miércoles, 9 de agosto de 2017

Análisis Poesía Inconclusa de Jorge Cid.



                El poemario que ha llegado a mis manos, pese a su nombre “Poesía inconclusa”, es un todo acabado en sí mismo que cobra vida propia a través de las letras y sentimientos, en palabras del autor: “La poesía nunca concluye, siempre está expresando una respuesta. El lector construye sus propios significados”. En efecto, el lector construye sentidos, le da vida a los textos. ¿Acaso podría existir la literatura sin lectores? En él encontramos poemas tan certeros tales como “No sé nada”, donde irremediablemente se me vienen a la mente frases célebres como la de Sócrates en su “sólo sé que nada sé”, con el que daba luces sobre su sabiduría al reconocer su propia ignorancia o como en el caso de Jorge Matamala, sobre su lucidez y compromiso con la sociedad en la que le toca vivir. También destacan poemas como “Caída de la noche I y II”, cuyas personificaciones y sinestesias nos embargan nuestro sentir en múltiples emociones.

            Entre las temáticas más reveladoras que aborda la poesía de Jorge Matamala se encuentran el retorno a la infancia, la fugacidad de la vida “Tempus fuguit”, lo efímero de nuestra existencia, que nos invita a vivir cada momento como si fuese el último. De igual manera hay poemas que nos invitan a ser otros, a transformarnos, donde la propia identidad se diluye. El amor, el erotismo marcan una de las tónicas centrales de su escritura, en “Anoche como a las doce” y “Poema errante”, surcados por la oscuridad de la noche y los contrastes con el ajetreo diario de las grandes urbes y ciudades con un lenguaje sencillo y cotidiano que erotiza los sentidos.

 Es en las grandes ciudades donde se siente el peso de la soledad y el escritor no puede quedar indiferente a ello, la melancolía, el sopor, el frío del invierno, el silencio son reveladores de este malestar en una sociedad de la que somos parte, pero que prácticamente no nos ata ningún sentido de pertenencia. Todo ello con dejes irónicos en su poema “Digno de honor”. En definitiva, es un libro que se devora, son 20 poemas que se hacen carne en las palabras, en el paladar, donde la noche nos invita y envuelve en el vapor etéreo de su oscuridad en “La noche etérea” y  la memoria es un viaje del alma, un“Deja vu”. La vida misma es una condena, es la muerte nuestra mayor sentencia, pues el existencialismo se apodera del poeta, se vuelve un arma de doble filo.




José Patricio Chamorro

20 mayo 2017.

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