martes, 23 de agosto de 2011

Análisis: “The tragedy of Macbeth”; Williams Shakespeare.


Macbeth: She should have died hereafter;
There whould have been a time for such a word.
To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day
To the last syllable of recorded time,
And all our yesterdays have  lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life*s but a walking shadow, a poor player,
That struts and frets his hour upon the stage,
And then is heard no more; it is a tale
Told by an idiots, full of sound and fury,
Signifying nothing.
                                           
                                                                           Acto V, escene V, The tragedy of Macbeth.


Monólogo (Macbeth): ¡Debiera haber muerto más adelante! Tiempo hubiera habido para una palabra así. El mañana, y el mañana, y el mañana, se desliza a pequeños pasos, de día en día, hasta la última sílaba del tiempo inscrito; y todos nuestros ayeres han alumbrado a los locos el camino hacia el polvo de la muerte. ¡Extínguete, extínguete candela fugaz! La vida es sólo una sombra que pasa, un pobre cómico, que se pavonea y agita durante su hora sobre la escena, y después no es oído más; es un cuento narrado por un idiota, lleno de aparato y furia, que no significa nada.
                                                            
                                        Traducción española, acto V, escena V, The tragedy of Macbeth.


En primer término, antes de proceder al análisis del monólogo de Macbeth, es preciso comprender el motivo central de la obra, el cual se manifiesta claramente desde el primer acto, donde se nos muestra a un Macbeth arrivista y codicioso, que siempre aspira a la obtención del poder, con un cierto atisbo de inconformismo con su estado actual, ante lo que se genera una dicotomía, que viene dada por sus méritos y por el rango en que se encontraba, pero la que sólo se detonó en el momento en que le fue anunciado su fausto destino por las brujas fatídicas, cuyos oráculos, podían ser sometidos a más de una interpretación.

 Si bien, en primera instancia, se rehusaba a creer a ciencia cierta en él, a medida que se fueron sucediendo los acontecimientos, unos tras otros se cumplieron los oráculos, viéndose investido de varios títulos, pero sin llegar aún al de Rey. Sin embargo, inspirado por su esposa, Lady Macbeth, se verá enfrentado a bajezas inhumanas, acabando a traición con el Rey de Escocia, Duncan, quien era un modelo a seguir, pero que por la codicia de Macbeth, se vio presa de un aciago destino. De este modo, alcanzará la investidura de Rey, pero no pasará sin pena ni gloria, ya que se verá envuelto en los embates de la conciencia, sujeto a sus temores más recónditos, lo que lo conducirá finalmente, a pender del hilo de la cordura y perecer en las manos de hombres que buscaban la venganza, a fin de restituir la justicia, de quienes había dado muerte Macbeth.

Pues, una vez entendiéndose el hilo conductor de la obra, podemos esbozar una posible interpretación al monólogo final de nuestro protagonista, ya que éste se enmarca en el anuncio de la muerte de Lady Macbeth, cuyo hecho, más allá de causarle pesar, torna su mente, haciéndolo caer en la cuenta del cauce que ha tomado su propia vida, convirtiéndose aquel monólogo entonces, en ya no sólo una particularidad de su propia vida, sino en una fiel metáfora del destino humano.

Así, al otear aquel monólogo como una metáfora de nuestro propio destino como humanidad, podemos desentrañar distintos temas que subyacen en él, tales como: lo efímero de la vida, es decir, cómo nuestras preocupaciones por un porvenir, se ven derribadas por la incertidumbre de no saber si tendremos un mañana y, más aún, cómo cada día que pasa, se vuelve, un acercamiento a este final inusitado, al que estamos subyugados por la mortalidad humana. Mas de qué sirve el pasado, si al final, inexorablemente nos convertiremos en el polvo de la muerte, nuestra vida se convierte sólo en una luz, para aquéllos que vivirán en la posteridad, pero aun así, no podrán evitarla, es su propia obra de teatro, donde para la posteridad ya no serán sino sombras, cuyo nombre será olvidado. Por consiguiente, ¿De qué sirve adquirir renombre durante la vida, de qué valen los títulos de nobleza y las causas honoríficas, si aquello que nos pertenecía se reduce a la nada?

Aquél es el cuestionamiento que se planteaba Macbeth, en un momento, en que su vida se veía reducida a la nada, en circunstancias que lo tenían al filo de la espada, entre la vida y la muerte, donde morir, para él, adquiría un sentido mayor que el de vivir, para así ya no verse aprisionado por las locuras del sin sentido, en que su propia humanidad lo hacía decaer.

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