viernes, 1 de noviembre de 2013

Una vida hecha literatura hacia el principio de libertad.




Las experiencias en la vida se difuminan vaporosas como un instante corrompido. La juventud se desvanece en el aire como minucias incumplidas de una infancia perdida. Aquello que se ha vivido ya constituye nuestro pasado y sólo nos queda la evanescencia de una imagen fugaz como la única experiencia intangible de los mil y un recuerdos de lo que ha sido nuestra vida. Tomamos decisiones a cada momento, nos embargan hondamente nuestros propios pensamientos, el apasionamiento vital por querer dejar nuestra huella, impronta y sello personal nos da la fuerza y voluntad para que en cada rincón que visitemos y cada paso que demos dejemos nuestras energías, nuestra voluntad descarnada. Si bien no hay un camino prefijado y ante cada paso que damos vamos aprendiendo a vivir, ya sea a través de las vivencias personales como de aquéllos que por azar o no se cruzan en nuestro camino, que en lo personal se ha convertido en una duda existencial significativa, pues no considero que hayan vidas azarosas, más aún, vamos construyendo nuestro propio destino, adquiriendo una voz y escritura propia en la lucha desenfrenada por la subsistencia, en un mundo cada vez más insensible y donde escasea el librepensamiento, por ello si bien solía anhelar la libertad, con el tiempo, sin duda alguna siento que la he obtenido y no radica precisamente en los metros cuadrados que en tanto individuo uno habita, ni en el espacio y tiempo que uno se puede dar para pensar y disfrutar de la vida, ni aun en el contacto directo con la naturaleza, ni en las relaciones interpersonales que vamos conformando a lo largo de nuestra vida, sino que más bien radica en aquello que hacemos para ser y sentirnos libres, es decir, pensar sin prejuicios, ni tabúes, actuar en el respeto de nuestras propias ideas, que son nuestro mayor valuarte, escribiendo como si se nos fuese la vida en ello y que aun las tradiciones y los convencionalismos sociales no hagan mella alguna en nuestros sentimientos más profundos, amar la vida como la única posibilidad ante una existencia pasajera, a veces y así lo he sentido con mayor ahínco en el último tiempo, la vida me parece un sueño, una existencia en un subconsciente diurno, una transición temporal y terrenal donde jamás dejamos de existir, que la mera ausencia de nuestra existencia, se debe ante todo a dejar de movernos, de pensar y sentir. Mientras nos mantengamos lúcidos, la vida misma nos parecerá un experiencia sin igual. No hay que olvidar, que cada paso que hemos dado ya son pasos dados y que jamás se volverán a repetir y que nuestra vida es conducida por nuestra mente, por tanto, aquello que pensamos es lo que materializamos y proyectamos en nuestro entorno en aquéllos que nos rodean, los objetos propios no son más que la extensión de nosotros mismos, de lo que hemos ido viviendo, encapsulados en el marco de nuestra energía vital, por ello a ¿qué estamos dispuestos a otorgarles nuestras energías en la vida?

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