad aparente, que involucra sus propias circunstancias. La felicidad es un estado que nos puede encumbrar un día y al siguiente, dejarnos a la deriva de la vida, con amplias posibilidades de decaer a las profundidas del abismo existencial.

               José Patricio Chamorro, 07/10/2013, Santiago de Chile, Ñuñoa.

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