miércoles, 27 de mayo de 2015

En el acantilado, un arrebol de madrugada.

Me encuentro en una ceremonia, en medio de una multitud de personas, algunos que ubico de rostro al pasar frente a mí, otros que reconozco en la mirada y otros muchos que jamás había visto en mi vida. Pertenecíamos a la misma institución, pues teníamos el mismo modo de vestir y sentía que ellos también me reconocían. Sin embargo, aún no sé qué hago aquí y cual es mi rol en este espectáculo. Frente a mis ojos, un ataúd y muchas flores de los más variados tipos y en las voces de los pasillos resuena el nombre de un conocido amigo y como si aquello hubiese activado algo en mi memoria, empiezan a aparecer en destellos profundos imágenes con aquel amigo, historias de antaño de cuando compartíamos, en efecto, me encontraba en su velatorio, mi amigo Luis ya no estaba entre nosotros, por ello las lágrimas y esas hermosas rosas y yo de pie de brazos cruzados contemplando la escena. –Esto no podía hacer, por qué mi amigo que hace pocas horas había compartido conmigo, ahora se encontraba sin vida dentro de un cajón de madera.-

En medio de la ceremonia, bajo una luz sombría apareció frente a mis ojos la silueta de alguien que también me parecía conocer. Sus ojos estaban en penumbra, sombríos como la noche. Descubrí en sus ojos la inocencia y la culpabilidad, un sentimiento de remordimiento por sus actos, sin embargo, él no fue el homicida, pero nadie podía demostrarlo más que yo en aquella sala y multitud de personas, no podía quedarme de brazos cruzados. La ceremonia había terminado, pero mi actuar acababa de comenzar.

Hace tres días habíamos llegado a aquella isla, un paraíso perdido cuyas aguas parecían caer en acantilado alrededor y quién se imaginaría los secretos que guardaba. Éramos un grupo de unos cien compañeros universitarios, todos bien vestidos y de un cierto status que mantener, como en todo grupo masivo, solían haber desórdenes y otros que simplemente buscaban pasarla bien, alejados de nuestros padres y donde nadie podría ponernos reglas. Ese primer día dormí en la habitación contigua a Luis, no obstante, se escuchaban las conversaciones separadas sólo por unos metros de distancia, era el joven que observaba en el funeral, el de ojos sombríos, no sabía su nombre en aquel momento, pero incitaba a Luis a consumir droga, ambos en un extremo de la habitación empezaron a fumar hierba y el olor llegó a la mía, sus risas estrepitosas se escuchaban por todo el pasillo, estaban despertando a otros compañeros. Al darse cuenta, Joel, mi compañero de cuarto le dijo que se calmaran y que saliesen al patio e hiciesen menos escándalo. Así lo hicieron. Pero yo no pude conciliar el sueño, así que esperé que Joel se durmiese nuevamente y os seguí.
Era de madrugada, no vi la hora exacta, pero estaba por amanecer, tuvo que haber sido entre las 5 y las 6 de la madrugada, al menos eso fue lo que le conté al perito forense en el interrogatorio, dos días después. Atraviesé la isla a paso rápido, hasta quedar a unos 50 metros de ambos, frente a mis ojos, el descampado, el acantilado, Luis discutiendo y riéndose a viva voz frente al joven de ojos sombríos, intenté escuchar rasposamente la conversación.

-¿De dónde la obtuviste Paul? Es la mejor que he consumido hace mucho (risas estrepitosas)- preguntó Luis.

-Es del cultivo de mi hermano, pero ya se me acaba, dame la que te queda, quiero más.-  insistió Paul.
-Ni creas que te daré lo que queda, disfrutaste la tuya igual, vete y déjame en paz.- gritaba alterándose Luis.
En segundos Paul se aproximaba a Luis e intenta forcejear con él y arrebatársela en un intento infructuoso. Por mi parte contemplaba todo desde mi plano, desde unos cincuenta metros de distancia, algo debía hacer, pero cómo explicaría que los seguí, así que decidí que ellos resolviesen sus problemas y me quedé tras unos árboles. En minutos que estuvieron discutiendo acaloradamente, no se percataron que estaban próximos al acantilado, ahí no pude contenerme  y decidí intervenir, pues el estado en que se encontraban me temía lo peor.

-Luis, Paul, deténganse, ¡aléjense del acantilado!- pero fue en vano, como si no estuviese allí y ambos enfrascados en sí mismos, daban manotazos en el aire.

-Me consumiré la última, ya es mía brother.-  Decía Luis mientras caminaba hacia atrás dando tumbos, cada vez más cerca del acantilado.

-¡Luis, detente!- En ello escucha mi voz, intenta torpemente darme un saludo con la mano y grita, Bro, únete a nosotros y en fracción de segundos su pie izquierdo resbala. Mi cara de horror se reflejaba en sus ojos por lo que pasaría en los próximos segundos. Su cuerpo en caída libre cayó hacia atrás en picada, sobre el acantilado. Ya nada se podía hacer, era demasiado tarde y los rayos del sol anunciaban el amanecer.

Así fueron los hechos, nada más y nada menos, no fue suicidio, tampoco homicidio, sólo un accidente producto de la droga, abogado. (Me encontraba en la oficina del abogado Meneses relatando los sucesos según mi versión de lo ocurrido, mientras él graba y anotaban todo prolijamente, examinando mi rostro, a estas horas, lívido por lo ocurrido).

-¿Qué pasó luego de que Luis cayó al acantilado? Me interrogaba Meneses.

Como en reconstrucción de escenas le señalé todos los pormenores, aunque decidí resguardar algunos, que pudiesen responsabilizar a Paul, pues era inocente y si bien era el culpable directo, él no había cometido homicidio, todo había sido consecuencias y cabos sueltos que condujeron a una tragedia. Me llevé las manos al rostro, no podía creerlo, frente a mis ojos presenciaba la muerte de mi amigo de tantos años. Corrí hacia el acantilado e intenté ver qué pasaba con el cuerpo de mi amigo. Ahí estaba, sobre las aguas, ensangrentado y maltrecho, Luis ya no estaba con nosotros
.
-¡Dónde crees que vas, cobarde!- Increpé a Paul, quién se alejaba  sin mirar atrás, sin embargo, se detuvo.

-¡No es mi culpa, te lo juro, yo no quería….!- Estaba asustado, el horror y pánico lo invadían.

Sé que no es tu culpa, vi todo desde allí (hice un gesto indicando el lugar en que me encontraba hace unos minutos). Fue un accidente, tendremos que informarlo a los demás, lamentable, pero cierto.- Intenté calmarlo, aunque yo tampoco estaba en la mejor posición, para tranquilizar a alguien.

-¡No! Me culparán a mí, si lo intentas hacer, te mato antes, ni te atrevas, de aquí no sale y tú tampoco.- Se aproximó rápido y furioso e intentó empujarme al acantilado, me amordazó los brazos con fuerza brutal, pero yo estaba sobrio y él no, así que lo esquivé fácilmente y lo tiré al suelo, le propiné un par de golpes  y quedó aturdido. Lo llevé lo más cerca que pude de las cabañas y alerté a mis compañeros, en menos de una hora, todos estaban en pie y les había narrado lo ocurrido. Estaban impactados, nadie podía creerlo, al medio día ya estaban los peritos examinando la zona, interrogando a los testigos, que sólo era mi persona y la de Paul y estableciendo culpables, tampoco descartaron mi culpabilidad en los hechos, pero al hallar el cuerpo de Luis, sólo notaron las huellas de Paul, quién había forcejeado con Luis para arrebatarle la droga.

De eso, habían pasado dos días y la ceremonia llegaba a su fin, los funerales serían mañana. El viaje había terminado fatalmente, lo que había sido una promesa de ensueño, terminó de un modo inesperado. Paul, aún sombrío, era llevado a prisión por intento de homicidio y por consumo ilícito de drogas, pues si bien se concluyó en el expediente que Luis había muerto en un accidente, cuyas causas han sido expuestas, él había intentado acabar con mi vida y había portado drogas en un viaje institucional para consumo personal, que además había provocado un accidente que concluyó en la muerte de un joven de 23 años, aunque estos últimos cargos, sólo fueron agregados al expediente, todo lo cual conllevó a que pasara los próximos diez años de su vida en prisión.



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