martes, 21 de diciembre de 2010

"Tus ojos son una virtud surrealista".


Así resurge de los arrebatos del amor el ojo, este gran contemplador de toda realidad que en el momento de despertar se posa sobre el que, momentos antes, cabalgaba hacia la muerte.

                                                                                    Sinceridad Aparente, Emil Ludwig.


Tus ojos son una virtud surrealista.

Virtud surrealista
Que ves lo que quieres ver
Aparentas confianza en lo que observas
Pero
Vilmente engañas a quien a través de ti contempla
Te abres al mundo como llave dorada
Resplandeces en un verde esmeralda
Y
Permaneces absorto en un rojo carmesí
Que olvida recuerdos y recuerda con el corazón
Atraviesas penetrando abismos y montañas
Con
Risas fugaces de una pupila palpitante
OH! Dime la verdad, infame portador de falsedades
Te increpo por tu inconstancia
Sin embargo
Sólo contigo percibí matices naturales
Arpegios sonoros que me sabían a honestos colores
Que abatieron este mundo con un solitario sólo de soledad
En la fugaz laguna temporal
Con
Dulces reminiscencias azules de tranquilidad.

lunes, 13 de diciembre de 2010

"Un aleteo de luciérnaga."

Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
Ese último chispazo de la hoguera del verano
Flotando en el silencio del bosque.
Miremos la luz de la luciérnaga:
A ella se ha reducido el mundo.
                                                                      
Domingo a domingo, Jorge Teillier. 
   

                
                 Un aleteo de luciérnaga.                   
        
El mundo es como un frágil aleteo de luciérnaga
Nos deleita mientras brilla, pero al apagarse nos deprime
Vivimos en un mundo enajenado, donde la esperanza se agota
De él sólo quedan las cenizas de apasionados fuegos de antaño
Ya no renace como el ave fénix, aquella utopía se ha transfigurado.

El fénix se ha transfigurado en un cuervo de melancólicos ojos
Que a ratos se transforma en un murciélago vampiresco
Que te devora hasta las entrañas si tú se le opones
Valiéndose de las arpías que cortan nuestros hilos de plata.

Nuestros cuerpos se desvanecen en una palidez exorbitante
Nuestros labios que disfrutaron los placeres mundanos
Se extinguen parsimoniosamente entre la niebla de un páramo desolado
OH! Pérfida ramera,
Deliras sentimientos de gozo tras ver los rostros de quienes te amaron.

Descargas tu fuerza brutal en el destino perecedero de la raza humana
Nos impugnas el pecado mortal
Señalándonos una y otra vez,
 En las sucesivas suciedades de nuestras sociedades
Que la llave maestra que conduce el mundo es el amor.

Nos hemos olvidado de ella,
Cuando creemos conseguirla, se deshace inefable en recuerdos e ilusiones
Al fin y al cabo
Nuestra última esperanza yace en el aleteo de una luciérnaga danzante
Que interpela a gritos a la luna, proclamándole su amor.


martes, 16 de noviembre de 2010

Palabras.


                            
                               A veces pienso en la fuerza de las palabras
                 Como Zarpazos desgarradores y aprisionadores
                          Esperanza para algunos, desesperanza para otros
                        Torbellino de ideas brillantes e injuriosas calumnias vulgares 
                      Sistema de signos y signos que no significan nada
Palabras       Ilustradas  y                             
A        F     R      A     N     C     E     S    A     D     A    S
L I B E R T A D       a     ratos coartada
Al       Libre albedrío ya no le creo nada
B    r   I   t a n i s m o s  Palabrotas y anglicismos
Ríe de La C O N G O J A Esa vil y siniestra ramera
A        I   S  L A T  E  de  la  Sabedora de infortunios y penosos dilemas
S   e    D   i   e  n t a         y      Aniquiladora de tu tiempo, mi tiempo, nuestro tiempo
          A            Z           A          R          O           S             A                 S
      y  Difamantes palabras           trAicioneras
                                                        Nostálgicas

                                                           Alegremente

                                                              Repudiadas
                                                                Que                       
                                                                   Ultrajan                  
                                                                     Ilusiones       
                                                                       S E  N T  I M I E N T O S
                                                                         Momentos
                                    Opacadoras de felices recuerdos.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Enamorado de la vida.


Escucho la voz de la naturaleza
Presiento la danza del tiempo y la vida
Mis ojos se abren ante la inmensidad del mundo
Y
Admirando el río de las muchedumbres que circulan torrencialmente
Consumiéndose mi tacto en el relieve de la tierra húmeda y el sol caliente
Mis sentidos se empalagan en un sueño mudo de néctares
Ahora
Mis sueños son tuyos, los tuyos míos y así nos sumergimos en ensoñaciones nuestras
Mi boca se acerca a la comicidad de tus labios
Mi vida convertida en tragedia se tornó en el crepúsculo del pasado
Que
Mi olfato satisface en aromas florales
Contemplando la belleza de tus ojos en una magistral comedia
Yaciendo mi cuerpo en cromática acuarela
Soy
Un peregrino que va abriendo caminos
Viviendo una sinfonía de acordes mayores
Convirtiendo los embates en momentos atemporales
Libre
De las ligaduras sociales y las amarras infernales
Vivo el deseo y el deseo se convierte en anhelo
El anhelo en un apasionado beso que pronuncia un hermoso
Te Quiero.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Desilusión.




   Padezco tormentos lluviosos en mi interior
Me siento herido y apuñalado como gélida estocada directa al corazón
Quisiera olvidar aquellos momentos de silencio sepulcral
Anhelo revivir tu acariciante voz
Y
Quiero amarte nuevamente tal azor a su rosa bermellón
No sé cómo serte fiel pese a tu vil traición
Has causado estragos en mis sentidos
Me has arrebatado la vida en angustias taciturnas
Mi cuerpo aún conserva las huellas de tu tacto
  Sin embargo
Aquel candente fuego odioso que es el rencor
Apaga mis latidos, aniquila mi tiempo y ultraja mi vida
Ahora sólo transcurren las horas ante la espera que desespera
Desfalleciendo así tras cada segundo de tu ausencia
Mi apasionada razón de ser que es el amor
Pero
Aunque quisiera desterrarte de mis pensamientos
Aunque pudiese vivir un siglo de pasión
Aunque me fuese a Francia a vivir el fin amour
Aunque navegase en las barcazas de Venecia
No podría olvidar aquella atormentadora y angustiante desilusión.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Amor de ángeles.


Ella siempre se había preguntado si las almas que han transitado por nuestras vidas y han sido capaces de vivir el verdadero amor, aún lo siguen sintiendo en la vida ultraterrena. Sin embargo, jamás se imaginó que aquella tarde apacible en el jardín de su casa, rodeada por árboles de frondosos ramajes y de rebosantes rosas rojizas iba a ser testigo de un fenómeno aparentemente paranormal, que escapaba a la lógica humana, pero que había constituido parte de cada momento de su silenciosa y nostálgica vida.

Amelia como de costumbre, se asomó a la balaustrada del corredor central de su casa, cuya vista dejaba entrever los nidos de las aves en las altas copas de los árboles, las piletas repletas de pétalos de gardenias en el transcurrir de las diáfanas aguas que caían como cascadas a los pies de un hermoso estanque, colmado de peces de los más variados y fascinantes colores, azul nocturno, verde esmeralda, rojo carmesí, amarillo crepúsculo, naranjo soleado y plata natural, los que acompañaban día a día su lectura habitual. Tras terminar el libro de aquel día, se dirigió primero a observar y escuchar los melosos sonidos de las aves canoras que la soliviantaban a otros lugares y mundos, era una sinfónica melodía que hacía acompasar sus emociones a aquel canto magistral. Luego caminaba a paso lento, atravesando a campo traviesa la floresta que la rodeaba, acariciaba los apasionados pétalos de rosas y como solía hacer, cogía una y la deshojaba esparciendo sus pétalos por el camino que iba recorriendo, para posteriormente conservar sólo uno y ponerlo en el capítulo del libro que más la había cautivado.

Siguió avanzando camino a un columpio blanco como la nieve, que descendía de un vetusto y colosal roble, cuando estaba próxima a él se acercó sigilosa y cuidadosamente, hasta tal punto que sus pisadas sólo demarcaban tenuemente un surco sobre las hojas otoñales, que crujían en sordina. Lo asió con sus suaves y delicadas manos, tras ello se sentó y comenzó a balancearse en sincronía con el susurro del viento. A medida que se balanceaba, su mente se remontaba a recuerdos lejanos, tiempos más felices y alegres, donde ella sonreía y agradecía por la gracia de vivir, no obstante, ahora eran sólo vanos recuerdos, que una vez fueron, pero nunca más serán, ni llegarán a ser.

Pese al tiempo que había transcurrido, aún no lograba mitigar el dolor que sentía, una muerte es uno de los procesos naturales más difíciles de enfrentar, Lucas había marcado un antes y un después en su vida. Cuando Amelia supo lo de aquella enfermedad fue como si el mundo se le hubiese derrumbado desde sus cimientos, más aún tras saber que no había vuelta atrás y que no se podía remediar, que sólo el tiempo decidiría. Así en una noche de plenilunio, Lucas se abandonó a sí mismo, a su familia, amigos y ante todo, dejaba postrada a su fiel amada Amelia, su cuerpo terrenal quedó reducido a cenizas y su alma nunca descansó en paz, vagaba de un lugar a otro en busca de aquella mujer a la que tanto amor entregó, deseaba despedirse de ella, pero nunca lo logró.

            Aquella tarde otoñal se habían cumplido diez años de su muerte y Amelia aún lo esperaba, todavía anhelaba poder decirle un último adiós. Pues se balanceaba a compás con el viento y sus pensamientos, pero al instante después la envolvió una grácil brisa que mecía sus cabellos, que rozaba sus brazos y mejillas. Si bien al principio le parecía que todo marchaba naturalmente, tras breves segundos sintió una fuerza distinta, que abrazaba cálidamente su cintura. No le cupo duda, era su amado Lucas, a quien tanto tiempo esperó.
-Has tardado mucho tiempo, pensé que este día nunca llegaría.- Pronunciaba Amelia con su voz suave como el azahar.

-Venía a despedirme amor, te he buscado a lo largo de todos estos años, no me podía ir sin escuchar tu voz por última vez, sin que nos hubiésemos dicho adiós.-

-Lucas, te amo, llévame contigo, nunca me repondré de lo que nos pasó.- Una lágrima surcaba a través de los ojos de Amelia.

-Te estaré esperando amor, no sabes cuánto quisiera que esto no hubiese pasado, sin embargo, el destino nos la ganó, pero quiero que sepas que cada día que te levantes por las mañanas y escuches el canto de aquellas magníficas aves, ahí encontrarás los vestigios de mi voz, que cada vez que veas transcurrir el agua de la fuente, mi reflejo te acompañará y cada vez que cojas una rosa, mi amor y pasión junto a tu lado estará. Siempre tuyo, adiós.-


Pd: Dedicado a mi gran amiga Karen, por los años que nos hemos conocido y por las difíciles situaciones y sensaciones que ha tenido que experimentar en su corta edad. Con mucho cariño, cuya promesa estaba en deuda. Respecto a los personajes; Amelia (Karen) y Lucas (Patricio). 

sábado, 30 de octubre de 2010

Esbozo de una interpretación mundana y de la sociedad.


El mundo transita como almas desoladas a la espera del juicio final, no saben qué esperar, desconocen sus próximos pasos, permanecen en la incertidumbre constante de aquellos que han perdido el rumbo de sus vidas, compran y consumen hedonistamente, corren automatizados de un lado hacia otro, prorrumpen atronadoramente en las vidas de aquellos que la televisión ha mediatizado, aparecen nuevos términos modernos y capitalistas, pero ¿dónde ha quedado el esplendor y el afán del progreso? Vilmente fracasaron las ilusiones positivistas.

Vivimos en una aldea global y esto suena paradójico, pues se confunden los cimientos y principios de un grupo humano cuyas raíces culturales que debiesen generar cohesión social es precisamente lo que nos desune, hemos perdido la noción y el conocimiento de nuestras tradiciones, aunque quizás éstas jamás han existido, ya que depende de qué entendamos por tradición, ¿puesto de qué sirve conocer nuestro legado cultural si no lo transmitimos, si no lo vivenciamos día a día? Justamente este término alude a la transmisión no sólo de conocimientos, sino también de relatos, historias, vidas de otros y nos/otros, los que nos ayudan a comprender cómo hemos evolucionado, cómo ha cambiado nuestra sociedad, nuestros pareceres y la esencia de cada individuo que la ha constituido.

Si bien vivimos en una sociedad que como todo grupo humano se adapta y sufre metamorfosis continuas, es preciso adentrarnos en el corazón de ella para comprender cómo funciona. Quizás aquello al principio radicaría en un análisis sociológico, sin embargo, en toda relación y más aún, cuando éstas son interpersonales, subyace la estructura mental de cada sujeto, lo que devendría en una perspectiva relativa al orden psicológico, no obstante, si bien el ser humano es hasta ciertos puntos capaz de ser sometido a patrones de conducta, vale decir, concluir rasgos comunes y supraindividuales basados en la confluencia  de comportamientos relativos a más de un individuo y que a su vez se presente en éstos como similitud característica, éste no es del todo determinable y es aquí donde se concuerda con una de los caracteres básicos y fundamentales del ser humano, en que éste es heteróclito. Cuando empleo aquella definición, concuerdo con uno de los postulados más representativos de F. de Saussure, aquel padre de la lingüística moderna, quien definió que el lenguaje es heteróclito y multiforme y, por consiguiente, no puede manifestarse como objeto de estudio de la lingüística, por ello al establecer una analogía, se podría concluir que el ser humano es un animal de lenguaje, ello me conlleva a pensar en el gran biólogo Humberto Maturana, quien formuló que el desarrollo del linaje homínido se vio favorecido por la presencia de dos rasgos trascendentales, que él denomina como lenguajear y emocionar, es decir, el acto de estar en los hechos del lenguaje y de las emociones, respectivamente.

Por otra parte, especificaré cómo prosigo la secuencia que me conduce a establecer la analogía de lo propugnado por Saussure respecto al lenguaje y cómo a partir de éste se puede lograr una mayor comprensión de la sociedad. En primera instancia como también mencionó Saussure en su tiempo, “el punto de vista define al objeto”, justamente al plantearnos y replantearnos que el ser humano es un ente heteróclito, se asume desde esta óptica, que éste no puede ser estudiado y comprendido a cabalidad debido a su irregularidad de comportamiento, la que varía de un lapsus a otro, de un segundo o centésimas de éste a otras.

 Lo precedente se comprueba a través de la influencia que ejercen las emociones y cómo éstas nos hacen adoptar determinados modos de conducta, que nos pueden cambiar la vida en un instante, ocasionando consecuencias positivas o negativas, lo que como se sabe depende de las circunstancias y de la percepción del receptor, ello coincide con el desarrollo y evolución humana según la visión de Maturana. Pero a su vez, permite concluir que el ser humano no puede analizarse simple y llanamente, ya que aquello posiblemente determinado como patrón corresponde a una ideología particular, a un canon y perspectiva histórica e individual, confluyendo múltiples factores, que finalmente desembocan en arbitrariedades o subjetividades.

Finalmente se concluye que analizar al ser humano en base a sus modelos de conducta es utópico, ya que la esencia de lo humano radica en lo heteróclito y multiforme, de allí que el lenguaje sea aquel rasgo distintivo de la especie. Por otro lado, más allá de los rasgos comunes o patrones entre los diversos individuos pertenecientes a cada sociedad, éstos tampoco pueden funcionar como objetos de estudio, puesto que lo que se determina como patrón, es una mera coincidencia social, ideológica, política, genética, cultural y así una infinidad de rasgos más, que coinciden a raíz de un modelo compartido e incluso se podría hablar de un paradigma a seguir.

viernes, 15 de octubre de 2010

Enamorada en la temporalidad natural de tu recuerdo.


Como una tarde de brisas otoñales, así declinaba aquel crepuscular día, cientos de recuerdos revoloteaban en mi mente como cándidas mariposas en la frugalidad de la naturaleza, me sentía envolver por los cálidos brazos del viento y sus susurros me rozaban mis cabellos, esparciéndolos arremolinadamente por los confines de aquel silencioso lugar. Estaba sola, sin embargo, aún guardaba en las caricias de mi corazón la figura de aquel hombre alto, robusto, cuyos ojos eran una invitación al regocijo y el placer, encandilándote por sus vívidos colores encantadoramente verdosos y abriéndote las puertas del paraíso como dos ángeles renacentistas tal cual si fuesen adonis a la espera de la llegada de su amada.  

Inmortalizadas estaban en cada pétalo de mi cuerpo sus manos frescas y suaves, amalgamándose a la textura de mi piel como si fuese una pintura impresionista, penetrando cautelosamente hasta encontrar en la encrucijada de mis labios un suspiro agónico, estertóreo, deliciosamente sonoro. Anhelaba su presencia parsimoniosa y cálido vigor, no obstante, se hallaba lejos y en aquel entonces habíamos decidido nuestra separación por la efímera eternidad del tiempo. Lo amaba, lo amo y siempre lo amaré, pero él desaparecía de mi vida tal cual llegó, como un ave canora sutilmente tronadora. Siempre me preguntaba cómo aquel hombre fornido cuya voz grave hacía retumbar la tierra podía albergar aquellos sentimientos tan apasionados, pero a su vez capaces de traspasar cielo, mar y tierra, recorriendo cada manantial, desierto y selva buscando hasta el delirio un amor natural, enajenado de los placeres mundanos y que aquella elegida pudiese compartir sus sentimientos libremente sin las trabas de una sociedad aprisionadora y obstructora de la verdadera belleza de la vida, aquella que sólo ha sido conocida por aquellos que se han atrevido a embarcarse por caminos inusitados y desconocidos, sin temor a lo que allí encuentren, mas con la sola ansia de llevar a cabo tan desaforado y libertario amor.

Pero mi corazón no se atrevió a compartir la vida con aquel hombre, capaz de entregar todo de sí por la felicidad de su amada y la suya, él me amaba incluso con la intensidad de un amor verdadero, pero inconsistente para mí. Él amaba la belleza de la vida, entendía el romance como el idilio de un placer e incluso amaba al amor, en suma era un filósofo, no obstante, no me sentía preparada para vivir un amor así, él a través de sus viajes y libros había encontrado la razón y el principio de un amor único e irrepetible, demasiado perfecto para mí. Necesité un minuto para respirar profundamente, empalagarme de los perfumados aromas de la vida, para negarme a su proposición de comenzar una nueva vida juntos.

Aún hoy tras una nostálgica década de nuestra separación, me siento sometida ante el cautiverio de la memoria, sé que nunca más lo volveré a ver, sin embargo, aquellas horas continuas y solitarias que paso observando las diáfanas oscilaciones del mar durante días repletos de acongojante añoranza y las marejadas noctámbulas que perfilan el claroscuro atardecer me brindan esperanzas de una juventud perdida, ya que en cualquier lugar que él se encuentre tal cual la promesa que hicimos, él está pensando en mí, mientras yo vuelvo a las oraciones habituales del monasterio, cuya vista al mar me atrae nuevamente sus recuerdos.

viernes, 24 de septiembre de 2010

"Amor antediluviano"


Aquella primera vez nos marcó hondamente
Tus caricias me remontaron a épocas pretéritas
Nos amamos como nunca nadie se ha amado
Probamos una y mil veces el fruto prohibido
Desafiando las tempestades y huracanes apocalípticos.

Recorrimos innumerables montañas y volcanes
Consumiéndonos en las ardientes llamas de la pasión
Llenamos los vacíos del tiempo con nuestro armónico tacto
Nos unimos en los templados jardines del edén
Purificamos nuestro deseo en un clamor extasiado
Arrumándonos al silencio y su cálido halo.

Nos besamos bajo las arcaicas estrellas del universo
Amanecíamos a la espera del frío rocío del alba
Desembocando en
Amor entre ríos
Amándote desde antes
Consumiéndonos en amoríos como amantes
Rodeados de sonoras y gélidas gotas invernales
De un amor que ha sobrevivido diluvios universales.





domingo, 5 de septiembre de 2010

"Una tarde santiaguina".



Las arboledas se arrimaban a los transeúntes que circulaban por aquella plaza citadina rodeada de sonoros y retumbantes gritos de niños, parejas reconociendo los vestigios primaverales en las sutiles caricias del amor, flores mustias que caían desvanecidas dando paso a los retoños primorosos de rosas y laureles, que le brindaban un aire ameno y acogedor a aquel parque aislado de los estridentes bocinazos de microbuses, peatones corriendo alterados que conchasumadreaban al primer sujeto que se les cruzara en el camino, bastando sólo ver las calles repletas de personas airadas,  cuyo transitar monótono a sus jornadas de trabajo les demarcaba tenuemente sus rostros con un estrés incontenible para percatarse que estaban en Santiago.

Sin embargo, por insólito que parezca, ahí estaba ella, Alicia leía al compás claroarmónico de un enjambre danzante de abejas y una balada romántica entonada por aves canoras que entretejían sus nidos en las ramas rebosantes de verde bermellón de los árboles de aquella plaza tan peculiarmente hogareña para niños, jóvenes, ancianos, mujeres y hombres de todas las edades, que se reconciliaban con un ambiente natural que los remontaba a tradiciones ancestrales y los cautivaba en una belleza inusual. Leía como era su costumbre mientras bebía un capuchino o mocachino, según la temática del libro y estado anímico en que se encontrara, acompañándolos con fresas para las novelas románticas, con limón para sentir lo amargo de las tragedias y azúcar para endulzar la tarde leyendo cómicas e ingenuas historietas. Así era ella, libre como el viento, delicada como copa de cristal y alegre como no ha habido mujer igual.

-Lo siento, te amé, pero no podré amarte por siempre.-  Tras leer el último verso de aquel segundo capítulo de una novela romántica, decidió cerrarlo, no le agradaba el curso que tomaba la historia, así que decidió pasarse por la librería más cercana a comprar otro libro, cuya temática no fuese precisamente el desamor. Se puso en pie, miraba y contemplaba todo en su derredor, la alegría que irradiaban aquellas personas y a aquellos niños que pasaban por su lado, regalándoles una sonrisa que siempre le era correspondida. Apenas salió del parque, miró distraída a una pareja de jóvenes que mostraban a desparpajo su amor, en ello cruzó la calle, sin fijarse que por la esquina contraria venía un susuki último modelo a toda velocidad, que tan sólo en dos segundos le arrebató la vida. Murió sin saber cómo, cuándo y por qué, ahí quedó tendido su cuerpo con su sangre escarlata coloreando su vestido floreado.

De un momento para otro se vio envuelta en una plaza desolada, triste y agónica, habían niños llorando y pataleando contra sus madres, ancianos decrépitos pidiendo limosna, parejas discutiendo a voz en grito, reprochándose cada momento que habían vivido juntos y todo cuánto habían sufrido el uno junto al otro. El semblante de Alicia era el de una persona atónita, no sabía qué les había pasado a las personas que antes se encontraban en aquella plaza, sin duda alguna eran las mismas, pero sus actitudes eran absolutamente distintas. Ella antes de cruzar la calle decidió devolverse y acercarse nuevamente a aquellas personas y sonreírles como lo había hecho antes, primero se le cruzó un niño rabioso, ella intentó consolarlo, pero la madre la apartó de él dándole un tirón en sus brazo derecho, rasgando un borde de su vestido floreado, ella se hubiese irritado, pero no quiso pronunciar palabra alguna, sólo se apartó hacia donde estaban aquellos ancianos pidiendo sólo unas monedas y ella con mucho gusto quería darle algunas que llevaba, sacó su monedero, pero un ciclista que pasaba, se lo arrebató de un golpe, cayendo Alicia al suelo. Nadie hizo nada, aquel hombrezuelo siguió impávido en su bicicleta y nadie se dio cuenta de que habían asaltado a una mujer.

Ella se puso en pie, pensó mil veces el por qué de tales situaciones, por qué la gente estaba actuando de ese modo tan desenfrenado y alocado, pero en vez de enfurecerse, pensó en qué llevó a aquellas personas a actuar así, ingenuamente Alicia pensaba que aquel tipo que la había tumbado en el suelo tenía una apremiante necesidad y que aquel niño no tenía padre, por ello la madre actuaba de ese modo tan defensivo y prepotente. Tras reponerse de la caída, tomó su libro pero se percató que éste sólo tenía hojas en blanco, por más que buscaba no encontraba escrita ninguna palabra, aquello le llamó mucho la atención, no se explicaba cómo había sucedido, por mucho que supiese que había determinada tinta que sólo aparecía con el agua o por cambios bruscos de temperatura, así que decidió dirigirse a la librería del frente, tal cual había pensado hacerlo después de leer aquellas desoladoras líneas y cuando ya se alejaba del parque se topó con un carabinero que hacía de guardián de la seguridad, pero sólo lo había visto de espaldas, así que se aproximó a él, le tomó el hombro para relatarle que la habían asaltado y así darle la descripción del sujeto. En ese instante el carabinero se volteó y Alicia aterrada salió corriendo, era un hombre sin piel, su rostro era una calavera, allí no le cupieron dudas a Alicia, estaba muerta.

Corrió por calles y callejones, no sabía dónde ir, si estaba muerta se encontraría seguramente en el infierno, ya que sólo ello explicaría aquel modo tan absurdo de comportamiento de las personas que se había topado no sólo en la plaza, sino en aquellos atochamientos infinitos de vehículos que contaminaban hasta tal punto el ambiente que le costaba respirar, no obstante, siguió corriendo, chocaba una y otra vez con multitudes de personas que venían de compras, bolsas atiborradas de artículos innecesarios, en los opacos edificios atisbaba pantallas gigantes que transmitían anuncios publicitarios que incitaban a comprar y que quedaban arraigados en el inconsciente colectivo. Ella no quería más, prefería morir de nuevo si era necesario, sin embargo, se preguntaba si después de la muerte se podría volver a morir, así que decidió intentarlo.

No sabía qué muerte buscar y cómo hacerlo, jamás se lo había preguntado, así que hizo lo que le pareció más fácil, lanzarse a la autopista, pero ella no sabía que había dado vueltas en círculo y se encontraba en la misma plaza de donde se había alejado, cruzó a toda velocidad y un susuki plateado le arrebató un último suspiro. Alicia suspiraba, dormía tranquilamente cuando despertó, tenía un libro abierto en sus manos, aquella línea que leyó decía: -Lo siento, te amé, pero no podré amarte por siempre.-

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Para amarte por siempre.



Como cauces de ríos sempiternos juntemos nuestros cuerpos
Que nuestro amor traspase montañas y barrancos
Desembocando en vertientes de agua pura y cristalina
Amándonos a la vera de un hermoso rosedal
Plegándonos al compás del río y su caudal.

Fundamos nuestro amor a fuego lento
Vibremos al compás de una dulce melodía
Atrapemos el tiempo en una sinfonía
Nazcamos renovados de dicha y gozo
Como viento sutil y sonoro.

Recorramos a raudales las arboledas
Caminemos por los valles y llanos
Reencontrémonos una y mil veces frente a un
Páramoagreste
Páramoacariciante
Páramofrío
ramocálido
Para amarte por siempre.


domingo, 29 de agosto de 2010

Apocalipsis de la sinrazón.


Un saludo tuyo despierta sentimientos claroarmónicos
Un gesto de aprobación hace palpitar mi corazón
Una sonrisa inocente irrumpe alborozando mis sentidos
Me basta un gesto alegre para alcanzar el éxtasis del amor.

Una mirada displicente me atormenta
Un gesto de rechazo me abate, me sumerge en la desolación
Verte triste me hace desfallecer en el umbral de las penumbras
 Como lirios marchitos en las sepulcrales horas del inviernotoñal
Nuestros recuerdos se acompasan al tiempo una vez más.
                                                                                           
Una hora sin ti me angustia en un mar frío y gélido
Un día sin escuchar las caricias de tu voz  
Se torna en un valle de lágrimas atormentante y borrascoso
Una vida sin tu amor es la eternidad de la muerte
Una eternidad sin verte es el Apocalipsis de la sinrazón.

sábado, 14 de agosto de 2010

"La mujer de los mil rostros".


¿Natalia hija de Diego? Era la primera vez que nos encontrábamos y aquella pregunta aparentemente cotidiana cuando dos personas se conocen, es decir, preguntar por sus nombres, se convirtió en el primer recoveco de reconocimiento al cual nos condujo nuestra conversación que fluía de un modo natural como si fuésemos amigos desde épocas inmemoriales, como si enigmáticamente nuestras vidas hubiesen confluido en el pasado, ¿quizás en un período tan remotamente lejano, pero a su vez inmediatamente cercano?  No era improbable que nos hubiésemos conocido en la edad media, en efecto, Díaz era un apelativo usual en aquel período y que simbólicamente representaba al ascendiente de aquella familia, que en efecto se llamaba Diego. Ella creía en las reencarnaciones y que nuestros nombres nos marcaban de por vida, sin embargo, ante ello ¿incluso se podría suponer que nuestros nombres trascendían más allá de la vida terrenal y la muerte? No lo sabía, no obstante, estaba dispuesto a descubrirlo.
                                              
Aquella empresa que me había impuesto me daba valor para descifrar aquel misterio, que me condujo a rememorar que la gente por sentido común supone que nuestros nombres adquieren un carácter particular, que inclusive se torna peculiar, a veces convirtiéndose simplemente en la manifiesta reiteración de una tradición familiar o más bien en la singularísima representación de algún acontecimiento importante, como por ejemplo que nuestro nacimiento hubiese sido en pleno eclipse lunar, lo que conllevaría no en pocos casos a que ciertas mujeres se llamasen Luna o incluso algún romántico contemporáneo que aún presentara vestigios del siglo XVIII decidiera a raíz de un acto de ternura llamar a su hija Rosa, Gardenia, Margarita, Miraflor, Violeta y así una sucesión de la flora natural y bella que sólo aquellos seres sensibles son capaces de captar a través de la visión que va más allá de sus ojos. 

Cual fuese la razón de nuestros nombres o apellidos, éstos tendrían algún motivo de existencia, por consiguiente el de aquella chica que estaba conociendo estaría relacionado probablemente a una tradición familiar, que convergía sonora y armónicamente a medida que nos conocíamos a caracterizar lo que había sido su personalidad y vida. Pero al contrario de lo que hubiese pensado, en ella no sólo se percibía una personalidad heroica y avasalladora, era una mujer que enmarcaba cualidades diversas, mujer de múltiples facetas y cualidades innatas, hacía las veces de poetiza y musa inspiradora, ambos papeles que podía representar cuando se la contemplaba bajo la sombra menguante de la arboleda que nos rodeaba en aquel parque en el cual nos encontrábamos.

Así ella sin saberlo conducía nuestra conversación por cauces inspiradores y reveladores que dejaban entrever resquicios de su vida intrigante y apasionada, cuyo corazón era un baluarte que sólo unos pocos se habían ganado, que vivía cada momento al máximo, gozando a plenitud cada instante, entregándose a la acariciante pasión de la vida que coexistía en ella como un carpe diem incesante, poseía un perfil sutilmente griego, una nobleza marcadamente medieval, un carácter revolucionariamente romántico y un afán rupturista emergentemente contemporáneo.

Así fue como la conocí en aquel noctámbulo atardecer, abrió su corazón sin temor a daño alguno, comentamos historias y bebimos vodka hasta caer la noche, me mostró a ratos la cómica política y a otros la trágica filosofía de la vida. Hablamos de la vidamuerta del amorlocura de la locamuda y la fielternura, jugamos a crear cadáveres exquisitos a un son y matiz surrealista, viajamos en ensueños y nos sumergimos finalmente en la profundidad del sueño, nos entregamos a ellos como la única razón de ser de dos personas enamoradas de la vida, pero desengañados de lo tragicómico de aquellos que se dicen llamar seres humanos, pero que no saben vivirla.


Pd: Dedicado a una gran amiga, que hace de aquellos momentos cotidianos de la vida una ocasión especial, que siempre da luces de nuevas e inspiradoras ideas,  a  mi amiga y poeta Natalia Díaz, como una muestra de mi cariño y reconocimiento.

sábado, 10 de julio de 2010

Acordes de amor. (Caligrama en llave de sol).

                                                                         Un acorde


                                                             De                          juguetonas

                                                     Amor                                corcheas

                                                       en                                        y

                                                     llave                                traviesas

                                                       de                             redondas

                                                         sol                        como

                                                              nos              

                                                                    unió

                                                                           Interludios melosos

                                                                     CadeNcias amorosas

                                               En los crescendos del Tiempo

                                   y en los abismos del silencio      Extrañesas especiales

                            Como Almas inseparables                  aRpegios melódicos

                     Enigmáticamente semejantes                    sensibiLdades encontradas

                             Corazón de ámbar                                      ilUsiones armónicas

                                     de candores sonoros                               D

                                          batamos  el   compás  con    matices apasIonados

                                                                        S                                    O


                                                            O                   O                             S


                                                       I                    S                                I

                                                                 C                                    L


                                                                             N               E

martes, 11 de mayo de 2010

"Enajenación".

Amarga soledad que atrapas y oprimes el corazón

Sentimientos trágicos de una voz interior

Honda profundidad del ser y ser hondo de son profundo

Llamarada que abrasa el delirio de mi cuerpo

Candela fugaz que culmina en el hálito del tiempo

Aparta de mí tus pétreos hilos de plata



Sonidos estertóreos que agotan mi vida enajenada

Agonizante musicalidad que en mí habitas

Extínguete OH! Asfixiante tortuosa ponzoña

Agobiante pesadumbre de horas interminables

Por ti vierto lágrimas de un sopor inconmensurable



Desvanécete como palabras al viento

Líbrame de este martirio abyecto

Olvídame y recuérdame con lúgubres letanías

Rodéame, abrázame, aléjame, sepárame

Ruines sensaciones de un suspiro obnubilante





jueves, 18 de marzo de 2010

La Odisea de Penélope.


          

           Aquella mañana, la aurora, de rosados dedos, resplandecía refulgente ante el comienzo del que sería el más recordado y anhelado de los días que vendrían, para la joven Penélope. Era una mujer, cuya belleza sólo era equiparable a la hermosísima Diana y cuyos encantos, se asemejaban a la seductora y sensual Venus, sin embargo, se encontraba sumida en una tristeza, de la cual por más que luchase incansablemente contra ella, siempre culminaba abatida por la resignación y el desconsuelo.

            Penélope, llevaba una vida, que no pocos deseaban alcanzar. Su encanto y belleza natural, atraían de sobremanera a todos quienes la vieran por vez primera. Su piel nívea, sutilmente marmórea, sus brillantes ojos, tal cual la diosa Minerva, su cabello uncido en un matiz azabache y sus labios de un rojo carmesí, arrancaban más de un suspiro al contemplar su andar altivo, cuya vitalidad y jovialidad, habían provocado muchos desamores y corazones rotos, que prontamente cupido, se dignaba a remediar.

            No obstante, pese a tener una belleza sin igual y talentos que por doquier, harían feliz a quien los poseyese, Penélope, se hundía en el hálito de congoja y desánimo, que en el último tiempo la embargaban, sin darle tregua. En aquel entonces, se había entregado en cuerpo y alma a su profesión, donde la monotonía de la rutina y el agobiante trabajo, le permitían huir de sus emociones más recónditas, aquéllas que ni ella misma conocía.

 Sus amigos y conocidos cercanos, la admiraban por su audacia e inteligencia, las cuales, la habían hecho triunfar en su empresa, donde se había convertido en una exitosa empresaria, cuyos méritos, nadie podía negar. No obstante, nadie conocía su sufrimiento, porque era ávida y aguda en el arte del disimulo, donde jamás su semblante dio muestras de aflicción, mas por el contrario, todos la creían feliz y dichosa con la vida que llevaba. Pero esa mañana, se encontraba sola en su apartamento, ubicado en pleno centro de aquella ciudad tumultuosa y agitada en la cual vivía, único espacio, donde podía ser quien era, frágil y delicada como una gota de lluvia en la inmensidad del mar.

Tras reponerse de los primeros rayos de sol, dio rienda suelta a sus emociones, se dejó conducir por éstas, sin saber el rumbo que tomarían, hasta que se vio envuelta en un manto de lágrimas y sollozos, que clamaban por amor. Ella sabía, que existía en alguna parte del mundo, alguien que la comprendiese y que estuviese dispuesto amarla de verdad, tenía la certeza, de que más allá de aquel ilusorio y materialista amor, que le ofrecían sus pretendientes, los cuales, sólo se dignaban a alhajarla con accesorios y joyas finamente ornamentados, pervivía alguien capaz de compenetrarse con su alma y sentimientos, capaz de sortear el velo que simbolizaba su belleza, desentrañando su sentir, hasta percibir su esencia. Al igual que todas las mañanas, languidecía en nostálgicos suspiros de amor. 

Pero aquel amanecer, sería diferente, no estaba dispuesta a seguir padeciendo los amagos que la constreñían día a día, necesitaba un cambio y estaba dispuesta, a cuanto fuese necesario para lograrlo. Se encaminó a paso ligero y abrió las cortinas de encaje de su dormitorio, mas no contentándose con ello, se asomó al balcón, cuya balaustrada dejaba entrever un panorama desolador, sólo se percibían edificios y donde mirase, se encontraba con más y más, de aquellos colores grises que rodeaban esa ciudad céntrica, que entremezclados con los estridentes sonidos de un álgido día, dejaban mucho que desear. Ya lo había decidido, desde aquel momento, todo sería distinto.

Al cruzar la ciudad, con un ímpetu propio, del mismísimo Aquiles, llegó a su oficina y sin pensárselo dos veces, llamó a dos de sus secretarias de mayor confianza y les encomendó hiciesen reservaciones en una embarcación particular, sin tiempo definido, pero que la llevase lejos de aquellos muros que la habían aprisionado durante los últimos años. Así fue, que sin asimilarlo aún, se encontró en una estancia agradable, que guiada por un capitán y sus ayudantes, la llevaría a recorrer las diáfanas aguas del atlántico.

Los primeros días, no hicieron más que deslumbrarle ante cada nuevo prodigio natural que observaba, no sólo la brisa marina y el sutil céfiro que se arremolinaba a su alrededor, le eran gratos, sino que cuanto nuevo animal, de la abundante fauna marina que apreciaba, la revitalizaba aún más. De este modo, transcurrieron los días, hasta que al décimo y tras creer haber visto las más alucinantes maravillas del mundo, la embarcación arribó por aquel día, en la ribera de un poblado, que hasta aquel entonces le era desconocido.

Se sentía muy alegre e irradiaba, al contemplarla, una paz conciliadora; en sintonía con aquel estado anímico, se dirigió a la plaza de aquel cálido y acogedor pueblo, que si de ella dependiese, hubiese permanecido en aquel lugar, durante el resto de su existencia. Una vez allí, se entregó al mágico encanto de los sueños, cual Morfeo se lo había deparado. Estaba plácidamente entregada a la dulzura que la envolvía, cuando una sutil sinfonía la cubrió con un aura de tranquilidad y templanza, que hicieron de su despertar, un feliz suceso. Mas llamó su atención el sitio del cual provenía aquella melodiosa música, cuando apercibió sólo a unos metros de ella, a un joven adonis, en todo semejante a un Dios.

Pues el nombre que hubo de ponerle su padre, era Ulises, cuya existencia había estado marcada por un peregrinar continuo, de pueblo en pueblo, deleitando al son de la cítara, a quienes quisiesen oír sus cantos y poemas. Así el joven Ulises, errabundo, sin patria definida, cantaba cual Aedo, cuya voz era codiciada por cuanto mortal lo había escuchado. Mas su vida y he ahí la explicación de su continuo ir y venir, estaba sentenciada por Apolo, quien lo perseguía continuamente, consumido por la envidia que su voz le causaba.

De este modo, quedó Penélope embelesada con la figura de aquel majestuoso hombre, cuya voz, había hecho mella en lo más profundo de su alma y al percatarse Ulises, que la bella mujer a la cual había dedicado su canto, había despertado, asió prudentemente su mano y la llevó sutilmente a su corazón. Aquella tarde, se desató la pasión de un gran amor, que uniría por los siglos venideros y traspasaría las fronteras del tiempo, a la pareja que su vida, en una odisea convirtió.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La esencia de un libro.



Un libro, es un laberinto de ensueño, de magia y reencuentro
Es un encuentro con nuestro espíritu, con todo lo vivido
Es una compenetración con el entorno y con nosotros mismos
Es un canto al alma, un respiro ante esta vida enajenada.


Espejo sabio y fiel retrato de vida, cólmanos de esperanzas
Sumérgenos en tus sutiles páginas, envueltas en efluvios de alcanfor
Esencia de vida, que nos brindas siempre una mano amiga
Cúbrenos con tu manto de emociones y sabiduría
Rodeadnos de efusiones ancestrales, ¡OH! Savia natural y rocío de almíbar.


Cómo olvidar las sensaciones y vivencias que hemos compartido,
Esencias puras, francas, gozosas y bienaventuradas
Amor de mis amores, serás mi amante en las efímeras horas del mañana.






Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...