martes, 17 de enero de 2012

Síntesis y Análisis literario: Apología de Sócrates.




Introducción y Reseña.

En primer lugar, antes de proceder al análisis de esta obra sublime y reveladora, cuya escritura fue realizada por Platón, pero que a través de la cual intenta plasmar y manifestar con suma agudeza lo ocurrido aquel trágico día en el que Sócrates fue condenado a muerte, se hace necesario conocer los antecedentes y contexto en el que se llevó acabo esta sentencia y más aún, comprender el por qué de la situación que llevó al filósofo Sócrates al final de su existencia terrenal. Conforme a lo señalado con prelación, cabe destacar que para alcanzar una mayor comprensión de la vida, obra y motivaciones de Sócrates se concibe menester realizar un estudio objetivo de las fuentes disponibles en torno a la figura del filósofo, para así poder dilucidar e interpretar sus motivaciones, con la finalidad de lograr una mayor visualización del sujeto en cuestión, basándome de este modo en el método que emplea la  teoría del espacio vital.

Referente a la teoría del espacio vital, comenzaré con la información contenida en las fuentes, de las que sólo extraeré las que sean de mayor pertinencia. Lo primero que debemos conocer son sus antecedentes biográficos, los que nos ayudarán a entender mejor el estilo de vida que llevaba; es así que señalaré lo siguiente: Sócrates había nacido en Atenas en el demos de Alópece, entre los años 470 y 469 a. C, era hijo de Sofronismo, escultor; de lo cual es posible inferir como probabilidad que Sócrates también haya ejercido este oficio, no obstante, es sólo una conjetura, dado que en aquel período los oficios de los padres eran transmitidos a los hijos. Su madre era Fenareta,  la que ejercía como partera, lo que es posible encontrar en diversos libros, puesto que Sócrates lo repetía innumerables veces. En lo que respecta a la educación que éste recibió, se deduce una educación tradicional para la época, la que consistía en estudios de música, gimnasia y gramática, esta última se caracterizaba en estudios referentes a la literatura griega más antigua, la que estaba constituida principalmente por poetas.  Otro aspecto fundamental a destacar es el auge que cobraba la vida intelectual en Atenas, en la que se reunían poetas muy connotados, tales como Esquilo, Sófocles, Eurípides, Heródoto y los sofistas más famosos.

Con los antecedentes ya mencionados tan sólo nos podemos hacer una vaga imagen de este personaje que ha trascendido en la historia, es por ello que para lograr un mejor entendimiento haré alusión a tres fuentes más, las que nos aportan disímiles perspectivas en torno a la persona de Sócrates y que en su conjunto nos forjarán el sendero para descifrar a aquel filósofo, al que se le atribuyen ser el creador del concepto y padre del método inductivo.

Las fuentes a las que me he referido, son Platón, Jenofonte y Aristóteles, los dos primeros constituyen una fuente inmediata, ya que lo conocieron directamente, mientras que Aristóteles conforma una fuente mediatizada, dado que sólo lo conoció a través de sus discípulos, sobre todo gracias a Platón. Debido a estas diferencias y la cantidad de años que permanecieron en contacto con el maestro, en el caso de Platón y Jenofonte, es que se producen variadas visiones, las que nos permiten un mayor esclarecimiento del personaje en estudio. Es así que Platón nos presenta la actividad dialéctica de Sócrates en forma de asombrosos diálogos en los que se revelan su talento literario y genio filosófico, mientras que la obra socrática de Jenofonte, es casi en su totalidad un largo anecdotario, cuya fidelidad de sus relatos es imposible comprobar. Y respecto a Aristóteles, éste hace un recuerdo de Sócrates, aludiendo a sus frases, definiciones o formas de pensamiento.

Sí bien, ya nos podemos hacer una idea del genio filosófico de Sócrates, es conveniente explicar dónde tuvo lugar la audiencia, cuáles era los motivos por los cuales se le acusaba y cómo llegó a enfrentar los cargos por los que sería sentenciado. Es de este modo, que se hace preciso señalar que el nombre del tribunal supremo ante el cual Sócrates tuvo que defenderse, recibe por denominación Heliea (tribunal popular compuesto por 6.000 ciudadanos, mayores de 30 años y repartidos en diez clases de 500 ciudadanos (1000 quedaban en reserva) sorteados cada año para ser heliastas, recinto al que llegó Sócrates, acusado por tres ciudadanos, Anito, melito y Licón;  los que planteaban que éste realizaba investigaciones acerca de lo que hay bajo tierra y acerca de las entidades celestes; de enseñar a los jóvenes a dar vuelta argumentos, haciendo que el error primara sobre la verdad, la injusticia sobre la justicia y que Sócrates no creía en los dioses que adoraba la ciudad y que además introducía dioses nuevos. Sin embargo, aquellos argumentos que empleaban para inculparlo, eran infundados y con una manifiesta animadversión por parte de sus acusadores.

Así llegamos al origen de esta apología, que debe ser considerada como una alabanza y un anhelo vehemente por parte de Platón, para con su maestro Sócrates, en cuyo texto encontraremos los argumentos y desarrollo del juicio que debió enfrentar nuestro venerable filósofo, en defensa de aquellos argumentos injustificables de los cuales se le imputaba.

Análisis por capítulos a la Apología.


Capítulo 1: Exordio de su defensa.

En esta primera parte de su discurso de defensa, comienza apelando a que quienes lo acusaron, lo hicieron a través de mentiras y argumentos infundados, los que como podremos apreciar a través del desarrollo de ésta irán siendo refutados uno tras uno. Cabe destacar también, el especial énfasis al que recurre para señalar en que utilizará su lenguaje cotidiano, el mismo que emplea ante cualquiera que desee escucharlo, destacando que su modo de hablar no debe ser el que predomine en la determinación  del juicio, sino en que ésta debe ser en base a la verdad, vale decir, en considerar que lo que dice es justo o no.

Capítulo 2: Estructuración de su defensa.

Aquí distingue a los dos tipos de inculpadores, contra los cuales tendrá que defenderse. Diferenciando de este modo entre los más antiguos y los más recientes, señalando conforme al primero de ellos: ”Debéis convenir en que me debo defender primero de éstos, pues fue a ellos a quienes oísteis primero y mucho más que a los otros, cuando me acusaban”.

Capítulo 3: Esclarecimiento de las acusaciones.

Aquí procede a leer el libelo o escrito de las acusaciones que se hacen contra él, leyendo así aquellas que se le atribuían: “Sócrates es culpable de andar hurgando en la búsqueda de las cosas subterráneas y celestes, haciendo más fuerte el argumento más débil y enseñando estas mismas cosas a los demás”.

Respecto a las acusaciones, empieza señalando que éstas no son verdaderas, dado que según dice, ninguna de ellas tiene que ver con él y que los presentes señalen si esto no es así, o si alguna vez lo han escuchado refiriéndose ante tales temas.

Capítulo 4: La búsqueda y la sencillez.

En este capítulo señala que él tampoco cobra dinero a los hombres, dado que él no enseña, sino que sólo responde ante quien lo quiere oír y emplea para ello el ejemplo de Evenos, cuyo hombre enseña con mucha modestia, pero Sócrates dice que si él supiera aquello de todo lo que se le acusa se daría mucha fama, pero no es así. (Está en una búsqueda del conocimiento y la verdad).

Capítulo 5: El Origen de su apelativo.

Explica el origen de las calumnias que contra él se erigen, además de sus apodos de “SOPHÓS” (sabiondo) y “PHRONTISTÉS” (pensador). Conforme a ello explica que ha sido la sabiduría el origen de su apelativo, lo que queda denotado a través de lo afirmado por el oráculo de Delfos: “no hay nadie más sabio que Sócrates”,  respondiendo a la pregunta que Querefonte le había formulado, cuando éste último estaba habitando la ciudad.

Capítulo 6: La búsqueda de la sabiduría.

Revela cómo llegó a iniciar la búsqueda, refiriéndose en primer lugar a lo que dijo el oráculo, lo que lo hizo reflexionar y actuar del modo en que lo hizo, pero de muy mala gana. No obstante, se atrevió a efectuar su cometido. Comenzó así la indagación refutadota del oráculo, dirigiéndose en un primer momento a uno de los que se consideraba sabio y los demás también lo consideraban así, pero resultó ser que éste no era tan sabio y como Sócrates intentó hacerlo ver que no lo era, se granjeó enemistades con él y así siguió con cada uno de quienes creía ser sabio. De esta forma Sócrates concuerda con lo afirmado por el oráculo, en que él era el más sabio de los hombres, ya que dice: “Bien puede  ser que ninguno de nosotros dos sepa nada de bello ni de bueno; pero éste cree saber algo y no lo sabe, mientras yo no sé ni creo saberlo tampoco. Parece entonces, que en cierta pequeña medida soy más sabio que él, pues, no sé ni creo saber”.

Capítulo 7: (Relacionado con el anterior).

A medida que Sócrates más escudriñaba a los hombres en su búsqueda de la sabiduría, más se desilusionaba de éstos, ya que cuando creía que eran sabios, resultaba ser que no lo eran, puesto que recurrió tanto a políticos y a poetas, pero en el caso de los políticos, sólo sabían lo referente a su labor y en cambio los poetas, eran incapaces de explicar sus obras a cabalidad, incluso personas comunes las explicaban mejor que ellos, pese a ello los poetas se jactaban de ser sabios, procurando poseer un don creador.

Capítulo 8: (Relacionado con el anterior)

Se dirigió en última instancia a los artesanos, los que eran más sabios que él en el arte que manejaba, pero debido a ello creían saber otras cosas, pero realmente no las sabían y aquí encontramos el mismo error que las personas interpeladas anteriormente cometían., “cuyo traspiés oscurecía su saber”. Y así llegó a la conclusión de que le convenía más ser como era simplemente, lo que significaba: “Ni sabio con la sabiduría de aquéllos, ni ignorante con su misma ignorancia, o tener ambas cosas como ellos”, vale decir, que aún sabiendo y conociendo el oficio de los demás y más aún, pese a poseer su sabiduría, que no era más allá que el conocimiento que poseía, pero del cual no se vanagloriaba, sino que reconocía su ignorancia frente a lo que le era desconocido, cuya amalgama era su esencia, su forma de ser y estilo de vida.


                                            

Síntesis del Popol Vuh.




Génesis: En un comienzo no había luz, sólo oscuridad, ahí los dioses hicieron consejo y acordaron que del mar surgiese la tierra, crearon los primeros animales de diversas especies, pero como éstos no los adoraron decidieron que dependieran de otros. Así hicieron un esbozo de creación de los primeros hombres, lo cual no resultó, ya que los crearon de barro y se deshacían. Posteriormente los crearon de madera, sin embargo, no pudieron alabar a los dioses, ya que se resecaban, además que no poseían sabiduría ni ingenio.

Debido a la inutilidad de aquellos maniquíes, pues no podían adorar a los dioses, estos últimos prefirieron aniquilarlos, por consiguiente, mandaron un diluvio que los destrozara. Los animales subyugados por los hombres, también se hicieron partícipes de la masacre, así además, las ollas y otros utensilios se dispusieron a quemar a los hombres. (Se dice que los monos son la posteridad de los hombres de madera).

Como no existían ni el sol ni la luna, que diesen resplandor a la tierra, Principal Guacamayo comenzó a jactarse de ser él, quien poseía y aunaba ambos poderes. Al igual que su padre, los hijos de P. Guacamayo, eran arrogantes, y se decían tener el poder sobre la tierra. Por ende, los dioses decidieron acabar con ellos, además que, por otro lado, se vanagloriaban por sus perlas, diamantes y pedrerías. (Utilizaron los disparos de cerbatana y una especie de veneno contenida en ésta, para acabar con la vida de ellos).

Los dos dioses: Maestro Mago y Brujito, se escondieron detrás del árbol de P. Guacamayo, denominado Byrsonia y lo atacaron con sus cerbatanas, dislocándole la mandíbula. No obstante, P. Guacamayo los atrapó y les arrancó el brazo. Pero, al menos, pudieron escapar; luego recurrieron donde sus abuelos procreadores y en conjunto con éstos elaboraron una estratagema para recuperar el brazo y, finalmente, vencerlo. Así fue que lo engañaron nuevamente, recobraron lo perdido, le arrebataron sus dientes y los sustituyeron por maíces blancos, además de desollarle sus ojos, quitándole igualmente sus metales preciosos. (Murió P. Guacamayo y su esposa).

Gesta del Sabio Pez-Tierra, primer hijo del P. Guacamayo: Éste quiso ayudar a los cuatrocientos jóvenes a cargar un árbol para levantar la casa, sin embargo, éstos al ver la proeza que realizaba, planearon asesinarlo, así que acordaron que éste cavara un profundo túnel, para luego taparlo en tierra y que de este modo pereciese. No obstante, el S.P.T. sabía que deseaban acabar con su vida, por ende, cavó una fosa extra para salvaguardarse. Así, los engañó y los cuatrocientos creyeron que había muerto, lo cual confirmaron tras ver que las hormigas que se aproximaban traían los pelos y uñas de él. Finalmente, este dios se vengó y los aniquiló, tanto a la casa como a los donceles. (Destrucción por envidia).

Muerte del S. P. T. cuando fue vencido por los engendrados Maestro Mago y Brujito. Éstos organizaron una treta con un cangrejo, alimento del S.P.T. y como tenía muchísima hambre, quiso cogerlo y pereció en el intento, derrumbándose la montaña sobre él.

La muerte del gigante de la tierra: La debilidad de este gigante era el hambre y, por otra parte, que ansiaba derribar todas las montañas. Fue así que Brujito y el maestro mago cazaron un pájaro, lo cocieron y untaron con tierra, que al verse tentado a comerlo el gigante, comenzó a perder sus poderes, hasta desfallecer.

Nacimiento del Maestro Mago y Brujito: El nombre del padre de ellos es el de Supremo maestro mago, quien con su parentela aceptó el desafío del juego de la pelota contra los Xibalbá, pero éstos los quemaron cuando se sentaron en un asiento candente. Luego fueron puestos a prueba con unos pinos, que al agotárseles debían pagar con su vida y así fue. De esta guisa se los enterró en el campo del juego de pelota.

Se cortó la cabeza del Supremo maestro mago y fue puesta en un árbol infructífero, que debido a esto, finalmente rindió frutos. De esta forma la cabeza de aquél, no se descubrió y quedó amalgamada al calabacero.

Otra leyenda cuenta que una joven se acercó al árbol donde estaba depositada la cabeza del Supremo maestro mago y éste le habló y, luego le lanzó su saliva en la mano de aquélla e hizo que procreara su descendencia. (Engendramiento del Maestro mago y Brujito). Posteriormente a la doncella la acusaron de fornicadora y como ésta decía desconocer al hombre que le había causado ese estado, decidieron sacrificarla y para comprobar el sacrificio, su padre requería el corazón de esta joven en una copa. Sin embargo, la joven se liberó de ser sacrificada y así sobrevivió, sustituyéndose su corazón por la sangre de un árbol, cuya savia adquirió la misma forma. La joven tuvo que pasar por la prueba de las sementeras, para confirmar que era la nuera de la madre del Supremo maestro mago, cuyos hijos eran el maestro mono y simio.

Infancia del maestro mago y Brujito: Éstos nacieron en casa de su abuela, pero sus hermanos mayores (maestro mono y maestro simio), se burlaban de ellos, siempre buscándoles el mal, así que decidieron vengarse y para ello los invitaron al bosque y les dijeron que escalaran un gran árbol, que se fortaleció y ensanchó más, que les causaba temor descender de él. Por ello, el maestro mago y Brujito, le dijeron que hicieran uso de su cola, pero al hacerlo se transformaron en monos. Al querer resarcir lo ya realizado, no lo lograron, ya que durante cuatro veces consecutivas la faz de aquéllos causó risa en la abuela.

Después que convirtieron en monos a sus hermanos mayores, maestro mago y brujito, hicieron cuanto estuvo en sus manos para que tanto su madre como abuela los tuviera bien considerados. Para ello se decidieron a labrar el campo, sin embargo, esto sólo quedó en apariencia, puesto que se valieron de sus cerbatanas para podar los bosques y con ayuda de una paloma estaban alertas a la llegada de su abuela con los comestibles para saciar su apetito. Por tanto, se ensuciaban y tomaban el azadón cuando ella se aproximaba, así ella caía en su juego. No obstante, los animales del bosque se confabulaban para que el sitio donde habitaban se levantara y repusiera del daño recibido, ante lo cual ambos jóvenes dioses se molestaron sobremanera y formaron consejo para enfrentar la situación. De esta manera aguardaron en la oscuridad del bosque a que los animales se reagruparan, estando decididos a asirlos, pero sólo capturaron a la rata, la cual se salvó, pues les entregó información sobre las armas de sus padres y les narró la historia del juego de pelota que los llevó a la perdición en contra de los Xibalbá. Por otra parte, para conseguir los instrumentos se sirvieron de tácticas falaces y de la ayuda de la rata.

Una vez que se hicieron de las armas, se dirigieron a jugar a la pelota, temblando de tal modo la tierra, que la gente de Xibalbá los escuchó y como lo consideraron un desafío, los retaron dentro de 7 días a un encuentro de aquel juego, lo cual se le encomendó a un heraldo, quien transmitió el mensaje a la abuela de los mozos y, aunque ésta se apesadumbró, hizo cuanto estuvo en sus manos para enviarles el mensaje, así que cogió un piojo que cayó de su vestimenta y le señaló con sus palabras el mensaje, así éste se apresuró a entregarlo, pero en el camino se encontró con un sapo, quien se lo tragó, a su vez el sapo se topó con una serpiente y ésta con un gavilán, lo que justifica la cadena alimenticia y alimentos de los respectivos animales. Finalmente, el gavilán llegó a los pies de los jóvenes dioses, aunque previamente éstos le hirieron sus ojos y, como se negaba a entregar la información sin ser curado, maestro mago y Brujito, lo sanaron con la pelota, lo que literalmente, denominaron, “remedio pelota”. Así, la secuencia de los animales comenzó en retrospectiva y se justificaban ciertas características de cada uno, por ejemplo, el sapo y el hecho de que su boca se abría más y que sus patas traseras resistían el peso de su cuerpo. Culminantemente aceptaron el desafío, pero primero se acercaron donde su madre y abuela, indicándoles que plantarían una caña en medio del hogar y si ésta se secaba, significaba que habían perecido, pero si al contrario, rendía frutos, implicaba que habían sobrevivido.

Luego que hubieron decidido ir a la región de Xibalbá, se adentraron por lo diversos confines y tierras, pero como conocían las pruebas a las cuales serían sometidos, prefirieron adelantarse a ellas, así que articularon otra estratagema, la que consistió en que maestro mago envió uno de sus pelos, que picó a cada uno de los guardianes muertos de Xibalbá, que cuando exclamaron pronunciaron los nombres de sus compañeros, hasta que todos mostraron sus “rostros”. Lo que desembocó en que una vez llegados ante ellos, pronunciaron correctamente sus nombres, tampoco se sentaron en el banco candente, por lo que avanzaron más allá que sus padres, llegando hasta la Mansión tenebrosa.

La Mansión tenebrosa era la primera prueba que encomendaban los Xibalbá, fue en ésta donde los padres de los mozos dioses perecieron, ya que se les había agotado el pino que le habían entregado, sin embargo, en esta ocasión maestro mago y brujito, supieron sobrellevar las dificultades, simulando el fuego con una cola de guacamayo, así no fueron descubiertos. Posteriormente pugnaron en el juego de pelota, donde triunfaron en todas las oportunidades, lo cual asombró a los Xibalbá. Para terminar, los desafiaron a una última afrenta, que consistía en reunir cuatro tipos de flores y atiborrar unos jarrones con ellas, las que sólo se encontraban en un jardín, resguardado por centinelas, pero en vista de las circunstancias, mandaron a unas hormigas y éstas cortaron las flores y las depositaron en los jarros, sin ser descubiertas. De esta forma, al día siguiente los de Xibalbá las contemplaron y quedaron abatidos ante la derrota inminente.

Tras pasar las pruebas mencionadas, se adentraron en la mansión del frío, sin embargo, gracias a sus poderes sobrevivieron. Luego fueron a la mansión de los jaguares, a ellos le entregaron unos huesos, que éstos pulverizaron inmediatamente, creyendo los de Xibalbá que eran las osamentas de los mozos, pero sólo era un ardid más de ellos. Posteriormente se aproximaron a la mansión del fuego, en ésta tampoco fueron derrotados, aunque postrimeramente estuvieron en la mansión de los murciélagos, que si bien al principio se protegieron y cobijaron en sus cerbatanas, al clarear el día pretendían salir de la mansión, pero el murciélago de la muerte le cortó la cabeza a maestro mago, tras asomarse ésta fuera de su refugio. Así los de Xibalbá ardieron en júbilo.

Una vez perdida la cabeza de maestro mago, Brujito llamó a todos los animales y les señaló que fuesen a buscar sus alimentos, de este modo el último animal en ir, debido a su lentitud, fue la tortuga, por ello ésta fue ocupada para conformar la cabeza de maestro mago. Así descendieron los dioses del cielo y moldearon la cabeza, que quedó prácticamente igual. Culminantemente Brujito fue a jugar a la pelota con los de Xibalbá, pero previamente había organizado un nuevo ardid, sirviéndose de un conejo, que creyeron que era la pelota, los de Xibalbá se dirigieron a la zaga de él, así como la verdadera cabeza de maestro mago estaba en el juego, éste la recuperó y se la restableció, sin que se percataran, ubicando en su lugar a la tortuga, que terminó destruyéndose.

Recuerdo de la muerte de maestro mago y Brujito: Éstos presagiaron su muerte, para ello se adelantaron y se dirigieron donde unos augures, dándoles órdenes sobre cómo debían ser esparcidos sus restos, así se hizo. Una vez que los Xibalbá se reunieron con los mozos, los quemaron con una piedra candente, sin embargo, no perecieron  completamente, pues los augures siguieron sus designios y recomendaron a los de Xibalbá depositar los restos de los jóvenes en el río, los que al llegar a las profundidades de éste, se volvieron unos bellos jóvenes, manifestándose nuevamente sus rostros.

La derrota del gobierno de los Xibalbá: Al quinto día de su muerte, resucitaron y se levantaron, fueron vistos por los Xibalbá y comenzaron a realizar prodigios y conjuros, pero como se encontraban tan abatidos y con semblantes de pobres, no fueron reconocidos. Sus danzas posteriormente fueron difundidas y muchos se acercaban a observarlas, hasta que llegó a oídos de los reyes, quienes los invitaron a su palacio a realizar ante ellos sus danzas. De esta guisa se cumplió y efectuaron una primera danza donde mataron a un perro, luego quemaron la casa de los reyes, todo cuanto rectificaron, sucesivamente mataron a un hombre y lo revivieron, después se auto sacrificaron y revivieron, para finalmente inmolar a los reyes Xibalbá, pereciendo uno de ellos sin resurgir su rostro, lo que les dio poder sobre todos los de aquella región, pues habían acabado con su supremo rey. (Sólo los prodigios de los engendrados, sólo sus metamorfosis hicieron esto).

En seguida, revelaron sus nombres y su ascendencia, ante lo cual los de Xibalbá quedaron postrados y confesaron sus pecados, pues asesinaron injustamente a sus padres. Así la dominación y hegemonía de los Xibalbá llegó a su punto culmine. Por otro lado, la abuela de los mozos dioses, los lloraba, ya que en más de una ocasión la planta que dejaron en medio del hogar se secó y luego resurgía en frutos, lo que no tenía explicación aparente, pero se debía a las metamorfosis de aquellos jóvenes. Por aquel suceso, la abuela las designó como: “Cañas vivas en tierra allanada”. Retomando el relato de los jóvenes en Xibalbá, éstos realizaron las debidas honras fúnebres a sus padres, quienes se elevaron a los cielos y se convirtieron respectivamente en el sol y la luna, quienes serían adorados por la prole del alba, pues era menester vengarlos y expiar los pecados cometidos contra ellos. También subieron a los cielos los cuatrocientos jóvenes sacrificados por el S.P.T, quienes se convirtieron en estrellas y acompañaron a los astros luminosos.

Después de la posterior creación de los astros luminosos que alumbraban en su totalidad la faz de la tierra, los dioses formadores se decidieron a crear la raza humana, para ello emplearon mazorcas amarillas y blancas, cuya materia fue la fundamental para la creación de aquellos seres, lo que aconteció en penumbras, ya que aún no le correspondía a los astros mencionados sobresalir. Haciendo alusión a otro ámbito del mito, estos hombres no tuvieron padres ni madres, simplemente fueron creados por los dioses, por una especie de arte de magia. Continuando, cabe destacar que estos hombres veían más allá de los montes, mares y lugares en donde sus ojos de posaban, incluso igualándose hasta tal punto a sus creadores, pues lo que ellos quisieran ver y contemplar podían hacerlo, por consiguiente, adquirieron una gran sabiduría, lo que desagradó a los dioses y prefirieron vedar su vista, para que no se jactaran de ser idénticos a ellos. Así a los cuatro primeros hombres les fue petrificada la vista y, por tanto, se les acortó la sabiduría. Pero en recompensa los dioses les otorgaron después del sueño, a cuatro hermosas mujeres para que procrearan.

Estableciendo un paréntesis, el libro del popol vuh, habla de la germinación de las variadas tribus que comenzaron a surgir y, por otro lado, de la creación del fuego para su subsistencia y contrarrestar el frío, que fue creado por un dios llamado Pluvioso. Éste tras varias peticiones de las tribus, les indicó que si querían que él los protegiera, debían sacrificarse y así se realizó.

1.- POPOL-VUH. «FUENTE HISTÓRICA»
PRIMERA EDAD
(HORIZONTE PRIMITIVO).

Después de la formación de la tierra con su manto vegetal, los dioses proceden a poblarla de seres animados que, en cambio de su subsistencía habrían de tributar culto al Creador. Al efecto «Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, víboras, guardianes de los bejucos». (Recinos). «Llenaron con sus animales, montes y montañas. Guardianes de los guatales y habitantes de los matorrales fueron desde entonces los pájaros, leones, tigres, y de los bejucos las víboras de cascabel y los cantiles» (Villacorta), designándose a cada especie su hábitat respectivo: guaridas, nidos o madrigueras. En seguida, Tzakol, Bitol, Alom y Cajolom, dioses de los cuatro sectores del Cielo dieron a los animales su peculiar manera de expresión: gritos, aullídos, gorjeos, separando a cada grupo «según su modo de entenderse» (Noción de clasificación zoológica aplicando al reino animal las mismas reglas diferenciales del género humano, distribuido en grupos lingüísticos).

E1 indígena continúa dirigiéndose a los Chac, cuando necesita de alguna pieza de cacería, una planta o un árbol, debe al pedirles" permiso Justificar su necesidad de obtener tal o cual cosa y pagar la concesión otorgada. Pero los animales no pudieron satisfacer la orden divina, porque carecían de un lenguaje adecuado y ni siquiera podían entenderse entre ellos mismos, debido a su diferenciación vocálica.

La primera generación humana intentó reiteradamente «expresar su adoración (a los dioses), pero como a causa de su Ienguage (diferente) no lograron entenderse al estar juntos, ni sintieron afectos, nada hicieron los Creadores para ellos» (Villacorta). Esto da a entender que por entonces no existía homogeneidad lingüística ni tampoco el tipo de organización social propio de la cultura maya-quiché. Por no haber sabido honrar a su Creador, el hombre quedó condenado a vivir en cuevas, barrancos y madrigueras como los animales, y nada hizo Dios por él, abandonándolo a su propia suerte.

No pudiera pintarse más vividamente el cuadro de la vida del hombre primitivo y a la vez la fisonomía étnica del país durante el horizonte primario, correspondiente al ciclo de la caza y recolección. Por entonces la horda habitaba en cuevas o barrancos, allí mismo abandonaba los muertos; sus medios de vida eran precarios; el hombre se cubría con hojas o andaba desnudo, tenía principios religiosos rudimentarios; aunque reconocía la existencia de un Supremo Creador, no sabía «expresar su adoración» es decir, tributarle culto, desconocía toda práctica ritual, y por esto «nada hicieron los dioses por ellos». Los hombres de esta época se asimilaban, tanto en su manera de vivir como de pensar, a los animales. Comparación que corresponde en términos de clasificación modema al estado de pueblo natural. Esta manera de considerar al hombre inculto como un animal, no es exclusiva de la mente indoamericana ya que las primeras criaturas de la cosmogonía fenicia, también eran comparadas a «animales sin entendimiento» según referencias de: Sanjoniatón y Filón, citados por J. Imbelloni.1

Después de la formación imperfecta del hombre primigenio, viene su destrucción o sea su transformación en animal, como castigo por no haber sabido invocar al Creador. En forma semejante serán destruidas las creaciones posteriores, convirtiéndose las criaturas humanas en animales de categoría superior en la escala zoológica, marcándose en esta forma un ascenso progresivo en la evolución cultural. Esta alegoría establece además el grado de afinidad genética entre los seres humanos y los animales, explicándose de esa manera las creencias actuales de que en tiempos pasados las bestias podían hablar. No existirá el hombre perfecto, el «Verdadero Hombre» de los mayas sino cuando éste haya logrado a través del tiempo elevarse a la perfección, adquiriendo el tipo de cultura maya-quiché. Por otra parte, el orden por el cual el hombre es un producto final de la.creación sigue la secuencia lógica del ordenamiento en que se va formando el mundo, apareciendo sucesivamente el cielo, la tierra, los vegetales, los animales y por último el hombre, como ocurre en la cosmogonía caldea.

Pero a la par de estas enseñanzas, para uso exclusivo de los pueblos civilizados, yace también la idea de que los hombres primitivos, torpes e ignorantes, asimilados a los animales, podían ser sacrificados por hombres de cultura más avanzada. Esto explicaría el origen de los sacrificios humanos que se desarrollan durante la época siguiente.

            En aquella primera Edad no tuvieron más adoración ni culto que el Tloque Nahuaque, porque la idolatría y la multiplicidad de dioses nació mucho después entre estas gentes, como se verá en su lugar. Dicen que en aquellos principios del mundo se mantenían los hombres solamente con frutas y hierbas...4 En otra parte hemos citado el párrafo del Chilam Balam de Chumayel, refiriéndose al Ser Supremo, causa primaria de todo lo existente.

Para implorar al Creador se reunía en sitios limpios, lejanos antecesores de los patios ceremoniales pavimentados y barridos de las altas culturas, rasgo que perdura a través del tiempo y llega hasta nosotros en las costumbres chortís. La limpieza meticulosa de la plaza ceremonial es, en efecto, un requisito necesario ya que el patío es la imagen del cielo, debe por tanto «estar limpio como el camino del sol».En la cima del escalafón teogónico los chortís colocan al Padre Eterno, jefe supremo del olimpo y réplica de Hunab ku. Es superior a todos los demás dioses que no pueden actuar sin su consentimiento expreso.  Sin embargo, otorga el poder a sus subalternos que no son más que partes escindidas de Él mismo, entonces asume un papel pasivo, retirándose a una aparente inactividad, mientras los otros dioses trabajan. (Ver cap. Teogonía y Págs. 813, 814, op. cit.).

Un monoteísmo compuesto se va desarrollando a partir del monoteismo simple del horizonte primario; ese mismo Dios que llenó los anhelos de una cultura rudimentaria tuvo que adaptarse a nuevas condiciones sociales y económicas, fragmentándose en hipostasis divinas, a medida del avance de la cultura, sin perder su carácter de Dios único. Y aún hoy, los chortís, descendientes directos de los mayas imploran a ese Dios, hincados de rodillas y mirando hacia el cielo, como lo hacían sus antepasados primitivos.

SEGUNDA EDAD
(PERIODO FORMATIVO DE LA CULTURA)

Ante el fracaso de la primera creación, los dioses tratan de formar nuevos seres capaces de tributarles homenaje, «fabricando de barro húmedo sus carnes» (Villacorta), «de tierra, de lodo hicieron la carne del hombre (Recinos)», como en la antigua concepción hebraica.

Este período señala un progreso sensible sobre el anterior, porque los hombres «sabían hablar, pero aún carecían de entendimiento» (Villacorta). «Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento» (Recinos). Es decir, se entendían, porque el lenguaje de los grupos disímiles a que se refiere el capítulo anterior ya era mutuamente inteligible, pero esa gente no poseía aún la cultura mental y religiosa del maya, que constituye, en su concepto, el verdadero «entendimiento». Por esta razón, los dioses resuelven destruir su segunda creación.

Es el comienzo de la vida agrícola, como lo hace notar Julio C. Tello; no tenían casas sino pequeñas viviendas de piedra llamadas pukullo, que parecen hornos, desconocían el arte de tejer ropa, vestían pieles de animales en lugar de hojas de árbol y paja. Tenían mandamiento y ley entre ellos los cuales comenzaron a guardar, respetaban a sus padres, madres y señores. Sabían que había cielo e infierno, pena, hambre y castigo. Que había un solo Dios en tres personas (concepto de pluralidad dentro de la unidad): el padre que era justiciero, el hijo caritativo y el hijo menor daba y aumentaba la salud, daba de comer y enviaba agua del cielo para darnos de comer. A esas tres personas denominaban Illapa (Rayo).

Las citadas fuentes concuerdan en señalar que la característica esencial del Segundo ciclo étnico, consiste en la transformación del sistema económico parasitario en el de la horticultura, paralelamente al invento de la alfarería, muy tosca en sus principios, a juzgar por las descripciones que nos da el Popol-Vuh sobre los primeros balbuceos del arte cerámico.

La mitología indígena proyecta en los seres divinos las actividades humanas típicas de la época. En este caso tenemos en Aj Bit el arquetipo del alfarero inhábil que no puede producir sino obras toscas, inconsistentes y seres contrahechos. Por otra parte, el material que sirve para modelar las criaturas es siempre, el que tipifica el rasgo sobresaliente de un ciclo cultural; barro durante la Segunda Edad, madera en la tercera y maíz en la cuarta y última época.

Con la horticultura surge el complejo teogónico de dioses agrarios y de la fertilidad, ausente del horizonte mitográfico anterior, así como la noción de un mundo ínfero, del cual el Popol-Vuh nos dará más adelante, un cuadro impresionante. Con el dios de la lluvia, aparece la trilogía: Rayo, trueno, relámpago, manifestaciones distintas de un solo Dios y objeto de culto por parte de los cultivadores amerindios, a partir de esa época. El concepto de la pluralidad de seres dentro de la unidad divina, refleja el tipo de sociedad comunal que nace con el advenimiento de la horticultura. Por primera vez aparece la figura del dios joven, —el hijo menor mencionado por Guamán Poma, copartícipe del triunvirato teogónico— relacionado con el bienestar humano y la fertilidad de la tierra. Es el héroe cultural, protector del grupo, y dispensador del alimento vegetal; su destacada personalidad y sus hazañas polarizan la atención y constituyen el tema principal de la mitología amerindia. Los dioses enseñan por entonces el arte del cultivo «Es preciso que, al llegar la aurora, hayamos sembrado el alimento para mantener a nuestras criaturas». (Villacorta). «Hagamos al que nos sostendrá y alimentará». (Recinos), dice el Popol-Vuh.

En consecuencia del invento de la horticultura, los grupos indígenas van perdiendo su impulso migratorio, fijándose a la tierra, circunstancia que redunda en incremento de la población. Este fenómeno está registrado tanto en la fuente quiché como en la peruana. «Lucharéis para procrear y multiplicaros, dijeron los dioses, dejando así, ejecutada su voluntad». (Villacorta). Desde la Segunda Edad la gente se multiplicó, dice Guamán Poma, y comenzaron a guardar y respetar a sus padres y madres y señores y a unos con otros se obedecieron...», todo lo cual revela la existencia de un status familiar y social que no existía hasta entonces.

En resumen, el segundo período de la ciclografía aborigen es el de mayor importancia ya que señala, con el origen de las instituciones amerindias: economía hortícola, religión, sistema comunal, que se proyectan en el mundo de los dioses, un cambio fundamental en las condiciones de vida.

TERCERA EDAD
(CICLO DE LA HORTICULTURA AVANZADA).

Con la regencia de Ixmucané, que personifica el estado social y económico de la época, el período matrilineal y de horticultura avanzada ha llegado a su apogeo; los rasgos inconfundibles de este orden socio-económico se ponen de relieve en los episodios del héroe civilizador, correspondientes a la Tercera Edad. Ixcanleos, madre de los dioses en la teogonía maya, es la réplica funcional de Ixmucané, siendo de notarse la afinidad etimológica entre ambos nombres.

Porque era una preocupación constante de los dioses, formar seres que supieran rendirles culto, reconocerlos como superiores, alimentarlos y darles el obligado tributo. Los sucesivos fracasos de las creaciones iniciales, revelan cuan largo y difícil resultó la formación del tipo de ética y religión maya, y establecen a la vez las normas fundamentales del culto maya-quiché, basadas en el principio de que el hombre es eterno deudor de los dioses y debe mantenerlos, alimentarlos y adorarlos si quiere gozar de la protección divina. El género humano debe reconocer su dependencia del Creador, pero éste depende también de los hombres ya que no puede vivir, no existe sin culto; otorga su protección a la humanidad a condición de que ella le rinda culto, se trata de obligaciones recíprocas. Las prácticas rituales del sacerdote y las costumbres tradicionales del pueblo chortí se ajustan fielmente a estos hechos y expresiones paradigmáticas, reiteradas por los dioses agrarios. La ley de compensación por la cual todo servicio debe ser remunerado, y cada favor merecido, principio básico de la filosofía chortí, tiene en el Popol-Vuh su modelo ejemplar.

Los trece dioses, cuya génesis remonta a la tercera Edad, son paradigma del guarismo sagrado trece, fundamental de la teogonia, la astronomía y el calendario mesoamericanos. Constituye un ciclo, perfecto, exponente del gran Dios del cielo, función que se determina por el número de sus acompañantes y corresponde, en el plano astronómico, al panorama del cielo estrellado cuando el sol anda en el cénit, esto es, cuando las esclusas celestes estén por abrirse, para derramar las tan anheladas lluvias de mayo.

Pero tales concepciones astro-teogónicas sólo llegan a desarrollarse cuando las necesidades del cultivo estimulan las observaciones astronómicas y meteorológicas para la previa determinación del tiempo en que han de efectuarse las sucesivas operaciones agrícolas. El movimiento aparente de los astros, de las Pléyades, los solsticios, equinoccios, pasos del sol por el cénit y el movimiento estelar en conexión con el solar y las fases de la luna, son objeto de particular atención durante este período avanzado de la horticultura.

La preeminencia de la diosa lunar que, lo es también del Agua, proyecta, en el mundo de los dioses la posición privilegiada de la mujer, en el seno de la familia. A través de todas las épocas de la ciclografía indígena, la relación entre sociedad y religión se expresa en las funciones del jefe de familia y sus relaciones con el grupo familiar. La abuela es jefe absoluto de la macrofamilia, como lo es la diosa lunar —Ixmucané— del grupo teogónico. Por otra parte, la importancia de la diosa lunar refleja el sistema de computación del tiempo de la época, basado principalmente en las revoluciones de la luna, hecho confirmado por el Chilam Balam de Chumayel en los términos siguientes: Cuando no había despertado el mundo antiguamente (alusión al período precultural) nació el Mes (uh = luna y mes en chortí) y empezó a caminar solo... Después de nacido el mes, (Dios) creó el que se llama Día, (sol joven, nieto e hijo de la luna) y caminó con la madre de su padre y con su tía y con la madre de la madre y con su cuñada. (Mediz Bolio).

Las ciencias astrológica y mágica, inseparables de la astronómica se confunden con ella, adquiriendo por entonces un gran desarrollo. Por primera vez menciona el Popol-Vuh la existencia de dioses hechiceros que echan suertes con granos de maíz y semillas rojas de tzité, durante los preparativos de la Tercera creación. Ixpiyacoc e Ixmucané, grandes adivinos y progenitores del «hechicero de las semillas de pito», inventan el calendario agrario y el arte adivinatorio, que son asuntos correlativos, pues la predicción del estado del tiempo para las siembras o del destino humano parten de los mismos principios fundamentales. Esto lo sabemos gracias a la supervivencia de este sistema entre los quichés y chortís. Ixpiyacoc e Ixmucané corresponden a Oxomoco y Cipactonal, los creadores del calendario, en la mitología mexicana. Obsérvese la relación etimológica y semántica entre Ixmucané y Oxomoco.

Recobrando la armonía.




Hoy la nostalgia me invade y me consume
Siento que la vida avanza a pasos agigantados
Tan sólo ayer tenía diez años, hoy ya tengo veinte
Me encuentro en la flor de la juventud
El mañana será otra historia
No quiero que manejen la mía, quiero hacerla propia
Quiero mi propia vida, olvidarme de las reglas
Recordar mil sueños, vivir en la libertad del tiempo
Ser yo mismo, sin importar las contrariedades del mundo
Rodearme de amor y energías positivas
Al fin y al cabo, sintonizar con aquel ideal
Qué fluya la fuerza vital por mis venas
Recuperar el tiempo perdido
Enamorarme una y mil veces, de aquí al fin de mis días
Sentir con la razón y pensar con el corazón
Oh! Nostalgia, fiel amiga, amiga del alma
Te extrañaba y hoy me embargas
Decantas en mis manos con el peso del atardecer
Y me deslumbras con la sonoridad del anochecer
Hoy soy libre, al fin lo conseguí
Mas, me espera un horizonte sin fronteras
La armonía en esta tierra que desespera.

lunes, 16 de enero de 2012

Caracterización del ideal de Abelardo, su principal fuente de inspiración, sobre quién se concreta y cuáles son las consecuencias de la persecución de este ideal.




En un primer momento, contextualizaré la obra “El ideal de un calavera”, referiré de igual modo su significado y algunas particularidades del autor, para que se pueda interpretar grosso modo y con mayor precisión qué implicaba éste, es así que cabe mencionar qué ésta –al igual que Martín Rivas- será una de las obras más connotadas del autor. En efecto, las obras de Blest Gana, se caracterizarán por ser un fiel retrato del modelo y costumbres de la época, además del psicologismo de los personajes, con tal maestría, que incluso será considerado como el padre de la novela chilena. ¿Cuáles son las características fundamentales del ideal de un calavera? Las que procederé a citar a continuación: “[…] es un racimo de documentos humanos, que poseen toda la fuerza y el colorido de la vida. Toda esta obra está sembrada de descripciones de costumbres nacionales, llenas de gracias y de verdad: ningún novelista del siglo pasado, nos ha dado una visión de nuestro campo tan real y pintoresca como la que Blest Gana nos ofrece en la primera parte de su libro. Pero no sólo tiene valor como novela de costumbres, sino también como histórica y, acaso, como psicológica […]”.[1]

Por otra parte, hay que referir qué se entiende por el tipo del “calavera”, que será representado y simbolizado a través de Abelardo en el presente libro y entre sus cualidades destacan: “En ella se da vida a ese tipo de calavera chileno, caracterizado por la valentía y la audacia, por la espontaneidad y el heroísmo, por lo enamorado y disipador; a ese tipo que Blest Gana nos presenta en Abelardo Manríquez, joven militar, enamorado noble y espiritual, que siente devorada su alma por un ideal de pasión sublime.”[2] Justamente, aquel ideal de “pasión sublime”, se entronca con toda la obra, pues el amor será la temática transversal que la recubrirá y más aún la forma en que Abelardo desea vivirlo. A su vez, el lector ideal que espera el autor, es aquél que idealiza y sueña igual que Manríquez, a aquellos seres inconformistas: “Dedícalo a los que persiguen afanosos una quimera forjada por la imaginación y desdeñan la modesta felicidad, que la suerte depara a los que de modestas cosas se contentan. ¿No hay un inmenso número de esos soñadores que, si bien no acuden a la rima para expresar sus aspiraciones, abrigan tesoros de poesía en el pecho?”.[3]

Es así que desde el principio de la obra se nos comienza a relatar y describir aquel “ideal” y las circunstancias en las que aconteció y de qué iba: “¡adiós amor, única ambición de mi alma! […] A fin de conocer hasta qué punto son esas palabras un lamento tristísimo de una alma consagrada al culto de una idea fija, conviene saber la ocasión en que fueron pronunciadas.”[4] Precisamente aquel momento fue el de la muerte, en plena agonía, donde dio literalmente su último discurso y podríamos hasta decir que murió en una suerte de ideal romántico. Por otro lado, el autor también da a conocer su punto de vista al respecto, donde nos señala: “El amor ocupa un espacio tan considerable en la historia de la humanidad, que siempre nos ha parecido digna de estudio la vida del pobre Manríquez, como un rasgo característico, que merece añadirse a la filosofía de esa historia.”[5]

Otro rasgo que podemos inferir del calavera a lo largo de la narración es la predestinación del tipo al que pertenece, es decir, que desde que era un muchacho imberbe, siempre tuvo una inclinación hacia las travesuras y diabluras, en pro del amor, que es la situación que le sucede en el colegio donde queda como un héroe ante sus pares: “Manuelita fue llamada a la pieza en que la señora X*** recibió al imberbe galán. Desprevenida, y con menos ánimos que éste, Manuelita se turbó; pero Abelardo desplegó todo su aplomo; habló de la familia, y concluyó pidiendo, por encargo de ésta, una plana de Manuelita. Con este trofeo, que acreditaba su victoria, llegó al colegio y refirió su excursión. El respeto de sus condiscípulos le proclamó el héroe de la diablura.”[6] Cabe consignar también que las cartas de Heloísa y Abelardo, de las que tanto se nos habla, serán parte constituyente de la personalidad y manera de ser de nuestro protagonista, he ahí su trascendencia en el curso de la obra: “Estudiaba poco; pero en cambio, sabía de memoria las cartas de Heloísa y Abelardo, que han gozado siempre de una boga inmensa en todos los colegios.”[7]

Pero de aquellos amores de infancia, pasamos a los de la juventud y aquí nos encontraremos con la fuente de su inspiración, surgida de la llegada de una nueva familia a las haciendas aledañas, razón por la cual cobrará gran interés hacia ella, pero sobretodo por una de las hijas, que adscribiré a continuación: “Manríquez pensó que la hija de Don Calixto Arboleda, la que el cielo había dotado con el don de la hermosura, podía muy bien estar destinada a su corazón.”[8] Y así una vez que hubo visitado la hacienda, se aproximó hacia ellas y, cuando la feucona fue a buscar a su padre, se quedó contemplando la belleza de la otra joven, que se describe así: “Rubios cabellos, finísima tez, ojos grandes, boca pequeña, rosada y fresca como una cereza, manos largas y delgadas, un talle fino de suaves contornos, el seno modestamente dibujado por el vestido de percal, he aquí lo que Abelardo alcanzó a ver. Como la joven había bajado la vista sobre la costura, la expresión de su rostro, esa irradiación del alma en las facciones, se escapaban en aquel momento a su observación.”[9][10]

Continuando con lo anterior, se va reafirmando cada vez más su ideal de amor, su propia Heloísa a través de la hermosa hija de Don Calixto, sin embargo, dejará de lado y no se fijará ningún instante en la feucona: “La desdeñosa indiferencia con que los jóvenes apartan la vista de las desgraciadas a quienes la hermosura priva de sus favores mágicos, se retrataba muy bien en esta última circunstancia. A la edad de Manríquez, los atractivos de la mujer sólo consisten en la belleza física: para estos ciegos adoradores de la forma, las dotes morales son joyas cuyos valores no quieren detenerse a indagar. Por esto fue que el joven no fijó ni un instante su atención en una de las hermanas, mientras que llevaba grabadas en la memoria las facciones de la otra. Y esas facciones, a la luz resplandeciente de su ardor juvenil, cambiaban sus proporciones humanas por la imaginaria y radiante belleza de los ángeles. […]”.[11] De esta manera queda confirmado que la 1ª mujer que penetró en el corazón de Manríquez, fue Inés Arboleda, la que estaba en su mejor edad, en el apogeo de su belleza como oteamos con anterioridad: “Inés Arboleda fue la primera mujer que condensó en el corazón de Manríquez la atmósfera de vaporosos deseos que, como las brumas de primavera, se agrupan después en el pecho a impulsos del amor, para formar las más crudas tempestades de la humana existencia. Inés tenía entonces diez y siete años. Es decir que se encontraba en el resplandeciente período de la vida que la voz familiar llama LOS QUINCE, para designar el apogeo de belleza y de gracia a que llega la mujer.”[12]

Pero, esta historia de amor, no lograría ser tan perfecta, ya que entre ambos existía una gran diferencia, que era precisamente la económica, aquella jerarquía social que pese al idealizado idilio amoroso, les jugaría una mala pasada, que desde ya se comienza a preludiar: “El infeliz tenía bastante inexperiencia para jugar su caudal entero a la primera carta. Así fue que la entrevista del huerto le turbó sobremanera. Con la superstición de los devotos que suponen la intervención divina en cualquier lance de su vida […] En alas de su entusiasmo, saltó a pies juntos la distancia que las costumbres sociales ponían entre él y su ídolo.”[13] Por ello cuando le confesó su amor a Inés, ésta lo rechazó de plano, causándole tal extrañeza a Manríquez su reacción, pues él sólo había actuado con franqueza: “Caballero, ud. Abusa de su posición, le dijo con altanero ademán, pensando hacer avergonzarse a Manríquez de su temeridad. […] ¿Se ofende uds de mi amor? Le dijo Manriquez, tras breve silencio. Vea señorita, nadie ofende amando: es al contrario un sentimiento que encierra el más precioso respeto.”[14] Más adelante vemos cómo comienza a calar el hecho de ser una persona de una clase social más baja, más aún las repercusiones que esto le conllevará: “Desde su entrada sufrió Manríquez el efecto de su posición. Aunque sin experiencias en las relaciones sociales y dotado de la expansiva cordialidad que caracteriza a la juventud, vio muy pronto que en un círculo de gentes ricas, la persona del pobre se encuentra circundada de una atmósfera de hielo, que la aísla en su centro y la priva de la magnética corriente de fluidos que componen la simpatía.”[15]



[1] El ideal de un calavera. Prólogo.
[2] Íbidem.
[3] Íbidem.
[4] Íbidem. Pp. 7.
[5] Íbidem. Pp. 8.
[6] Íbidem. Pp. 12.
[7] Íbidem.
[8] Íbidem. Pp.14.
[9] Íbidem.
[10] Íbidem. Pp. 17.
[11] Íbidem. Pp. 18.
[12] Íbidem. Pp. 19.
[13] Íbidem. Pp. 25.
[14] Íbidem. Pp. 32.
[15] Íbidem. Pp. 35.

domingo, 15 de enero de 2012

Características del paisaje en la novela San manuel Bueno, mártir.



Antes que todo, daré un panorama general de la obra y lo 1º es explicar su título; pues, tiene una connotación directa con la visión evangélica y judeo-cristiana, presente en la biblia, que entre otros motivos, encontramos el nombre de "Emanuel", que en hebreo significa: "Dios está con nosotros", lo que se verá representado en Manuel -el clérigo y párroco de Lucerna- que para los feligreses de aquella aldea, será visto como un Dios o hijo de éste, hecho carne. Por otra parte, el paisaje también posee una connotación simbólica, vinculada a la tradición bíblica, incluso algunos críticos establecerán la noción de un paisaje "palestinizado" a la saga del paisaje en que vivió Cristo, donde resaltan elementos tales como "la montaña y el lago", caracterizándose la 1ª con  un elemento asociado a la fé y el 2º como un lugar de purificación, al modo de "piscina probática", donde la gente se purgaba de sus pecados, lo que en la aldea de Lucerna ocurría comúnmente, ya que llegaban enfermos, paralíticos, supuestos endemoniados, entre otros, donde a Don Manuel -como era visto como un santo por la feligresía- se le confesaban casi de inmediato.

A su vez, en el paisaje mítico-simbólico de la biblia, era San Juan quien bautizaba y purificaba a las personas que acudían a él, otra relación entonces vinculada con el texto. Respecto al paisaje, cabe considerar también, que para Unamuno no era en sí relevante, pues se subsumía en el entendimiento del alma de las personas, llegando a referir incluso textualmente que, la montaña, el lago y la naturaleza en general, poseían alma. Todo lo anterior se refiere a este afán de búsqueda y "trascendencia", presente en la teoría nivolesca unamuniana -recordémoslo así- por una comprensión en lo posible cabal sobre qué pasa con nuestra vida después de la muerte, lo que nos conlleva a los siguientes postulados unamunianos:

1º: Sé que me muero del todo.
2º: Sé que no me muero del todo. (resignación).
3º: Ni lo uno, ni lo otro.

Todo lo anterior, representa la parte fundamental del pensamiento unamuniano, que lo caracterizará hasta su muerte, que incluso aparecerá en la inscripción mortuoria de su tumba.

viernes, 13 de enero de 2012

Determinantes naturalistas en los personajes de “En el conventillo”, Baldomero Lillo.




           
  En primer lugar, cabe destacar que el cuento “En el conventillo”, nos mostrará una realidad cruda, problemática, precaria y del bajo pueblo, con sus penurias y reveses, es así que iremos comprobando cómo los personajes van sorteando las diversas adversidades que les van apareciendo, cómo viven el día a día, pero que ante todo siempre va de mal en peor, lo que nos deja en claro el carácter naturalista de la narración, por ello citaré algunos extractos del cuento donde se aprecian aquellas determinantes naturalistas, a través de los personajes. Un ejemplo paradigmático es el caso de la niña de tan sólo tres años, que, sin embargo, no podía caminar aún, pero no por razones genéticas, sino que alimenticias, todas las cuales se debían precisamente a un descuido de sobremanera, donde aquel raquitismo que se nos describirá no había sido producido al azar, sino que era una causalidad, consecuencia de las condiciones de vida en las que estaban inmersas, donde no alcanzaba para comer a veces: “Este fraude, que no podía evitar ni delatar, provocaba las desesperadas protestas de la criatura que, aunque había cumplido los tres años, apenas podía balbucir una que otra palabra. Un raquitismo atroz había hecho presa en su endeble cuerpecillo, que sólo podía moverse arrastrándose por el suelo, sin que los esfuerzos de la madre para hacerla andar diesen resultados, atribuyendo en su ignorancia esta debilidad de organismo a una voluntaria terquedad de la chica.”[1]

            Otro caso ejemplificante del naturalismo presente en el relato, lo cumple Sabina, quien trabajará infatigablemente durante horas y horas, pero que casi como variable directamente proporcional, al mismo tiempo, su esposo tendrá gastos excesivos consumiendo alcohol y emborrachándose, lo que inexorablemente la destinará a la pobreza y miseria, sin cambiar su suerte: “Era Sabina, la lavandera, una mujer joven, veintiocho años a lo sumo, muy morena, de mediana estatura, facciones marchitas y ojos pardos de mirada triste. Trabajadora infatigable, se le veía desde el alba entregada a sus quehaceres. Su marido, de oficio panadero, a pesar de que ganaba cuarenta o más pesos semanales, sólo destinaba a su familia una parte insignificante de su salario […] Cuando Onofre, el marido, no se embriagaba, la familia disfrutaba de cierta relativa holgura. Con los dos pesos, que era su contribución diaria, había en su casa para matar el hambre.”[2]

            Otro problema que nos presenta el determinismo, lo vemos a través de la carencia de educación, lo que es propio de las clases más bajas y más aún, una despreocupación hacia éstas: “Muy ignorante, el problema educacional de los hijos no le preocupaba en manera alguna. Procurarles el alimento y el vestido era ya por sí sola una carga demasiado grande y de la cual se libertaba con una frecuencia amenazadora.”[3]


[1] “En el conventillo”, Baldomero Lillo. Pp. 51.
[2] Íbidem.  Pp. 52.
[3] Íbidem. Pp. 54.

jueves, 12 de enero de 2012

Proceso narrativo e imagen de mundo naturalista presente en Subsole.




Previo a la caracterización del mundo narrativo de Lillo, es preciso hacer algunas consideraciones de orden distintivo conforme al contexto en el que se enmarcan las obras de Baldomero, es así que se sitúa en la centuria decimonónica de la realidad chilena de la época, caracterizándose no por una poética, sino por un discurso narrado, gestándose en el ámbito de la novela y la cuentística –este último, será el carácter de subsole-. De este modo un rasgo fundamental lo recubre y representa el narrador, en tanto agente activo en la obra, cuyas nociones trascendentales procederé a caracterizar: “En todas estas obras aparece un narrador caracterizado por una consciencia claramente reformista adscrito a una ideología progresista que encierra los valores provenientes del humanismo de la ilustración: igualdad, racionalidad; y los valores del liberalismo europeo: individualismo y libertad. Desde tal consciencia el narrador postula la necesidad de transformar el sistema social imperante, fundado en una concepción oligárquica y colonialista del mundo.”[1]

            Por otro lado, esta visión sobre el narrador, tendrá influencias decisivas en el comportamiento y roles de los personajes y cómo éstos se posicionan en el mundo, como se aprecia en la siguiente cita: “Este anhelo condiciona la figura de un héroe problemático, imbuido de los valores del humanismo liberal y situado en una actitud de ruptura con el mundo, ya que éste es el lugar donde imperan los vicios políticos y la degradación moral. La trayectoria narrativa de este héroe se ofrece como la historia de una vida en incesante búsqueda de la virtud y la verdad.”[2] Siguiendo esta interpretación, tendremos un proceso de búsqueda continúa donde habrá una suerte de afán positivista, que nos permita descubrir esos dejes de la verdad a la usanza científica hasta cierto punto –rasgo clave en el naturalismo y, sobretodo, en la novela experimental.- A continuación proseguiré con el planteamiento anterior: “Siguiendo con la figura del héroe: a pesar de su búsqueda de valores opuestos a los que sostiene el mundo, la ruptura no es insuperable. En términos generales, el héroe termina por acomodarse al mundo, lo que significa un reconocimiento de que los valores postulados no tienen el carácter absoluto. Tal significación implica a su vez la consciencia de que el reformismo político-social, antes que una relación real con el mundo es un anhelo, una esperanza, o, más rigurosamente, una voluntad.”[3]

            En una línea directa con lo hasta aquí glosado, la imagen de mundo que se nos irá conformando mostrará aquellos conflictos inherentes a la época de producción de la obra, habrá una conformidad con ésta: “Pero, en síntesis, la estructura de la narrativa decimonónica expresa con claridad una antinomía entre un ideario progresista y liberal, propuesto como anhelo a realizarse o como voluntad reformista, y un sistema vigente conservador definido por notas de vicio y deformación político-moral. El conflicto se establece a un nivel social y ético entre dos concepciones de la existencia: una renovadora y positiva, otra reaccionaria y negativa.”[4]

            Como se ha distinguido, aquellas imágenes que se crean en las obras de Baldomero Lillo, al estar stricto sensu, emparentadas con el contexto decimonónico chileno, se apreciarán muchos procesos como los subsiguientes, que en definitivas cuentas van marcando los tópicos de los relatos: “El cuadro de las transformaciones sociales operadas en Chile desde mediados del siglo XIX sería incompleto si nos limitáramos sólo a señalar el aparecimiento de nuevas clases sociales. Este fue, incuestionablemente, el fenómeno de mayor trascendencia; pero, al lado de él e íntimamente conectado con él, se pueden constatar otros fenómenos muy significativos […] De esta manera se planteó el antagonismo entre la aristocracia y su aliado el clero, con la burguesía. Tal antagonismo o lucha de clases tuvo diversas maneras de manifestarse y él constituyó –en última instancia- la esencia de nuestro desenvolvimiento histórico en el siglo pasado.”[5] ¿Y cuáles serán los personajes que cobrarán vida en los relatos de Lillo?: “El pueblo entra tímidamente al escenario literario. La figura del héroe proviene cada vez con mayor frecuencia de la pequeña burguesía y aun del proletariado.”[6]

            Así, aproximándonos al análisis de sub-sole, en este cuento se presentan algunos rasgos igualmente tópicos de la narrativa de Lillo, entre ellos: “[…] en los relatos que se refieren a la vida del pueblo, como “sub-sole”, “En el conventillo”, “Sobre el abismo”, etc., el tono narrativo se hace serio, dramático y aun asume caracteres trágicos, como sucede en “Sub-sole”. En este cuento la figura de la madre aprisionada entre las rocas mientras su pequeño hijo es arrebatado por el mar, tiene un aire de tragedia clásica, en cuanto se contraponen la impotencia y la desesperanza del ser humano frente a la fatalidad inexorable del destino. Este carácter se ve reafirmado, por otra parte, por el contraste que se produce entre el dolor sin límites de la madre y la indiferencia y la belleza perversa de la naturaleza presente en los jugueteos del mar, que avanza y retrocede en una suerte de danza cósmica, hasta envolver a la criatura en sus brazos para sepultarla en el fondo de las aguas.”[7]

            Ante todo tendremos un narrador –en el cuento subsole- cuya tendencia será a la descripción detallada del ambiente, paisaje, mundo narrado en general y personajes, incluso adentrándose en las sensaciones de éstos, manifestadas a través de las expresiones faciales y ciertos juicios valorativos sobre el acontecer de los hechos, lo que las más de las veces tendrán un carácter trágico y grotesco, entremezclado con lo bello, pero este último, siempre efímero, como veremos a través de las marcas textuales: “Por algunos instantes olvidó la penosa travesía de los arenales ante el mágico panorama que se desenvolvía ante su vista. Las aguas, en las que se reflejaba la celeste bóveda, eran de un azul profundo. La tranquilidad del aire y la quietud de la bajamar daban al océano la apariencia de un vasto estanque diáfano e inmóvil. Ni una ola ni una arruga sobre su terso cristal. Allá en el fondo, en la línea del horizonte, el velamen de un barco interrumpía apenas la soledad augusta de las calladas ondas.”[8] En torno a la descripción de este paisaje, se aprecia una cierta visión idílica y paradisíaca, narrada subjetivamente, pues se lo personifica y se interpreta éste con el uso de adjetivos que aluden a los sentimientos y mundo interior, a su vez atisbaremos que aquella tranquilidad es sólo aparente, pues finalmente éste arrebatará al niño de pecho, a aquella madre –Cipriana- que nos configura el relato.

            En cuanto a la descripción de los personajes, cabe resaltar que encontraremos de igual modo marcas naturalistas, ya que se describe a Cipriana con cualidades negativas, horrorosas, de una manera vulgar, lo que concordaría con la extracción social a la que pertenece, con una suerte de determinismo de raza, por así decirlo, cuyo único cambio del semblante estará dado por su hijo: “La madre permaneció algunos minutos como en éxtasis devorando con la mirada aquel bello y gracioso semblante. Morena, de regular estatura, de negra y abundosa cabellera, la joven no tenía nada de hermoso. Sus facciones toscas, de líneas vulgares, carecían de atractivo. La boca grande, de labios gruesos, poseía una dentadura de campesina: blanca y recia; y los ojos pardos, un tanto humildes, eran pequeños, sin expresión. Pero cuando aquel rostro se volvía hacia la criatura, las líneas se suavizaban, las pupilas adquirían un brillo de intensidad apasionada y el conjunto resultaba agradable, dulce y simpático.”[9]

            Finalmente, daré cuenta de cómo el paisaje cambia de lo bello a lo grotesco y cómo eso repercute en la escena, la narración y desencadena aquel destino fatal, que ya se veía venir y que el narrador nos fue propiciando: “Cipriana se puso de rodillas e introdujo la diestra en el hueco, pero sin éxito, pues la rendija era demasiado estrecha y apenas tocó con la punta de los dedos el nacarado objeto. Aquel contacto no hizo sino avivar su deseo. Retiró la mano y tuvo otro segundo de vacilación, mas el recuerdo de su hijo le sugirió el pensamiento de que sería aquello un lindo juguete para el chico y no le costaría nada.”[10] Aquí se capta un cuadro hermoso y bello en sí mismo, otorgado a través del “objeto nacarado”, por ejemplo, pero la escena rápidamente se torna caótica y desastrosa: “En un principio Cipriana sólo experimentó una leve contrariedad que se fue transformando en una cólera sorda, a medida que transcurría el tiempo en infructuosos esfuerzos. Luego una angustia vaga, una inquietud creciente fue apoderándose de su ánimo. El corazón precipitó sus latidos y un sudor helado le humedeció las sienes. De pronto la sangre se paralizó en sus venas, las pupilas se agrandaron y un temblor nervioso sacudió sus miembros. Con ojos y rostro desencajados por el espanto […] Y la aterradora imagen de su hijo, arrastrado y envuelto en el flujo de la marea, se presentó clara y nítida a su imaginación. Lanzó un penetrante alarido, que devolvieron los ecos de la quebrada, resbaló sobre las aguas y se desvaneció mar adentro en la líquida inmensidad.”[11] De esta manera en aquella dicotomía del paisaje y su metamorfosis, se nos confirma el principio de lo efímero de la belleza y que el mundo, es más bien de corte oscuro, con destinos cercanos a la muerte, experiencias catastróficas de hondo sentido naturalista. Las comparaciones y símiles que apuntaré a continuación realzan el sentido trágico y concordante con la tradición griega clásica, por ejemplo y su fatalismo determinista: “[…] y así  como la alimaña cogida en el lazo corta con los dientes el miembro prisionero, con la hambrienta boca presta a morder se inclinó sobre la piedra; pero aun ese recurso le estaba vedado.”[12]


[1] Relatos populares, Baldomero Lillo, Santiago, Nascimento, prólogo. Pp. 7.
[2] Íbidem. Pp. 7-8.
[3] Íbidem. Pp. 8.
[4] Íbidem.
[5] Íbidem. Pp. 9.
[6] Íbidem. Pp. 10.
[7] Íbidem. Pp. 17.
[8] Sub-sole. Pp. 24.
[9] Íbidem. Pp. 25.
[10] Íbidem. Pp. 28.
[11] Íbidem. Pp. 28-29.
[12] Íbidem. Pp. 32.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...