martes, 23 de agosto de 2011

El origen de la Teoría de los géneros.


           En primer término cuando se refiere a una teoría genérica, se hace alusión a una sistematización y clasificación, ya sea de índole taxonómica, lo que permite situar determinadas obras literarias en géneros específicos y lo que ha permitido a lo largo de la historia literaria y hasta cierto punto de la humanidad, funcionar a modo de rosa náutica, guiando sus pasos a una posible elección temática, estilística o de cualquier otro carácter, al momento de elegir un libro. Sin embargo, al pensar en libros, ya limitamos el campo de visión, puesto que en los anales de la humanidad toda civilización comienza constituyéndose como tal a través de manifestaciones orales, piénsese en la amplia gama de casos en la tradición occidental, período clásico antiguo (aedos), período bajo medieval (juglares, trovadores). De esta forma nos remontamos cuando hablamos de teoría literaria a una consciencia sobre las manifestaciones de índole, por ejemplo, poético-musical-representativa, de tal guisa entendida en la noción sintética de mousiké en la Grecia antigua, que incluso pueden recibir otra denominación (imitatio, mimesis) señalados por los eminentes filósofos griego-clásicos Platón y su discípulo el estagirita Aristóteles, quien lo seguirá consecuentemente en sus planteamientos, pero que como se observará consiguientemente habrá ciertas discrepancias.

            En efecto, el origen de los géneros en occidente se ha planteado en base a los filósofos griegos ya mencionados y para aproximarnos a un análisis y entendimiento de éstos, anexaré una cita presente en un extracto de un discurso enunciado por Cicerón, quien da muestras de admiración y conocimiento del sabio maestro Platón: “[…] A estas formas de las cosas las llama “ideas” aquel profundo autor y maestro, no sólo del pensamiento sino también de la oratoria, Platón; afirma que existen desde siempre y que están contenidas en nuestra razón y en nuestra inteligencia; las demás cosas nacen, mueren, fluyen, pasan y no permanecen largo tiempo en un único y solo estado. Así pues, cualquier cosa que se trate con un método racional debe tener como punto de referencia la última forma y la imagen de su género.”[1] Esta cita responde a la teoría de las Ideas platónicas, tan ampliamente difundida y como se sabe, con su teoría de la imitación y cómo aquellos géneros corresponderían conjuntamente y en casos específicos a una degradación en tanto hay manifestaciones que revelan transgresiones morales y sociales, esclareciéndosenos así aquel lastre didáctico moralizante de Platón.

            Por otra parte, Platón remite a los géneros poéticos desde una perspectiva bastante crítica y peyorativa, razones que incorporaré a continuación, pero todas ellas en el marco de su República ideal, que aparece explicitado en el libro que lleva su misma denominación. Menciona en primera instancia una delimitación entre géneros imitativos y géneros que emplean la narración, distinguiendo en los primeros a la tragedia y la comedia, mientras que en la última alude al ditirambo, pero además añade una tercera especie que es el resultado de la mezcla de las dos precedentes, encontrándose en ésta la poesía épica, entre otras tipologías. Respecto al rechazo de géneros tales como el teatral, que es fundamentalmente imitativo, como he referido, lo sancionará debido a sus efectos contraproducentes en su sociedad idealizada: “Las obras dramáticas implican la aparición  de caracteres indignos como mujeres jóvenes o viejas que insultan a sus maridos o, ensoberbecidas, desafían a los dioses, engreídas en su felicidad, o bien caen en el infortunio y se entregan a llantos y lamentaciones u hombres que se insultan y burlan unos de otros, profieren obscenidades (…), y cometen toda clase de faltas con que las gentes de esa ralea pueden ofender de palabra u obra a sí mismos o a sus prójimos”.[2]

            Para ahondar aún más en la materia genérica y proceder al análisis aristotélico, deteniéndonos en el trasfondo y variaciones desde Platón a Aristóteles, comenzaré situando una cita de Todorov, quien nos abrirá otro paso a la interpretación: “Dado que el género es la codificación históricamente constatada de propiedades discursivas, es fácil concebir la ausencia de cada uno de los dos componentes de esta definición: la realidad histórica y la realidad discursiva. En el primer caso, estaríamos en relación con aquellas categorías de la poética general que, según los niveles del texto, se llaman modos, registros, estilos o, incluso, formas, maneras, etcétera”.[3] Aquí aparece de manifiesto lo que Tzvetan Todorov ha venido a designar como géneros históricos, en tanto entendidos como correspondientes a una ideología, canon o estética particular que confluye de manera preponderante en un período de la historia de la humanidad en sí. Por otro lado, hace alusión a la categoría “modal”, que se aprecia tanto en Platón como Aristóteles, convirtiéndose en el principio de discusión entre ambas posturas.

            Es en este punto donde surgen las principales divergencias entre maestro y aprendiz, ya que Platón propone, en tanto “modo”, una división tripartita, que Genette incorpora en su texto para expresar los diversos motivos de expulsión de los poetas de la República platónica: “[…] La segunda trata sobre la forma (lexis), es decir, el modo de representación. Todo poema es relato (diégesis) de sucesos pasados, presentes o por venir; este relato, en el amplio sentido de la palabra, puede tomar tres formas: puramente narrativa (haplé diégesis), mimética (dia miméseos), o sea, como en el teatro, por medio de diálogos entre los personajes, o mixta, es decir, alternada, ya sea relato o diálogo, como en Homero.”[4] En este sentido aquella clasificación vía diégesis o mimesis, determinará lo que la tradición ha descrito posteriormente como géneros poéticos, perteneciendo en el caso de la tragedia y comedia al mimético puro, la epopeya al mixto y, finalmente el ditirambo como representante del narrativo puro.

            No obstante, Aristóteles desligándose de los criterios estrictamente formales platónicos, se guiará en torno a la categoría modal en una división bipartita, soslayando una de las subdivisiones, como expresaré a continuación: “En cuanto a la forma de imitar, consiste bien en “relatar” (es la haplé diégesis platónica), bien en “presentar a los personajes en acción”. […] Aquí, además, una clase intermedia desaparece, al menos en cuanto principio taxonómico: aquella del mixto platónico.”[5] Continuando con la definición aristotélica, incluiré una cita de su poética, la que aclarará algunas bases fundamentales de su teoría: “Hay todavía entre las artes una tercera diferencia, que es el modo en que uno podría imitar cada una de estas cosas. En efecto, con los mismo medios es posible imitar las mismas cosas unas veces narrándolas (ya convirtiéndose hasta cierto punto en otro, como hace Homero, ya como uno mismo y sin cambiar), o bien presentando a todos los imitados como operantes y actuantes.”[6]

            En suma, nos encontramos frente a uno de los problemas trascendentales y más controversiales de la teoría genérica, puesto que aquel vacío generado por Aristóteles, intentará ser colmado una y otra vez por críticos, literatos, quienes también especularán en conjeturas a raíz de temas como la catarsis, la omisión de la lírica, entre otros, configurándose así en lo que M. Garrido ha denominado una vasta paráfrasis de Aristóteles.[7]

            Culminantemente, avanzando en la historia, hacia el siglo IV dc; inicios del período medieval, aparece la figura de Diomedes, quien configurará el corpus genérico y clasificatorio de su época a semejanza del modelo platónico y no así el criterio modal aristotélico, planteando: “El genus imitativum (dramático) en el que sólo hablan los personajes, comprende las especies trágica, cómica, satírica (se trata del drama satírico de las antiguas tetralogías griegas, que Platón y Aristóteles no mencionaban); el genus ennarrativum (narrativo), en el que sólo habla el poeta, abarca las especies narrativa propiamente dicha, sentenciosa (gnómica) y didáctica; el genus commune (mixto), en donde hablan alternativamente uno y otros, las especies heroica (epopeya) y lírica.”[8] Cabe destacar entonces los aportes que realizó en cuanto estableció tipologías anexando los géneros de aquel período y vinculando la épica con la lírica dentro de un mismo grupo, esta última que había sido relegada y no considerada por los filósofos griegos.


[1] García Berrío, A. y Huerta Calvo, J.: Los géneros literarios: sistema e historia, Madrid, Cátedra, 1999.Pp. 91.

[2] Ídem. Pp. 93.
[3] Todorov, Tzvetan: El origen de los géneros, en Teoría de los géneros literarios, pp.39.
[4] Genette, Gérard: Géneros, tipos, modos, en Teoría de los géneros literarios, pp. 188.
[5] Ídem. Pp. 190.
[6] Aristóteles: Poética, Madrid, Gredos, 1974. Cap. 3. Notas y comentarios de García Yebra.
[7] Garrido, Manuel: Una vasta paráfrasis de Aristóteles, en Teoría de los géneros literarios, Madrid, Arco/Libros, 1988, pp. 9‑27.
[8] Genette, Gérard: Géneros, tipos, modos, en Teoría de los géneros literarios, pp. 200.

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