martes, 23 de agosto de 2011

Análisis temático primer y segundo capítulo: “El sonido y la furia”, William Faulkner.

En lo referente a la novela de Faulkner, cabe señalar que está subdividida en cuatro capítulos, los que poseen una relación intrínseca donde encontramos diversos tópicos que se reiteran, ya sea para contrastarse entre sí, abordados desde otra perspectiva o para seguir una continuidad temática. Es así que para comprender el hilo conductor que sigue el entramado de narraciones, me centraré en un elemento que a primera vista no es del todo central en la novela, me refiero a la presencia de las sombras y los distintos valores simbólicos que representan, que en un análisis más minucioso da cuenta de una serie de reflexiones que a su vez subyacen a otros temas, los que iré analizando en relación con ésta a través de marcas textuales presentes en los dos primeros capítulos del libro, cuyas verbalizaciones corresponden a Benjy y a Quentin respectivamente.

En efecto, es en el primer capítulo desde las páginas iniciales donde nos topamos con el contenido mental de Benjy, personaje caracterizado por poseer una incapacidad mental que si bien no le permite expresarse a través del lenguaje, podemos conocer su contenido mental, pero de un modo tal que puede ser enormemente confuso, puesto que éste recepciona la información tal cual se genera, sin realizar un mayor procesamiento de ésta. Sin embargo, pese a ello podemos advertir ciertos rasgos de las problemáticas que éste presenta en relación al desarrollo global de la obra y es en este punto donde la visión de las sombras cobra especial relevancia, lo que podemos percibir en la siguiente marca textual: “Fuimos por la cerca y llegamos a la verja del jardín, donde estaban nuestras sombras. Sobre la verja mi sombra era más alta que la de Luster. Llegamos a la grieta y pasamos por allí”.

El extracto precedente aparece tras la contemplación que hace Benjy del campo de golf, donde Luster lo acompañaba y como a éste se le perdieron sus veinticinco centavos, se dirigirá junto con Benjy al arroyo para buscarlos. Si bien al parecer la aparición de la sombra adquiere sólo una connotación literal, comprobaré que en relación a otros extractos es fundamental, mientras que en lo concerniente a éste, nos permite percatarnos de que la sombra proyectada por la luz solar pese a la diferencia existente entre la suya y la de Luster no le permite a Benjy explicarse a qué se debe, lo cual podemos comprender por obviedad que es porque éste es mayor que Luster y, por tanto, su sombra debiese manifestarse proporcional a sus cuerpos, situación de índole racional que no capta Benjy debido a su deficiencia. Por otra parte, la imagen de la sombra se nos presenta nuevamente cuando en el día del velatorio de la abuela se llevan a Benjy a un lugar donde no estorbara, es decir, a la casa donde viven los esclavos negros. No obstante, al día siguiente cuando lo llevaban de regreso a su casa, hará alusión al menos tres veces a las sombras: “bajamos por las escaleras, hacia donde estaban nuestras sombras. (…) Nuestras sombras se movieron, pero la sombra de Dan no se movía excepto cuando se ponía a aullar. (…) Fuimos andando por el sendero de ladrillos, con nuestras sombras.”

En lo anteriormente citado se apercibe como ya he enunciado, que Benjy describe todo cuanto le pasa a su alrededor como una sucesión de imágenes dispersas que incluso puede ser incoherente, pero más allá de esta alteración de la percepción, se puede inferir que Benjy tenía una cierta obsesión con las sombras o que éstas por algún motivo llamaban su atención, lo cual puede servir de base para sustentar la siguiente hipótesis: “La sombra como elemento externo al individuo, pero que a su vez existe en la medida que es producida por un sujeto que si bien no participa de forma directa en el momento que ésta surge, sí es consciente de su presencia, la cual dependiendo de la posición de un objeto luminoso adquiere distintos matices. La que también puede ser considerada como un ente simbólico que representa a un otro que es similar al sujeto que la produce, pero que posee un carácter inmaterial y no pervive sin la preexistencia de un ser”.

Este elemento se irá manifestando otra vez a lo largo del primer capítulo, extractos que me permiten confirmar mi hipótesis: “La hierba susurraba bajo la luz de la luna por donde mi sombra caminaba sobre la hierba. (…) Nuestras sombras estaban sobre la hierba. Llegaron a los árboles antes que nosotros. La mía llegó la primera. Después llegamos nosotros y se fueron las sombras. Había una flor en la botella. Yo metí la otra flor”. En relación a la hipótesis que formulé previamente en estos extractos se reafirma la concepción de la sombra como un “otro”, lo que a través de figuras retóricas como la personificación le otorgan una existencia como entidad, es decir, que con la utilización de verbos que implican acción, tales como “caminar”, “estar”, “llegar” e “ir”, se nos representa a la sombra como si fuese un ser viviente que en Benjy refleja su incapacidad para distinguir ciertos elementos materiales de aquellos inmateriales, pero como se observará en un posterior análisis a lo planteado por Quentin,  recibirá otro cariz.

Como he enunciado, la noción de la sombra en Quentin poseerá rasgos distintos que en Benjy, sin embargo, también en ciertos puntos existirán similitudes, es así que me centraré primero en lo característico del pensamiento del joven estudiante de Harvard, quien posee una actividad mental muy aguda lo que dificulta su comprensión, ya que a intervalos se nos revela considerablemente reflexiva y filosófica, por ello ése será mi punto de partida para el análisis del segundo capítulo de la novela de Faulkner. En un mismo sentido, para Quentin la sombra es un elemento que le provoca reflexiones, como se aprecia en la siguiente cita: “Cuando la sombra del marco de la ventana se proyectó sobre las cortinas, eran entre las siete y las ocho en punto y entonces me volví a encontrar a compás, escuchando el reloj”. Aquí la sombra funciona como un elemento análogo al reloj que conjugados le permiten a Quentin saber con precisión una hora determinada, lo que se encuentra relacionado con su obsesión con el transcurrir del tiempo y con su pasado, es por ello que al producirse esta situación se encontraba a compás con sus emociones y sentir.

Tan sólo unos instantes después, sin resistir más la tortura del tiempo, razón por la que puso el reloj boca abajo señala lo siguiente: “Pero todavía estaba allí la sombra del marco de la ventana y yo había aprendido a predecir la hora casi al minuto, por eso tendría que volverme de espaldas, sintiendo que me escocían unos ojos idénticos a los que antes tenían los animales en la parte posterior de la cabeza cuando la llevaban erguida”. Este extracto versa nuevamente sobre la relación existente entre la sombra y el reloj, que simbólicamente representa al tiempo, por lo que querrá rehuir de ambos elementos. Sin embargo, la vuelve a mencionar, pero con otro sentido: “La sombra no había desaparecido del alféizar. Me detuve en el umbral observando cómo se movía la sombra. Se movía casi perceptiblemente, reptando hacia el otro lado de la puerta, impulsando la sombra hacia dentro de la puerta”. En relación a este párrafo cabe señalar dos aspectos esenciales, el primero de ellos se vincula con la teoría planteada en el caso de Benjy, puesto que Quentin también considerará a la sombra como un “otro” que si bien es inmaterial es “casi perceptible”, es decir, que es capaz de ser captada a través de los sentidos, lo que se torna aún más semejante con la personificación de ésta, situación que ya atisbábamos en Benjy y se refleja en el uso de los siguientes verbos: “mover”, “reptar” e “impulsar”, que corroboran la hipótesis expuesta en un comienzo.

Pero en un segundo punto, la presencia de la sombra lo hace rememorar el día en que Caddy se casó, y cómo apercibió lo que para él fue un funesto suceso: Después cruzó el porche entonces yo no oía sus tacones como una nube bajo la luz de la luna, flotando la sombra del velo que corría sobre la hierba, hacia los gritos”. Aquí se generan dos relaciones, donde en aquel recuerdo encontramos la presencia del elemento “sombra”, la que si bien correspondía al velo que llevaba Caddy, podríamos concluir que por asociación entre la sombra que divisó en el tiempo actual del relato, recordó el día de la boda de su hermana, aunque por otra parte como se aprecia a lo largo de la narración de Quentin, su hermana Caddy será altamente relevante por lo que a cada momento la evocará.

Subsiguientemente se referirá a la sombra pero con un sentido mucho más filosófico: La sombra había desaparecido del alféizar. Salí hacia la luz del sol, reencontrándome con mi sombra. Al bajar las escaleras la llevaba detrás. Pasó la media hora. Luego cesaron las campanadas y se desvanecieron”. Este último apartado nos permite concluir que ese “otro” al que he aludido antes representa metafísicamente a una parte del ser humano que en el caso particular de Quentin, al verse arrobado de ésta es como si careciera de un ámbito fundamental de su ser, por ello se infiere que al separarse de ella se siente perturbado por sentimientos de soledad, que marcarán su estado anímico en el relato y que culminará con su suicidio.

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