lunes, 20 de junio de 2011

Liberemos a la sociedad del liberalismo.



Amarras sociales, encadenantes y aprisionantes
Un pasado inconcluso
Un presente tortuoso y un porvenir desastroso
Se avecina la crisis sistémica, la caída bursátil
Y el fin de los tiempos nos acecha
El mal del siglo se acentúa y se aproxima a caminata lenta
¡Ay! Adiós libertad de expresión y prensa
El tiempo se esfuma, rápido, vuela tal gacela
El lucro nos condena, las empresas siguen sumando
La gente y el pueblo siguen restando
Las cuentas se acumulan hasta la torre de Babel han llegado.

Naciones sin dueño y patrias sin destino
Estados y potencias dominantes que coartan los sentidos
Oligarquías y oligopolios a manos llenas que lo consumen todo
Libertad, valor trastocado de la humanidad
Imponentes instituciones lucrativas
Benditas industrias iluminadas por el hálito divino
Economías zigzagueantes que escalan y descienden a vaivenes
Reacciones públicas y luchas ante el poder dominante
Alardes utópicos y negación de realidades
Locuras enajenantes de facciones gobernantes
Ideas ilustradas y revolucionarias que se desvanecen en la nada
Sociedades torturadas por males y plagas
Monedas, billetes, transacciones emergentes
Opacan nuestros derechos y obstruyen nuestras mentes.

jueves, 16 de junio de 2011

La sociedad chilena del siglo XXI. Parte I.



Sin pretensiones de realizar un análisis sociológico, sino que simple y llanamente esbozar una interpretación personal que lejos de ser absoluta, sólo pretende mostrar una panorámica general de cómo cada vez más nuestra manera de pensar, modo de comportarnos y desenvolvernos en ella se torna incompatible, sino rasamente incongruente con una amplia gama de nuestros ideales, donde en variadas ocasiones éstos se han visto tergiversados, anulados y politizados por ideologías que eminentemente buscan captar adeptos que se abandericen por lo que ellos plantean, que en innúmeros casos prometen mucho más que aquello que cumplirán efectivamente. Sin embargo, la actual política es sólo un modelo visible de cómo se está focalizando nuestra sociedad, pues el fundamento propiamente tal de ella se ha ido desvaneciendo, ahora como suelo decir, lo “políticamente correcto”, es contra natura, ya que en vez de buscar un bien común, lo que se pretende obtener es el lucro individual o para aquéllos que son partidarios de una determinada ideología.

            Por otro lado, como todos sabemos en una nación nada sucede al azar, los cambios y más aún revolucionarios, tampoco son la excepción, puesto que éstos implican en primer lugar una toma de consciencia sobre el acontecer colectivo, pero a veces se da el caso, en que si bien el sistema presenta a claras luces falencias, éste no siempre está del todo errado, sino que sólo algunas de sus partes poseen fallas, las que es menester que sean no mitigadas, sino de plano solucionadas. ¡Eureka! He ahí el meollo del asunto, las soluciones, tema que analizaré en otro artículo reflexivo, pues en el presente, sólo me limitaré a tratar y dar revista a la amalgama de temas que están imbricados en este macro sistema, que denominamos sociedad chilena.

            Para nadie es novedad el plantearse el hecho concreto que vivimos en una sociedad de índole neoliberal, donde literalmente se alude a una nueva liberación, pero la pregunta que cabe realizarse es en qué consiste ésta. Frente a aquella interrogante, la respuesta es múltiple, desglosándose en el ámbito político (someramente esbozado), económico sobretodo, pues principalmente se centra en el libre cambio y tránsito de bienes y servicios, tanto a nivel país, como internacional. No obstante, aquello trae aparejado una serie de consecuencias, tales como una continúa privatización, un consumo incitado y provocado, que influye directamente en el factor social, entre muchos otros. Pero personalmente considero más transversal analizar este último, ya que es la sociedad la que se ve más afectada por este modelo.

            La sociedad, aquella comunidad de personas que posee raíces culturales, étnicas y territoriales en común, pero ¿ésta es sólo el conjunto de ellas o en este caso singular, el todo es más que la mera suma de las partes? En efecto, lo es, ya que si bien está constituida por individuos particulares y realidades diversas que en teoría, viven armónicamente, sin discriminación, de un modo pacífico y sin coartar la libertad del otro, fundamentos todos los cuales, sabemos que se encuentran diametralmente opuestos a la realidad de nuestro país; no se gesta de manera aislada, pues como sistema, posee el rasgo intrínseco de unidad de sus partes, donde si uno de sus elementos presenta un desperfecto, desencadenando una especie de efecto dominó, hará que todos los demás, ya sea directa o indirectamente se tambaleen como mínimo o se desplomen, ocasionando, por consiguiente, un estancamiento en el sistema.

            Es así, como se habrán percatado, nos enfrentamos a una constelación compleja de partes, donde la sociedad es lo que subyace, en tanto sistema, con sus segmentos respectivos, mencionados con antelación y, a su vez se manifiesta en diversos planos: económico, político, ideológico, entre otros. A continuación, retornando al nivel económico, éste en las últimas décadas se ha caracterizado por potenciar el desarrollo industrial de privados, relegando las empresas nacionales, hasta tal punto que hacia donde miremos, de norte a sur, nos veremos frente a ellas, pues gran parte de nuestra economía se ve repercutida por las decisiones de éstas, que por lo demás, se quedan con muchos de nuestros recursos económicos. Pero ése no es el problema principal, sino más bien las devastadoras y nefastas consecuencias que ello conlleva al medioambiente, puesto que para nadie es un tema tabú, tras el boom que provocó la problemática de Hidroaysén, que las empresas generan una contaminación tal que se convierte en el desencadenante fundamental de la sobreexplotación de recursos naturales, además de la muerte de flora y fauna en nuestro país. Respecto a lo anterior, no podemos soslayar la cantidad cada vez más abrumadora de especies autóctonas en peligro de extinción. Por otra parte, si bien concuerdo en que las industrias, casi de perogrullo son las que más destruyen los ambientes, nosotros como consumidores también poseemos nuestra cuota de culpabilidad.

            Y, evidentemente, nuestra cuota de culpabilidad, radica en el consumo irresponsable de bienes y servicios. Basta dirigirse al centro comercial más cercano (los comúnmente llamados “mall”), recorrer sus ajetreados espacios, tiendas, juegos de esparcimiento, los que en esencia no poseen una connotación negativa, sino que cuando se torna un exceso he ahí el problema y ¿qué creen que ha sucedido? Efectivamente nos hemos excedido, ya que cada vez más nos asemejamos a gringolandia, consumiendo como si el mundo se fuera a acabar, desde platos de comida rápida y los mil y un desechos de éstas, la tenencia exacerbada de bienes suntuarios, los que procederé a analizar en mayor profundidad.

            Cuando hablamos de bienes suntuarios, generalmente se hace alusión a aquellos que no son de primera necesidad y, por consiguiente, suelen obtenerse una vez satisfechas aquéllas más básicas, tales como la alimentación, salud, calor, vestimenta, lugar habitacional, entre otros. No obstante, la visión de aquéllos ha dado una vuelta de tuerca, pues ahora han llegado hasta tal punto, que, por ejemplo, se entienden prácticamente como primera prioridad los celulares, los que si bien en tanto medios de comunicación, se tornan necesarios, el hecho de poseer dos, tres, cuatro o incluso más por persona, al igual que computadores y una sarta de objetos más, de los que posteriormente nos libramos en determinadas ocasiones cuando han llegado a su obsolescencia o, en otras, simplemente cuando ha aparecido otro de mejor calidad. Pero lo que es aun peor y que está aparejado, es la contaminación que ellos generan, cuando preferimos botar, literalmente, al tacho de la basura, prendas de vestir en desuso, plásticos, vidrios y un centenar de etcéteras, que en vez de reciclarlos (situación trágica en Chile), simplemente esperamos a que llegue el camión de basura y que se los lleve lejos de nuestra vista. Lo que no quita que estén contaminando.

            Desde otra óptica, englobando este círculo vicioso, persiste lo que se ha venido a designar como obsolescencia programada, donde nosotros en tanto consumidores activos, no somos más que conejillos de indias, pues hay un entramado tal que ni siquiera nos percatamos que somos víctimas de él, por ello considero preciso relatarles de qué trata esta lamentable historia. Respecto a este tema, como de costumbre, reconozco que no soy un experto, pero sí quiero colaborar con la difusión crítica de aquello que nos afecta sobremanera, cuyo primer eslabón es la creación de objetos, cuya vida útil siempre es menor a la que debiese ser si sus fabricantes buscaran brindar un producto de calidad a sus usuarios o clientes, lo que dista en demasía de ser así. Un ejemplo clásico que suele emplearse es el de las ampolletas, -ante lo que si quieren indagar más, pueden recurrir a determinados reportajes, que han tratado en mayor extensión estas temáticas-, donde éstas en sus inicios tenían una duración que beneficiaba a muchos usuarios, pero que con el tiempo, pese al descubrimiento de otras de mayor duración, fueron descartadas, ya que no le convenía a los productores, puesto que eso implicaba una reducción en sus ganancias, debido a que los usuarios las renovarían de una forma más dilatada. Éste como se suele apuntar, es el primer caso que se conoce de la tal llamada obsolescencia programada, la que como habrán concluido, ocurre con gran parte de nuestros imperfectos artefactos electrodomésticos.

            Por otra parte, un segundo eslabón dentro de este viciado proceso, lo conforma la publicidad, la que se ha propalado desde sus cimientes, invadiendo cada vez más nuestros hogares, junto a sus pares mediáticos, tales como la televisión, Internet y periódicos, los que neutralmente hablando, no poseen una connotación negativa, pero cuando son manipulados, correspondiendo con una ideología preestablecida y, si a ello le sumamos un influjo hacia nuestros gustos e intereses, a través de técnicas persuasivas, cuyo afán radica en convertirnos en consumidores empedernidos, ahí se completa el ciclo para el cual estamos prácticamente acondicionados, similar a la visión que presentaba el libro “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.

           

miércoles, 15 de junio de 2011

Una mujer con ideales.




Mujer de ojos enamorados del destino y la vida
Musa que navegas los mares de la ciudad santiaguina
Idealista, de ideologías claras como un manto de agua cristalina
Víctima de la opresión y la perfidia
Cazadora de sueños que se desvanecen en el aire
Ensoñadora consciente en tu estado de vigilia
Y
Activista inconsciente en un plenilunio de mentiras
Buscas y anhelas el bienestar social
Pero ellos se encargarán de destruir tus cimientes de verdad
Crees cándidamente en las políticas del sistema
Mas no sabes que ellos ya se han vendido cual ramera.
Aún
Confías en sus falaces y encaprichados discursillos
Antiquísimos y vaporosos como nuestro pasado remoto
Hemos perdido las raíces de nuestro pueblo
Por ello
Al desear un cambio, se traduce en un delito de estado
Hemos perdido el norte, sí y también el sur
Nuestras tierras han sido usurpadas por rapaces usureros
En cambio tú todavía…
Amas
Tu tierra, tu vida, tu patria.


miércoles, 8 de junio de 2011

Una inusual tarde en Santiago.



Aquella tarde estaba más fresca de lo usual, el viento fluctuaba amigablemente por los recovecos de la sobrepoblada ciudad santiaguina, caían las hojas de los árboles en las plazas y la gente te sonreía a menudo, lo que en más de una ocasión me impresionó, pues al parecer no era un típico día de rutina, ya que las personas se dirigían con rostros risueños y sonrosados a sus trabajos. Las sardinas enlatadas se habían convertido en pececillos audaces nadando por el mar, la vida fluía siguiendo un curso convencional o, al menos así me parecía en aquel entonces. Sin embargo, en esos momentos un mínimo detalle captó mi atención, era una anciana que me miraba con dudosa intención, no sabría describir la situación, no obstante, me sentía observado, no era lo que se podría denominar un estado de paranoia, sino que efectivamente me observaba sobremanera y lo confirmé mirando de reojo, ya que luego que la anciana dejaba de posar sus ojuelos sobre mí, los situaba en dirección a cualquier persona o pareja que avivase sus sentidos y, posteriormente en un cuadernillo de mano, anotaba sus observaciones y así me percaté que no era el único escritor que viajaba en el tranvía, aunque aprendí que tal como aquellos que pertenecen a un mismo gremio, ideología o incluso condición sexual se detectan, así ambos supimos, quizás intuitivamente, que éramos seres sensibles en un mismo recorrido.

Después del inesperado episodio de aquel día, me bajé en la estación predeterminada y me aproximé rumbo a la salida, un tanto agobiado por lo que veía venir encima; sabía que tendría una larga y debatida jornada, ya que no me dirigía a cualquier lugar, sino a uno muy pintoresco donde tendría que tratar temas más columbrados de los que acostumbraba y prepararme como para la guerra, ya que desde hace mucho sabía que los exaltados debates eran la metáfora misma de la épica caballeresca. Llevaba el arma más poderosa a mi haber, un libro; además de ello llevaba un maletín repleto de cosas inservibles, unos cuantos bolígrafos, hojas para tomar notas y por si fuera poco, un termo portátil que me permitía sorber café en el momento que estimase conveniente. Al llegar a mi destino, un lugar glacial con carácter de frigorífico y, por consiguiente, un clima gélido que te calaba hasta el tuétano de los huesos, cavilé que después de todo, mi aparatoso maletín y los curiosos utensilios que en él llevaba, no eran tan inservibles, así que me apresté a coger mi termo y de lleno calentar el garguero con una taza de café.

Me encontraba situado en aquel recinto, sentado en segunda fila sorbiendo café parsimoniosamente, al compás de mis pensamientos que no tenían necesidad aún de acelerarse, sino más bien de dedicarse a la contemplación, labor que siempre amerita un esfuerzo adicional, pero que no va más allá de una aguda observación táctico visual. En ello me encontraba cuando alguien se apuntaló a mi lado con un gentil “hola, qué tal te va”, cuya resonante y a la vez abrasadora voz me pareció conocida, en efecto, era una gran amiga, motivada por la misma idealista razón que me había hecho desembocar en aquel lugar, donde cuya estadía no sería sin penas ni glorias. No bien nos saludamos, comenzamos a hablar de la vida, de la sociedad, la cultura y, de la infaltable política, transcurriendo los minutos a una velocidad que personalmente acoplaría a la de la luz, pues siempre que estaba junto a ella, nuestro tiempo se hacía efímero.

A la zaga de aquel encuentro preconcebido, sin embargo, no del todo predeterminado, pues nunca sabemos cómo acabarán las cosas en nuestra vida, comenzó la perorata a la usanza académica de los principales invitados a la ceremonia, la que a medida que transcurría dejaba entrever que sería más distendida de lo que esperaba y, a su vez más armonizada, pero no pude evitar una leve distracción ante las sutilísimas palabras que hasta mi oído llegaban y me percaté de una peculiar pareja que al parecer iniciaría un conflicto tantas veces encendido y tal como cenizas de un fuego previo enardecen ante el más nimio contacto, así estos dos tórtolos estaban hechos unas furias, por ello era obvio que las motivaciones y reacciones me interesarían más que una charla, así que me dispuse a contemplar cómo se desarrollaba aquel apasionante conflicto.

Ella, cuyos ojos resplandecían de furor y belleza, pues cuando más se alzaba, más bella se tornaba, tenía crispados los dedos, el cuerpo en movimiento continúo, en una especie de vals, que delataba una cadencia especial, dejando intuir que seguramente practicaba algún tipo de danza, ya que se movía gracilmente, incluso cuando se encolerizaba, mientras él la miraba atento, quizás con cierto embeleso, denotando que la amaba con una irresistible pasión y que, probablemente provocaba su enfado para luego conseguir la tan anhelada reconciliación, que tanto uds como yo, sabemos cómo son en estos casos. Así él sólo pronunciaba unas cuantas palabras que a ella la terminaban por irritar, respondiendo no sólo con su cadente voz, sino que también hacía uso de su corporeidad femenina, que me bastó lo justo y necesario para saber quién ganaría la batalla. Al inferir cuál sería el final, preferí volver a prestar atención a la charla, que versaba sobre la discreción y buena educación.

miércoles, 1 de junio de 2011

La poderosa pudrición del dinero.



El poder es irresistible y sabroso, con sabor a pasas al ron
Pero cuando te engatusa y seduce has caído en las garras del infierno
Atrapa como león a la gacela y enturbia la razón
Carcome los sentidos y deja roñosos latidos
No corrompas tu vida en la negrura del abismo
Ni te entregues cual ramera a sus pretextos sin sentido
Olvida el placer maldito, sé libre de la enemiga prisión
Desátate del imperio de los vencidos
Y véngate de la inaprensible pudrición.

Repugnantes ratas son los amantes del dinero
Se arrastran como serpientes lamebotas ante un superior
Y con los subalternos son como perros hambrientos
Los estrujan y se aprovechan de su sumisión
Cargándolos como esclavos sin libertad de acción
Por ello odio y aborrezco al político ladrón,
A la veterana adinerada y a la rancia aristocracia.

lunes, 30 de mayo de 2011

Política sin fundamento.



Alcemos nuestras manos y votemos ¡OH compañeros!
Arengas vacías y sin sentimientos, adiós patriotismos
Patrias sin dueños, anarquistas sin ideales
Y feligreses añorando el Apocalipsis atormentante
Pasiones calladas y voces silenciadas
Minorías subordinadas ante mayorías que coartan
Opresores agazapados como montaraces leones
Devorando entrañas y domeñando la cerviz de los ciervos
Manos atadas, pensamientos encadenados y libertad ultrajada.

Politiquerías vendidas al sistema
Que están por el pueblo pero sin el pueblo
Facciones gobernantes codiciando el poder como un diamante
Burocracias tramitantes de filas interminables
Utópatas delirantes que consumen realidades
Sueños frustrados y absurdos sin sentido
Olvidémonos del tiempo, pues hasta él nos ha sido vendido.

jueves, 26 de mayo de 2011

Amor libre, amor encapuchado.




Amores que van, amores que vienen
Amores sin sentido y amores consentidos
Danzas de conquista y reconquista
En tiempos de guerra y tiempos de paz
Se ha dicho que el amor es como la guerra y
Como el arte de la guerra, hay un arte de amar.
El tiempo transcurre, la vida fluye
Sin embargo, las movilizaciones siguen y el paro nos seduce
Las causas son políticamente correctas,
Es decir, ideológicamente in… uds ya sabe.

Enarbolamos nuestra bandera de la sacro santa libertad
Y cuando creemos ser libres, es cuando más se nos reprime
Buscamos ansiosamente la desprejuiciada libertad de acción y expresión,
Mas se nos acecha como vándalos, godos y bárbaros
Siendo que somos más que simios amaestrados,
Pero no niego que existen autómatas robotizados
Que siguen órdenes dictatoriales y que esgrimen sus armas medievales.

Somos apasionados de la libertad, equidad y bienestar social,
Enemigos de la coartación, vanagloria y discriminación
Anhelamos realidades, en contra de las utopías de facciones gobernantes
Estamos con el pueblo y aún creemos en los sueños
Pues cuando los olvidemos, ¡ay! De aquellos tiempos.



domingo, 22 de mayo de 2011

Vivir sin libertad.



Encuentros casualmente determinados por el destino
Retratos en sepia y suspiros de amor
Perfiles griegos de rasgos masónicos
Zalamerías frívolas en un mundo enajenado de mentiras
Consumismo ferviente y hedonista para escapar de la rutina
Vidas que fluyen y autómatas sin vida
Corazones rotos y compras azarosas sin corazón
Altruismo delirante que satisface el narcisismo propio
Oprobios y opio para los cuerpos que gozan de tal resignación
Varias monotonías que no varían a polifonías
El canto de uno es el canto de todos
La homogeneidad devora las entrañas de la diversidad
Los homofóbicos carcomen a los homos
Y la libertad se pierde al no vivir, ni dejar vivir
Las sutilezas de palabras vanas no logran nada
Luchas encarnecidas por una naturaleza que se desvanece,
Silencios rotos en disturbios pacíficos que desembocan en vandalismos
Discursos utópicos de añejadas políticas
En una nación donde la vida se juega día a día
Trastocando la democracia en oligarquías
Anarquistas y nihilistas sólo buscan la libertad
Que todos segundo a segundo perdemos sin más en esta sociedad.

jueves, 19 de mayo de 2011

No olvides tu memoria.



Mucho se ha dicho sobre la memoria y quizás no habría más que decir, sin embargo, un tema no se agota en sí mismo, sino porque muere en el olvido, por ello de vez en cuando una reflexión le hace bien a nuestro espíritu. Reconozco que no soy un experto en esta temática, no obstante, procuraré otorgarle una mirada y perspectiva, si es que no renovada, al menos con tono reflexivo, a la que para algunos es causa de nefastas incongruencias en su vida y para otros, un deleite continuo. Pues bien, al pensar en aquella intangible y etérea esencia que nos corresponde intrínsecamente, nos trasladamos a un espacio a ratos enajenado, a ratos desencajante de nuestra vida, donde es probable que en más de una ocasión nos hayan surgido cuestionamientos como los siguientes: ¿por qué recordamos, qué memoramos y acaso no se puede señalar, por qué no podemos escoger lo que deseamos forme parte de nuestras evocaciones pasadas? En efecto, la memoria se nos escapa de las manos, se desvanece en el mar de la vida, de manera que no podemos controlarla y cuando pretendemos asirla, nos juega una mala pasada. Sin dejos de nostalgia, cuando anhelamos hacer vivo un recuerdo, éste nos dificulta su acceso y, contrariamente, en circunstancias inesperadas aparecen memorias de la nada.

¿Pero qué hacer entonces con la memoria? Simple y llanamente, hay que dejarla ser, ya que la libertad debe manifestarse en todo orden y ámbito de situaciones, por ende, no podemos coartar una capacidad que nos es tan inherente. Por otro lado, si buscamos definirla, tal vez estemos a años luz, sin embargo, prefiero analizarla desde diversos enfoques, para así desprender lo que subyace a ellos, que, lógicamente, debiese concordar con sus características esenciales. Siguiendo la línea de lo antedicho, cuando escuchamos la palabra memoria, fundamental y comúnmente, nuestra primera asociación está ligada a un estado mental particular, a un submódulo de nuestro sistema cognitivo, que nos permite ser y estar en el mundo, puesto que somos conscientes de él y, de este modo, existir. Haciendo una analogía con el cogito ergo sum carteseano, podríamos concluir: “recuerdo, por lo tanto, existo.” Esta sentencia, lejos de ser definitiva, es una forma de plantear la trascendencia de aquella capacidad que poseemos, que generalmente es menospreciada, en tanto que sin poseerla, no seríamos conscientes de nuestro historial de vida y, así viviríamos cada día como único, como si fuera nuestra primera y última vez en la vida.

Quizás para aquellos que gozan del carpe diem o el dulce far niente, dependiendo la visión latina o italianizante, lo precedente sería la gloria misma, pero para quienes independiente de si sus recuerdos son negativos, positivos, términos medios, entre una infinidad de posibilidades, dependiendo de la subjetividad del experimentante, lo recurrente sería que no lo disfrutaran, pues en más de una oportunidad al escuchar a alguien opinar sobre este tema, ha apuntado a lo que, personalmente, ya aludí, que está interrelacionado con la siguiente secuencia: “la inverosímil existencia de un yo en un aquí y un ahora, sin un yo cuyo antes fui en un allí.” Vale decir, simplificándolo sobre manera, se torna imposible existir sin la memoria. En fin, hay extensas bibliografías sobre estas problemáticas, pero por ahora preponderantemente haré referencia a otra acepción de este vocablo, la emparentada con lo que se suele entender como “memoria colectiva.”

¿Pero qué pretende reflejar esta perspectiva? A lo que apunta, es a un ser social, al ser humano en sí mismo, ya que éste desde remotos tiempos ha sido gregario y, por ello, esta memoria común, constitutiva de una comunidad humana, conforma los basamentos troncales para la autodefinición como sociedad, nación, país, etnia. Lo que nos conlleva a la difícil resolución de controversiales cuestiones que últimamente han estado en boga. ¿Existe o no una memoria colectiva y hasta qué punto nos define? Ésta queda como pregunta abierta, porque en este limitado espacio no podría dar claras luces de ella, pero al menos, quedémonos con la idea de que cada individuo que la compone es necesario, aunque tal vez si falta uno el sistema no se altera, sobre todo en sociedades tan amplias y dispersas, piénsese en las comunes sobrepoblaciones. Sin embargo, pienso en que aquello es una crueldad, pues cada uno posee su propia historia y visión de mundo particular, que dentro de lo posible es menester rescatar y no desechar, pero más vale que aquello lo resuelvan probablemente antropólogos o sociólogos.

Finalmente, cabe destacar que es mucho lo que se puede hablar sobre esta problematización y, por consiguiente, reitero, todos somos los llamados a reflexionar sobre los hechos de la memoria, ya sea subjetiva, social o en cualquier otra acepción, puesto que es una entidad que nos pertenece, sienta las bases de nuestras raíces y, por tanto, debemos manifestar lo que creemos de ella, así que dejo como formulación culminante, ¿qué crees tú sobre la memoria?

miércoles, 11 de mayo de 2011

Las tres Marías.


 
Todos en algún momento de nuestras vidas hemos ido por una calle curiosa, de aquellas que en sus intersticios reservan espacios para los vendedores ambulantes, el ciego limosnero que, paradójicamente, no nos vende limones, sino que con su voz potente, grave y honda nos suplica casi evangélicamente por unas monedas, ante lo que a cambio nos ofrece enérgicas y retumbantes canciones, que motivan a que la gente que circunda por los alrededores se aproxime a oír en más de una ocasión, aquellos desarmonizados cantos, que alejan a los pájaros, pero que atraen a los niños y a aquel transeúnte que tenga una cuota adicional de tiempo y que no vaya a un trote incesante rumbo a su rutinario trabajo, tan típico de aquellos que viven pensando en el qué no haría si tuviese otro día a día.

Justamente uno de aquellos tipejos particulares, que a menudo piensan en el estrés que les genera un estilo de vivir tan poco dado al esparcimiento y al compartir con otros, salvo en aquellas circunstancias donde el intercambio común de palabras sólo se produce para pedir un café o pastel en la cafetería más cercana o el susurrante permiso de alguien que ha quedado atrapado en el metro o en la micro, sin poder descender de ella, escuchando un claustrofóbico “estimado pasajero comienza el cierre de puertas” y aquella anciana o aquel personajillo protagonista de nuestro relato, ha quedado encerrado en una atosigante lata de sardinas.

Nuestro personajillo tiene por nombre Pedro, no porque resguarde las puertas del cielo, ni porque haya negado tres veces a cristo, menos aún por las tres constelaciones del cielo que conforman la triada mariana, sino simple y llanamente porque sus padres gustaron de llamarle Pedro. Sin embargo, llámese coincidencia o azares de la vida, cuestión que nuestro personajillo no creía, sino más bien que él pensaba en el determinismo del destino dentro de sus cuestionamientos cotidianos y, por ello los tres acontecimientos sucesivos que contaré a continuación, le parecieron los más normales y usuales del mundo.

Pedro, al bajarse del metro y luego de transitar maquinalmente por el andén se detuvo un momento a observar la vitrina de anuncios, para ver si es que había algo que le interesara. Fue en ese preciso instante, que sintió levemente un roce en el bolsillo de su pantalón, lo cual le extraño en demasía, sin embargo, dada la invasión batahólica de personas que se dirigían rumbo a la salida, lo repensó y se convenció de que en sitios como ése era inevitable andar estrellándose con la gente. Con esos pensamientos y luego de observar detenidamente la cartelera de cine sobre películas que le llamaban la atención, miró rápidamente su muñera, dio un suspiro, contempló su alrededor, revisó sus bolsillos, donde breves segundos antes había sentido una imperceptible fricción y se apresuró a la zaga de un singular personajillo.

Corrió dentro de lo que sus fuerzas le permitían, lo más raudamente que pudo, manteniéndose a paso firme y agudizando su visión a un extremo similar de la que tendría un ave de rapiña frente a su presa, así fue que a veinte metros de distancia se encontraba, cuando la inolvidable y noble anciana que en aquel momento debió encontrarse en otro lugar se atravesó en su camino y ambos se parapetaron rumbo al subsuelo. No obstante, ella tuvo más suerte, si así se quiere, ya que delante de Magdalena, pues ése era su nombre, se encontraba una admirable y esbelta joven, cuyo simpático apelativo que por costumbre le ponían sus clientes, era el de Salomé. Efectivamente, al caer Pedro y Magdalena a la subterra o al infierno del metro, nuestra distinguidísima amiga sostuvo a la que podría haber sido su madre, sin que ésta sufriese el más mínimo rasguño. Pero Pedro, en medio de las ultrajantes risas y maliciosos comentarios, luego de su odiseica aventura a las profundidades del abismo, se puso dignamente en pie, aunque no se podría decir qué le causaba más pesar, su estado deplorable y sus articulaciones medio doloridas o la pérdida monetaria de la cual era consciente al no atisbar ya al singular hombrecillo.

Ya hemos referido que en la vida de Pedro, por los azares del destino, se le han cruzado interesantes personajes, pero de este último, que de profesión era ladrón, graduado en la más pura y académica escuela, que es la calle, no hemos hecho ni el más ligero ápice de descripción. Pues bien, era un hombre alto, de complexión fornida, cuya melena negra le llegaba hasta sus hombros, generándole una apariencia casi mesiánica. Sé qué están cavilando, queridos lectores u oidores, ¿cómo un ladrón puede ser un Mesías?, pues créanme o no, lo era. Posterior a la victoriosa escapatoria que tuvo del metro, se alejó por una tumultuosa calle, cuando a sus oídos llegó una retumbante canción, que caló tan hondo en su interior que le hizo detenerse por una fracción de segundo y varió la dirección en la cual iba. Al encontrarse frente a aquel sujeto que tal como Lázaro, predicaba con su voz, sintió una gran conmoción y toda su vida se le vino a su mente en centésimas de segundo y sin pensárselo arrojó la billetera que tenía en sus manos sobre el tarro que estaba a un costado del ciego, pero se llevó el reloj y como si nada siguió su camino.

Por otro lado, Pedro, alicaído, consiguió salir de la estación de metro y cuando estaba irremediablemente resignado por la eminente pérdida que había tenido aquel día, oyó una voz que le inspiró, que de cierto modo le alegró, incluso más de lo que en ese entonces consideró. Cabizbajo se aproximó y de reojo miró al hombre que cantaba con gran entonación y se percató de su ceguera, lo cual le causó mucha pena, hasta tal punto, que él siendo de vocación médico quiso ayudarlo. Algunos creen en dios, otros creen en el destino, otros simplemente no creen en nada, pero en ese instante los ojos le brillaron de la impresión al observar la billetera que ya daba por desaparecida y sin dudarlo dijo: hombre, deja de cantar y acompáñame, hoy ambos andamos de suerte, te tengo que ayudar.

Finalmente nuestro ciego, que ya no lo es, se curó y aquel desilusionado y conformista médico que vivía una rutinaria vida en este caótico mundo, creyó en algo que se asemejaba a Dios y conoció a la que podría ser su más apasionado amor. Efectivamente, Betania, la hija del limosnero era de una belleza sin igual, que a primera vista lo cautivó. Pero aquella es otra historia, mas por hoy creamos en el destino.

viernes, 6 de mayo de 2011

Amores perdidos.



Música a la luz de las velas que se rebelan
Que te invocan a gritos flameante hoguera
Que enciendes con tu pasión corazones
Que no osan tocarte ni con el pétalo de una flor
Cometo trequeísmos a ratos forzados a ratos ambiguos
Sólo para decirte que te sigo amando y extrañando
Por ello sé que en el espejo aquel que es mi memoria no me abandonas
Mas tu cuerpo yace a leguas remotas de mi soledad
En un sin fin de cascabeles oscilantes de serpentina rosa
Perfumadora de fragancias aterciopeladas y áureas
Áureas son las dulces dianas que recubren tu rostro inmaculado
Sin mácula es tu poesía dadora de vida y tronante de risas.

Sí, nos reímos en pretéritos tiempos donde tus gorjeos parecían caricias
Donde tus caricias asemejaban besos y
Donde tus besos eran la expresión de tus sentidos y
Tus sentidos la verbigracia de un cuerpo exuberante de lirismos
Que me saben a nostálgicas melodías
En la ciudad que dijiste sería mía y tuya, la haría mía
Penetrando en sus nocturnas calles y consumando voy consumiendo
Lo que fueron amores perdidos que ahora se han esfumado con el tiempo.

viernes, 22 de abril de 2011

Hagamos vivir a las viles desgraciadas.




A borbotones la lluvia desciende silenciosa, nostálgica 

En el umbral luminoso de mi ventana, sombras

Arrebozada una sonrisa clarea en la infinidad de la mañana

Despierta fugaz a los durmientes recubiertos de frágiles mantos

Juego con las palabras o quizás ellas juegan conmigo

Sinsentidos absurdos de la muerte hecha carne.



Encontrar al universo, hacerlo nada, vivir en el poema

Soy su mediador ante el mundo y sus naderías

Naderías que buscan decirlo todo, aspiran al olvido

Ríos caudalosos fluyen, desembocan al abismo

En cascada caen como ecos del pensamiento

Escriben versos, testimonio ausente de misericordia.



La vida es efímera, ¡vivamos!,  ¡experimentemos!

Creemos poesía como único acto de amor, instantes

Vanidad, incierta esperanza. La muerte es la única certeza

Crear mundos posibles, morir en el intento

Palabras al vuelo son pronunciadas, se desvanecen


Se saben moribundas, incomprendidas yacen en la memoria.


Reediciòn: 4 enero 2018.

domingo, 10 de abril de 2011

Promesas Incumplidas.



Momentos, sólo recuerdos efímeros a nuestro haber
Silencios, apreciados circunloquios oscuros
Cargados de notas execrables de tintineos estúpidos
Y llantos de desesperación que se convierten en tragicómicos pedruscos
Y sones de lluvia alicaída que se destruye en la fútil tierra
Para animar tu inmaculada y purísima tarde de hojarasca yerma.

Hastíate de tu tedio continuo y desarmonizado
Que vela por los lirios acorazados de mil destrozos a tu paso
Siéntete con el poder de una ufanación sin sentido
En la búsqueda de un camino derruido
Y desamparado ante tu tacto frío
Que como hiedra corrompe mis sentidos.

Olvídate de tus palabras vanas que perecen en el postrero silencio
Desvanécete en tus libros añejos y excéntrico destiempo
Sé tú mismo y libérate de tus cadenas
Y no transmitas lo desdichadas que son tus promesas.

Promesas que van y promesas que vienen
Prometiste cambiar el mundo y no lo conseguiste
Quisiste regalarme un beso altruista que por caridad lo rechacé
Pudiste haberme tenido pero por tu desacompasado respiro me perdiste
Y ahora vas como un desdichado pájaro sin rumbo fijo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Intentos fallidos.




Intentos fallidos.



Enjambre de abejas en caótica colmena, hablas

Palabras sutiles despotrican alaridos de furia

Me sumerges en tu juego de retórica para principiantes

Me inundas de lógica llana, balbuceos de niño

¿Musa?, exhalas podredumbre, dulzor de los amantes

Reniego tu belleza arrebatada de injurias

Mujer marmórea, insulso es tu corazón.



¿Amor? Solo un paso a la desdicha

¿Odio?, al corazón atraviesa con filoso brío una estocada

Padezco, soy azor sufriente a tus pies,  rosa bermellón

Permanezco en silencio, me aparto del hielo de tu penumbra

Añoro tu corpórea calidez, aun tus satíricas y mordaces matapalabras

Ponzoña, amargo beso sabor licor arrebata suspiros de muerte.



Amor es el éxtasis primero, rehúyo de ti como el de un picaflor

Tu mirada sorprende mis ojos, se posan en tus lirios pardoagrestes

Sentimientos esclavos  en vuelo baten sus alas al abismo,

Entre mis manos se abren las encrucijadas de tu corazón.



Sé libre, rompe las cadenas impuestas a tortura

Toma mi vida, tus heridas serán mis cruces del mañana

Olvido es el calvario que me consume a fuego lento


Poesía es llama noctámbula desvanecida de pasión.


Reediciòn: 4 enero 2018

sábado, 2 de abril de 2011

La libertad del azor.




Sé libre como el viento, levántate y ondula en tu flamígero desvelo
Rompe las frágiles ataduras terrenales,
Eleva tus alas hacia el cielo y gorjea para que vengan mejores tiempos
Cuya hermosura se plasma en cálidos y llameantes anhelos
Desmigajados en trocillos desperdigados de espejo
Donde afloran bermellones gotas devoradas por sedientas sanguijuelas
Que proclaman a gritos consumir el corazón de Ícaro sumido en desconsuelo.

Vuela tal águila furtiva hacia un objetivo sin fronteras
Bátete contracorriente en la tempestad de la vida
Lucha salvajemente en delirios de pasión
Asiendo por los brazos el suspenso cruel de la razón
Que invade los llanos del abismo que se dicen verdaderos y prístinos,
Sumérgelos en los mares de la locura, estado insigne que nos hace libres
En las vanas esperanzas inmundas de la soberana suciedad social.

Cruza las costas de los valles, navega surcando los bellos mares
Atraviesa el mundo y deléitate con los saboreados sinsabores que en tu camino encuentres
Observa panorámicamente la naturaleza de la muerte,
Que se consume acompasadamente en la desfachatez del destiempo
En un ir y venir incesante que nace en el ocaso y desfallece en el cenit
Así aléjate ¡oh espíritu errante! Y fórjate tu propio destino cual azor, bien te digo.

domingo, 27 de marzo de 2011

La vida en Santiago es un circo romano.



La vida en Santiago es un circo romano, fue lo primero que pensé tras mi incursión hoy en la tarde por los recovecos de aquella ciudad. En efecto, es un mundo o sub mundo, con agregado e inclusión de prefijos para quien sea entendido en el tema, o más aún como se dice actualmente, es una ciudad “tercer mundista”. Sobre todo aquella última frase se logra entender a cabalidad si la persona que lee el presente texto, ha permanecido al menos un día en este festín hecatómbico o, por qué no decirlo, que ha vivido su propia Odisea, al más puro y prístino estilo de Joyce. Así es mis estimados lectores, sin embargo, hay que desmenuzar y comprender cómo se vivencia este circo romano, paradójicamente, “moderno”. Basta aproximarse a una esquina tomar “la micro”, vocablo propio de nuestra sub cultura urbana, que nos deja entrever que desconocemos los cultismos latinos y que nunca conoceremos y apreciaremos nuestra lengua en sus maravillosos matices, pues causa una verdadera conmoción y aberración escuchar frases como ésas cuando conoces que su etimología alude en primera instancia a un sustantivo masculino, como lo es “microbús”, que además se torna todo un apócope. No obstante, lo medular, no es centrarse en el habla chilena en estos momentos, sino comprender la metáfora planteada en un comienzo.

 Pero me valdré para no alejarnos tanto, del ejemplo señalado, ya que justamente los romanos no se encuentran diametralmente opuestos de nosotros, pues palabras en el habla común y una infinidad de raíces lingüísticas se las debemos a ellos, por ende, no es del todo descabellado plantear que nuestra actual visión de mundo se puede asemejar a la de un circo romano. Remontémonos e imaginemos un día común y corriente en esta vertiginosa ciudad, que como el de todo ciudadano medio empieza dirigiéndose a su trabajo. He aquí un punto común en nuestra cosmovisión moderna de progreso, que ya no se reduce a una mera subsistencia, sino que siempre estamos en la búsqueda de un mejor status. Posteriormente, después de una ardua jornada laboral aquel personaje se dirige rumbo a su hogar, donde vivirá su batalla épica,  ya  que luchará con una serie de monos amaestrados que intentan subir a una lata de sardinas en un espacio equivalente a menos de un metro en su cubículo, valiéndose de sus destrezas físicas y verbales para lograr su objetivo, baste recordar las proezas que en ambos casos se producen, pues en más de una ocasión he escuchado un curioso improperio que va del “hueón” hasta el “conchasumadre”, que a su vez se le suman unos movimientos paraverbales que intensifican aquella verborreicidad. De partida, respecto a lo anterior es interesante analizar el fenómeno que se produce de cómo una palabra se ha incorporado hasta tal punto en el habla corriente, que a veces se torna sustantivada, otras adjetivada e incluso posee conjugaciones verbales. Baste el ejemplo de: “hueón”, que en primera instancia ya no hace alusión a un saco de huevos, que sería “huevón”, como existe boludo en Argentina, por ejemplo, que por otro lado a nivel sintáctico es interesante aquella sustantivación que recae en “hueón”.

Lo señalado con anterioridad es una nueva equivalencia con nuestro grandilocuente circo romano, pues no podríamos esperar que a un espectáculo del vulgo, nótese la derivación en la actual palabra “vulgar”, nos encontrásemos con un Cicerón o un Ovidio, sino que simple y llanamente asistían a aquellos espectáculos principalmente gente de la plebe, lo que no quita que no asistieran personas de la alta nobleza. Pero lo trascendente se encuentra en que justamente aquellos individuos no hablaban el latín cultivado, sino que eran tan ingeniosos como los actuales monos amaestrados. Por otro lado, es menester que regresemos a nuestro hipotético caso de aquel ciudadano medio, puesto que éste desea llegar finalmente a su destino, que es su hogar, anhela al fin descansar. No obstante, esto no será así, ya que cuando procure vivir una reunión familiar post once, ésta inevitablemente irá acompañada de nuestra mejor amiga, “la televisión”.

Analizar a nuestra querida amiga, es complejo, lo que no se debe precisamente a su contenido intelectual. En efecto, en promedio tipo 8 pm, los canales de la televisión abierta conjuntan su programación para mostrarnos telenovelas, lo cual me evoca géneros tan antiguos como lo son la comedia y la tragedia greco-romanas, que en innúmeros casos sobre todo en la hermosa ciudad ateniense de Grecia antigua, eran exhibidas al público general en las dionisiacas (festividades al Dios del jolgorio y la vendimia). Lo precedente es otro rasgo más que nos vincula con nuestros sub estimados amigos de antaño.

Finalmente nuestras libaciones y hecatombes culminan aquel día con el noticiero habitual de las 9 pm, donde nos deleitaremos con las temáticas de costumbre, muertes por doquier, como verdaderos gladiadores, asaltos, robos a mano armada, guerras al estilo de lo que fue la gran Batalla del Peloponeso y así una sucesión de noticias que en el último cuarto se abocan a encantarnos con el apasionado fútbol, cuyo estadio y forma de éste, se lo debemos también a nuestros camaradas romanos y su bien estipulado Coliseo. Así que amigos míos, los invito a seguir siendo partícipes de este circo romano y si aún no lo han vivido, nunca han permanecido un día en Santiago.

martes, 22 de marzo de 2011

Los estertores de la muerte.


I

Tú insípida mujer de huesos postrada
Arrebatas la juventud de los cuerpos
Exterminas la razón por completo
Caminas pisando las pisaderas del umbral
De las penumbras alumbradas desacostumbradas de luz
Quemándote en mares de desdicha
Abriendo tus fauces para devorar la vida
Único consuelo para quien ha sufrido bridas de amores desabridas.

II

Bebámonos un coñac a desparpajo
Libemos y confundamos nuestros sentidos
Para perecer finalmente en las manos de tu abismo
Aborreciéndote como fantasma sepulcral
En las villanas horas de tu angustiante tempestad
Comportándote fríamente en tu trono de soberana verdad
Mientras te entregamos el rosal de nuestra sonrosada mocedad.

III

Nacemos para morir dice el tempus fuguit
Sin embargo, existo porque muero naciendo en la fugacidad del tiempo
Cual corazón desahuciado resucita entre llamas negras ardientes de rencor
En búsqueda del sentir de los sentidos de una vida sin sentido
Enajenada de amores efímeros.
               

Mi arte poética

Arte poética (José Chamorro)

Escribo desde el alma que aniquila la razón y no de sin razones del corazón deseadas. Escribo porque nací poeta en una generación ...