domingo, 31 de julio de 2011

Bohemia santiaguina.



Anochece sobre el mar de las ciudades
Avanzan caudalosamente los ríos de gente
Es el inicio de la bohemia santiaguina
Se abren las puertas de los pubs de par en par
Y observando en atento mirar aquel transitar
Danzo en ese vals de amores anhelantes
De cuerpos tránsfugos que buscan placeres rápidos
Que viven de son a son y de doce a dos
Horas efímeras que vuelan y desaparecen
Se plasman en mis ojos extasiados
Ansiando el contacto, el leve tacto
De tu cuerpo, nuestros cuerpos
En un ir y venir, en los tres cuartos de un compás
Bailando sin cesar, hasta el final
Concertando una y otra vez nuestro amor
Bajo la esfera de cristal, radiante luna que nos cubre
Centellando en violeta, azul y rojo, delineando nuestros rostros
Y así extenuados, caemos en los brazos de Morfeo
Un beso culmine es el aderezo de nuestro deseo.

lunes, 25 de julio de 2011

Veinte años que no pasan en vano.




Hoy se cumplen veinte años de mi existencia en la tierra, quizás para muchos es un hecho desapercibido, lo cual no me sorprende, pues cuántos somos los seres que habitamos en este lugar del universo, realmente no lo podría saber con exactitud, de hecho en este mismo instante cuántos nacen o cuántos mueren, es una cantidad imprecisa, pero así es la vida y, por ello, salvo a mis seres queridos, a los cuales amo en demasía, creo que nadie lo sabrá, pero sinceramente soy muy feliz al saber que a lo largo de este breve transitar terrenal, he conocido a personas tan maravillosas, que sin lugar a dudas me han marcado, ante las que sé que no me alcanzará el tiempo para agradecérselo, sin embargo, haré lo posible para que cada minuto que me quede de ella, pueda transmitir e irradiar, bellos sentimientos y felicidad.

Por otra parte, tampoco soy nadie para definir qué es la vida, pero he ido aprendiendo con el tiempo, en ciertas circunstancias he resultado muy idealista, a veces espero mucho de las personas y en ocasiones me he equivocado, sé que todos cometemos errores, aunque algunos lo hacen notar más que otros, pero efectivamente es así. Por otro lado, como dice uno de mis mejores amigos, que sé me acompañará hasta el final de ésta, ya que hace mucho tiempo llegué a la conclusión –creyendo en las vidas pasadas- de que existen personas especiales, con almas únicas y que en el fondo son como ángeles, pero los solemos llamar amigos, en fin como me señaló él, actualmente he llegado probablemente a la cuarta parte de mi vida, siempre y cuando ésta no me depare algún acaecimiento que termine previamente con ella. Sé que suena trágico y fatalista, mi forma de pensar generalmente es muy positiva, sin embargo, la vida es efímera y eso nadie lo niega, lo que me lleva a recordar a un maestro que tuve el año pasado, quien decía lo siguiente: -un cumpleaños es un año menos de vida.- No obstante, si bien nos vamos acercando a la muerte, creo al mismo tiempo, que ganamos energía.

Justificar lo antes dicho no es simple, pero intentaré esbozarlo, aunque es una visión personal y conforme a ella creo, que pese a que cada día que pasa estamos más cerca de la muerte, pese a que ésta puede llegar al día siguiente o en cien años, continuamente vamos ganando en experiencias, en conocimiento, en momentos junto a otras personas, de quienes aprendemos y vivimos juntos, en los innumerables caminos de aquello que llamamos vida. A ratos aquellos que conocimos después se separan de nosotros, en otras ocasiones regresan, lo que es uno de los hechos inexplicables de ésta, ya que no sabemos a ciencia cierta qué nos pasará mañana o a quién conoceremos y qué viviremos con aquella/as personas, pero lo único que puedo recomendar y que procuraré vivir en mayor cabalidad, es que disfrutemos sea cual sea la senda que escojamos, al lado de aquéllos que comparten sus vidas con nosotros.

Finalmente, este día lo veo como uno de esperanza, pues me encuentro sumamente agradecido por aquellos momentos únicos e irrepetibles, por el hecho de que ya sea por azar o porque un ser superior, llámese dios o no -según la opinión de cada uno- aún sigo con vida y puedo compartir, aportar, enseñar y aprender de otros corazones, almas, que aunque discrepemos comúnmente en ciertas opiniones y poseamos visiones distintas –lo anterior lo encuentro interesante, pues sin aquella diversidad, la vida no tendría mucho sentido- logramos sin exasperarnos, de manera concienzuda llegar a acuerdos y permanecer en armonía, respetando la libertad y libre albedrío que cada cual posee.

sábado, 16 de julio de 2011

Hasta el fin de los tiempos.



Aquí me tienes, tomando un café que me sabe a fría hiel
En la amargura de tu recuerdo y en la soledad de tu piel
Pienso en lo que hemos vivido juntos, tantas tormentas
E inviernos tortuosos, veranos que languidecían
Y primaveras que nunca reverdecían
Te amé, pero no sé si aún te amo
El tiempo ha pasado y ahora está a nuestro favor
Añoro tus besos y caricias, que se desvanecen en el aire
Quiero sentir tu cuerpo otra vez junto al mío
Valseando cadenciosamente en esa fría calidez
Te siento más cerca, pero a la vez distante
Estás como ausente, olvidándote de lo vivido
Sin embargo, no soy igual que tú, no olvido fácilmente
Vivo y pienso en ti, pero arriesgo más de lo que recibo
Si te vas, como el viento seguiré tus pasos
Si te quedas, enfrentaremos mareas y erupciones
Pero te prometo que sin importar lo que elijas
Jamás te abandonaré, mi promesa no palidece, sigue en pie
Si tú cruzas el puente, yo lo cruzo
Si te lanzas, yo me lanzo
Si te mueres, yo me muero hasta el fin de los tiempos.

jueves, 7 de julio de 2011

Ensayo crítico sobre dilemas existenciales. I parte: De rerum natura (Tito Lucrecio Caro.)


Primero que todo, el presente documento pretende sólo ser un esbozo con dejes de ensayo sobre diversos temas que se encuentran imbricados, los que siguiendo un planteamiento lógico y coherente procuran dar una visión personal y lo más objetiva posible en base a formulaciones sobre el alma, la vida, la existencia u, opuestamente, la no existencia de Dios, cuyos planteamientos son recurrentes y en más de una ocasión seguramente en sus vidas los han tenido. Pues bien, la idea central es poseer una aproximación bibliográfica sobre ciertos autores y a partir de ello, ir cuestionando los argumentos o confirmándolos, según sea el caso.

El primer autor a considerar es Lucrecio, cuya obra lleva por denominación De rerum natura, es decir, en tanto frase preposicional latina, significa; “sobre la naturaleza de las cosas”, lo que nos lleva consiguientemente a pensar debido al término “natural”, si se quiere, en un carácter biológico-evolutivo en torno a los seres que habitan y pueblan la tierra, donde indistintamente encontramos microorganismos, flora, fauna y si atendemos a los discursos que se han establecido respecto a la superioridad humana, la que dista en demasía de no ser debatible, pues éste cada vez comete más atrocidades y se ha posicionado en este mundo a costa de la destrucción masiva de todo cuanto encuentra a su paso, es así que su existencia radica al coexistir con otros seres y/o organismos, en una aniquilación depredadora, que como venía mencionando se transmuta en una involución, cuyos ejemplos a lo largo de la historia de la humanidad son incuantificables, basta recordar el período inquisitorial, innumeras guerras, no sólo de religión, sino que se han gestado por diversas causas, las que han devenido, por ejemplo, en las guerras mundiales, guerra fría e incluso otras que se mantienen hasta nuestros días. Por otra parte, aún nos vemos enfrentados a la deforestación, contaminación en su más amplio sentido (acústica, ambiental, acuosa, etc.) y así sucesivamente hemos culminado con la vida de muchos seres humanos y a su vez con otras especies, los que a ciencia cierta, son lamentables. En definitiva, aquéllos que aún siguen pensando que el ser humano es superior a los animales, creo que desconocen el mundo en el cual viven, pues quizás hemos superado la fase instintiva, para aproximarnos a otra “más elevada”, vinculada al raciocinio, sin embargo, a veces el discernimiento queda rezagado por nuestra naturaleza lisa y llanamente, animal.

Retornando, después de aquella digresión, al texto De rerum natura de Lucrecio, iré paso a paso, para que se logre comprender de mejor modo la dialéctica que pretendo emplear y cómo en oposición argumental, se pueden desentrañar posibles conclusiones con tendencia a la objetividad; pues comencemos. En primera instancia Lucrecio cataloga de dos formas a aquellas causas o entes que posteriormente motivarán la creación de los seres que habitan en el mundo natural -recuérdense los postulados platónico/aristotélicos, en relación al mundo ideal y elemental- y aquella terminología es la siguiente: “simientes de seres” y “cuerpos primarios”, ya que a partir de ellos derivan todos los demás. A su vez versa sobre cuestionamientos críticos hacia la religión de su tiempo, la que en Grecia antigua como sabemos, era de índole politeísta y antropomórfica, poseyendo un extenso panteón de dioses –piénsese en Afrodita, Zeus, Atenea, Hades, Poseidón, Hera, Hermes; cuya denominación terminológica se corresponde con los caracteres griegos, pues los romanos tomarán los mismos dioses, aunque adaptándolos a su propio alfabeto- a quienes se les atribuían las más variables capacidades sobrenaturales, que tenían una relación directa con el mundo natural donde habitaban los humanos y los demás seres.

Dentro de los argumentos con los cuales arenga a su hijo a dudar de los preceptos de la religión, se encuentran casos legendarios, que postreramente procederé a comentar, pues entre ellos menciona el de Ifianasa, ante lo que extraeré la siguiente cita: “Fue así como en Áulide mancillaron torpemente con la sangre de Ifianasa al altar de la Virgen de las Encrucijadas los caudillos escogidos de los dánaos, la flor de los héroes […] arrastrada por manos de héroes y temblorosa la llevaron hasta los altares, no para que, tras acabar las consabidas solemnidades de la ceremonia, saliera acompañada por el sonoro ¡himeneo!, sino para que, en edad de bodas justamente, como víctima pura sin pureza cayera, entristecida porque su progenitor la sacrificaba para que a la flota se le concediera una salida próspera y venturosa. ¡Maldades tan grandes fue capaz de promover la religión!”.[1]

Como bien señalaba Lucrecio, el caso de Ifianasa en su acepción latina o Ifigenia en la traducción griega, es clarificador para comprender las aberraciones que se cometen en aras de estos credos, ya que efectivamente debido a que al caudillo y rey Agamenón le auguraron un mal porvenir si es que no navegaba con su flota rumbo a Troya, para la batalla épica que se desarrollará en esta ciudad –Véase “Iliada”, pese a que ésta sólo relata los últimos 50 días, que terminan siendo los decidores respecto al desenlace de la guerra- es que queda en dos encrucijadas, la primera de ellas es que navegue posteriormente, lo que se tornará en la muerte de un cúmulo de sus guerreros, debido a la carencia de víveres y consecutivamente, la otra opción era sacrificar a su propia hija, de sangre casta y virginal, para apaciguar la ira de los dioses –Rememórese los influjos de Poseidón y Febo en estos casos.- Finalmente la decisión dio lugar a continúas penalidades de por vida a esta familia, lo que dará origen a un cultivo ingente de mitos y tragedias, que entre otros trágicos, tratará Esquilo, donde se puede profundizar al respecto, cuya simbólica trilogía, se manifiesta en la Orestíada, teniendo como tópico troncal la venganza de Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra.

Sin embargo, cabe pensar: ¿Realmente nos podemos fiar de unos mitos o leyendas para criticar una religión? A mi parecer no basta y se debe ahondar aún más allá, tal vez en el origen de éstos y su relación con la vida misma. De este modo es menester referir que una leyenda propiamente tal posee basamentos en la realidad, pero que con el correr del tiempo se van difuminando, puesto que al transmitirse de manera oral siempre habrá mayores añadiduras o extracciones que vienen a tergiversar en esencia el sentido del relato o, si bien se mantiene, continuamente se lo hiperboliza y así lo que comenzó siendo una pequeña tormenta, ocasionó una absoluta catástrofe para una de las familias más connotadas de la antigüedad. Por otra parte, hay que recordar de igual modo, que para estos pueblos muchas historias que en sus inicios eran leyendas y, que en particulares casos fueron transcritas, tal es la Iliada y Odisea, que se las asocian al rapsoda Homero –Cuestión homérica- se creían que eran sucesos totalmente verídicos, los que en algunas circunstancias eran muy lejanos a la realidad de hecho. –Consultar Parry (teoría de la composición oral y formular de la poesía épica antigua) y Zumthor (Oralidad y escritura, además de La letra y la voz).




[1] “De rerum natura” vv. 80-101. Tito Lucrecio Caro.

domingo, 3 de julio de 2011

Un viejo amigo comunista.




Puntual como de costumbre, aquel viejo amigo solía llegar a la casa, siempre con una anécdota nueva y alguna novedad que contar, pero lo que más nos intrigaba a aquellos que vivíamos en aquella casa, eran sus historias de antaño, que fluían como candelas apasionadas y que en vez de extinguirse con el paso y peso de los años, se enardecían cada vez más. Un día llegaba narrando sus proezas y hazañas amorosas en su mocedad, a ratos nos hablaba sobre sus viajes a París, Venezuela y tantos otros lugares, cuyos relatos nos conmovían en demasía, pues nos imaginábamos habitando aquellos parajes a ratos inhóspitos, a otros multitudinarios, pero que nos hacían revivir en nuestras mentes la ilusión de poder visitarlos algún día, cuya esperanza nos invitaba a soñar despiertos, esforzarnos por lograr aquello que anhelábamos, que a veces se veía tan lejano, pero que al unísono se nos aproximaba a pasos agigantados y que tal vez más pronto que tarde, alcanzaríamos.

            Hablábamos la mayor parte del día, las horas parecían minutos y los minutos segundos, esperando un porvenir mejor que el actual, discutíamos de política y del mal manejo del sistema que el gobierno ha hecho en nuestro país, el que remarcábamos continuamente como “NUESTRO”, ya que nos pertenecía, éramos conscientes de nuestra idiosincrasia, nuestras tradiciones y cultura, además de desarrollar y potenciar cada vez más el compromiso cívico. Él, por otro lado, aún se abanderaba como comunista, al parecer lo llevaba implantado en el alma a fuego calcinante, en cambio yo, prefería ver y analizar todo desde una perspectiva más ecléctica y crítica, es decir, puesto que no me sentía representado por ninguno de los partidos políticos de contingencia, como a menudo sucede con la mayoría de los jóvenes de mi edad, prefería seguir mi propia línea de pensamiento, siempre abierto a la crítica constructiva y a los debates sesudos en pro del bien común, aunque quizás efectivamente era más partidario del comunismo, pero a la vez sabía que era un idealismo exacerbado, pero en el fondo mi personalidad apuntaba también en el mismo sentido.

            Ideales, ¿qué haríamos sin ellos? Simplemente no podríamos vivir, ya que niéguenlo o no, las personas de los más variados estratos sociales, poseen estos tan mal tratados “ideales” , algunos buscan sobretodo constituir su hogar, vislumbrar finalmente el sueño de la casa propia, otros aspiran a ser profesionales de experiencia y otros buscamos ir más allá, lo que se puede sintetizar en una sola palabra, felicidad. Paradójicamente, ésta es lo más complejo de alcanzar, es etérea, se esfuma continuamente de nuestras manos y una vez que se la posee, no demora mucho en apartarse de nuestras vidas, pues como un amor transitorio, quizás de esos amores de barrio, pero aún así la amamos y cuando se aleja de nuestro lado, la extrañamos. El tiempo es una realidad que nos acompaña, generalmente vela a nuestro favor, dándonos el pie de inicio para disminuir el número de lecturas pendientes y convertirlas en lecturas productivas, esta última palabra la aborrezco, ya que en sí misma es ampliamente neoliberalista, no obstante, ¿qué podemos hacer? En definitiva, nada, sólo utilizarla. En efecto, también conversábamos de libros y escritores contemporáneos y otros vetustos que nos daban claras luces para entender la sociedad en la que vivimos, asemejándose a la visión clásica de la historia, “aprende del pasado, vive el presente y prepárate para el futuro”, la que a mi parecer, es una sabia consigna.

            Escuchábamos jazz, estilo musical predilecto de varios de mis amigos, en otras ocasiones variábamos el repertorio a blues, Folk, entre otros. Aunque personalmente reconozco mi atemporalidad, a la que no designaré ningún juicio valórico, sino que simple y llanamente me agradaba sentarme a escribir o leer, escuchando sones medievales, los que me transportaban a aquel período tan ansiado por lo románticos y del que soy un férreo y tenaz seguidor, lo denominaría como una especie de amor al ser romántico, que procuraba vivir a cabalidad en el día a día, lo que a veces me hacía pecar de excéntrico, sin embargo, no me importaba, puesto que en su justa medida, sabía que lo era, me gustaba la poesía y eso ya es decir mucho en la sociedad del siglo XXI.

            En fin, nuestro estimado amigo comunista así como llegaba, se iba, como transportado por una deidad griega, sabíamos donde vivía, pero en vez de dirigirnos a su casa, esperábamos su venida, a la misma hora día a día, con una puntualidad infalible de reloj de péndulo, de ésos que han quedado en la usanza antigua. Estaba entrado en años, con su melena alzada al viento, con su caminar altivo y con el pecho inflado como un gorrión, en busca de seguidores que quisieran oírlo. Así que cuando se lo encuentren por la calle y transite a su derredor, denle un fortísimo saludo de mi parte. A mi viejo amigo de ideales.

lunes, 27 de junio de 2011

Amada hasta el fin de los tiempos.

El atardecer se desvanecía como sueños pasados, el aire floral de la naturaleza le otorgaba un perfil edénico a aquel lugar tantas veces visitado en la compañía de su amado, sin embargo, ahora en la soledad de aquel crepúsculo recordaba tiempos mejores, se allegaban a su mente sonrisas mágicas que alegraban su corazón, gestos dulces y aquellas primeras caricias que la hicieron suspirar. Aún lo amaba, aquélla era una verdad inolvidable, vivieron tantas experiencias juntos, acostumbraban caminar por tranquilos ríos que fluían como la vida, él cogía una rosa y se la ponía sobre sus cabellos resplandecientes frente al imponente sol, él también la amaba, pero la vida les jugó una mala pasada, la perfidia de aquella intrusa que les arrebató una felicidad imposible de volver a conciliar.

Ahora, que han transcurrido dos años desde su trágica muerte, sólo le queda la viva imagen del recuerdo y la memoria de aquél a quien tanto amó, por ello día tras día se escapa unos breves minutos de su rutinaria vida, repleta de atosigantes trámites y papeleos que como conservadora de bienes raíces le corresponde registrar, archivar y analizar. En fin, aquel trabajo se lo legó Sebastián, aquel hombre que nunca pudo, puede, ni podrá olvidar. Así como debió hacerse cargo del conservador, también recibió como herencia la mansión en la cual habita, pues su amado, no tenía a nadie más, ella era la única que pudo comprenderlo, eran almas gemelas, inseparables-ni la muerte nos separará, mi bella Isabel- le solía decir, pero ya ven, ésta al parecer triunfó como de costumbre.

Después de permanecer en el jardín de la mansión frente al mausoleo de Sebastián, depositó una rosa azul, su color preferido, pues según él le causaba una tranquilidad y paz interior que no siempre lograba y que sólo aquéllas e Isabel le solían provocar. Luego se dirigió a campo traviesa por los innúmeros prados y arboledas dignas de contemplación para los espíritus errantes. Sin duda alguna las veinte hectáreas que rodeaban aquel magnífico lugar, en su totalidad cuidadas con esmero, eran una joya en un manantial de primores, cada seto, rosedal, pino, magnolia, lavanda y así una infinidad de flores y árboles estaban en su debido lugar, al igual que las efigies griegas y romanas que ornamentaban aquel fascinante prado, con apariencias extravagantes, donde se reencontraban figuras de otras épocas. Todo aquello era obra y gracia de un solo arquitecto que planeó regalar a su amada la más perfecta obra de arte, que pensó sería su hogar hasta el fin de los tiempos.

Al llegar a la mansión, atravesó el vestíbulo, subió las escaleras y se dirigió al estudio, cuya portentosa puerta caoba constituía la entrada. Al ingresar a éste, pasó revista a los libros de la biblioteca que se encontraba en su interior, los rozó con el ápice de sus dedos, desplazó el polvo que cubría los títulos y asió uno que llamó su atención, su tapa era de un rojo bermellón y por cómo se encontraba, aparentemente mucho más usado y desgastado que la mayoría, supuso que era uno de los predilectos de Sebastián. Una vez que lo tuvo en sus manos, leyó la rúbrica que decía: “Poesía amorosa” y lo estrechó contra su pecho, ya que en definitiva era de los gustos de su amado, quien en más de una ocasión le había dedicado un poema de su autoría a la bella Isabel.

Pero al tomar el libro no se percató que algo había caído a sus pies y una vez decidió sentarse en el sofá reclinable se fijó en aquello que se había resbalado silenciosamente, era una carta. Al ponerla sobre sus manos, la abrió y leyó, a un ritmo cada vez más vertiginoso, ya que su contenido no le daba tregua, hablaba de promesas hechas y cosas inverosímiles, hasta tal punto que cuando culminó la lectura se sentía desmayar y palidecer, pues hasta cierto punto supo que misteriosamente su amado no la abandonaría, puesto que créanme o no, en este lugar había más magia que la aparente, era una mansión cuyos recovecos guardaban secretos que recién ahora se develaban.

En efecto, el primero de aquellos misterios estaba saliendo a la luz, nada había quedado en el tintero, desde las cimientes de la mansión y su construcción propiamente tal, ésta había sido pensada, cada espacio que la constituía, absolutamente todo. En aquella carta había una indicación que apuntaba en dirección a una sala particular, donde debía encontrarse el mapa y plano de esta morada, sus intersticios, salones, entradas ocultas y la explicación del por qué de cada una. Isabel tras reponerse del sopor en que se veía inmersa, decidió seguir aquel juego que le proponía su amado, no lo pensó dos veces, simplemente se aventuró, ya que aún creía en él. Como bien señalaba la carta, se aproximó hacia la sala que ahí se indicaba y para llegar hasta ella, tuvo que vivir su propia odisea, ya que eminentemente no sería tan sencillo como pensaba. Tuvo que descender escaleras hasta llegar al sótano, éste en primera instancia se encontraba sumamente oscuro, nada se veía en rededor y ella a cada instante que transcurría se ponía más nerviosa, pero halló finalmente el interruptor y las luces se encendieron por doquier, siguió su camino por todo aquel corredor y llegó a una puerta, ante la cual se necesitaba una llave especial, no obstante, nunca había tenido necesidad de asomarse por esos pasajes y, como se imaginarán no poseía la llave, no sabía cómo acceder a aquel recinto, que por lo demás se veía imposible de traspasar sin la llave que necesitaba.

            Observó con suma precaución cada recodo del espacio donde se encontraba, atisbó hacia la techumbre que lo cubría, que formaba el piso de la planta superior, se fijó si es que había alguna ventanilla o escotilla, pero no había nada, a continuación dirigió su mirada al suelo y al realizar esta maniobra quedó pasmada, pues éste tenía trazadas diversas figuras, que manifiestamente no habían sido efectuadas al azar, habían desde leones, serpientes, águilas hasta deformes monstruos marinos y térreos. Comenzó a recordar lo que había leído en la carta e intentó rememorar si es que en algunas de las conversaciones con Sebastián habían cruzado palabras sobre este tipo de seres e imágenes, estuvo pensándolo unos momentos hasta que aquello que le causó en un primer momento extrañeza, ahora cobraba sentido. Se trataba del bestiario medieval y antiguo.

            Sin embargo, ¿le servía de algo haber descubierto que aquellas monstruosidades pertenecían a un bestiario? Al igual que ustedes, ella pensaba que no, pero por lo que aparecía en aquella misiva, donde se señalaba que todo poseía una esencia y razón de ser, concluyó que aquellos seres, probablemente eran el camino de entrada a aquella puerta donde se encontraba el plano de la mansión. Fue en aquel momento cuando dudó si es que debía seguir adelante por amor a su amado o si dejaba aquella farsa escalofriante y misteriosa. Aunque en último término determinó que era preferible seguir adelante, así que decidió llegar hasta el final de todo este asunto y acabar de una vez por todas con él.

            La mejor solución ante aquel problema de las imágenes del suelo, que seguramente poseían un mensaje cifrado en clave, fue averiguar más sobre ellas y qué significaba cada una y como no poseía mayor conocimiento, decidió retornar al estudio y buscar libros vinculados con el tema, para hacerse una idea sobre lo que tenía frente a sus ojos. Apagó todas las luces del sótano y regresó al lugar donde había comenzado su travesía y una vez estuvo ahí, se armó de paciencia y empezó a indagar en la biblioteca, buscando las temáticas de las cuales se debía procurar; las palabras claves eran: “bestiario”, “medieval” y “antiguo”.

lunes, 20 de junio de 2011

Liberemos a la sociedad del liberalismo.



Amarras sociales, encadenantes y aprisionantes
Un pasado inconcluso
Un presente tortuoso y un porvenir desastroso
Se avecina la crisis sistémica, la caída bursátil
Y el fin de los tiempos nos acecha
El mal del siglo se acentúa y se aproxima a caminata lenta
¡Ay! Adiós libertad de expresión y prensa
El tiempo se esfuma, rápido, vuela tal gacela
El lucro nos condena, las empresas siguen sumando
La gente y el pueblo siguen restando
Las cuentas se acumulan hasta la torre de Babel han llegado.

Naciones sin dueño y patrias sin destino
Estados y potencias dominantes que coartan los sentidos
Oligarquías y oligopolios a manos llenas que lo consumen todo
Libertad, valor trastocado de la humanidad
Imponentes instituciones lucrativas
Benditas industrias iluminadas por el hálito divino
Economías zigzagueantes que escalan y descienden a vaivenes
Reacciones públicas y luchas ante el poder dominante
Alardes utópicos y negación de realidades
Locuras enajenantes de facciones gobernantes
Ideas ilustradas y revolucionarias que se desvanecen en la nada
Sociedades torturadas por males y plagas
Monedas, billetes, transacciones emergentes
Opacan nuestros derechos y obstruyen nuestras mentes.

jueves, 16 de junio de 2011

La sociedad chilena del siglo XXI. Parte I.



Sin pretensiones de realizar un análisis sociológico, sino que simple y llanamente esbozar una interpretación personal que lejos de ser absoluta, sólo pretende mostrar una panorámica general de cómo cada vez más nuestra manera de pensar, modo de comportarnos y desenvolvernos en ella se torna incompatible, sino rasamente incongruente con una amplia gama de nuestros ideales, donde en variadas ocasiones éstos se han visto tergiversados, anulados y politizados por ideologías que eminentemente buscan captar adeptos que se abandericen por lo que ellos plantean, que en innúmeros casos prometen mucho más que aquello que cumplirán efectivamente. Sin embargo, la actual política es sólo un modelo visible de cómo se está focalizando nuestra sociedad, pues el fundamento propiamente tal de ella se ha ido desvaneciendo, ahora como suelo decir, lo “políticamente correcto”, es contra natura, ya que en vez de buscar un bien común, lo que se pretende obtener es el lucro individual o para aquéllos que son partidarios de una determinada ideología.

            Por otro lado, como todos sabemos en una nación nada sucede al azar, los cambios y más aún revolucionarios, tampoco son la excepción, puesto que éstos implican en primer lugar una toma de consciencia sobre el acontecer colectivo, pero a veces se da el caso, en que si bien el sistema presenta a claras luces falencias, éste no siempre está del todo errado, sino que sólo algunas de sus partes poseen fallas, las que es menester que sean no mitigadas, sino de plano solucionadas. ¡Eureka! He ahí el meollo del asunto, las soluciones, tema que analizaré en otro artículo reflexivo, pues en el presente, sólo me limitaré a tratar y dar revista a la amalgama de temas que están imbricados en este macro sistema, que denominamos sociedad chilena.

            Para nadie es novedad el plantearse el hecho concreto que vivimos en una sociedad de índole neoliberal, donde literalmente se alude a una nueva liberación, pero la pregunta que cabe realizarse es en qué consiste ésta. Frente a aquella interrogante, la respuesta es múltiple, desglosándose en el ámbito político (someramente esbozado), económico sobretodo, pues principalmente se centra en el libre cambio y tránsito de bienes y servicios, tanto a nivel país, como internacional. No obstante, aquello trae aparejado una serie de consecuencias, tales como una continúa privatización, un consumo incitado y provocado, que influye directamente en el factor social, entre muchos otros. Pero personalmente considero más transversal analizar este último, ya que es la sociedad la que se ve más afectada por este modelo.

            La sociedad, aquella comunidad de personas que posee raíces culturales, étnicas y territoriales en común, pero ¿ésta es sólo el conjunto de ellas o en este caso singular, el todo es más que la mera suma de las partes? En efecto, lo es, ya que si bien está constituida por individuos particulares y realidades diversas que en teoría, viven armónicamente, sin discriminación, de un modo pacífico y sin coartar la libertad del otro, fundamentos todos los cuales, sabemos que se encuentran diametralmente opuestos a la realidad de nuestro país; no se gesta de manera aislada, pues como sistema, posee el rasgo intrínseco de unidad de sus partes, donde si uno de sus elementos presenta un desperfecto, desencadenando una especie de efecto dominó, hará que todos los demás, ya sea directa o indirectamente se tambaleen como mínimo o se desplomen, ocasionando, por consiguiente, un estancamiento en el sistema.

            Es así, como se habrán percatado, nos enfrentamos a una constelación compleja de partes, donde la sociedad es lo que subyace, en tanto sistema, con sus segmentos respectivos, mencionados con antelación y, a su vez se manifiesta en diversos planos: económico, político, ideológico, entre otros. A continuación, retornando al nivel económico, éste en las últimas décadas se ha caracterizado por potenciar el desarrollo industrial de privados, relegando las empresas nacionales, hasta tal punto que hacia donde miremos, de norte a sur, nos veremos frente a ellas, pues gran parte de nuestra economía se ve repercutida por las decisiones de éstas, que por lo demás, se quedan con muchos de nuestros recursos económicos. Pero ése no es el problema principal, sino más bien las devastadoras y nefastas consecuencias que ello conlleva al medioambiente, puesto que para nadie es un tema tabú, tras el boom que provocó la problemática de Hidroaysén, que las empresas generan una contaminación tal que se convierte en el desencadenante fundamental de la sobreexplotación de recursos naturales, además de la muerte de flora y fauna en nuestro país. Respecto a lo anterior, no podemos soslayar la cantidad cada vez más abrumadora de especies autóctonas en peligro de extinción. Por otra parte, si bien concuerdo en que las industrias, casi de perogrullo son las que más destruyen los ambientes, nosotros como consumidores también poseemos nuestra cuota de culpabilidad.

            Y, evidentemente, nuestra cuota de culpabilidad, radica en el consumo irresponsable de bienes y servicios. Basta dirigirse al centro comercial más cercano (los comúnmente llamados “mall”), recorrer sus ajetreados espacios, tiendas, juegos de esparcimiento, los que en esencia no poseen una connotación negativa, sino que cuando se torna un exceso he ahí el problema y ¿qué creen que ha sucedido? Efectivamente nos hemos excedido, ya que cada vez más nos asemejamos a gringolandia, consumiendo como si el mundo se fuera a acabar, desde platos de comida rápida y los mil y un desechos de éstas, la tenencia exacerbada de bienes suntuarios, los que procederé a analizar en mayor profundidad.

            Cuando hablamos de bienes suntuarios, generalmente se hace alusión a aquellos que no son de primera necesidad y, por consiguiente, suelen obtenerse una vez satisfechas aquéllas más básicas, tales como la alimentación, salud, calor, vestimenta, lugar habitacional, entre otros. No obstante, la visión de aquéllos ha dado una vuelta de tuerca, pues ahora han llegado hasta tal punto, que, por ejemplo, se entienden prácticamente como primera prioridad los celulares, los que si bien en tanto medios de comunicación, se tornan necesarios, el hecho de poseer dos, tres, cuatro o incluso más por persona, al igual que computadores y una sarta de objetos más, de los que posteriormente nos libramos en determinadas ocasiones cuando han llegado a su obsolescencia o, en otras, simplemente cuando ha aparecido otro de mejor calidad. Pero lo que es aun peor y que está aparejado, es la contaminación que ellos generan, cuando preferimos botar, literalmente, al tacho de la basura, prendas de vestir en desuso, plásticos, vidrios y un centenar de etcéteras, que en vez de reciclarlos (situación trágica en Chile), simplemente esperamos a que llegue el camión de basura y que se los lleve lejos de nuestra vista. Lo que no quita que estén contaminando.

            Desde otra óptica, englobando este círculo vicioso, persiste lo que se ha venido a designar como obsolescencia programada, donde nosotros en tanto consumidores activos, no somos más que conejillos de indias, pues hay un entramado tal que ni siquiera nos percatamos que somos víctimas de él, por ello considero preciso relatarles de qué trata esta lamentable historia. Respecto a este tema, como de costumbre, reconozco que no soy un experto, pero sí quiero colaborar con la difusión crítica de aquello que nos afecta sobremanera, cuyo primer eslabón es la creación de objetos, cuya vida útil siempre es menor a la que debiese ser si sus fabricantes buscaran brindar un producto de calidad a sus usuarios o clientes, lo que dista en demasía de ser así. Un ejemplo clásico que suele emplearse es el de las ampolletas, -ante lo que si quieren indagar más, pueden recurrir a determinados reportajes, que han tratado en mayor extensión estas temáticas-, donde éstas en sus inicios tenían una duración que beneficiaba a muchos usuarios, pero que con el tiempo, pese al descubrimiento de otras de mayor duración, fueron descartadas, ya que no le convenía a los productores, puesto que eso implicaba una reducción en sus ganancias, debido a que los usuarios las renovarían de una forma más dilatada. Éste como se suele apuntar, es el primer caso que se conoce de la tal llamada obsolescencia programada, la que como habrán concluido, ocurre con gran parte de nuestros imperfectos artefactos electrodomésticos.

            Por otra parte, un segundo eslabón dentro de este viciado proceso, lo conforma la publicidad, la que se ha propalado desde sus cimientes, invadiendo cada vez más nuestros hogares, junto a sus pares mediáticos, tales como la televisión, Internet y periódicos, los que neutralmente hablando, no poseen una connotación negativa, pero cuando son manipulados, correspondiendo con una ideología preestablecida y, si a ello le sumamos un influjo hacia nuestros gustos e intereses, a través de técnicas persuasivas, cuyo afán radica en convertirnos en consumidores empedernidos, ahí se completa el ciclo para el cual estamos prácticamente acondicionados, similar a la visión que presentaba el libro “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.

           

miércoles, 15 de junio de 2011

Una mujer con ideales.




Mujer de ojos enamorados del destino y la vida
Musa que navegas los mares de la ciudad santiaguina
Idealista, de ideologías claras como un manto de agua cristalina
Víctima de la opresión y la perfidia
Cazadora de sueños que se desvanecen en el aire
Ensoñadora consciente en tu estado de vigilia
Y
Activista inconsciente en un plenilunio de mentiras
Buscas y anhelas el bienestar social
Pero ellos se encargarán de destruir tus cimientes de verdad
Crees cándidamente en las políticas del sistema
Mas no sabes que ellos ya se han vendido cual ramera.
Aún
Confías en sus falaces y encaprichados discursillos
Antiquísimos y vaporosos como nuestro pasado remoto
Hemos perdido las raíces de nuestro pueblo
Por ello
Al desear un cambio, se traduce en un delito de estado
Hemos perdido el norte, sí y también el sur
Nuestras tierras han sido usurpadas por rapaces usureros
En cambio tú todavía…
Amas
Tu tierra, tu vida, tu patria.


miércoles, 8 de junio de 2011

Una inusual tarde en Santiago.



Aquella tarde estaba más fresca de lo usual, el viento fluctuaba amigablemente por los recovecos de la sobrepoblada ciudad santiaguina, caían las hojas de los árboles en las plazas y la gente te sonreía a menudo, lo que en más de una ocasión me impresionó, pues al parecer no era un típico día de rutina, ya que las personas se dirigían con rostros risueños y sonrosados a sus trabajos. Las sardinas enlatadas se habían convertido en pececillos audaces nadando por el mar, la vida fluía siguiendo un curso convencional o, al menos así me parecía en aquel entonces. Sin embargo, en esos momentos un mínimo detalle captó mi atención, era una anciana que me miraba con dudosa intención, no sabría describir la situación, no obstante, me sentía observado, no era lo que se podría denominar un estado de paranoia, sino que efectivamente me observaba sobremanera y lo confirmé mirando de reojo, ya que luego que la anciana dejaba de posar sus ojuelos sobre mí, los situaba en dirección a cualquier persona o pareja que avivase sus sentidos y, posteriormente en un cuadernillo de mano, anotaba sus observaciones y así me percaté que no era el único escritor que viajaba en el tranvía, aunque aprendí que tal como aquellos que pertenecen a un mismo gremio, ideología o incluso condición sexual se detectan, así ambos supimos, quizás intuitivamente, que éramos seres sensibles en un mismo recorrido.

Después del inesperado episodio de aquel día, me bajé en la estación predeterminada y me aproximé rumbo a la salida, un tanto agobiado por lo que veía venir encima; sabía que tendría una larga y debatida jornada, ya que no me dirigía a cualquier lugar, sino a uno muy pintoresco donde tendría que tratar temas más columbrados de los que acostumbraba y prepararme como para la guerra, ya que desde hace mucho sabía que los exaltados debates eran la metáfora misma de la épica caballeresca. Llevaba el arma más poderosa a mi haber, un libro; además de ello llevaba un maletín repleto de cosas inservibles, unos cuantos bolígrafos, hojas para tomar notas y por si fuera poco, un termo portátil que me permitía sorber café en el momento que estimase conveniente. Al llegar a mi destino, un lugar glacial con carácter de frigorífico y, por consiguiente, un clima gélido que te calaba hasta el tuétano de los huesos, cavilé que después de todo, mi aparatoso maletín y los curiosos utensilios que en él llevaba, no eran tan inservibles, así que me apresté a coger mi termo y de lleno calentar el garguero con una taza de café.

Me encontraba situado en aquel recinto, sentado en segunda fila sorbiendo café parsimoniosamente, al compás de mis pensamientos que no tenían necesidad aún de acelerarse, sino más bien de dedicarse a la contemplación, labor que siempre amerita un esfuerzo adicional, pero que no va más allá de una aguda observación táctico visual. En ello me encontraba cuando alguien se apuntaló a mi lado con un gentil “hola, qué tal te va”, cuya resonante y a la vez abrasadora voz me pareció conocida, en efecto, era una gran amiga, motivada por la misma idealista razón que me había hecho desembocar en aquel lugar, donde cuya estadía no sería sin penas ni glorias. No bien nos saludamos, comenzamos a hablar de la vida, de la sociedad, la cultura y, de la infaltable política, transcurriendo los minutos a una velocidad que personalmente acoplaría a la de la luz, pues siempre que estaba junto a ella, nuestro tiempo se hacía efímero.

A la zaga de aquel encuentro preconcebido, sin embargo, no del todo predeterminado, pues nunca sabemos cómo acabarán las cosas en nuestra vida, comenzó la perorata a la usanza académica de los principales invitados a la ceremonia, la que a medida que transcurría dejaba entrever que sería más distendida de lo que esperaba y, a su vez más armonizada, pero no pude evitar una leve distracción ante las sutilísimas palabras que hasta mi oído llegaban y me percaté de una peculiar pareja que al parecer iniciaría un conflicto tantas veces encendido y tal como cenizas de un fuego previo enardecen ante el más nimio contacto, así estos dos tórtolos estaban hechos unas furias, por ello era obvio que las motivaciones y reacciones me interesarían más que una charla, así que me dispuse a contemplar cómo se desarrollaba aquel apasionante conflicto.

Ella, cuyos ojos resplandecían de furor y belleza, pues cuando más se alzaba, más bella se tornaba, tenía crispados los dedos, el cuerpo en movimiento continúo, en una especie de vals, que delataba una cadencia especial, dejando intuir que seguramente practicaba algún tipo de danza, ya que se movía gracilmente, incluso cuando se encolerizaba, mientras él la miraba atento, quizás con cierto embeleso, denotando que la amaba con una irresistible pasión y que, probablemente provocaba su enfado para luego conseguir la tan anhelada reconciliación, que tanto uds como yo, sabemos cómo son en estos casos. Así él sólo pronunciaba unas cuantas palabras que a ella la terminaban por irritar, respondiendo no sólo con su cadente voz, sino que también hacía uso de su corporeidad femenina, que me bastó lo justo y necesario para saber quién ganaría la batalla. Al inferir cuál sería el final, preferí volver a prestar atención a la charla, que versaba sobre la discreción y buena educación.

miércoles, 1 de junio de 2011

La poderosa pudrición del dinero.



El poder es irresistible y sabroso, con sabor a pasas al ron
Pero cuando te engatusa y seduce has caído en las garras del infierno
Atrapa como león a la gacela y enturbia la razón
Carcome los sentidos y deja roñosos latidos
No corrompas tu vida en la negrura del abismo
Ni te entregues cual ramera a sus pretextos sin sentido
Olvida el placer maldito, sé libre de la enemiga prisión
Desátate del imperio de los vencidos
Y véngate de la inaprensible pudrición.

Repugnantes ratas son los amantes del dinero
Se arrastran como serpientes lamebotas ante un superior
Y con los subalternos son como perros hambrientos
Los estrujan y se aprovechan de su sumisión
Cargándolos como esclavos sin libertad de acción
Por ello odio y aborrezco al político ladrón,
A la veterana adinerada y a la rancia aristocracia.

lunes, 30 de mayo de 2011

Política sin fundamento.



Alcemos nuestras manos y votemos ¡OH compañeros!
Arengas vacías y sin sentimientos, adiós patriotismos
Patrias sin dueños, anarquistas sin ideales
Y feligreses añorando el Apocalipsis atormentante
Pasiones calladas y voces silenciadas
Minorías subordinadas ante mayorías que coartan
Opresores agazapados como montaraces leones
Devorando entrañas y domeñando la cerviz de los ciervos
Manos atadas, pensamientos encadenados y libertad ultrajada.

Politiquerías vendidas al sistema
Que están por el pueblo pero sin el pueblo
Facciones gobernantes codiciando el poder como un diamante
Burocracias tramitantes de filas interminables
Utópatas delirantes que consumen realidades
Sueños frustrados y absurdos sin sentido
Olvidémonos del tiempo, pues hasta él nos ha sido vendido.

jueves, 26 de mayo de 2011

Amor libre, amor encapuchado.




Amores que van, amores que vienen
Amores sin sentido y amores consentidos
Danzas de conquista y reconquista
En tiempos de guerra y tiempos de paz
Se ha dicho que el amor es como la guerra y
Como el arte de la guerra, hay un arte de amar.
El tiempo transcurre, la vida fluye
Sin embargo, las movilizaciones siguen y el paro nos seduce
Las causas son políticamente correctas,
Es decir, ideológicamente in… uds ya sabe.

Enarbolamos nuestra bandera de la sacro santa libertad
Y cuando creemos ser libres, es cuando más se nos reprime
Buscamos ansiosamente la desprejuiciada libertad de acción y expresión,
Mas se nos acecha como vándalos, godos y bárbaros
Siendo que somos más que simios amaestrados,
Pero no niego que existen autómatas robotizados
Que siguen órdenes dictatoriales y que esgrimen sus armas medievales.

Somos apasionados de la libertad, equidad y bienestar social,
Enemigos de la coartación, vanagloria y discriminación
Anhelamos realidades, en contra de las utopías de facciones gobernantes
Estamos con el pueblo y aún creemos en los sueños
Pues cuando los olvidemos, ¡ay! De aquellos tiempos.



domingo, 22 de mayo de 2011

Vivir sin libertad.



Encuentros casualmente determinados por el destino
Retratos en sepia y suspiros de amor
Perfiles griegos de rasgos masónicos
Zalamerías frívolas en un mundo enajenado de mentiras
Consumismo ferviente y hedonista para escapar de la rutina
Vidas que fluyen y autómatas sin vida
Corazones rotos y compras azarosas sin corazón
Altruismo delirante que satisface el narcisismo propio
Oprobios y opio para los cuerpos que gozan de tal resignación
Varias monotonías que no varían a polifonías
El canto de uno es el canto de todos
La homogeneidad devora las entrañas de la diversidad
Los homofóbicos carcomen a los homos
Y la libertad se pierde al no vivir, ni dejar vivir
Las sutilezas de palabras vanas no logran nada
Luchas encarnecidas por una naturaleza que se desvanece,
Silencios rotos en disturbios pacíficos que desembocan en vandalismos
Discursos utópicos de añejadas políticas
En una nación donde la vida se juega día a día
Trastocando la democracia en oligarquías
Anarquistas y nihilistas sólo buscan la libertad
Que todos segundo a segundo perdemos sin más en esta sociedad.

jueves, 19 de mayo de 2011

No olvides tu memoria.



Mucho se ha dicho sobre la memoria y quizás no habría más que decir, sin embargo, un tema no se agota en sí mismo, sino porque muere en el olvido, por ello de vez en cuando una reflexión le hace bien a nuestro espíritu. Reconozco que no soy un experto en esta temática, no obstante, procuraré otorgarle una mirada y perspectiva, si es que no renovada, al menos con tono reflexivo, a la que para algunos es causa de nefastas incongruencias en su vida y para otros, un deleite continuo. Pues bien, al pensar en aquella intangible y etérea esencia que nos corresponde intrínsecamente, nos trasladamos a un espacio a ratos enajenado, a ratos desencajante de nuestra vida, donde es probable que en más de una ocasión nos hayan surgido cuestionamientos como los siguientes: ¿por qué recordamos, qué memoramos y acaso no se puede señalar, por qué no podemos escoger lo que deseamos forme parte de nuestras evocaciones pasadas? En efecto, la memoria se nos escapa de las manos, se desvanece en el mar de la vida, de manera que no podemos controlarla y cuando pretendemos asirla, nos juega una mala pasada. Sin dejos de nostalgia, cuando anhelamos hacer vivo un recuerdo, éste nos dificulta su acceso y, contrariamente, en circunstancias inesperadas aparecen memorias de la nada.

¿Pero qué hacer entonces con la memoria? Simple y llanamente, hay que dejarla ser, ya que la libertad debe manifestarse en todo orden y ámbito de situaciones, por ende, no podemos coartar una capacidad que nos es tan inherente. Por otro lado, si buscamos definirla, tal vez estemos a años luz, sin embargo, prefiero analizarla desde diversos enfoques, para así desprender lo que subyace a ellos, que, lógicamente, debiese concordar con sus características esenciales. Siguiendo la línea de lo antedicho, cuando escuchamos la palabra memoria, fundamental y comúnmente, nuestra primera asociación está ligada a un estado mental particular, a un submódulo de nuestro sistema cognitivo, que nos permite ser y estar en el mundo, puesto que somos conscientes de él y, de este modo, existir. Haciendo una analogía con el cogito ergo sum carteseano, podríamos concluir: “recuerdo, por lo tanto, existo.” Esta sentencia, lejos de ser definitiva, es una forma de plantear la trascendencia de aquella capacidad que poseemos, que generalmente es menospreciada, en tanto que sin poseerla, no seríamos conscientes de nuestro historial de vida y, así viviríamos cada día como único, como si fuera nuestra primera y última vez en la vida.

Quizás para aquellos que gozan del carpe diem o el dulce far niente, dependiendo la visión latina o italianizante, lo precedente sería la gloria misma, pero para quienes independiente de si sus recuerdos son negativos, positivos, términos medios, entre una infinidad de posibilidades, dependiendo de la subjetividad del experimentante, lo recurrente sería que no lo disfrutaran, pues en más de una oportunidad al escuchar a alguien opinar sobre este tema, ha apuntado a lo que, personalmente, ya aludí, que está interrelacionado con la siguiente secuencia: “la inverosímil existencia de un yo en un aquí y un ahora, sin un yo cuyo antes fui en un allí.” Vale decir, simplificándolo sobre manera, se torna imposible existir sin la memoria. En fin, hay extensas bibliografías sobre estas problemáticas, pero por ahora preponderantemente haré referencia a otra acepción de este vocablo, la emparentada con lo que se suele entender como “memoria colectiva.”

¿Pero qué pretende reflejar esta perspectiva? A lo que apunta, es a un ser social, al ser humano en sí mismo, ya que éste desde remotos tiempos ha sido gregario y, por ello, esta memoria común, constitutiva de una comunidad humana, conforma los basamentos troncales para la autodefinición como sociedad, nación, país, etnia. Lo que nos conlleva a la difícil resolución de controversiales cuestiones que últimamente han estado en boga. ¿Existe o no una memoria colectiva y hasta qué punto nos define? Ésta queda como pregunta abierta, porque en este limitado espacio no podría dar claras luces de ella, pero al menos, quedémonos con la idea de que cada individuo que la compone es necesario, aunque tal vez si falta uno el sistema no se altera, sobre todo en sociedades tan amplias y dispersas, piénsese en las comunes sobrepoblaciones. Sin embargo, pienso en que aquello es una crueldad, pues cada uno posee su propia historia y visión de mundo particular, que dentro de lo posible es menester rescatar y no desechar, pero más vale que aquello lo resuelvan probablemente antropólogos o sociólogos.

Finalmente, cabe destacar que es mucho lo que se puede hablar sobre esta problematización y, por consiguiente, reitero, todos somos los llamados a reflexionar sobre los hechos de la memoria, ya sea subjetiva, social o en cualquier otra acepción, puesto que es una entidad que nos pertenece, sienta las bases de nuestras raíces y, por tanto, debemos manifestar lo que creemos de ella, así que dejo como formulación culminante, ¿qué crees tú sobre la memoria?

miércoles, 11 de mayo de 2011

Las tres Marías.


 
Todos en algún momento de nuestras vidas hemos ido por una calle curiosa, de aquellas que en sus intersticios reservan espacios para los vendedores ambulantes, el ciego limosnero que, paradójicamente, no nos vende limones, sino que con su voz potente, grave y honda nos suplica casi evangélicamente por unas monedas, ante lo que a cambio nos ofrece enérgicas y retumbantes canciones, que motivan a que la gente que circunda por los alrededores se aproxime a oír en más de una ocasión, aquellos desarmonizados cantos, que alejan a los pájaros, pero que atraen a los niños y a aquel transeúnte que tenga una cuota adicional de tiempo y que no vaya a un trote incesante rumbo a su rutinario trabajo, tan típico de aquellos que viven pensando en el qué no haría si tuviese otro día a día.

Justamente uno de aquellos tipejos particulares, que a menudo piensan en el estrés que les genera un estilo de vivir tan poco dado al esparcimiento y al compartir con otros, salvo en aquellas circunstancias donde el intercambio común de palabras sólo se produce para pedir un café o pastel en la cafetería más cercana o el susurrante permiso de alguien que ha quedado atrapado en el metro o en la micro, sin poder descender de ella, escuchando un claustrofóbico “estimado pasajero comienza el cierre de puertas” y aquella anciana o aquel personajillo protagonista de nuestro relato, ha quedado encerrado en una atosigante lata de sardinas.

Nuestro personajillo tiene por nombre Pedro, no porque resguarde las puertas del cielo, ni porque haya negado tres veces a cristo, menos aún por las tres constelaciones del cielo que conforman la triada mariana, sino simple y llanamente porque sus padres gustaron de llamarle Pedro. Sin embargo, llámese coincidencia o azares de la vida, cuestión que nuestro personajillo no creía, sino más bien que él pensaba en el determinismo del destino dentro de sus cuestionamientos cotidianos y, por ello los tres acontecimientos sucesivos que contaré a continuación, le parecieron los más normales y usuales del mundo.

Pedro, al bajarse del metro y luego de transitar maquinalmente por el andén se detuvo un momento a observar la vitrina de anuncios, para ver si es que había algo que le interesara. Fue en ese preciso instante, que sintió levemente un roce en el bolsillo de su pantalón, lo cual le extraño en demasía, sin embargo, dada la invasión batahólica de personas que se dirigían rumbo a la salida, lo repensó y se convenció de que en sitios como ése era inevitable andar estrellándose con la gente. Con esos pensamientos y luego de observar detenidamente la cartelera de cine sobre películas que le llamaban la atención, miró rápidamente su muñera, dio un suspiro, contempló su alrededor, revisó sus bolsillos, donde breves segundos antes había sentido una imperceptible fricción y se apresuró a la zaga de un singular personajillo.

Corrió dentro de lo que sus fuerzas le permitían, lo más raudamente que pudo, manteniéndose a paso firme y agudizando su visión a un extremo similar de la que tendría un ave de rapiña frente a su presa, así fue que a veinte metros de distancia se encontraba, cuando la inolvidable y noble anciana que en aquel momento debió encontrarse en otro lugar se atravesó en su camino y ambos se parapetaron rumbo al subsuelo. No obstante, ella tuvo más suerte, si así se quiere, ya que delante de Magdalena, pues ése era su nombre, se encontraba una admirable y esbelta joven, cuyo simpático apelativo que por costumbre le ponían sus clientes, era el de Salomé. Efectivamente, al caer Pedro y Magdalena a la subterra o al infierno del metro, nuestra distinguidísima amiga sostuvo a la que podría haber sido su madre, sin que ésta sufriese el más mínimo rasguño. Pero Pedro, en medio de las ultrajantes risas y maliciosos comentarios, luego de su odiseica aventura a las profundidades del abismo, se puso dignamente en pie, aunque no se podría decir qué le causaba más pesar, su estado deplorable y sus articulaciones medio doloridas o la pérdida monetaria de la cual era consciente al no atisbar ya al singular hombrecillo.

Ya hemos referido que en la vida de Pedro, por los azares del destino, se le han cruzado interesantes personajes, pero de este último, que de profesión era ladrón, graduado en la más pura y académica escuela, que es la calle, no hemos hecho ni el más ligero ápice de descripción. Pues bien, era un hombre alto, de complexión fornida, cuya melena negra le llegaba hasta sus hombros, generándole una apariencia casi mesiánica. Sé qué están cavilando, queridos lectores u oidores, ¿cómo un ladrón puede ser un Mesías?, pues créanme o no, lo era. Posterior a la victoriosa escapatoria que tuvo del metro, se alejó por una tumultuosa calle, cuando a sus oídos llegó una retumbante canción, que caló tan hondo en su interior que le hizo detenerse por una fracción de segundo y varió la dirección en la cual iba. Al encontrarse frente a aquel sujeto que tal como Lázaro, predicaba con su voz, sintió una gran conmoción y toda su vida se le vino a su mente en centésimas de segundo y sin pensárselo arrojó la billetera que tenía en sus manos sobre el tarro que estaba a un costado del ciego, pero se llevó el reloj y como si nada siguió su camino.

Por otro lado, Pedro, alicaído, consiguió salir de la estación de metro y cuando estaba irremediablemente resignado por la eminente pérdida que había tenido aquel día, oyó una voz que le inspiró, que de cierto modo le alegró, incluso más de lo que en ese entonces consideró. Cabizbajo se aproximó y de reojo miró al hombre que cantaba con gran entonación y se percató de su ceguera, lo cual le causó mucha pena, hasta tal punto, que él siendo de vocación médico quiso ayudarlo. Algunos creen en dios, otros creen en el destino, otros simplemente no creen en nada, pero en ese instante los ojos le brillaron de la impresión al observar la billetera que ya daba por desaparecida y sin dudarlo dijo: hombre, deja de cantar y acompáñame, hoy ambos andamos de suerte, te tengo que ayudar.

Finalmente nuestro ciego, que ya no lo es, se curó y aquel desilusionado y conformista médico que vivía una rutinaria vida en este caótico mundo, creyó en algo que se asemejaba a Dios y conoció a la que podría ser su más apasionado amor. Efectivamente, Betania, la hija del limosnero era de una belleza sin igual, que a primera vista lo cautivó. Pero aquella es otra historia, mas por hoy creamos en el destino.

viernes, 6 de mayo de 2011

Amores perdidos.



Música a la luz de las velas que se rebelan
Que te invocan a gritos flameante hoguera
Que enciendes con tu pasión corazones
Que no osan tocarte ni con el pétalo de una flor
Cometo trequeísmos a ratos forzados a ratos ambiguos
Sólo para decirte que te sigo amando y extrañando
Por ello sé que en el espejo aquel que es mi memoria no me abandonas
Mas tu cuerpo yace a leguas remotas de mi soledad
En un sin fin de cascabeles oscilantes de serpentina rosa
Perfumadora de fragancias aterciopeladas y áureas
Áureas son las dulces dianas que recubren tu rostro inmaculado
Sin mácula es tu poesía dadora de vida y tronante de risas.

Sí, nos reímos en pretéritos tiempos donde tus gorjeos parecían caricias
Donde tus caricias asemejaban besos y
Donde tus besos eran la expresión de tus sentidos y
Tus sentidos la verbigracia de un cuerpo exuberante de lirismos
Que me saben a nostálgicas melodías
En la ciudad que dijiste sería mía y tuya, la haría mía
Penetrando en sus nocturnas calles y consumando voy consumiendo
Lo que fueron amores perdidos que ahora se han esfumado con el tiempo.

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...