jueves, 5 de enero de 2012

Acercamientos y diferencias de Don Catrín de la Fachenda con la novela picaresca.


    Al referirnos al género picaresco, nos remontamos ineludiblemente al período clásico español, donde alcanzará su auge, es así que es preciso añadir algunas de las características nucleares de ésta, para apreciar cómo se enmarcará el Catrín de la Fachenda respecto a ella, es así que nos encontramos con la figura del pícaro, siendo éste un personaje que transcurre y vive por una serie de peripecias, donde su suerte se ve trocada una y otra vez, que si pensamos en el Lazarillo de Tormes, por ejemplo, éste tendrá una gama de amos, comenzando por su “iniciador”, el ciego, el que lo conducirá por los inusitados caminos de la vida. Por otro lado, un rasgo fundamental de la picaresca, es la ficción autobiográfica, la que inherentemente es narrada en primera persona y, por tanto, con un grado elevado de subjetividad, que será definitorio en el Catrín, pues él nos dirá y referirá un concepto sobre él, unas facetas que para nada son las reales, sino que como sabemos, todo corresponde a una ironía alegórica –por así decirlo- en torno a su vida.

            Por otra parte, entendiendo al Catrín, en tanto pícaro, éste cada vez pasará por situaciones peores, sin embargo, si bien éste es el modelo convencional de la picaresca, lo que a nosotros podría parecernos peor, en realidad para él será la felicidad máxima, pues su vida oscila de forma pendular, no obstante, en vez de transformarse su vida en desdicha, como lo es cuando, pasa de una rencilla o pendencia a la muerte de sus padres, lo que pese a su reacción, es indiscutible que va de mal en peor, realmente lo que tendremos es una reacción opuesta a la esperada, que puede ser considera con tono irónico: “Si el primer año de esos dos fue bueno, el segundo fue inmejorable, porque a sus principios se le puso a mi padre en la cabeza la majadería de morirse, y se salió con ella; mi madre no tuvo valor para quedarse sola, y dentro de un mes le fue a acompañar al camposanto.”[1] No podemos olvidar, que la ironía justamente marcaba la pauta en la picaresca y como ya se ha referido, ésta nos acompañará hasta el final en la presente obra –muertes que contraen dicha y diversión, qué más irónico que aquello.-

            Tampoco se puede soslayar que profusamente se va mencionando el término pícaro en la obra, para referirse al Catrín y sus picardías, que se corresponde con la percepción que tienen los demás sobre él, contraria a la que posee él mismo: “No tuve más arbitrio para excusarme sino decirle que me parecía muy bien su deseo, y desde luego lo cumpliera si no hubiera yo tomado tanto aguardiente, pues mi hermana vivía conmigo y una tía muy escrupulosa, si me olía me echaría tan gran regaño que me haría incomodar demasiado, y al mismo tiempo juzgaría  que el nuevo amigo tenía la culpa y era un pícaro que se andaba embriagando, por las calles, enseñando a borracho a su sobrino […]”.[2]

            Finalmente su suerte llegará hasta tal extremo, que quedará literalmente, sin nada, sin mover un dedo por cambiar su estado, ya que según su propia percepción, como era un Catrín, el hecho de que hiciese algo, era indigno de su linaje –puras patrañas-: “En éstas y las otras, como era fuerza comer por mis arbitrios así que no hallaba dónde me hicieran favor, me quedé en cueros en dos por tres; y conozco que si yo mismo hubiera hecho mis diligencias de empeñar y vender mis cosillas, algo más hubiera aprovechado; pero esto no podía ser. ¿Cómo un Don Catrín de la Fachenda había de empañar ni vender nada suyo y por su propia mano? Semejante conducta habrá ajado mi honor, y malquistádome en todo mi linaje.” [3]

            El Catrín entonces es un pícaro y ¿cuál será la conclusión a la que llegaremos en cuanto a esta condición? A lo que dicen textualmente e injuriando a nuestro protagonista, lo que radica en ser cierto, no obstante, él intentará desmentirlo: “Pero después de todo el catrín es una paradoja indefinible, porque es caballero sin honor, rico sin renta, pobre sin hambre, enamorado sin dama, valiente sin enemigo, sabio sin libros, cristiano sin religión y tuno a toda prueba.”[4] Su muerte ignominiosa finalmente será el símbolo de su vida licenciosa y libertina, cuya muerte será la de un ruin pícaro.


[1] Don Catrín de La Fachenda. Pp. 3, cap. V.
[2] Íbidem. Pp. 50.
[3] Íbidem. Pp. 55.
[4] Íbidem. PP. 66.

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