miércoles, 9 de marzo de 2011

Cenizas de pasión.



I

Dolidas están las entrañas de mi corazón
Mis ojos se agazapan ante la vana muerte y esperanzas de amor
Ilusiones perdidas en un cementerio de lágrimas
Desfallecen desterradas cual expatriado sin perdón
Hubiésemos sido felices, sin embargo,
Una muralla traslúcida y marmórea nos separó.

II

Te miro a los ojos y siento el frío penetrante de una gélida mirada
Que me dice que aborreces mis palabras
Y así me hundo en un valle de lágrimas
Sufriendo y padeciendo estragos cuando mi compañía rechazas
Pero me pregunto, ¿será tan cruel la agonía?
Pues ésta quema como flama destemplada y calcinante
Hasta derretir cada centésima de mi ser
E incinerar la piadosa existencia de lo que fue y pudo ser.

III

Épicos sones medievales acompañan mi desolación
Mas quisiera no vivir de recuerdos, sino de vívidos momentos
No obstante, nuestras memorias se desvanecen tenuemente
Cual etéreo gozo primaveral de la primera juventud
Suspiramos juntos y hoy conspiramos en un desamor
Que culminó en una trágica desilusión.

IV

La tragicómica rutina del tedio nos consumió
Pero rectifiquémosla, hagámosla carne, hagámosla amor
Así lo que hoy es cenizas, mañana serán flamígeras hogueras de pasión.

domingo, 6 de marzo de 2011

Poesía noctámbula.



Hoy la noche se me presenta cautivadora, tentadora
 Una musa cuyas sinuosas curvas me llama
 Exhala deseo y me fulmina con el hálito de su mirada
 Que proclama a gritos furtivos que la posea
 Que la haga mía y que la haga suspirar como el amante al que nunca podrá olvidar
 Aquél que la poseyó, que conquistó su alma
Y
 Deliró con ella hasta la extenuación en su lecho de ámbar
 Cuyo efluvio emana fragancias aterciopeladas.

-o-

Sí, ésta es la noche perfecta,
Una noche apasionada, atiborrada de amor y un frenesí que no se le iguala
Es la noche propicia para una reflexión
Que despliega calma, tempestad
 Y
Que se impacienta anhelante a la espera de mi estocada
 Un impulso impetuoso
Que no cesará hasta que pernocte en el placer poético de una caricia
 Que le arrebate hasta el más escurridizo de los besos
 Y
Quede postrada en un rincón de mi cama.

Encrucijados cruces de crucifixiones.



Sutilezas retóricas, cementerio de ensueño
Cortacianas palabras balanza
Y
 Sombras enigmáticas
Cultismos añejos
Y
Añejados cultivos
Huerta de la sabiduría
Y
Savia nutricia
Hidromiel de los dioses
Y
Orgiásticas bebidas
Tabaco y pipa con sabor acaramelado
Y
Argentina hierba mate matutina
Vicio inmortal de la vida que culmina
Y
 Renace en salubres resinas de dicha
Que desembocan en salud y gloria vespertina.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Un adiós que no se olvida.



I

El palpitar de las hojas otoñales nos cautiva

Cayendo con cautelosa parsimonia se mueven y agitan

Al son de nuestras pisadas se alejan etéreamente

Tal nuestras emociones se han encontrado

Volando grácilmente como águilas furtivas

Así tú te vas como el viento, mientras tu llegada espero

En el corazón reservo una voluntad férrea como hierro

Sin embargo, desespero al saber que no volverás a decirme te quiero.

II

Los minutos transcurridos se tornan horas

Las horas, días, los días, años

Y los años en la juventud perdida y desvanecida

Como clepsidra nuestro tiempo se esfuma gota a gota

Agonizando ante la muerte del día

Resucitando de las cenizas ante un plenilunio de desdicha

Evocando recuerdos de una vida que no nos pertenecía

Que ha perecido en una siniestra y escuálida perfidia.

III

Cuando dos corazones sufren la muerte de un adiós

Nace uno como el fénix propagando sus ardientes llamas de calor

Al nacer aquel corazón, rejuvenece a aquellos que han perdido su voz

Y así corazones seniles proclaman su naciente amor.

viernes, 25 de febrero de 2011

Me sabes a melodramas.



I

Tus recuerdos me saben a amarga hiel
La epifanía de tu silueta se manifiesta como chansón afrancesada
En los lirios tristes de la belleza lozana de un amor suspirante
Que vibra con sutiles movimientos de cuerpos amantes
En los estertores gélidos de una muerte temprana y destemplada
Culminando en trágicas voces desesperadas
En la anárquica pasión que una vez nos unió.

II

Nuestra separación nos aleja como viento sonoro
Respirando y suspirando en cadencias musicales
Para olvidar la nostalgia de un amor hecho memoria
Cubierto del musgo de la agonía y la tragicomedia que vivimos aquel día.

III

Toda historia tiene un final, el nuestro recién comienza
Como Romeo y Julieta aun la muerte no nos venció
Pues triunfó el fervor de dos corazones que gozaron el amor
Que finalmente una vil traición aniquiló.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La libertad se desencadenó.



I

Quiero ser libre, desatarme de estas cadenas
Arrancarte un delirio de pasión
Llueven sones escalofriantes en el fondo de mi corazón
Tenebrosas tenazas me aprisionaron
Pero hoy ya llegó la sentencia, el juicio final culminó.

II

Rosas negras circundan este valle de lágrimas
Bermellones ríos fluyen caudalosamente
Rompiendo contracorriente la tempestad de la vida
Causando estruendos en la tranquila melodía de tu voz
Desterrando los frutos enraizados de nuestro amor.

III

Tu mirada se esfuma como desvanecido viento invernal
Tu respiración se agazapa acompasándose a corcheas de desamor
Tus manos se engarzan como garfios de desilusión
Tus sentimientos me saben a fría hiedra
Y
Tus mentiras desengañan la cruel razón.

lunes, 14 de febrero de 2011

Que las palabras no impongan los límites de nuestra felicidad.



Cuando se piensa en el término felicidad, de inmediato lo trasladamos a una entidad abstracta, un valor, que en sí mismo representa más de lo que podemos describir con las palabras. En efecto, en la mayoría de los casos, cuando se hace alusión a algo impalpable, se tornan instantáneamente en inefables sentimientos o emociones. Sin embargo, la felicidad no es sólo algo etéreo, pues bien, concuerdo en que se esfuma con facilidad y que realmente ésta es aprovechada en mayor medida después de un estado de abatimiento o congoja, tras un pesar que ha sido causado por una de las innumerables experiencias de la vida, pero discrepo patentemente en que ella es sólo una sustancia. Respecto a la sentencia anterior, habrían muchos hechos que avalan mi planteamiento, ya que se le pueden atribuir cualidades físicas u orgánicas, en tanto que al experimentar la felicidad, nuestro organismo cambia de estado, sobretodo a nivel fisiológico y químico, ya sea secretando endorfinas, entre otras sustancias, lo que si bien sucede a nivel interno, también lo demostramos exteriormente, como espejo de aquella emoción.

            Por otro lado, es un acontecimiento social, ya que generalmente, puesto que suelen haber siempre excepciones a la regla, cuando un hecho nos causa gozo o dicha, queremos comunicárselo a nuestros seres más queridos o incluso darlo a conocer al mundo, nos sentimos únicos en ese momento e intentamos transmitir e irradiar aquellas vibras positivas, interactuando como he mencionado, con quienes nos circundan y forjando lazos, hasta tal punto que aquello que comenzó siendo un suceso individual, se transforma en un acontecer colectivo. También cabe destacar, que pese a lo común de esta emoción y sus expresiones, cuya primera manifestación es, por ejemplo, la sonrisa, símbolo universal del estado de alegría, éste puede sufrir ciertas variaciones y en concreto, así es, ya que al ser una emoción, va adquiriendo matices, lo cual depende de cada sujeto, experiencia que lo haya desencadenado, factor social o grupal e innumeras circunstancias más, las que se proyectan en el lenguaje, en lo que se denomina campos semánticos o relaciones entre palabras y sus significados, dando lugar a gradaciones como las que señalaré a continuación: “alegría, contento, regocijo, júbilo, satisfacción, gozo, agrado, regodeo, algazara, deleite, placer, dicha, consuelo, contentamiento, bienestar, goce, complacencia, fruición, gustazo, simpatía, animación, alborozo, encanto, delectación”  y un millar de fascinantes palabras más.

            Con lo precedente pretendía darme un deleite lingüista e invitarlos a usar de mejor modo nuestra lengua, ya que poseemos un amplio repertorio de palabras y matices para expresarnos y, por ello, cuando queramos comunicar algo tan trascendente como lo es un sentimiento de felicidad u otro, literalmente, no nos quedemos cortos de palabras.

domingo, 13 de febrero de 2011

Precipitan tormentosas lluvias en la ciudad.



I

Llueve estertóreamente en la ciudad
Alicaídos se encuentran los amores estivales
Las flores veraniegas se marchitan gota a gota
Cándidamente mi rostro contempla los estragos de la tormenta
Y
El declinar de la belleza que se esfuma a fragua lenta
Entristeciendo las monótonas tardes de aledaños arrabales.
Sin embargo
Aguardo a la espera de tu ausencia que me apremia
En la soledad melodiosa de bronceados inviernos asoleados
En la desesperanza de un amor que perturba la razón.

II

Nuestros silencios son como orquestados acordes sinfónicos
Que transmiten pasiones ocultas en notas agudas
Suspirando al compás de la sonora lluvia
Y
Transitando en parajes agrestes con sabor a melancolía
Precipitando fríamente en el abatido corazón
Yaciendo en otoñales hojas de una amargura impía.
Sin embargo
El desahuciado pasado nos condena pidiendo a gritos
Que no nos revolquemos en la amarga pesadumbre de nuestras penas.

domingo, 6 de febrero de 2011

Nuestro amor son los placeres de la vida.


                                                                               
                                                                                   I

Tus caricias son la guinda de mi deseo
Tu pasión es el postre de mis sentidos
Tus besos son el néctar de mi cuerpo
El latir de tu corazón se bate como suave espuma
Mientras nuestra respiración nos perfuma
Deleitándonos con sabores de suspiro limeño.

II

Probaremos mil veces los placeres de la vida
Sumergiéndonos en los mares del recuerdo
Viajando a través de un cálido mediterráneo
Recorriendo selvas y llanos
Deshaciéndonos en desérticas dunas de ensueño
Culminando en las atlánticas aguas del paraíso terreno.

III

Beberemos hasta embriagarnos de besos
La afrodisíaca ambrosia de los dioses
Degustaremos champagne francés y vino añejo
Batiéndonos al fragor de nuestros cuerpos
Penetraremos impetuosamente en la fogosidad del amor eterno
.

jueves, 27 de enero de 2011

Envidia.




Tú que carcomes con cizaña, que a los bellos amantes aborreces

Ahógate en tu vaho repugnante, calcínate a fuego lento

En pezuñas de cocodrilos palpitantes entierra tus palabras

Devoradora de instantes como sanguijuelas vehementes de sangre.


Sumérgete en el agua de la Estigia, Cúbrete tus cabellos serpenteantes

Vulgar medusa de horror aberrante, gritos salvajes de estupor te acallarán

Caerás mil veces en las garras de cerbero

Hasta el noveno círculo de Dante hundirás tu corazón de hierro.


domingo, 23 de enero de 2011

Cobardía o Corazón prisionero .




Tus ojos dicen lo que tu corazón oculta

Susurran tus labios lo que tu boca calla

Se eriza tu piel en la compañía de mis manos 

 Tú, en cambio te petrificas como témpano de hielo

Tu amor, sin embargo, son instantes de deseo

Fuego ardiente en destellos sonoros



Tu cuerpo se aleja, tus sentidos me engañan

Pero tu piel me  respira, me toca,
piensa y ama

Tu espíritu cobarde, contempla la lucha de nuestros cuerpos 

Como caballeros medievales se agazapan 

Son saetas del ciego amor por promesas incumplidas 

Su destino es el de una rosa bermellón

Vivaz, colorida y  apasionada, aprisionada en su propio corazón.

sábado, 22 de enero de 2011

Pienso para existir y existo porque pienso.




Hoy no es un día reflexivo, ni de filosofías cartesianas, sin embargo, un sentimiento profundo me embarga, no es soledad, aunque puede que algo de ella haya, tal vez en esta ocasión use la escritura para desahogar mis penas, pero que si bien son personales, trascienden hasta tal punto que se convierte en un hondo abatimiento social, en efecto, lo es. Sentir una y mil veces melancolía por la añoranza de tiempos pasados culmina causándote estragos, no obstante, el recuerdo de aquella persona que cambió mi vida, a veces acarrea sentimientos de esperanza. Pero son tres tiempos los que se conjugan y se superponen, el pasado que ya he mencionado, donde viví los mejores encuentros y momentos, que al trasladarlos a un presente, se tornan añoranzas, aunque es en el presente donde se manifiesta el caos, lo que si no se soluciona, desencadenará un porvenir irreconciliable de energías que chocan y se estrellan rompiendo el status quo, aun así pienso que aquella ruptura, que se vuelve irreverente ante la vida y el amor, podría generar una gran satisfacción.

            No está en mí, está en ti quisiera decirte, pero no puedo, no es que me falten las palabras, al contrario, me sobran. Tal vez lo que nos sucede es que si ponemos en palabras nuestros sentimientos éstos se desvanecerán como esencias etéreas. Te amo y sé que tú también me amas, pero nuestro amor rompe el status quo, por ello cavilo y miro hacia el futuro y digo: “De qué nos vale el status quo si no podemos ser felices”, mi amor por ti jamás se desmigajó absolutamente, es un mar de llamas fugaces que se amalgaman una y otra vez cada vez que estoy junto a ti. Existo porque te amo y te amo para existir, tu amor me prodiga de vida, que se esfuma cada vez que me rechazas con tu mirada. Sé que luchas intensamente para negar lo que sientes, aquello te causa un gran sufrimiento y pesar, ¿pero de qué sirve pensar y pensar una y mil veces, sin actuar? Carpe diem es el tópico que se viene a mi mente, vivamos el día al máximo, aprovechemos nuestra hermosa juventud, como señalaban los sabios griegos, jamás seremos más bellos que en nuestra mocedad, tal vez parezcan idolatrías egocentristas, sin embargo, no lo son, pues la fortaleza de espíritu también nos acompaña, aunque de nuevo aparece la intrincada sociedad que coarta los espíritus y proclama que todos debemos ser iguales, comportarnos en base a patrones y que si hay un mínimo de diferencia ésta debe ser arrancada de raíz.

            No busco cambiar el funcionamiento de la sociedad, lo que sí no permitiré que la sociedad me cambié a mí, por ello seré tal cual lo deseo y me comportaré a mi modo, pues qué importa el qué dirán, vivimos supuestamente en sociedades más liberales y el país que habito no es la exclusión a la regla, sin embargo, lo liberal ha perdido el rumbo, pues en determinados casos se confunde libertad con libertinaje y claramente este tema es troncal en las sociedades del siglo XXI, ya que el verdadero valor de aquella palabra que tanto amamos, se está deteriorando. Creemos ser libres, puesto que se nos permite hacer lo que deseemos siempre y cuando no coartemos la libertad del otro, podemos seguir nuestros principios y escoger nuestro propio estilo de vida, por lo tanto, la libertad nos conduciría a la felicidad. ¿Pero qué sucede cuando ves que en estas sociedades todo se fabrica en serie?

            Un claro ejemplo son las tiendas comerciales, llámense mall entre otros, lo que deja entrever nítidamente que aquel anglicismo tiene su razón de ser, pues bien, aquello sólo es el eslabón de cómo la homogeneización propugnada por potencias primer mundistas ha penetrado incluso en nuestro lenguaje cotidiano, empleando palabras que son meros préstamos lingüísticos, que si extrapolamos el concepto es como si viviéramos en una sociedad prestada, que no nos pertenece, perdiendo nuestras raíces, lo maravillosos de ellas. No hablo sólo de los pueblos originarios, si bien éstos son fundamentales en nuestra conformación de identidad, sino que el equilibrio con la naturaleza se ha roto, incluyendo nuestra propia naturaleza, la humana.

            Por lo tanto, una vez reconocido el problema, deviene la solución, pero si lo atisbáramos como una ecuación matemática, metafóricamente hablando, no habría sólo una solución, sino que múltiples posibilidades, que cada uno debe descubrir y potenciar para colaborar a hacer de este mundo un lugar más ameno, donde las relaciones humanas sean lo más importante y que éstas se conduzcan por buen cauce. Ha habido un cúmulo de grandes pensadores que lo han señalado, sólo falta tomarlos en cuenta y no dejar que se mueran en el olvido y abismo de la memoria.

Un delirio de amor de estío y otoño.


Escribiré un poema de tus besos

De tus caricias una canción con sabor a pasas al ron

Te regalaré una rosa que me sabe a champagne francés

Suspiraremos juntos en los lirios de nuestros recuerdos

Te besaré mil veces en aquel atardecer de otoño

Bajo un crepúsculo surcado por gaviotas al viento

Que nos guiarán por caminos de ensueño

En retazos de amores platónicos e imágenes apagadas de fuegos fugaces

Como vaporosas cenizas de hogueras pasadas

Tal azor mudado mi amor por ti me ha desahuciado

Sin embargo

Aún guardo tu silueta reflejada como espejo en el mar

Proyectando sin rumbo tu dulce rostro

Trasluciendo tu cuerpo en matices delicados

Impregnando de aromas estivales tus rojizos labios de aroma en flor

A la espera de un delirio de amor.



sábado, 15 de enero de 2011

Doncella de la luna.




-¿Doncella de la luna?- Se decía a sí misma Odette. Se habían sucedido sólo segundos, pero le parecieron una eternidad. -¿Qué sucede, por qué mi abuela se comporta de aquel modo tan extraño?- Seguía cuestionándose sin dirigir palabra alguna a su interlocutora, hasta que finalmente se decidió a responder naturalmente con una grácil risa que transformó la atmósfera de la habitación en un cálido ambiente. Abuela, a qué se debe aquel apodo, jamás me habías llamado así, al menos no que lo recuerde. -Haz memoria hija mía- la incitó aquella mujer que estaba postrada en la cama. Por más esfuerzo que hizo, no lo logró, pues tenía sus pensamientos mal encauzados, debía rememorar aquello que le pertenecía como recuerdo, que pese a todo, no era completamente suyo.

            -No recuerdo ninguna oportunidad en la que me hayas llamado así, abuela.- le reprochaba Odette. No obstante, su abuela insistía, pero esta vez desde una perspectiva diferente. -Mira tu collar hija mía, ¿no notas que algo está cambiando?- Señaló leve y parsimoniosamente Mórrigan. Asombrada Odette posó su mirada sobre aquel collar adamantino que poseía, el que destellaba en una brillantez inhabitual, dimanando una energía tal, que sólo había sentido en aquella noche misteriosa, donde descubrió aquel extraño don. –Ahora, inténtalo de nuevo, ergo funcionará mejor con aquella energía, después entenderás todo. Lo debes descubrir por ti misma.- A medida que Mórrigan decía aquellas palabras, Odette las iba siguiendo al pie de la letra, concentrando sus pensamientos en el collar e intentando ver más allá, buscando el momento exacto en que había escuchado que la llamaran de ese modo tan estrambótico.

            En un principio sólo apercibía matices tornasolados y rojizos. Se encontraba en un crepúsculo, luego se avecinó la negrura en todo su ancho, dando paso a un majestuoso resplandor lunar, prodigando de luz a la tierra, dejando al descubierto un desierto conquistado por extensas dunas y valles, era como un paraíso perdido. Unos pasos más allá sentía movimientos de objetos y escuchaba ruidos muy dispares, por lo demás en un dialecto ininteligible, al menos para Odette. Aun así decidió allegarse a aquellas gentes, parecían personas trashumantes, de las que acostumbran a permanecer por un breve lapso en un territorio, estaban tocando bellas melodías en rústicos y armoniosos instrumentos, se asemejaba a un ritual. En efecto, invocaban a un espíritu lejano, de otro tiempo y lugar.

            Odette no sabía qué la atraía hacia aquel sitio, pero cada vez se acercaba más y más, hasta que estuvo envuelta entre ellos, sin embargo, era como si esos hombres y mujeres no pudiesen verla. Siguió adelante y se asomó a la fuente del ritual, era un valle en cuyo centro había un riachuelo, donde la ceremonia estaba llevándose a cabo. En ese preciso instante se produjo el prodigio, Odette comprendió aquel dialecto ininteligible y la razón de su venida cobró sentido. Esos hombres adoraban a la doncella de la luna, le solicitaban su protección y resguardo de los espíritus malévolos que circundaban el valle. Odette los escuchó, quiso acercarse a ellos, pero la luz de su collar se desvaneció junto a ella.

            Se encontraba de regreso en la casa de sus abuelos, se sentía como si hubiese hecho un largo y agotador viaje, sin embargo, sabía que su cuerpo no se había desplazado, sino que su mente, sus pensamientos. Por lo demás, estaba aquel misterioso collar y la energía que generaba, la ansiedad la oprimía, quería saber las respuestas del origen de aquellos sucesos y cómo podían realizarse. –Abuela… esto… creo saber de qué se tratan todos aquellos sucesos inauditos.- Dijo entrecortadamente Odette. -Verás, esta semana he incursionado un poco en los misterios de este collar y más aún, cómo funciona, de hecho, sé que parecerá increíble, pero hace una semana exactamente, en aquella fiesta, el tiempo se detuvo para mí, no lo controlé, sólo ocurrió. Y respóndeme, esa sombra era la tuya cierto, tú me guiaste hasta allá y ahora me muestras estas visiones, ¿por qué abuela, jamás oí nada así, de dónde salió esa extraña energía?- Relataba intrigada y confusa Odette.

            Mórrigan, le pidió que se acercara y estrechara su mano, después pausadamente procedió a contarle su versión de los hechos, vislumbrando los misterios que guardaba. –Doncella de la luna, mi querida Odette, mi misión en esta vida era una sola, protegerte y guiarte hasta que supieras quién eras en verdad y pudieras ejercer tus fuerzas al servicio de nuestro linaje. Te esperan muchas pruebas, te enfrentarás a un mundo nuevo, se te avecinan un sin fin de obstáculos, que sólo tú podrás sortear, no obstante, es menester que sepas un poco más de nosotros, ya que nuestra familia se remonta a épocas inmemoriales, la que ha tenido siempre una labor trascendental en este mundo, que es salvaguardar su paz, apartando los espíritus enajenados, dispuestos a destruir los cimientos de lo que creemos y somos, espíritus cuyo libre albedrío los conduce a las más nefastas acciones. Cada uno de nosotros, posee un don que lo hace especial, el tuyo doncella, lo irás desentrañando cada vez que experimentes con él, así lo controlarás de mejor modo, pero recuerda que éste debe ser usado con el propósito de traer tranquilidad a esta tierra y no su caos. Por otro lado, aquel collar que te di, es un amuleto, cada miembro de nuestro linaje recibe uno cuando ha llegado el punto culmine de su preparación, su función es acrecentar la energía que somos capaces de producir, focalizándola para que así tu don adquiera una efectividad mayor, finalmente respecto a la visión que presenciaste, ocurrió realmente, en un tiempo lejano, en particular tú tienes ese don, eres capaz de usar el tiempo a tu favor, adelantarte a los hechos e ir en busca de aquellos remotos y pasados, te espera una ardua labor. La mía acaba de terminar.- Tras su narración, soltó la mano de Odette y su cuerpo adquirió una sutil palidez, Mórrigan había muerto, su alma se desdobló del cuerpo terreno, amalgamándose a la sombra, la misma que guió a Odette, aunque ella no pudo notar esto último.


viernes, 14 de enero de 2011

Odette, primeras sensaciones.



Habían transcurrido años que se apercibían como décadas, desde aquel desconcertante y maravilloso día, donde Odette descubrió un talento innato, propio de su naturaleza apacible y alicaída, que sin lugar a dudas la predispusieron a desarrollar una sensibilidad aguzada, que comenzó siendo una mera captación de atmósferas. En efecto, la primera vez que se percató de aquella característica tan particular de su ser, fue en una noche de verano en la casa de sus abuelos. Ese día, ella estaba sentada en el balcón, apoyando levemente sus codos en la balaustrada, observando de soslayo la reunión familiar, pues prefería permanecer en su propio mundo, que de por sí era de suma intensidad, en vez de aferrarse a la cotidianidad terrenal. Fue en ese preciso instante cuando una mirada penetrante la envolvió y la abrasó como hoguera candente, sumiéndola en un estado que jamás había sentido, aquella tórrida sensación la rodeó hasta tal punto, provocándole un sopor que la hizo resbalar de costado, por fortuna pudo sostenerse cuidadosamente. Tras aquella extraña sensación y caída, tornó su cuerpo en la dirección contraria en que se encontraba y para su mayor extrañeza, no había nadie, sólo una sombra.

Sin embargo, si bien no podía ver nada más que los objetos que la rodeaban, aún sentía y presentía una mirada penetrante, fue en ese momento cuando fijó su visión en el punto inferior a un candelabro, que daba paso a una escalera que descendía hasta el primer piso. Odette la contempló durante unos segundos y le pareció que ésta comenzaba a danzar. -¿Una sombra danzante?, cuándo se ha visto algo así, debe ser mi imaginación.- Pronunció anonadada. No obstante, aquella sombra sí danzaba y gesticulaba, fue así como le señaló que la siguiese. Ella sin saber qué responder ante aquel gesto, no lo pensó dos veces y se aproximó raudamente a la zaga de aquella intrigante sombra. Primero recorrieron las escaleras, traspasaron pasillos y habitaciones, hasta que se encontraron en plena reunión familiar. Todos detuvieron lo que hacían, para atisbar a la beldad griega que se presentaba ante ellos.

Odette a sus diecisiete años era una joven espléndida, su belleza radicaba en un encanto connatural, pues físicamente se agazapaban en su rostro un cabello cobrizo que ante la luz de la luna, adquiría un matiz platino, una tez blanquecina y frágil como la seda, amalgamándose a sus labios de un rojo carmesí y ojos semejantes a perlas de aguamarina. Si bien los comensales no emitían palabra alguna, ella pudo captar en sus ojos no sólo sensaciones, sino que palabras. Una mirada dice más que mil palabras, pensó. Aunque ella sabía que estaba sucediendo algo más aquella noche, ya que parecía como si el tiempo se hubiese detenido especialmente para ella. Por otro lado, los invitados se movían parsimoniosamente, con movimientos sutiles de centésimas de segundos, mientras que ella podía deslizarse grácilmente, con mayor rapidez de la habitual. Aquello le permitió captar la atmósfera que generaba, podía analizar cada rostro y gesto a su antojo, comprender lo que iban a decir antes que éstos enunciaran palabra alguna y más aún, podía adelantarse a los hechos. Nunca se imaginó que aquella habilidad la salvaría en más de una oportunidad.

Pero aquel extraño suceso sólo se extendió unos minutos, que casi le provocan un desmayo. Se había excedido en el tiempo. Así sus ojos se cerraron y todo volvió a la normalidad, los invitados que comenzaban a mover sus brazos y palmas en movimientos que desembocaron en aplausos, pero Odette sabía que ella había ingresado a aquella escena hace varios minutos y que aquello no encajaba. Hizo como si nada hubiese pasado, pese a que se encontraba sumamente agotada por el esfuerzo que había llevado a cabo, pero saludó a cada uno de los presentes y luego regresó a su recámara. Allí descansó el tiempo que estimó necesario, mientras reflexionaba sobre lo sucedido y cómo había adquirido aquel extraño don, si es que puede llamarse así. Estando en plenas cavilaciones recordó el collar de su abuela, quien se lo regaló para su cumpleaños la semana anterior.

Aquel misterioso collar albergaba recónditos secretos, representaba un legado y tradición inmemorial, de la cual Odette no era consciente aún, sin embargo, sentía una fuerza que manaba de él, cuya energía la ceñía en todo su rededor, como un aura prístina que la purificaba y la envolvía en pensamientos acogedores e inquietantes, los que se fundían y divergían de uno u otro modo, que para su desconcierto, la conducían a otra vida, distinta a la suya. Era como si viviese su propia vida, pero a su vez la de otros seres, un alma en varios cuerpos, transmutando en diversos viajes, que iría descubriendo en el peregrinar de las estaciones de la vida.

Las sensaciones que se le presentaban eran de lo más inverosímil, ¿cómo era posible vivir como otros y en otros, sin dejar de ser uno mismo?, preguntas como aquellas la invadían desde lo más profundo de sus entrañas, sin saber qué hacer o reaccionar, si debía apartarse de aquel mundo desconocido, pero intrigante o aproximarse hasta donde pudiera. Esa primera semana estuvo inmersa en sus propios pensamientos, aún permanecía en la casa de sus abuelos, aunque no había visto nuevamente a la sombra portadora y guía de aquel demiúrgico suceso. De esta guisa, se decidió finalmente y prefirió el camino difícil, no se amedrentaría por unos trucos enigmáticos o sobrenaturales, quería llegar al fondo del misterio, aunque se le fuera la vida en ello.

La semana transcurría sin nuevos embates, todo se encontraba aparentemente normal, pero Odette sabía que en aquel silencioso hogar había un hálito misterioso que debía ser revelado, por ello comenzaría incursionando en aquella gran casona y experimentando con aquel don que había adquirido. Primero se dirigió a los cuartos más cercanos, sin que nadie la observase, revisó armarios, veladores, cofres. En aquella habitación sólo encontró libros añejos, algunos adminículos de uso común y monedas de tiempos pasados, incluso algunas del siglo XV, estampillas que seguramente almacenaba su abuelo y cartas cuyo sello postal eran de la década del sesenta. Ahora no encontraba pertinente leerlas, aunque pensaba dedicarle un tiempo a sus lecturas más adelante, por ahora se encontraba en plena búsqueda de algo de lo que ni ella misma tenía absoluta certeza.

Tras indagar en aquel primer cuarto, pasó al siguiente, en él habían variados cuadros, los que abarcaban estilos tan dispares como gótico, neoclásico y romántico, los que sin lugar a dudas correspondían a los gustos de su abuela. Su instrucción y conocimiento rudimentario del arte, le permitía al menos distinguir a qué épocas pertenecían, se quedó contemplando un momento uno de ellos. Era una obra de arte conocida, del maestro romántico Caspar David Friedrich, donde se reflejaba un hombre frente a un acantilado, cuya vista era dirigida hacia el mar, el que estaba embravecido, batiéndose contracorriente, mientras aquel hombre miraba a la deriva, contemplando las encrucijadas del abismo y de la vida, con su cabellera al viento.

 Estaba abstraída contemplando los cuadros cuando por la proyección de la luz de una lámpara, atisba una sombra. -¿De nuevo una sombra, qué me querrá señalar ahora si es que es la misma?- se cuestionaba confusa Odette. Se tornó de espaldas a los cuadros y miró de reojo a aquella sombra, por la apariencia y figura que dejaba entrever le resultaba familiar, no sabía de quién o qué exactamente, pero prontamente lo averiguaría. Ambas se cruzaron y emprendieron un nuevo camino, la sombra la condujo hasta una habitación obscura, que se encontraba hacia el ala opuesta de la casa, era el dormitorio de su abuela.

Aquel cuarto parecía ser la razón de tan insólitos sucesos, por ende, el misterio al fin le sería revelado. Sin embargo, ella no se imaginaba que éste recién estaba comenzando y que aún lo más inusual y escabroso distaba mucho por venir. Se aproximó a la puerta, de un color ocre desgastado y giró la manivela. Sintió que una poderosa energía se apoderaba de su ser, debió aferrarse bien para no caerse. -¿Qué está sucediendo?, ¿Qué es esta energía que jamás había sentido?, es como si hubiese un astro solar que irradia energía- Pensaba para sí Odette. Finalmente entró a la habitación y en su interior, efectivamente estaba su abuela, quien pronunció las siguientes palabras. –Te estaba esperando doncella de la luna.-

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El carácter dicotómico de Lady Macbeth.




En el presente trabajo, se pretende realizar un análisis comparativo entre las obras literarias Macbeth, cuya tragedia pertenece a Shakespeare y, Macbett, referente al teatro del absurdo de Ionesco, que es una parodia de la obra creada por el primer autor. Sin embargo, cabe destacar, que me centraré fundamentalmente en las características intrínsecas de las obras, más que en el contexto de producción, puesto que el presente, se aboca al establecimiento de una analogía entre el personaje “Lady Macbeth”/“Lady Macbett”, de quien referiré rasgos de índole psicológica, por ende también se hará alusión a sus pasiones y motivaciones, cuya incidencia en el desarrollo de las obras, es de suma relevancia, destacando ciertos atisbos de transgresión que se cometen en ella, en relación al orden natural de los hechos y, del mismo modo, las transgresiones de género que nos presenta este personaje.

En primer término, efectuaré un análisis de los parlamentos que Lady Macbeth, enuncia en la obra de Shakespeare, ya que de esta forma, iré elucubrando posibles interpretaciones, sobre esta mujer, contradictoria en relación a su género, cuyo carácter dicotómico posee rasgos femeninos y viriles; concepción que en una sociedad como la Isabelina, resultaba altamente controversial y, por consiguiente, nos permite establecer una interesante comprensión de su actuar.

En el mismo sentido, desde su primera intervención, comienza a darnos cuenta de su carácter, que sucede tras la posterior lectura de la carta enviada por su “amado” esposo Macbeth, quien le informa sobre las noticias de su nombramiento como thane de Cáwdor, cuyo vaticinio había sido anunciado por las hermanas fatídicas. –Eres Glamis, y Cáwdor, y serás cuanto te han prometido. Pero desconfío de tu naturaleza. Está demasiado cargada de la leche de la ternura humana para elegir el camino más corto. Te agradaría ser grande, pues no careces de ambición; pero te falta el instinto del mal que debe secundarla.[1] Aquí se apercibe sus recónditas intenciones, que comparte con su esposo, del cual desconfía de su valor para convertirse en Rey, por medio de sus propias acciones, es decir, a través del asesinato por sus propias manos, al Rey Duncan, ya que si bien Macbeth, pretende alcanzar el trono, sus intenciones, que están subyugadas a la ambición, hasta este momento, siguen siendo meras motivaciones, de las cuales aún no decide llevar a efecto el hecho que le permita ser el nuevo Rey de Escocia.

 Es por lo anterior, que Lady Macbeth continúa señalando lo siguiente: Lo que apeteces altamente, lo apeteces santamente. No quisieras hacer trampas en el juego; y, sin embargo, aceptarías una ganancia ilegítima. Quisieras, gran Glamis, poseer lo que te grita: “¡Así debes hacer para tenerme!”, y esto sientes más miedo de hacerlo que deseo de poderlo hacer. Ven aquí aprisa, que yo verteré mi coraje en tus oídos y barreré con el brío de mis palabras todos los obstáculos del círculo de oro con que parecen coronarte el destino y una ayuda sobrenatural.[2] Este fragmento, nos sugiere múltiples aspectos a analizar, siendo el primero de ellos la metáfora sobre la realización de trampas en el juego, donde si lo consideramos de este modo, se refiere al plano de la coronación como Rey, que vendría siendo una sucesión de artimañas, que son necesarias para poder triunfar en él, sobre todo si la “ganancia” o recompensa lo vale. No obstante,  se nos presenta a un Macbeth dubitativo, que está en la incertidumbre entre “el hacer” tal infracción y quebrantamiento del pacto de lealtad a su Rey y, al mismo tiempo, transgredir lo justo y correcto,  con “el deseo de poder hacerlo”, el cual es cuestionado con suma intensidad por Lady Macbeth, puesto que su esposo, sólo se atreve a anhelar cometer el delito y no perpetrarlo. De esta forma, ella manifiesta vehementemente (característica esencial de su carácter), que a través de sus palabras lo persuadirá y lo incentivará a la obtención del poder, incluso “vertiendo su coraje”, de lo cual se puede inferir, por un lado, que ella es quien tomará las riendas de la situación, que en efecto, en un principio será así, pero que a lo largo de la tragedia, se irá equiparando con el valor que adquiere  Macbeth, una vez que supera sus miedos.

En el extracto precedente,  podemos extrapolar otro rasgo de Lady Macbeth, que se desarrolla como motivo continúo en la obra, que es su transgresión, la cual se manifiesta de múltiples formas, por ejemplo, como característica particular a su carácter, vale decir, su “coraje”, “bríos”, que no concuerdan con la naturaleza femenina, sino que son más propias de los hombres. Situación que se clarifica aún más con el siguiente fragmento, pronunciado cuando es conocedora de la llegada de su esposo al castillo, acompañado del Rey Duncan y su séquito; ¡El cuervo mismo,  que anuncia con sus graznidos la entrada fatal de Duncan bajo mis almenas, enronquece! ¡Corred a mí, espíritus que servís a los pensamientos asesinos! ¡Despojadme aquí de mi sexo, y desde la coronilla a los pies, llenadme hasta los bordes de la más implacable crueldad! ¡Espesad mi sangre; cerrad en mí el acceso y paso a la piedad, para que ningunos escrupulosos ataques de naturaleza turben mi propósito feroz, ni se interpongan entre el deseo y el golpe! ¡Venid a mis senos maternales y cambiad mi leche en hiel, vosotros genios del crimen, de allí de donde ayudáis bajo invisibles sustancias a las maldades de la naturaleza! ¡Ven, horrenda noche, y envuélvete como una mortaja en la más espesa humareda del infierno! ¡Que mi agudo puñal no vea la herida que va a abrir, ni el cielo mire a través de la cobertura de la tinieblas, para gritar: “¡Basta, basta!”.[3] Como señalé, aquí se puede apreciar de una forma más gráfica las transgresiones de género que comete Lady Macbeth, hasta tal punto, de querer transformarse en “otra”, cuya metamorfosis ocurre, si bien no de manera física, su decisión y determinación, la conduce a un cambio psicológico, puesto que sus pensamientos se ven embargados de “pensamientos asesinos, crueles y feroces”, que de ninguna manera, pertenecen a la femineidad, pretendiendo, por el contrario, despojarse absolutamente de aquellos sentimientos mujeriles, como la “piedad” que pueden hacerla vacilar en sus impías acciones.

Pero la esencia del carácter de Lady Macbeth, no sólo se encuentra en las transgresiones, sino que también reside en sus artificios, como lo son el disimulo, las apariencias y, por ende, la adaptación a las circunstancias, donde puede revelar el lado amable y femenino de su carácter en el exterior, pero albergar acciones malintencionadas en las entrañas de su corazón. Lo cual le aconseja a Macbeth, para que así, sus planes culminen de un modo fructuoso y que logren su propósito. “Vuestro rostro, thane mío, es como un libro donde los hombres pueden leer extrañas cosas. Para engañar al mundo, pareced como el mundo. Llevad la bienvenida en vuestros ojos, en vuestra lengua, en vuestras manos; presentaos como una flor de inocencia; pero sed la serpiente que se esconde bajo esa flor. (…) No más que la mirada serena. La alteración de las facciones es siempre de temer. Lo restante dejadlo a mi cuidado”.[4] Es, por medio de esta treta que convencen y dejan satisfecho a Duncan, entregándose éste a la hospitalidad de sus aposentadores, sin mostrar atisbos de desconfianza, lo que denota el grado de eficacia en el empleo de estos recursos, de los que no sólo se sirvieron como medios para lograr un fin, que es el asesinato de Duncan, sino que, al mismo tiempo, será su salvación, pero que como veremos, será momentánea, ya que sentimientos de culpabilidad y el mismo trance que éstos evocan, inevitablemente los relatarán.

Por otro lado, llevará a cumplimiento lo que expresó en su primer monólogo, donde refería los métodos de los cuales haría uso, para incitar a Macbeth a consumar el asesinato, puesto que éste comenzaba nuevamente a dudar, porque no consideraba causa alguna, más que su propia ambición, para acabar con Duncan. Ante lo que Lady Macbeth le espeta: “¿Estaba ebria, entonces, la esperanza con que os ataviabais? ¿Se ha dormido después, y se despierta ahora para contemplar, tan verde y pálida, lo que supo mirar tan desembarazadamente? Desde este instante cuento por tal tu amor. ¿Tienes miedo de ser el mismo en ánimo y en obras que en deseos? ¿Quisieras poseer lo que estimas el ornamento de la vida, y vivir como un cobarde en tu propias estima, dejando el “No me atrevo” acompañar al “no quisiera”, como el pobre gato del cuento?[5] En este fragmento vuelve a hacer gala de sus artificios, que logran ser muy sutiles, los que constituyen parte de su carácter femenino, por ejemplo, el mecanismo de rechazo o juego de pasión, donde se vale del amor que siente Macbeth hacia ella, como motivación,  pero, al mismo tiempo, como dicotomía en su carácter,  emplea artificios de índole racional, atribuidas fundamentalmente a los hombres, es decir, el uso de preguntas retóricas, que manifiestan solapadamente su objetivo, además de apelar a recursos del lenguaje y agudeza en la alternancia de palabras, como es la transición de la frase “No me atrevo” al “No quisiera”.

En relación con lo mencionado con anterioridad en la argumentación, he apuntado como característica esencial del carácter de Lady Macbeth, la vehemencia, que si la entendemos dentro de la hipótesis de su carácter dicotómico, pertenecería al dominio de lo femenino, pero llevado al extremo, cuyo arrebato emocional, la conduce a comportarse de un modo alterado, con inclinación a la irritación y la impetuosidad, lo que se ve reflejado a continuación; “¿Qué bestia, entonces, os impulsó a revelarme este proyecto? Cuando os atrevíais a hacerlo, entonces erais un hombre; y más que hombre seriáis si a más os atrevieseis. Ni ocasión ni lugar se presentaban; y, sin embargo, uno y otro queríais crear. Son ellos mismos los que se crean, y ahora ésta su oportunidad os abate. He dado de mamar, y sé lo grato que es amar al tierno ser que me lacta… Bien: pues en el instante en que sonriese ante mi rostro, le hubiera arrancado el pezón de mi pecho de entre sus encías sin hueso, y estrellándole el cráneo, de haberlo jurado, como vos lo jurasteis así”.[6] Nítidamente, se nos presenta una imagen en la cual, de la precedente incitación de un modo con predominio de la racionalidad, pasó a una persuasión predominantemente irracional, las que por separado no hubiesen tenido el mismo efecto sobre Macbeth, sino que empleadas de una forma certera, consiguen hacer mella ante la incertidumbre de éste, para que finalmente cometa el asesinato. Hasta que para culminar, realiza su último artificio, cuando Macbeth se encuentra convencido casi de modo absoluto, tras preguntarse qué pasaría si fracasaran, por lo que Lady Macbeth, responde:” ¡Nosotros fracasar! ... Apretad solamente los tornillos de vuestro valor hasta su punto firme, y no fracasaremos (…)[7].

Una vez, comenzaron a desencadenarse los hechos, después que Macbeth dio muerte a Duncan y, que tanto él, como Lady Macbeth fueron coronados reyes, al primero, principiaron a atormentarlo sentimientos de culpa y arrepentimiento, por lo que Lady Macbeth esbozó su táctica infalible de persuasión, pero esta vez, para tranquilizar a su amado, que estaba casi al borde del delirio. “¿Qué hay, mi señor? ¿Por qué permanecéis solo, acompañándoos de los más tristes pensamientos y acosado por esas ideas que debieron morir en verdad con los que las engendraron? Las cosas que no tienen remedio, deben quedarse sin consideración. Lo hecho, hecho está.”[8] En este fragmento, se nos revela, una vez más, su habilidad para adaptarse a las circunstancias y manejar las situaciones a diestra y siniestra.

Conforme se desarrolla la tragedia,  se siguen sucediendo hechos a consecuencia de los continuos crímenes que ambos cometieron, donde Lady Macbeth, pretenderá  salvar las eventualidades, conservando la calma y manteniendo las apariencias, pero los acontecimientos se habían desbordado hasta tal punto, que Macbeth comenzaba a tener alucinaciones, de las que ya no había vuelta atrás. Pese a que se la aprecia usando sus ardides femeninos, como el disimulo, aun así, las cosas han alcanzado proporciones épicas, que ya no podrá seguir encubriendo. Ejemplo de ello, es lo ocurrido en la cena con los nobles invitados: “¡Sentaos, dignos amigos! Mi señor está a menudo así, y lo ha estado desde su juventud. Os lo ruego, conservad vuestros sitios. El trance es momentáneo; un instante y estará bien de nuevo. Si reparáis mucho en él, le ofenderéis y aumentaréis su mal. Comed, y no le miréis.-“.[9] Palabras, que sólo apaciguan por un instante el festín, puesto que Macbeth, estaba enajenado por el pavor, encontrándose completamente fuera de sí, por tanto, Lady Macbeth, no tuvo más alternativa que despachar a los invitados; “Os suplico que no le habléis. Va de mal en peor. Toda pregunta le exaspera. Por consiguiente, de una vez, ¡buenas noches! No os preocupéis del orden de vuestra partida, sino salid a un tiempo”.[10]

            Al final de la tragedia de Shakespeare, no sólo Macbeth estaba padeciendo las consecuencias de sus actos, sino que Lady Macbeth, también comenzaba a manifestar síntomas de delirio,  que desde una perspectiva de la psicología contemporánea, sería un cuadro maniático compulsivo, donde a través de su estado insomne, Lady Macbeth, revelaba los sufrimientos de su corazón o para ser más preciso, de su inconsciente, donde habita aquello que renegamos o reprimimos. Lo que se denota mientras hablaba dormida; “Todavía hay aquí una mancha (…), ¡Fuera maldita mancha! ¡Fuera digo! Una, dos; bien, llegó, pues, el instante de ponerlo por obra. ¡El infierno es sombrío! ¡Qué vergüenza! ¿Un soldado y tener miedo? ¿Qué importa que llegue a saberse, cuando nadie puede pedir cuentas a nuestro poder? Pero ¿quién hubiera imaginado que había de tener aquel viejo tanta sangre? (…), ¡El thane de Fife tenía una esposa! ¿Dónde está ahora? ¡Cómo!  ¿No he de poder ver limpias estas manos? ¡No más dueño mío; no más de esto; todo lo echáis a perder con esos sobresaltos! (…), siempre aquí el olor de la sangre. Todos los perfumes de la Arabia no purificarán esta pequeña mano mía. ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!”.[11] Llegados a este punto, Lady Macbeth, no soportaba más los nefastos sentimientos que la embargaban, no era capaz de enfrentar las atrocidades que habían cometido, aquellos sucesivos asesinatos, cuya motivación había sido la ascensión al trono, por lo cual, el único medio que encontró para poder huir de esa pesadilla, fue la inexorable muerte.
            Ya se ha hecho alusión a la caracterización del personaje Lady Macbeth, creado por Shakespeare, sin embargo, Ionesco nos propone otra versión, donde nos presenta a las brujas como unas impostoras, que habían maquinado un plan que afectará enormemente el curso de los acontecimientos, donde nos encontramos con una Lady Duncan encarcelada por estas hechiceras, transfigurándose, al mismo tiempo, una de estas brujas, en la reina, mientras que la segunda, se transformó en su criada, de este modo, la primera bruja, adquirió tal belleza y temple cuando se convirtió en Lady Duncan, que engatusó con encantos femeninos a Macbeth, convenciéndolo que debía tomar el poder, tal como lo hizo Lady Macbeth, en la tragedia de Shakespeare, lo que se aprecia en el siguiente parlamento: LD (a Macbett, tendiéndole el puñal:) No depende sino de ti que sea yo tu esclava. ¿Lo deseas? He aquí el instrumento de tu ambición y nuestro ascenso. (Con voz de sirena:) Tómalo, si lo deseas, si me deseas. Pero actúa resueltamente. Ayúdate, que el infierno te ayudará. Contémplate y repara en cómo el deseo trepa en tu interior y cómo la ambición escondida se revela y te inflama. Con este puñal matarás a Duncan. Tomarás su lugar junto a mí. Yo seré tu amante. Tú serás mi soberano. Una mancha de sangre indeleble marcará esta hoja para que recuerdes tu triunfo y te dé valor para la realización de otras empresas aún más grandes que llevaremos a cabo juntos, compartiendo la gloria. (Lo pone de pie).”[12] Pese a las diferencias sustanciales en el desarrollo de las obras, en este parlamento se percibe, cómo Lady Macbeth/ Lady Macbett, presentan características similares en cuanto a los mecanismos persuasivos, pero en el caso de la versión de Ionesco,  llevará al extremo los encantos femeninos, la seducción y la pasión, vinculando, palabras embelesadoras, con el atrevimiento, hasta cierto punto dadivoso, de su cuerpo.




[1] Williams Shakespeare, The tragedy of Macbeth; trad. Esp. Acto primero, escena V,  página 45.
[2] Ídem.                                                                                 
[3] Williams Shakespeare, The tragedy of Macbeth; trad. Esp. Acto primero, escena V,  página 49.

[4] Ídem.
[5] Williams Shakespeare, The tragedy of Macbeth; trad. Esp. Acto primero, escena VII,  página 55.
[6] Ídem.
[7] Ídem.                                                                                 
[8] Williams Shakespeare, The tragedy of Macbeth; trad. Esp. Acto tercero, escena II,  página 97.
[9] Williams Shakespeare, The tragedy of Macbeth; trad. Esp. Acto tercero, escena IV, página 107.
[10] Ídem.
[11] Williams Shakespeare, The tragedy of Macbeth; trad. Esp. Acto quinto, escena I, página 159.
[12] Eugéne Ionesco,  Macbett; trad. Esp. Luis Vaisman.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...